Fic: No es cuestión de creer. (1)

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Título:“No es cuestión de creer”.
Autor u Autora: Winchester_Mcdowell
Calificación: Todo público

Nota: fue escrito durante el receso entre la tercera y cuarta temporada.
Resumen: Podríamos decir que es post-serie. Los hermanitos Winchester acaban de derrotar a Lilith y de paso han hecho desaparecer la sangre demoníaca de Sam. No puedo contar más. Sólo que eso les traerá cierta complicación.

 

 Capítulo 1:

Una semana desde que eliminaron a Lilith, dos días desde que Dean comenzó a vaciar el estómago. No ha comido bien y Sam sospecha que tampoco ha dormido mucho aunque finja que sí. A pesar de ello, el terco de su hermano ha insistido en seguir conduciendo mientras cruzan las montañas hacia el otro extremo de Oregon por una serpenteante carretera entre quebradas.
No los espera ningún caso <no lo ha habido en toda la semana>. Pueden tomarlo con calma e ir a marcha lenta.  Aún así, Sam no deja de extrañarse cuando siente que el Impala disminuye su velocidad en mitad de una ligera cuesta. Aparta la mirada del laptop que descansa en sus piernas para dirigirla hacia su hermano con algo de preocupación.

“¿Estás bien?”
Dean se estaciona a la orilla del camino que da al acantilado, detiene el motor y pone el freno de mano.  

“Voy a estirar las piernas” y sale sin más provocando el característico chirrido en la puerta del vehículo.

Sam lo observa dirigirse hacia el acantilado y detenerse a unos pocos pasos del borde contemplando el paisaje, las manos dentro de los bolsillos de sus jeans. Se ve tranquilo. Demasiado, tal vez, para ser Dean Winchester. Cuando se convence de que no se trata de un nuevo vaciado de estómago ni de una crisis emocional que requiera de su compañía, vuelve a concentrarse en la pantalla de su laptop. Recorre los periódicos locales en busca de algún próximo objetivo. Nada. Desde lo de Lilith, las cosas parecen haberse calmado milagrosamente.  Nada de desapariciones extrañas ni muertes inexplicables. Sólo crímenes comunes y silvestres. Debiera alegrarse pero no puede. Al menos, no del todo. Mas bien le acosa una sensación de incertidumbre. Y es que no quiere plantearse la pregunta que sabe vendrá a continuación, hoy o mañana o pasado, si todo continúa así. Se le encoge el estómago con el solo atisbo de la idea: ¿qué si ya no hay trabajo para ellos? Alguna vez Dean le dijo que aquello nunca acabaría, si no era una cosa, sería otra, que la maldad seguiría existiendo. Sam ha comenzado a dudar que así sea. A ratos tiene el absurdo deseo de que se trate tan sólo de un receso mientras el universo se acomoda a la desaparición de Lilith y su banda de demonios, pero ¿qué pasaría si no? ¿serían capaces de llevar una vida normal después de tantos años de carretera? No, no quiere pensar aún en eso. Cierra el laptop con un suspiro, cansado de no encontrar nada. Mira hacia afuera buscando a su hermano y lo que ve lo deja helado: Dean está peligrosamente cerca de la orilla del acantilado con la vista fija en el fondo.

“¡DEAN!” Se baja como una tromba del auto. Dean voltea la cabeza a medias hacia él. “¿Qué mierda crees que estás haciendo?” le grita Sam mientras corre y se detiene a pocos pasos de su hermano con las manos en alto en señal de completa rendición. Lo que menos desea es provocarlo.
Dean vuelve a mirar el fondo del acantilado, ignorando la pregunta.
“Oye, no sé cuál es el problema,…” Dios, ¿cuál puede ser ahora?, se siente tan estúpido de saber tanto de tantos asuntos y no poder adivinar lo que pasa por la cabeza de su hermano “…pero ¡te lo juro! cualquier cosa, podemos solucionarlo juntos”. Y entonces, ante la mirada atónita de Sam, y sin previo aviso, Dean da un paso hacia el precipicio y se deja caer.
“¡DEAN!”
Sam es incapaz de moverse, se ha congelado en su sitio. No quiere acercarse a ver, no puede respirar. Ha perdido a su hermano, su única familia y de la manera más absurda. Sus ojos han comenzado a llenarse de lágrimas y cuando está a punto de dejarlas escapar, Dean aparece flotando por sobre el vacío, riendo como un niño travieso. Mueve brazos y piernas intentando cambiar de posición, sin dejar de reír en todo momento, y gira en el aire hasta quedar frente a su hermano.

“¡Mírame!”, le dice y Sam no puede dejar de hacerlo, boquiabierto, hasta que Dean le hace una seña con la mano para que se le acerque. “Hey, ven, ayúdame: esto es tan difícil como conseguirte una cita”.
Sam, aún en shock, se acerca lentamente, cuidándose del borde, y lo agarra de la mano para jalarlo hasta tierra firme.
“¡Wow!”, Dean se planta en el suelo frente a Sam que lo mira estupefacto. “Eso fue… orgásmico… bueno, casi”.
Sam lo sujeta firme de los hombros como si temiese que en cualquier momento vuelva a emprender el vuelo.

“Cómo… ¿cómo lo hiciste?” Dean se encoge de hombros.

“No sé”. Sam frunce el ceño volviendo en sí ante la respuesta de su hermano.

“¿Cómo no sabes?”.

“No lo sé. Sólo… lo hice” y echa a andar de regreso al Impala.

“No, no, no”, lo ataja Sam antes de que alcance la puerta. “Pásame las llaves, no vas a conducir”.

“¿Qué? No fastidies” intenta rodear a Sam pero éste se le pone por delante.

“Dean, has estado enfermo y acabas de lanzarte al vacío, así porque sí ¡y por demás estabas volando! Algo definitivamente raro te está pasando”. Dean levanta una ceja.

“¿De qué estás hablando?, estoy perfectamente bien. Puedo conducir”  

Sam niega con la cabeza y no se mueve un centímetro de enfrente de la puerta del conductor.

“No voy a arriesgarme a que decidas de pronto lanzarte contra un camión o algo por el estilo sólo porque se te ocurre la idea de probar a hacerlo”. Dean lo mira un instante.

“Eres un cabezotas” Le pasa las llaves. “De todos modos estoy un poco cansado” y sin protestar más se sube por el lado del copiloto.

 

Sabe que están bastante lejos pero Sam quiere llevarlo con Bobby. Una sonrisa serena y permanente se ha anclado en la boca del hermano mayor. Sam le echa un vistazo de vez en cuando, totalmente desconcertado. Dean no ha puesto la música y pareciera que quiere fugarse por la ventanilla porque toda su atención está en el paisaje de afuera.

“Dean, ¿te sientes bien?”.

“De maravilla”, contesta sin voltearse,

“¿Quieres un poco de música?”

“No, gracias, Ya tengo”.

Sam no entiende.

“¿Qué?”

Dean se da unos golpecitos en la sien con el dedo índice.

“Estoy escuchando aquí”.

Sam se debate entre mirar el camino y mirar a Dean. Tal vez debiera detenerse.

“¿Cómo dices?”

Dean lanza un suspiro y entorna los ojos como si lo dicho fuera la obviedad misma antes de voltearse hacia su hermano.

“Tengo música en mi cabeza” y entonces, al ver su rostro, si antes Sam estaba preocupado, ahora sí comienza a entrar en pánico.

“Dean, tus ojos”

“Qué,… ¿qué pasa?”, se inclina para verse en el espejo lateral “Son verdes”.

“Sí,… pero”  Demasiado verdes porque ahora los ojos de Dean son dos esmeraldas pulidas y transparentes. Sam frunce el ceño y devuelve su atención a la carretera. “Ok”, dice más para sí mismo que para su hermano. “Bobby sabrá qué hacer”.

Capítulo 2

 


»

  1. ¡Hola!
    Ok, imagino que aquí fue el momento empezó tu fascinación por el Dean alado. No sé si ya sabías de los ángeles, pero parece que sí o, en verdad, te adeltantes a eso (si en verdad se está haciendo ángel).
    No sé, me recuerda a Peter Petrelli tirándose del edificio y a un ángel enamorado con la música. La cosa es que Sam debe estar aterido de miedo por lo raro que está todo.
    Sigo!

    • Éste fue mi primer fic y no, no tenía idea de que iban a entrar en escena los ángeles en la serie. (en ese tiempo no me spoileaba) Imagínate mi sorpresa cuando en la premiere de la cuarta aparece Castiel diciendo que es un ángel y que Dios tiene una misión para Dean.
      La ecuación es al revés: porque me fascina Dean con alas, es que comencé a escribir fanfics.
      🙂

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