Fic: No es cuestión de creer. (3)

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Título:“No es cuestión de creer”.
Autor u Autora: Winchester_Mcdowell
Calificación: Todo público

Nota: fue escrito durante el receso entre la tercera y cuarta temporada.
Resumen: Podríamos decir que es post-serie. Los hermanitos Winchester acaban de derrotar a Lilith y de paso han hecho desaparecer la sangre demoníaca de Sam. No puedo contar más. Sólo que eso les traerá cierta complicación.

Capítulo 3:

Dean no les ha vuelto a hablar.

Tan sólo los mira con la sonrisa serena enquistada en el rostro. Es casi imposible no contagiarse, no dejarse envolver en el ahora verde agua de sus ojos. No habla y es como si hablara. Y en su no hablar dice, “no pasa nada”, “está todo bien”, “todo estará bien”.

 

Lo esconden, no permiten que salga de la casa. Él se pasea tranquilo y descalzo por el interior de ella, vestido tan sólo con el pantalón de buzo que le sirve de pijama. Abre las alas y las cosas caen a su alrededor. Se ven obligados a hacerle espacio para que pueda desplegarlas libremente. Bobby opta por arrinconar contra las paredes los escasos muebles y sus toneladas de libros para evitar más daños. El aleteo les llena los oídos. Suena como el sacudir de una gran sábana en cámara lenta.

Sam está demasiado aturdido como para tratar de hallar una explicación. Bobby no se encuentra en mejores condiciones.

 

A ratos, Sam se le acerca, se maravilla y al mismo tiempo se angustia al verlo y tocarle las alas que parecen plumas pero no lo son, al tocarle a veces la piel tan blanca, tan asombrosamente blanca.

¿Podría ser como lo piensa Bobby? ¿Podrían ser esos los efectos secundarios de introducir la Gracia, camuflada dentro de su fallida humanidad, a la presencia de Lilith? ¿La misma Gracia que la hizo polvo y limpió a Sam puede haber provocado ese cambio en él?.

Dean no había aceptado hacer de caballito de Troya por destruir a Lilith. Lo había hecho por Sam. Pero ni siquiera por salvar a Sam de Lilith, sino por salvar a Sam de sí mismo acabando de una buena vez con la sangre demoníaca inoculada en él.  Por eso había asumido el riesgo cuando Roy  <Le Grange que, después de todo, sí recibía revelación desde lo alto>  le dijo cuál era la manera. Ni siquiera lo había dudado a pesar de que el hecho de no ser ningún santo ponía en peligro su vida una vez más. Sam no supo del plan hasta el final. Había sido cosa de Dean, Bobby y Roy. A él lo habían dejado fuera a petición de su hermano. Sabía que su respuesta hubiera sido un rotundo no. Así que hizo lo que pensó correcto <debió haber sospechado algo cuando Dean no puso ninguna objeción>. Se enfrentó a Lilith usando los poderes que, a escondidas de todos, había logrado desarrollar sin saber que al hacerlo cumplía con el papel que los tres hombres le habían asignado en el gran plan: el de distraer a la demonio mientras llegaba el momento de dejar salir la Gracia sobre ella.

Sam siente un nudo en la garganta al recordar todo. A final de cuentas, siempre terminaba siendo el causante involuntario de las desgracias de su hermano mayor. Dean, que se cree Batman, que tiene complejo de héroe y que aún después de haber hecho un viaje de ida y vuelta al infierno sigue intentando quebrarle la mano al bendito destino aunque las apuestas estén mil a uno en contra. Ese es su amado hermano.

 

Durante la noche, Dean desaparece. A la mañana siguiente, Sam abre los ojos y encuentra la cama vacía y la ventana abierta. Corre fuera de la habitación sin preocuparse en terminar de vestirse, llamando a gritos a Bobby con la boca seca y el corazón congelado por el pánico. Parten en el auto pero no tienen idea de en dónde y cómo empezar.

Cuando regresan de madrugada, cansados y angustiados tras una noche de desesperada búsqueda, Dean está en la sala, en actitud de espera, todas las ventanas de la casa abiertas de par en par.

“¿Quieres inaugurar un nuevo nivel de idiotez o qué?” Con las venas de su cuello a punto de reventar, Sam avanza hacia Dean hasta quedar a centímetros de su cara. “¿Cómo se te ocurre largarte así?” Su hermano le dedica una mirada clara y risueña que desata en él aún más la rabia sorda que sube desde el estómago hasta la garganta y estalla en su boca. “¿¡Es que no lo entiendes!? ¡Maldita sea! ¡Dí algo!”. Y a pesar de la rabia o quizás a causa de ella, se queda empantanado en los ojos claros de su hermano que hablan sin decir palabra.

< “todo está bien”>

“¡Alguien pudo verte!”.

< “todo estará bien”>

“Alguien pudo lastimarte”

<”créeme”>

“Es que…”

Y tiene que rendirse.

Cuando Sam ya no es capaz de decir una palabra más, Dean da la vuelta y lo deja solo.

 

Sam investiga en Internet sobre hombres alados en sitios sobre criptozoología. Se habla de hombres búho con plumaje gris y ojos rojos, del hombre polilla en Virginia y de una mujer vista durante la guerra de Vietnam con alas color plata. Pero nada de alas blancas, piel luminosa y ojos color verde casi transparentes. Hasta que topa con una página de carácter freaky que tiene como noticia de último minuto la increíble fotografía de un ángel captada por una cámara de tránsito. Sam duda un momento antes de hacer click en el link para ver la foto. Tiene el estómago agarrotado. Cuando finalmente se decide a hacerlo, antes de que la imagen se descargue completamente, ya sabe que se trata de Dean.

Afortunadamente, el movimiento, el hecho de que sea una foto nocturna y de una no muy buena resolución asegura que a menos que alguien conozca a Dean tanto como Sam o Bobby, su hermano no podrá ser identificado. Alguien como Missouri Mosley, por ejemplo. No habían pasado dos horas desde la publicación de la fotografía, y apenas diez minutos desde que Sam la descubriera, cuando Missouri ya les estaba llamando por teléfono. Sin darle oportunidad a Sam de disculparse por no haber pensado en ella desde un principio < “Es que… no se me ocurrió”> le está diciendo:

“Voy para allá”.

 

“Nuestro muchacho no puede dejar de llamar la atención ¿verdad, cariño?” es su saludo apenas Sam le abre la puerta. No espera siquiera una respuesta cuando ya ha entrado y observa con detenimiento, aunque sin emitir comentarios, los muebles arrinconados contra las paredes en la sala. También percibe el aroma. No espera indicaciones, se dirige directamente a la habitación donde se halla Dean, siempre concentrado en la ventana. Lo observa con atención un par de segundos antes de voltearse para regresar a la sala y encontrarse de lleno con Sam que la acosa con preguntas apremiantes sobre alguna posible solución.

“Sam…”

Pregunta.

“Sam…”

Otra pregunta.

Finalmente, logra hacerle callar con un gesto de contención de su mano.

“Sam, no la hay. No hay solución”. Sam no puede, no quiere creerle amparado en esa tozudez tan típica suya que le permitió sanar el corazón herido de su hermano y, dos años más tarde, traerlo de vuelta del mismísimo infierno.

“¡Tienes que ayudarlo!”

“No puedo. Ni yo, ni nadie”. Missouri pone una mano en el hombro del muchacho. “Dean no está transformándose en alguna cosa: está recuperando su estado original” Sam parpadea repetidamente sin comprender.

“¿C-cómo?”

“Sam…” La mujer se asegura de que le está mirando directamente a los ojos para que no se le escape ninguna de sus palabras. “…Dean… es un ángel”.

Capítulo 4.

Un comentario »

  1. ¡Vaya!
    No sé si estoy corta de inteligencia, pero que no entendí qué fue lo que hicieron con Lilith y la gracia y… no entendí.
    La cosa es que tu idea de ángel es como más cercana a lo que uno creería y me gusta, aunque viendo que no es Dean, que no habal, que se aleja y está pensando en el cielo, eso sí que asusta, por más que ellos se alelen viéndolo y sintiendo su aire de paz.
    Y qué hace cuando sale en la noche? ¿Cazar?
    Y la idea de que Missouri llegara a explicarle, me gustó mucho.
    Sigo!

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