Fic: No es cuestión de creer. (5)

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Título:“No es cuestión de creer”.
Autor u Autora: Winchester_Mcdowell
Calificación: Todo público

Nota: fue escrito durante el receso entre la tercera y cuarta temporada.
Resumen: Podríamos decir que es post-serie. Los hermanitos Winchester acaban de derrotar a Lilith y de paso han hecho desaparecer la sangre demoníaca de Sam. No puedo contar más. Sólo que eso les traerá cierta complicación.

Capítulo 5:

Bobby no se acostumbra tampoco. Por eso tiene que armarse de valor y respirar profundo antes de decirle a Sam “Te traeré un café”. El muchacho está despierto pero no se ha movido de su colchón. No ha pegado el ojo en toda la noche.  Bobby sabe que la mejor forma que tiene de ayudarlo, la única en realidad, es bloquear los recuerdos y sus propios afectos por unas cuantas horas y actuar como si el chiquillo que hurgueteaba en el capó de sus vehículos en cada una de sus visitas no estuviese sentado en la cocina con un par de alas en la espalda esperando el momento de abandonarlos para siempre.

Necesita detenerse un momento antes de entrar en busca del café de Sam. Anoche Dean estaba allí, en el taburete donde su hermano menor le dejó. Sin embargo, cuando al fin se decide, encuentra la habitación vacía. “Dios, no”, encamina sus pasos hacia la sala: está vacía también. “Todavía no, por favor”. Cruza el pasillo en dirección a la habitación de los hermanos. No bien se asoma, sabe que tiene que ir a buscar a Sam.

 

“Será mejor que vengas a ver esto”.

Sam se voltea a medias hacia la puerta, enredado en el lío de mantas en que ha intentado dormir. Bobby está plantado en el umbral con una expresión grave en el rostro. No hay ningún tazón de café en sus manos.

A Sam le tiemblan las piernas mientras camina por el pasillo detrás de Bobby . En realidad, no quiere ver. Pero lo que encuentra no es lo que espera. De partida, la ventana está cerrada y Dean duerme de costado sobre su cama con las alas recogidas. Confundido, mira a Bobby que se encoge de hombros. Tras un primer momento de vacilación, se acerca a su hermano.

“Eh, Dean”, pero Dean no reacciona.

Le remece suave de un hombro y al hacerlo, pasa a llevar una de sus alas, apenas un roce, pero suficiente para que un pequeño pedazo de ella se desprenda y caiga lento hacia el suelo. Sam lo recoge con cuidado. Es blanco y quebradizo, pareciera querer deshacerse en su mano. Lo observa muy de cerca, acercándolo a su rostro, y cuando cree comprender su significado, pierde el aliento por un instante. Rodea la cama, sosteniendo aún el pedazo en su palma, hasta situarse a espaldas de Dean. Bajo las alas plegadas, el cobertor está salpicado por pequeñas migajas de lo mismo.

¿Será posible que…?

Acerca la mano libre y palpa la superficie blanca de las alas. A su toque, otro pedazo, bastante mayor que el primero, se desprende sin más y cae sobre el cobertor. Durante los siguientes tres días Sam se dedica a cosechar pedazos de alas.

No está muy seguro de lo que hace pero le parece un poco sacrílego arrojar esa maravilla a la basura. Es indudable que no volverá a ver una cosa como esa en toda su vida. Así es que los recolecta uno a uno en la medida que caen, igual que las hojas llegado el otoño, y los guarda dentro de una caja de madera que Bobby le ha facilitado.

 

Al tercer día, apenas queda huella de sus alas entre los homóplatos y el color ha vuelto a su piel. Dean se mueve para acomodarse boca abajo en la cama como si adivinara que Sam le está retirando con sumo cuidado los últimos vestigios de aquello que estuvo allí para resguardarlos sobre un paño antes de llevarlos a la caja.

Entonces es que Dean despierta con un gimoteo haragán. Lo primero que puede apreciar al echar un vistazo hacia un costado es a Sam, los ojos rojos e hinchados y ojeras hasta las rodillas <como lo describirá después para mortificarlo hasta sacarlo de quicio>.

“Cielos, Sam. ¿Te estás drogando o estuviste viendo demasiada telecomedia?”

Sam se ríe un poco, emocionado, porque tiene a Dean de regreso con sus malos chistes.

“No es gracioso”

“Es un poquito gracioso”. Dean se acomoda hasta quedar de espaldas en la cama y mira a uno y otro lado, algo desorientado. Sam no le ha quitado la vista de encima y a Dean le parece por un momento que su hermano va a echarse a llorar. “Veo que amanecimos emo ¿eh?”. Se sienta en la cama. “¿Tan mal estuve?” Y entonces Sam comprende que no recuerda nada.

“Tenías mucha fiebre”

“¿Sí?”

“Delirabas”

“¿Dije algo comprometedor?”.

Sam sonríe.

“Me alegra que estés aquí”

Dean resopla, divertido.

“¿Dónde más podría estar?” se toca el estómago y hace un mohín. “Tengo hambre. Parece que no me has alimentado en una semana”.

Sam esconde tras de sí el paño con los últimos trozos de alas antes de dirigirse a la puerta.

“Te traeré algo, descansa”. Camino a la cocina, se cruza con Bobby y no puede evitar echársele encima en un abrazo y quedarse así unos segundos antes de ir en busca de la comida.

 

Le mienten. Descaradamente. Piensan que es mejor así. Mantienen a rajatabla la historia de que un malestar estomacal lo tuvo en las cuerdas. Buena oportunidad para intentar cambiar sus hábitos alimenticios. Inútil, porque Dean sigue siendo Dean. Gracias a Dios.

“Te enfermas por toda la basura que te echas a la boca”

“No me salvé de ésta para que me mates de hambre, Sam. Dame comida para hombres recios como yo, no para señoritas como tú”

Sam lo obliga a quedarse un par de días más en reposo para sostener la mentira. O al menos lo intenta porque Dean es de los que no pueden quedarse en la cama si es de día y, para peor, sin compañía. Continuamente declara sentirse bien, mejor que nunca. Se pasea en pijama a espaldas de los dos en procura del refrigerador.

La  caja es sellada y Sam se la entrega a Bobby para que la esconda donde Dean jamás la encuentre. Y de pronto Dean está en la puerta de la sala. Bobby apenas tiene tiempo de cubrir la caja para que no la vea.

“Dean, a la cama”. Cualquier cosa con tal de desviar su atención. “Aún no estamos seguros de que estés completamente sano”.

“Ok.” Dice y se cruza de brazos en actitud retadora. “Entonces, ¿dónde están mis remedios?”

Buen punto.

“Ya no son necesarios”, le replica Sam pero su hermano no está para nada convencido.

Dean se huele algo pero no se atreve a preguntar.

Preguntar, por ejemplo, qué es ese pedazo de algo blanco y quebradizo que encuentra en el suelo de la habitación y que se le deshace entre los dedos apenas intenta cogerlo. 

Sam se da cuenta porque Dean lo observa inquisidoramente cuando le pide que le repita otra vez lo ocurrido en los últimos días. Parece que no se traga el que su hermano haya desarrollado esa cara de agotamiento extremo sólo porque él sufrió un par de días de vómito y fiebre. En algún momento, Dean le cuenta a Sam que tuvo un sueño extraño <logrando que su hermano olvide el proceso de respirar>pero se detiene ahí, no lo cuenta, se pierde en el espacio un momento y luego, como si hubieran accionado un interruptor en él, se levanta en dirección a la cocina. “¿Hay algo decente que comer por aquí?” Sam resopla, aliviado. “Ponte los zapatos”, le grita. Pero Dean ha descubierto que le gusta andar descalzo.

 

Repentinamente, Sam encuentra casos que resolver. No uno, ni dos, sino decenas, y en todas partes, como si los monstruos se hubiesen confabulado para reaparecer. Dean de inmediato quiere salir en pos de uno. Finalmente, se montan en el Impala y dejan a Bobby porque hay mucho trabajo que hacer. Y mientras conduce, una mano en el volante, el brazo apoyado en la ventanilla y Metallica rompiendo los tímpanos de Sam, Dean se congratula de tener tantas vidas como un gato, si es que no más.

“¿Estás seguro?”

Dean mira a su hermano con una ceja arqueada.

“¿Qué insinúas?”

Sam duda un instante pero lo lanza igual.

“Quizás…es sólo que tienes un ángel cuidándote el trasero”

Dean sonríe de medio lado y se concentra en la carretera.

“¡Vamos, Sam! Los ángeles no existen”.

Sam sonríe también.

“Claro, Dean” y mira el camino que devora el Impala. “Los ángeles no existen”.

 

 

FIN

 

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  1. Bueno me lei los capitulos de “otra clase de angel” y este fic me llamo tambien la atencion y esta lista para dormir, pero he me aqui lo acabo de terminar de leer y te digo es precioso DEan un angel y que renuncia a volver a serlo por el amor a su hermano es simplemente hermoso
    tienes una linda forma de escribir,bueno ahora si a dormir xD
    🐱

    • Éste fue el primer fic que escribí y fue entre la tercera y la cuarta temporada. Por lo mismo, le tengo un cariño especial aunque no tiene que ver mucho con la línea que siguió la serie después.
      Gracias por tus bonitas palabras.
      Saludos. 🙂

  2. Terminé!
    Sabía que Dean seguía siendo Dean, y que después de ver como estaba su hermano, no lo iba a dejar así! ¡Claro que iba a decidir quedarse con él! Al fin y al cabo, que luego tendrá la eternidad para ser ángel, verdad?
    Algunas cosas de la mitología no me quedan claras, claro, como porqué era un ángel, qué hacía afuera en la noche, porqué los monstruos había desaparecido cuando él se transformaba…
    pero de que ha sio original, lo ha sido…
    ¡Sigo con tu masterlist!

    • ¡Vaya, niña! Es difícil seguirte el paso.
      En mis historias no vas a encontrar explicación para todo. Prefiero mostrar la puntita del iceberg y plantear sólo lo más importante para no desviar la atención de lo central.
      Algunas inquietudes que te quedaron:
      1. La idea es que de alguna manera, ayudado por Roy Le Grange, Dean hizo de caballito de Troya llevando Gracia dentro suyo que soltó en presencia de Lilth. Aquí lo importante es que Dean una vez más arriesgó su vida para salvar a Sam porque, como él nunca se comportó como un santo, la Gracia podía matarlo.
      2. Siempre fue un ángel, algo así como el ángel guardián de Sam. Una vez terminada su misión cuya amenaza principal (con la mitología de la época) era Lilith, debía retornar a su naturaleza y asumo que el asunto de cargar la Gracia ayudó mucho también.
      3. ¿Qué hacía de noche? Si hubieras estado encerrada en una jaula por casi treinta años teniendo la capacidad de volar y trasladarte donde quieras, ¿qué harías tú? Yo siempre he tenido una debilidad por el asunto de volar.
      4. Los monstruos pararon porque iba a ocurrir un evento, el evento de un ángel retornando a su hogar.
      ¿Alguna otra duda? 😉

    • mmm…es el punto dos. Como lo explica Missouri, Dean siempre fue un ángel, bajó sólo para hacer de guardián de Sam. Terminada su misión, se suponía que debía volver. Eso es.

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