Fic: “La señora Winchester” 2/4

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Título:La señora Winchester”.
Calificación: Todo público

Resumen: Debiera estar ubicado en la primera temporada, cuando han dejado partir a papá Winchester y Dean todavía espera algo de la vida. Aunque, en realidad, es totalmente AU.

Dos

Si Sam hubiese sido caricatura, la mandíbula le hubiese acabado en el pecho, pero como sólo es un ser humano lo único que puede hacer es tratar de recuperar el aire de sus pulmones que parece haberse batido en retirada. Si es verdad, si lo que acaba de oír no es parte de un estúpido sueño mañanero, entonces Dean Winchester debe haber superado con creces su record en la lista de tonterías cometidas en su vida. Pero allí está él, como si nada, sosteniendo aún la cintura de… ¿Duffy? ¿Qué clase de nombre es ese?

“Necesito ir al baño, amor”, la voz de la rubia se hace oír como un gimoteo caprichoso de bebé.

“Por supuesto, cariño” Dean le echa una breve mirada a Sam haciéndole saber que, quiéralo o no, el cuarto tiene nuevo huésped y luego a la rubia de vuelta. “Entra y prepara la ducha mientras saco tus cosas del auto”.

Ella sonríe y se muerde el labio inferior teñido con labial rojo furioso.

“Te esperaré para que me jabones la espalda”. Y se separa de Dean con un movimiento cadencioso en dirección a la puerta dirigiéndole una breve mirada a Sam antes de entrar. No bien desaparece en el interior, Dean deja escapar un gruñido travieso y da la vuelta para dirigirse rápidamente al Impala. Sam va tras él.

“¿Es una broma?”. Le sigue casi pegándose a su oído como para asegurarse de que sus palabras están entrando en su cerebro,…el de arriba.

“Amigo, ni yo mismo me lo puedo creer. Estábamos allí, frente a la capilla y de repente fue como ¿y por qué no? ¡Y ya! Ni siquiera dolió” Extrae las cosas de Duffy del asiento trasero, apenas una vieja mochila recubierta por parches con nombres de todos los Estados del país, y se la echa al hombro.

“¡La conoces… ¿cuánto?… ¿menos de una semana?! ¿Qué puedes saber de ella?” Dean cierra la puerta y camina de regreso al cuarto con Sam tras sus talones.

“Tiene 28 años, es su primer matrimonio, no tiene parientes cercanos, le gustan los gatos y canta”.

“Dean…”

“Sam, esta mujer…” se detiene y aprieta los labios y gesticula con las manos supliendo con ello la ausencia de palabras adecuadas para decir lo que realmente desea decir. “Esta mujer… tiene magia en su garganta”.

Sam levanta una ceja, escéptico.

“¿Me quieres decir que te casaste con ella porque te gusta como canta?”

Dean frunce el ceño, indignado.

“Pero, ¿cómo crees? ¿qué imagen tienes de mí? ” por un momento Sam se siente casi culpable por el solo hecho de insinuarlo. “También besa fenomenal”

Sam bufa, se adelanta y abre la puerta mientras la sonrisa bribona de su hermano le juguetea en el rostro.

“No se puede hablar en serio contigo”

“Awwn, estás celoso. No te preocupes, Sammy, tu lugar en mi corazón está intacto. Un poco más apretadito, pero intacto”

No bien entran al cuarto, Sam ve la puerta del baño cerrada y el ruido de la ducha funcionando. Todavía no puede creerlo, aún está tratando de desenredar el asunto en su cabeza y ahora, ni siquiera va a tener agua caliente esa mañana. Se detiene de golpe casi provocando que Dean choque contra su espalda, se voltea y lo encara de nuevo.

“¿Qué piensas hacer con ella?”

Dean sonríe de medio lado.

“Se me ocurren un par de cosas que aún no le he hecho, pero creo que ese es un tema del que a ti no te agrada hablar”

Sam rueda los ojos.

“Dean…”

“Está, bien, está bien” Levanta los brazos en señal de paz “Un paso a la vez, ¿de acuerdo? Ya veremos. Ella está conforme con eso”.

Y entonces Sam comprende algo.

“¿¡Se lo dijiste?!”

“No le pareció mal”

“Pero… ¡se lo dijiste!”

“Es mi esposa, no le guardo secretos. ¿Qué querías que le dijera? ¿Qué soy vendedor viajero?”.

Sam se lleva la mano al rostro y se frota el puente de la nariz.

“No puedo creer que hayas hecho esto” Dean rebusca en el bolsillo de la chaqueta y saca un papel malamente doblado que le tiende a Sam. Éste lo lee.

“¿Capilla del Rey del Rock?”

“Era mejor que la de ET. Aquí tenían esas pelucas con patillas grandes ¡y unas coristas con unas…!”. Y hace ademán de sostener balones con las manos delante suyo.

“¡Sí, sí! Ya entendí”.

Sam le devuelve el papel.

“Bien, es verdad. Entonces, responde: ¿qué pretendes? ¿arrastrarla con nosotros por medio país en busca de papá y el demonio?” y en ese momento, Sam cae en la cuenta que posee un argumento poderoso para hacer entrar en razón a su hermano. “¿Qué crees que dirá papá cuando se entere?”

Dean se encoge de hombros.

“No me importa”

“Oh, Dean. No me vas a hacer creer eso”.

“No espero que me creas”

Sam lanza un suspiro de cansancio.

“Entiendo que te hayas entusiasmado con ella, de verdad, pero ¿casarse? ¿por qué no simplemente…”

“Deannie…”

Ambos hombres voltean hacia el origen de la juguetona voz. Duffy está asomada en la puerta semiabierta del baño escondiendo tras ella su mojada desnudez.

“Mi espalda te echa de menos”

Inmediatamente Sam pasa al olvido y Dean se contorsiona de forma imposible para sacarse la chaqueta con una mano mientras camina raudo hacia el baño sin soltar la mochila de Duffy en la otra.

“¡Aquí va tu tigre, gatita!”

La puerta se cierra detrás suyo con descuido.

Sam aún permanece unos segundos parado en medio de la habitación con la frase sin terminar en su boca, sin atinar a nada, pero luego reacciona y rebusca entre sus cosas hasta encontrar el celular.

“¿Así es que ya no le importa la opinión de papá? ¡Por Dios! ¡Si ha vivido bajo su sombra los veintisiete años que tiene!”

Teclea con fluidez un mensaje de texto en el celular.

“Y se supone que le crea que de un momento a otro ha decidido batirse con sus propias alas”.

En el menú de contactos ubica el número que le interesa.

“Ya verá este estúpido idiota, se va a orinar en los pantalones cuando papá lo agarre de las pelotas y lo lleve de vuelta a Las Vegas, testarudo hijo de…” pero cuando va a apretar el botón de “send”, escucha la risa fresca y, al parecer, feliz de Dean desde el otro lado de la puerta del baño. Mira el número del destinatario en la pantalla del móvil con la boca prieta y el dedo listo a oprimir el envío.

“Mierda”

Aprieta el “off”.

No puede hacerle eso a su hermano.

 

Sam piensa que quizás es un hechizo. Con la vida que llevan no sería nada de raro. Lo extraño es que Dean, siendo el cazador que es, no se haya planteado la posibilidad. Durante todo el día, partiendo desde el desayuno y luego el viaje, hasta el momento en que se detienen en el siguiente motel, tres o cuatro pueblos más allá del que acaban de abandonar, no ha perdido de vista ninguno de los movimientos de la rubia en torno a su hermano. <Gracias a Dios, no se ha apropiado del lugar del copiloto y ha viajado muy a su agrado atrás, cuidando su maquillaje y escribiendo algo en un ajado block de notas>. A la primera oportunidad Sam le ha vaciado casi la mitad de la petaca de agua bendita en su café y no hubo ¡puf!, ni ¡paf!, ni nada. Así que, al menos, demonio no es. A pesar de eso, Sam no puede estar tranquilo. La situación es demasiado incómoda para tomarla con calma. Un paso a la vez, le había dicho Dean. Respira hondo. Un paso a la vez. Y veremos en qué resulta todo.

Y si piensa que esa noche tendrá un buen y merecido descanso se equivoca medio a medio. Dean y Duffy han decidido que deben celebrar con él, único pariente que tienen a mano, el compromiso marital recién adquirido. <¿De dónde sacan esos dos tanta energía?> Así es que esa noche en vez de enterrarse en la cama de su habitación single <la pareja tiene la suya justo al lado> Sam se ve arrastrado a uno de esos bares oscuros con música en vivo.

Dean y él se instalan en una de las mesas del fondo mientras la rubia, tras un par de largos y profundos besos de despedida, <¡por Dios! ¿cuál es la necesidad de despedirse cada vez que se separan?> se va a hablar con el encargado del local, lo cual no deja de llamar la atención de Sam. Preferiría no perderla de vista. Por si acaso. Aunque no ha tenido el tiempo necesario de realizar una búsqueda en regla, en su cabeza rondan un par de conjeturas con respecto a lo que pudiera estar afectando a su hermano. ¿Qué tal si es una sirena? Si bien ellos no se han topado con ninguna todavía en su vida de cazadores, sabe que es una posibilidad más que cierta. El problema es cómo hablarle del tema. Observa a su hermano un instante mientras éste toma un trago de su cerveza. Definitivamente está de buen humor. Bueno, ahí va.

“Dean, ella…”

“Duffy”, le corrige Dean.

“…Duffy…”, concede Sam.

“Y es su verdadero nombre, ¿no es fenomenal? Duffy y Dean, Dean y Duffy. Casi parece una canción. ”

Dios, ¿por qué tiene que ponerlo tan difícil?

“De acuerdo, sí, muy bonito, pero ella, …¿no has considerado que…?

“¡Shhh! Va a comenzar”

Y entonces Sam la ve subir al escenario con total aplomo, enfundada en el vestido rojo de gran escote que escondía bajo la chaqueta, e inclinarse hacia el guitarrista para darle alguna instrucción.

“Escúchala, Sammy”.

Duffy se planta en el centro del pequeño escenario, micrófono en mano, a un costado del plato de las propinas que descansa en un piso alto, camino del bar. La silbatina de admiración masculina no se hace esperar, pero ella parece no darse cuenta del ruido que la rodea. Con la cabeza gacha y los ojos cerrados, espera unos segundos hasta que se hace algo de silencio y entonces, cuando comienza con la primera nota de “Syrup and Honey” en una voz rasposa y dulce a la vez, Sam sabe por qué Dean se casó con ella.  

 

No estés gastando todo tu dinero en jarabe y miel

Porque yo soy lo suficientemente dulce.

No estés usando cada minuto en hacer una vida

Porque tenemos nuestro amor

Escúchame, uno, dos, tres,
Baby, Baby, Baby
Gasta tu tiempo en mi

 

No es la letra, no es la música, es sólo que ella es quien canta. La mujer es puro sentimiento ante el micrófono y su voz habla de caminos solitarios, de abandono y añoranza de una vida mejor. Y lo mismo parece opinar el resto de la concurrencia que guarda total silencio. Duffy se mueve con cadencia, perdida en la letra de la canción que es casi una súplica y que ella hace sonar como tal.

 

No estés fuera toda la noche
Dejándome totalmente sola
Porque necesito tu amor
No estés gastando cada día trabajando en Hawai
Porque estoy esperándote

Escúchame, uno, dos, tres,
Baby, Baby, Baby
Gasta tu tiempo en mi

 

Sam mira de reojo a su hermano que tiene los ojos fijos en su señora como si el mundo hubiese desaparecido y sólo existiera Duffy y su voz. No puede imaginarse siquiera la clase de conexión que ha encontrado Dean en esa mujer. Entonces, se siente un idiota egoísta. Es un pedacito de vida propia para su hermano, ¿qué tiene de malo eso? En un segundo la idea de encantamientos y sirenas se ha marchado de su cabeza.

“Algún día será famosa”.

Aún tiene los ojos fijos en ella cuando Dean lo dice. Como despertando de un trance, mira a Sam y le dedica su media sonrisa característica mientras levanta su vaso de cerveza invitándolo a brindar. “Y yo me haré rico vendiendo sus autógrafos” Sam se ríe de buena gana y bebe con su hermano a la salud de Duffy, toda la preocupación disipada en un momento.

Quince minutos después, la rubia ha terminado su actuación y el plato de propinas está lleno. Ella recoge el dinero y lo cuenta a la ligera para luego dedicarle un guiño coqueto a su marido. Dean levanta su vaso de cerveza en saludo y le sonríe. Es entonces que las cosas comienzan a complicarse. Sam apenas tiene tiempo de darse cuenta de lo que pasa. De pronto, la sonrisa ha desaparecido del rostro de su hermano y la ha reemplazado una mirada de furia en dirección al mesón donde el dueño del local le habla a Duffy demasiado cerca de su gran escote. Antes de poder procesar lo que sucede, Sam ve cómo Dean se pone de pie casi derribando la mesa y parte raudo hacia el mesón.  

En menos de 15 segundos, el bar es un caos, gritos e improperios por doquier. El dueño termina detrás de la barra incrustado en el espejo mientras que un par de gorilas del local quedan fuera de combate por la pelea sucia de Dean y la botella que Duffy hace añicos en la cabeza de uno de ellos. Cuando un tercero quiere atacar por la espalda a su hermano el cerebro de Sam decide que es hora de actuar y envía a sus casi dos metros de musculatura a la acción. Un par de minutos más tarde, los tres están corriendo hacia el Impala, las ropas hechas un asco, cortes, golpes y raspaduras en donde se quiera mirar. A lo lejos, se escucha la sirena policial.De regreso al motel, Dean no dice nada, aferrado al volante con los nudillos agarrotados. Duffy también está muda en el asiento de atrás, los brazos cruzados, la mandíbula apretada y la vista perdida en la ventana. Sam los mira a uno y a otro y no se explica qué pasó. El aire está pesado allí dentro.

Cuando se apean y llegan ante las habitaciones del motel, Sam carraspea antes de atreverse a preguntar.

“¿Van a estar bien?”

“Vete a dormir, Sammy. Lo necesitas”.

La voz no da lugar a negativas y así lo comprende Sam.

“Entonces,…” se vuelve hacia la rubia que luce como una niña enfurruñada, “buenas noches, Duffy” ella le responde con un pequeño asentimiento. “Dean…”, pero su hermano ya está abriendo la puerta de la habitación que comparte con Duffy y entra sin esperar a su mujer. Ella lo sigue de inmediato y cierra de un portazo.

Sam entra a su propia habitación pero se queda al lado de la puerta, la llave aún en su mano, temeroso de lo que pueda suceder a continuación. Los gritos de su hermano y su mujer se escuchan claramente a través de las paredes del motel. “¡…ese vestido…!” “¡…mi trabajo!” “¡…le sonreíste!”.

“Es asunto de pareja”, se dice mientras camina hacia su cama donde piensa dejarse caer con lo puesto, “tienen que aprender a resolver sus conflictos”. Hasta que el sonido de objetos arrojados contra la muralla reemplazan a los gritos y lo obligan a sentarse de un salto en la cama. En ese punto, Sam duda si debería ir a golpearles la puerta y detener así un asesinato… o dos, no está seguro. Y de pronto, todo se aquieta. Sam escucha con atención. Se oye sólo un llanto muy quedo y la voz profunda de su hermano en tono consolador. A Sam le vuelve el alma al cuerpo y sonríe. Al día siguiente aún tendrá familia. Cuando apoya la cabeza en la almohada tiene la esperanza de poder dormir en paz lo que resta de noche. Sin embargo, el sueño aún no ha llegado a él cuando los sonidos se reanudan con otro cariz.

“Oh, no”.

Y sí, es lo que piensa.  Pronto la habitación se llena de los ruidos propios del acto marital. Les golpea con fuerza la muralla para advertirles que han perdido toda privacidad, pero al parecer los gruñidos de su hermano y las risotadas histéricas de Duffy cubren por completo sus pobres golpes. Sam mira el reloj. Va a ser una larga noche. Y mientras se enfunda la cabeza y los oídos con la almohada, piensa que tal vez debería contarle a papá de todas maneras.

Y ahora ¿qué?…¿están cantando?

 

Al Tres a

 

»

  1. Seguí.
    Entonces la mujer sí es de armas tomar! Creo que debe serlo, daod que parece que ha vivido en la carretra mucho tiempo, aunque un poco de recato noe staría mal.
    Quiero ver a ella interactuando con Sam. No sé, que se deje ver que no solo es la gatita cantante de Dean, sino que es buena persona e inteligente.
    Sigo!

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