Fic: “La señora Winchester” 3a/4

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Título:La señora Winchester”.
Calificación: Todo público

Resumen: Debiera estar ubicado en la primera temporada, cuando han dejado partir a papá Winchester y Dean todavía espera algo de la vida. Aunque, en realidad, es totalmente AU.

Tres a

 

No hay mucho de su vida que Duffy quiera contar. Poco de lo que no se avergüence. Y sin embargo, a él se lo cuenta todo, con el sabor amargo del alcohol en la lengua, aún a riesgo de perder lo que todavía no es suyo. Le cuenta todo, incluso su eterna debilidad por los gatos. Tal vez por eso él ha decidido ronronearle en la oreja cada vez que puede.

Fue en el Bar de Barry, a un par de horas de Las Vegas, donde esa noche trataba de ganarse unos dólares cantando viejos blues. Allí estaba, en medio de la audiencia, entre el humo de los cigarrillos que le daban un aspecto fantasmal. El bar estaba repleto pero ella sólo podía ver a aquel hombre de talante insolente y piernas arqueadas apoyado displicentemente contra la pared. Y aunque no distinguía del todo su rostro, sabía con certeza que sus ojos tampoco se habían apartado de ella desde el momento en que subió al escenario y comenzó a cantar.

Cuando se fueron juntos en su espléndido auto, <más que eso, su “nena”> aún pensaba que sería sólo uno más de tantos.

Al segundo día, sin embargo, supo que no tendría voluntad suficiente para separarse de él si de ella dependiera. Y cuando él le cuenta lo suyo, ella le cree. No sabe por qué. Le basta sólo mirar dentro de sus grandes ojos verdes para creerle. Parece sorprendido cuando ella así se lo manifiesta. Entonces se lo cuenta de nuevo como si pensara que no le ha escuchado bien. Pero Duffy le ha entendido todo. ¿Cacería de fantasmas? Es un detalle. ¿Qué tan terrible puede ser?

 

Pero, en realidad, no sabía de lo que estaba hablando.

 

”¿…Q-qué?”

Dean deja escapar un suspiro impaciente mientras sus hombros caen con fastidio. Ya se lo había dicho antes.

”¿Recuerdas? En el hotel, entre la tercera y la cuarta vez, antes que los vecinos comenzaran a reclamar”.

Ella luce perdida.

“Pero… pero… yo pensé que… no sabía que…”

Después que Dean le habló de lo que su hermano y él hacían, lo que Duffy esperaba encontrar era a un par de rebeldes actuando contra lo establecido, recorriendo las carreteras del país, descifrando misterios, todo muy romántico. No esto. No toda una ciencia de cómo cazar espíritus con un cofre de auto repleto de todo tipo de armas.

Dean la mira como si la conversación que sostienen fuese de lo más elemental y ella estuviese jugando a fingirse la despistada.

“Es lo que hacemos”. Está claramente molesto ahora. O dolido, ¿hay diferencia? “Cazar cosas, salvar gente. Ese es nuestro trabajo”. Dean se inclina hacia ella buscándole la mirada, los brazos extendidos enfatizando su esfuerzo por hacerle ver lo que para él es tan obvio. Lo ha lastimado y Duffy podría odiarse por eso. Le echa una mirada al cofre abierto del Impala y recorre con la vista los cientos de artilugios que se encuentran allí dentro.

“Oh, Dios”.

Y no puede evitarlo, da la vuelta y entra de nuevo al cuarto dejando a los dos hombres sin saber qué esperar. Sam, incómodo, desvía la mirada de su hermano porque está seguro que lo que sus ojos le dirán, inevitablemente, será un “te lo dije”. Dean, por su parte, se da a sí mismo un minuto antes de decidirse a partir tras su mujer. Por una vez, Dean Winchester no sabe qué hacer.

 

Duffy se instala frente a la ventana y observa los vehículos que atraviesan por la carretera. Necesita pensar, digerir lo que acaba de escuchar, encajar las piezas en su lugar.

El asunto es: ¿ella puede con todo esto? Y si no puede, ¿Dean la querrá todavía a su lado?. En caso que no ser así, aún le queda el primer plan, ese que habla de ser descubierta por un buen agente, de grabar todas esas canciones que escribe en el block de notas y ser famosa y ganar dinerales y olvidarse de todas las penurias que ha sufrido hasta ese momento. Pero en el trecho hasta ese entonces sólo habría noches vacías, peligrosos viajes de aventón, y soledad interminable. ¡Dios!, ¿cómo puede un hombre grabarse tanto en la piel y, más profundo aún, en el alma?. Debería tomar nota de eso. Podría llegar a ser un buen verso. Rápidamente lo escribe en su block. Sobre una silla está su mochila, siempre lista para la mudanza, tentándola con el camino fácil de la huida. Siempre ha sido una opción. Tal vez hoy lo sea también. Pero la pura y simple verdad es que no quiere abandonar. No después de haber conocido ese lugar cálido y apasionado llamado Dean Winchester. El asunto es, una vez más, ¿ella puede con todo esto?

Cuando Dean entra en el cuarto, y se instala en silencio a su lado frente a la ventana, el corazón se le acelera hasta el punto de hacerle pensar que se mueve bajo su camiseta <que, de paso, es de color rosa y con una gran boca plateada justo al centro bajo la cual reza “kiss me”>. Y aunque es incapaz de voltearse a verlo directamente, observa por el rabillo del ojo que la expresión de su rostro es severa. Tal vez ha decidido que todo ha sido un error y que ella no es la clase de mujer que necesita un cazador. Tiembla ante la posibilidad.

Pero eso no es lo que bulle en la mente de Dean precisamente. Muy por el contrario, está buscando las palabras para retenerla a su lado, para que, a pesar de lo que acaba de ver, <que a cualquier otra le hubiera hecho pensar que se ha casado con un desquiciado asesino serial > aún desee ser su compañera y compartir su mundo. Y en el intertanto, el silencio se ha alojado incómodamente entre ellos dos. Hasta que al fin, con un leve carraspeo que antecede sus palabras, Dean se decide a hablar.

“Quiero que esto resulte, en serio”. Mantiene la vista en la carretera frente al motel. “No pretendo hacerme el héroe ante ti, porque no lo soy” se sonríe sin alegría. “No como papá, al menos. Pero lo que hago, es importante. Lo es para mí. Es decir…Quisiera que comprendieras… <mierda, las palabras nunca han sido lo suyo cuando se trata de abrir el corazón> Lo que quiero decir es que saber que puedo evitarle a otras familias pasar por lo que papá, Sam y yo hemos atravesado… bueno, vale la pena la existencia que llevo. Incluso, puede que la disfrute, aunque decirlo suena completamente demente”. Toma aire y continúa. “Duffy, no puedo retenerte a mi lado, con esta vida que ves, si no lo deseas”. Hace el ejercicio de aclararse la garganta antes de proseguir. “Pero si de algo sirve, … no quiero que te vayas” y sus palabras son para Duffy como un bálsamo tibio que baja hasta su corazón y lo reanima. <Vaya, otro verso que vale la pena> Necesita creer fervientemente, y ahora sabe que Dean también, que el deseo de permanecer juntos es suficiente para superar cualquier obstáculo que se les presente. Comenzando por este pequeño impasse.

“Entonces…”, le dice sin mirarlo aún. “…Salvas personas”

Dean asiente con un mohín, la vista perdida en algún punto fuera de la ventana.

“¿Cómo los bomberos?”

Dean arquea una ceja y se vuelve hacia ella.

“Algo así… pero más cool”.

Ella lo mira un instante y asiente lentamente en un gesto aprobatorio.

“Eso es…lindo”, y deja que aflore una sonrisa en su boca. “Así que…”, le lanza una mirada de lo más sugestiva. “¿Me enseñarás a apagar los incendios?”

Y Dean la acompaña en su sonrisa.

“Pondré todo mi esfuerzo en ello”.

 

Tres b.


»

  1. Lo que te dije que quería, y aquí me lo das… un POV de la chica, que deja ver que tiene buena fibra. Me ha gustado.
    Y ahora sí, a entrenarla en la cacería. Pobre, no sabía en lo que se metía.
    Sigo!

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