Fic: “La señora Winchester” 4/4

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Título:La señora Winchester”.

Calificación: Todo público

Resumen: Debiera estar ubicado en la primera temporada, cuando han dejado partir a papá Winchester y Dean todavía espera algo de la vida. Aunque, en realidad, es totalmente AU.


Cuatro

Fue en un bar de mala muerte a dos horas de Las Vegas <adonde se dirigía arrastrado por el impulsivo deseo de jugar en los tragamonedas más famosos del mundo>. Ben’s, Barry’s, Byron’s, o algo así, no lo recuerda bien ahora. Allí la conoció. Estaba en el escenario, que no era otra cosa que una simple tarima de madera, hipnotizando al auditorio con el sonido a la vez rasposo y tierno de su voz. Él se mimetizó con la concurrencia, oculto por el humo del cigarrillo que llenaba el local. Después de beber la cerveza que lo había llevado hasta allí, apoyado contra una de las paredes, y sin tener muy claro por qué, la escuchó hasta el final. Ella no le quitó los ojos de encima hasta que la última nota de la última canción se agotó. Presentarse, charlar y comenzar el cortejo fue lo siguiente.

“Voy a Las Vegas”

Ella le sonrió.

“¿Me llevas?”

Y él la llevó.

 

Acabaron en una habitación con jacuzzi y sábanas de seda de un hotel cinco estrellas en la ciudad del pecado, tras haber ganado una considerable cantidad de dinero en los tragamonedas, la ruleta y el poker, en ese orden.  

Podría haber terminado allí. Podría haberse marchado, como tantas otras veces. Echar el polvo y desaparecer en medio de la noche sin recordar siquiera el nombre de quien había compartido con él la cama. Pero no sucedió de esa manera. Aún estaba al lado de la rubia en la mañana. Y a la mañana siguiente también.

A ella le gustan los gatos. Y se llama Duffy. En serio. Tiene una historia que le cuenta con la vista perdida en la ventana en la semioscuridad del amanecer. Y un demo con las canciones con las que pretende alcanzar la fama. Él también habla hasta que se cansa. <No se sabía capaz de charlar tanto en la cama>. Con Cassie demoró dos semanas en decidirse a contarle la verdad. Con Duffy menos de una noche y media. Ella lo escuchó con atención y luego, en vez de salir corriendo, se sonrió. “¿En serio?”. Y él se lo repitió pensando en que tal vez no le había escuchado bien. “Eso suena emocionante”. Y entonces Dean supo que la amaba.

 

Pero no importa lo que haya creído entonces <o deseado creer>, o cuan optimista haya llegado a estar. Simplemente, el asunto no está resultando. Van dos meses y ella todavía camina al borde del colapso nervioso en cada cacería. Aún así, la rubia se niega a permanecer en el motel.  ¿Acaso esa no es señal inequívoca de que su interés por convertirse en cazadora se mantiene intacto?

“No”, le rebate su hermano sin importarle destrozar su ilusión. “Significa que no quiere verme regresar con tu cadáver, Dean”.

Por supuesto, Dean no es ciego. Ni tonto. Otro cuento es que no quiera admitir lo que está sucediendo, que le apeste que Sam saque el tema a colación porque sabe que esta vez su hermano tiene razón.

Es que Dean aún quiere creer.

 

Sin embargo,la realidad es que tiene de nuevo frente a sus ojos a la mujer que escogió por compañera, con un rifle cargado con balas de plata, enfrentando a otra de las criaturas que habitarán por siempre su vida. El arma tiembla tanto en sus manos que difícilmente le dará al blanco correcto.

Dean le indica a Sam con una seña que dé un rodeo. Luego, sale de su escondite al descampado intentando atraer la atención de la creatura la que, sin embargo, mantiene sus ojos rojos fijos en la rubia, demasiado cerca de ella como para que Dean intente un tiro.

“Eso es, gatita”, la alienta. “Ya lo tienes”

“¿D-D-Dean?”

“Tranquila. Sube un poco el rifle, sólo un poco. ¿Ves eso grande y redondo sobre sus hombros? Es su cabeza. Dispara allí”.

Pero el rifle no se mueve porque Duffy está paralizada por el terror. No se suponía que estuviera allí sino en el auto. ¿Por qué no era capaz de seguir una simple orden?

“N-no p-puedo”.

Un rugido de la bestia, otrora un ser humano, cubre su voz.

“¡DEEEAANN…!”

“¡Está bien! ¡Está bien!”, esto definitivamente no está resultando como él lo había esperado. “Yo me encargo, gatita”.

Y al bicho.

“¡Hey! ¡Pedazo de fósil disecado!”

Pero la creatura alza una mano hacia Duffy sin tomar en cuenta el llamado de Dean, fascinado, al parecer, por el rubio platinado de su cabello.

“¡Tócala y te juro que te sacaré la lengua por el ombligo, maldito hijo de puta!”

Al otro lado del desplayo, Sam ya se ha posicionado. Podrían apartarlo de Duffy fácilmente entre los dos si sólo el bicho se dignara prestarles un poco de su atención. Dean, entonces, no pierde más el tiempo, recoge una piedra que encuentra a sus pies y la lanza con toda su fuerza contra el cráneo del monstruo. Apenas hay un rebote en el hueso pero es suficiente para obligarlo a voltear y enfrentar a su agresor. Lo que Dean no esperaba era que la creatura se moviese tan rápido. En un segundo está de espaldas en el suelo, arrojado allí por un borroso manotón del bicho.  Aturdido, sólo puede escuchar que Duffy grita, que Sam grita también mientras dispara y falla y es arrojado a su vez contra el suelo con otro movimiento brujo. Es el sino Winchester que dice que si algo tiene que salir mal, saldrá peor. La creatura se vuelve de nuevo con rapidez espeluznante hacia Dean, la horrible boca abierta hasta lo imposible y las garras aprisionándole los brazos contra el suelo. Y cuando el bicho está a punto de dejar caer su mordida, su cabeza estalla hacia un costado convirtiéndose en jalea sanguinolenta. Cuando el monstruo colapsa, Dean puede ver la figura temblorosa de Duffy sosteniendo aún el rifle humeante. <O sosteniéndose de él, según sea el punto de vista>.

Dean apenas puede creerlo.

“¡Lo hiciste!” en un abrir y cerrar de ojos está de pie y sostiene a su mujer entre sus brazos. “¿Viste, Sam?” ¡Lo hizo! ¡Te dije que sólo era cuestión de tiempo!”

Duffy tiembla abrazada a él, hundido el rostro en su pecho, las manos agarradas a la chaqueta de su marido como si se tratara del bastión de su supervivencia. Y mientras Sam se acerca y apoya la mano en su hombro en un gesto de congratulación, ella se pregunta si el miedo se irá algún día.

 

Era su camiseta favorita. No puede evitar suspirar con pena mientras la frota en el lavadero de la cabaña que han rentado. Últimamente se ha vuelto una costumbre en ella eso de suspirar por todo. Levanta la prenda mojada frente a sus ojos. Polvo y sangre. No volverá a ser la misma. Como ella. Suspira de nuevo y la regresa al agua.

“Eso es algo que no se puede dejar ver en las lavanderías” la voz de Sam a sus espaldas le hace dar un respingo <otra de sus nuevas costumbres>. “Perdón”, se excusa Sam. Ella se voltea a verlo y le ve un montón de ropa en las mismas condiciones que la suya en las  manos.

“No te preocupes” le replica ella y vuelve a su labor. “Desocupo aquí en un minuto”.

“No hay prisa” y se instala a su lado apoyando el cuerpo contra el lavadero mientras la observa con una fijeza que es casi molesta. Ante los ojos de Sam, ojos de cazador, no pasa desapercibida la ausencia de maquillaje y el visible cansancio que exhibe su rostro.

“Deberías hablarle”.

Ella se detiene y mira el agua en el fondo del lavadero. Por supuesto, sabe de qué le está hablando. Niega con la cabeza. No está dispuesta a desilusionarlo.

“Ya pasará. Es sólo…” alza la mirada hacia Sam y sonríe. “Supongo que es el noviciado. Esto es demasiado nuevo para mí. Pero te aseguro que lo lograré”. Hay tanta determinación en el tono de su voz que Sam le cree y le sonríe de vuelta.

“Sí”, la secunda. “Lo harás”.

Duffy termina de estrujar su prenda y la coloca sobre la palangana que ha traído de la cocina.

“Ya está”, anuncia. “Todo tuyo”. Y comienza a andar en dirección al patio mientras Sam deja caer su carga de ropa sobre el lavadero.

“A propósito” Duffy se detiene y lo mira. Sam le dedica una amplia sonrisa “Lo estás haciendo bien”

Y ella quisiera alegrarse ante el cumplido pero el nudo que tiene el estómago apenas le permite corresponderle tímidamente la sonrisa antes de proseguir su camino hacia el patio.

 

Duffy nunca ha tenido conciencia onírica así es que si no fuera porque Dean, preocupado, la despierta a medianoche mientras ella balbucea cosas y forcejea contra lo invisible, no sabría que las pesadillas no la han abandonado. La primera de todas ellas, la de la cacería en el bosque, esa sí la recuerda y ha comenzado por fin a comprenderla y quizás eso es más atemorizante aún que tan sólo recordarla. Ya no cree que se trate de un anuncio de que la muerte la separará de Dean. Ahora piensa que es la vida quien lo hará.

 

Cuando una semana después ocurre el anuncio de una nueva cacería, la sensación de estrangulamiento en sus entrañas aún está ahí, dificultándole el respirar y haciendo desaparecer los colores de su rostro aunque Dean no parece darse cuenta dentro de su entusiasmo.

“!Hombres-Lobo! ¿Sabes lo que eso significa? ¡Hombres-Lobo!”

Mientras Dean saca la caja de las balas de plata del baúl del Impala, Sam le explica a Duffy que acompañar a su hermano en la cacería de un hombre-lobo es como llevar a un niño a la feria de entretenciones. Duffy logra reírse con naturalidad ante la broma. Pero cuando llegan al lugar y Dean le pasa el arma con la que ella vigilará la retaguardia, inclina la cabeza y busca en el suelo a sus pies el coraje suficiente para seguir adelante. A Dean le basta un segundo para darse cuenta de lo que sucede. Voltea hacia Sam y éste comprende de inmediato que debe retirarse, debe dejarles su privacía. Una vez solos, Dean se apoya en el auto junto a ella.

“Me preguntaba cuánto tardarías en decírmelo”.

Cuando Duffy levanta la mirada hacia Dean sus ojos están húmedos.

“Lo lamento”.

“No hay nada que lamentar, gatita”.

“Vámonos de aquí, Dean”.

La proposición ha sido tan sorpresiva y tan vehemente que Dean la mira sin comprender en un principio a qué se refiere. Ella misma está asombrada de haberlo dicho, pero ya está.

“Podemos hacer un poco de dinero entre los dos, comprar un terreno, construir algo, Sam podría visitarnos o vivir con nosotros, volver a estudiar, y tú eres hábil con las manos, esas cosas que haces con los motores, nos la arreglaríamos bien, por favor, vámonos, Dean, vámonos”.

“¿Nuestra propia casita en la pradera con la baranda blanca, el perro y dos punto cinco hijos?” Él esboza su media sonrisa y niega con la cabeza. “No se puede, cariño”. Cazar cosas, salvar gente. Desvía la mirada y suspira. “Esto es lo que soy, esto es lo que hago”, se encoge de hombros. “Así me conociste”.

Y ahora ella es quien se vuelve hacia otro lado controlándose para evitar el llanto dignamente y lo consigue.

“Sí, lo sé”.

Cuando sus miradas se encuentran de nuevo ya está todo dicho.

“Entonces…” dice Dean tratando de esbozar una sonrisa. “¿Hasta aquí?”.

Ella carraspea y asiente buscando serenidad en sus zapatos.

“Hasta aquí”.

Tras el momento de silencio que cae sobre ellos, Dean busca en sus bolsillos la llave del Impala. ¡Mierda! Algo se ha roto dentro suyo y duele más que un zarpazo de Wendigo infectado.

 “Bien” dice con decisión. “Te dejaré en el próximo pueblo”.

El hombre-lobo tendrá que esperar.

 

Sam quiere acompañarlo y apoyar a su hermano en la dificultad, sin embargo, Dean, que le adivina de inmediato la intención, lo para en seco con un “Iré solo” antes que llegue a formular el ofrecimiento. Dios, ¡cómo duele! Pero esta vez él no le pedirá que se quede. Le entrega dinero, la obliga a aceptarlo y promete que le enviará algo de cuando en cuando. Ella trata de rechazar también la promesa pero Dean le dice medio en serio, medio en broma que es su responsabilidad de hombre casado.

“Bueno… próximamente, divorciado”

Ella le entrega como recuerdo suyo el demo con sus composiciones y esta vez es el turno de Dean para negarse <porque le parece mal que le regale algo que es prácticamente toda su vida> y el de ella para insistir.

“Haré otro” , le explica. “Tengo cosas nuevas que cantar”.

Se miran mucho rato antes de que Duffy tome sus pertenencias y suba al autobús que la llevará de regreso a Las Vegas. Es allí donde comenzó todo y es donde pretende continuar su vida, hacer audiciones, comenzar su carrera artística en serio.

“Deberías conseguir un mejor agente” le aconseja Dean y a continuación saca de su billetera una tarjeta y se la entrega. “Llamé a un amigo mientras preparabas tus cosas. Es representante de artistas. Completamente confiable. Le salvé el trasero hace un par de años cuando lo perseguía el fantasma del prometido de una de sus clientes. Dijo que podía ayudar… si tú aceptabas”.

Por un momento Duffy cree que todos en un radio de 100 metros a la redonda han escuchado cómo su corazón se rompe en pedacitos. Aún no puede creer que esté abandonándolo.

“Gracias, Dean”.

Después que el bus se marcha <nada de abrazos ni besos porque ninguno de los dos es masoquista>, Dean regresa al Impala manteniendo su apariencia estoica. Mas, una vez en la carretera tiene que hacer grandes esfuerzos para tragar el nudo que se le ha formado en la garganta y que amenaza con ahogarlo. Las lágrimas esperan sólo su orden para aparecer pero él les niega la salida. No va a llorar. Sin embargo, a pesar de su determinación, se ve obligado a detenerse a un lado de la carretera para recuperar el control de sus emociones. Evoca la imagen de Sammy creciendo bajo su protección, el recuerdo de papá que está buscando a aquel demonio, de las personas que gracias a su intervención han salvado la vida… Harley… Lucas… Michael…

¿Vale la pena?

Sí, vale la pena.

Hace funcionar el reproductor del Impala hasta el nivel de volumen en que incluso el bus en que se marcha su mujer sería capaz de escucharlo. Y mientras “Hair of a Dog” de Nazareth le llena los oídos, echa a andar de nuevo el vehículo en dirección al motel donde le aguarda su hermano.

 

A la semana siguiente, mientras se encuentran detenidos en la carretera tomando un refrigerio, a medio camino de South Dakota, Dean recibe el llamado que le comunica que debe pasar a firmar el documento del divorcio. El matrimonio ha durado apenas 2 meses y medio.

“Tenemos que hacer un desvío a Las Vegas”, le informa a su hermano mientras juega pensativamente con el celular dándole vueltas en su mano una vez terminada la llamada.

Aunque no quiera admitirlo, Sam conoce lo suficiente a su hermano como para saber que el asunto le ha afectado.

“¿Quieres hablar de esto?”

Dean suspira y mira hacia la carretera que espera a que se pongan en camino.

“No”, le dice. “En realidad, no sé por qué me casé en primer lugar”.

Sam se da cuenta que tiene botando la pelota delante suyo y no desperdicia su oportunidad.

“Creo que fue porque te gusta como canta”

Dean la recoge. Lo mira y le sonríe.

“Y besa fenomenal”

Sam le sonríe de vuelta.

“¿A las Vegas, entonces?”.

“A las Vegas”

Y Dean pone en marcha el Impala.

 

FIN

tiene soundtrack.
Para la despedida de Dean y Duffy:
Distant dreamers-Duffy
Para el regreso al motel y los créditos finales:
Hair of a dog – Nazareth

»

  1. ¡Hola!
    Creo que esto es muy realista, dentro de ese mundo. Porque que, puede que con el tiempo, pudiera acostumbrarse a la cacería, pero ¿porqué? ¿Valía la pena ser parte de la vida de él y perder la suya? La cosa era difícil, y se entiende que ella le pudiera el ultimatum: hagamos nuestra vida… y que él decidiera no hacerlo.
    Sí, parece que no había otra. En mi ilusión de finales rosa, pensé que ella podría llamarlos para decirles de un caso, pero creo que es mucho mejor tu final.
    Chau!

    • Cuando comencé a escribir el fic tenía claras sólo dos cosas: el principio y el final. 😀 Y, claro, el fin no podía ser rosa, pero tampoco podía dejar desangrándose el corazón de Dean (como debe estar desangrandose ahora por Lisa *suspiro triste*).
      ¿Qué hora es en tu país? Aquí va a ser la 1 de la madrugada.

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