Fic: “A better place” 6/7

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Título:A better place”.
Calificación: Todo público

Resumen:
Es mi especulación en torno al fin. Básicamente es angst y brotherly love, con un toque de guerrero del cielo en el estilo de “I miss you”.

Capítulo 6: a better place.

 

La hora llegó demasiado rápido. No debiera estar allí. Se lo había prometido a Dean. Pero no es la primera vez que le miente a su hermano. Lamentablemente, ésta parece que va a ser la última.

“¡Tienes que dejarme ir, Sam! ¡Ahora!”

Dean le habla por sobre el ruido espeluznante que llena la habitación, forcejeando para que lo libere y le deje hacer lo que está destinado a hacer. Y es que Sam, al ver aparecer el pequeño recipiente blanco que ha estado escondido todo ese tiempo bajo la camiseta de su hermano, se ha lanzado a detenerlo aprisionando sus manos entre las suyas. Sam no lo entiende.

“¿Por qué tienes que ser tú? ¡Debe haber otra manera!”

Sam no entiende y no quiere alejarse de Dean. Forcejea con él para quitarle el frasco que tiene en las manos mientras la otrora figura llena de luz se alza en el centro del salón cubriéndose ahora de sombras, atrayendo todo lo que hay a su alrededor hacia sí.

Y en un momento Dean le habla con voz tan calma, “Sam”, y a la vez tan decidida, “Sam”, que no puede hacer otra cosa sino levantar la mirada y clavar los ojos en los de su hermano. El forcejeo disminuye hasta desaparecer por completo. Se quedan quietos un momento que parece una eternidad, sosteniéndose a duras penas en pie a causa del torbellino que aumenta a cada segundo a su alrededor. Sin palabras ahora, Dean le ruega nuevamente que lo deje partir.

Y Sam lo hace. Libera la presión de sus manos y Dean se desliza fuera de ellas envolviendo con sus dedos el pequeño frasco que aún pende de su cuello. Entonces el cazador se vuelve hacia el centro del vórtice donde se alza la figura oscura cada vez más imponente. Ana y Castiel, junto a unos cuantos de sus hermanos, ya están plantados frente a ella recibiendo los golpes de la batalla. Una breve mirada de Castiel le indica a Dean que ya no puede retrasarse más, así es que se vuelve por una última vez hacia Sam.

“¡Debes irte!”, le ordena.

Pero Sam niega con un ligero movimiento de cabeza y la boca prieta. Dean tiene que dejarlo así. No puede dilatarlo más. Le da un tirón al frasco liberándolo de su amarre.

“¡No mires! ¡Cierra los ojos!”

Sam obedece apenas a tiempo. En un segundo, su hermano abre los brazos y se deja atrapar por el torbellino que lo lleva directo hacia la figura oscura donde arroja el frasco al suelo justo a sus pies. Una explosión de luz surge del punto en que el recipiente revienta y se expande por toda la habitación haciendo desaparecer con un horrible aullido de agonía al príncipe de las tinieblas y con él a toda su cohorte.

Sam se echa en el suelo, encogiéndose para buscar más protección. A través de sus párpados cerrados, la luz se cuela hasta escocerle los ojos. Cuando la onda expansiva lo toca, Sam cree que la piel de todo su cuerpo va a desaparecer en un montón de brasas ardientes y con ella, cada célula de su cerebro. Es el remanente de la sangre que fue la fuente de su poder por tanto tiempo y que clama ahora por marcharse al lugar de donde vino. Ante el sufrimiento que le embiste, no puede evitar unirse al alarido tenebroso y moribundo del enemigo hasta que, al fin, la luz declina y Sam puede darse cuenta de que, a pesar de estar al filo de la inconsciencia, aún está vivo. Abre los ojos con temor, y se mira las manos volteándolas de lado y lado para comprobar que sus ojos no se engañan: están perfectamente sanas, no hay ni una seña de quemadura o algún otro tipo de herida. Levanta la cabeza entonces, parpadeando repetidamente, intentando ver a través de la especie de vapor que se ha apoderado del lugar. Para su sorpresa, Simón está allí, de pie, mirando hacia el boquete que ha dejado sin techo el lugar.

“No está”, le dice.

Sam se encuentra aún demasiado aturdido para entender a qué se refiere.

“¿Q-qué?”

“Dean”, le aclara y se vuelve para mirarlo. “Se ha ido”. Vuelve a observar el boquete y señala el firmamento. “Lo he visto. Ana y Castiel se han ido con él”.

La pena cae sobre Sam. El haber sabido que algo así iba a ocurrir, no lo hace más fácil. Siente que está a punto de largarse a llorar.

“¿Adónde?”, la pregunta es apenas un susurro.

El muchachito se encoge de hombros y su mirada se pierde en las murallas como si en ellas fuera a encontrar la respuesta.

“¿Al cielo?”

Mira hacia arriba de nuevo, hacia el lugar donde vio por última vez a Dean, mientras Sam se incorpora, tambaleante.

“Dondequiera que le corresponda” y nuevamente hacia Sam. “Un lugar mejor que éste”.

Sam recoge el amuleto de Dean del suelo y lo contempla con devoción mientras gruesos lagrimones caen por sus mejillas.

“Sí”, acaricia el amuleto en su mano. “Un lugar mejor”.


Capítulo 7: Big brother forever

 

»

  1. Esta idea de que Dean se da con una gracia y eso le quita la sangre a Sam ya la habías usado. No sé, eso me hace pensar si este escrito no será una precuela (o parecido) del primero que hiciste.
    Y pobre Sam, es que claro que no quería que fuera, aunque final, lo tuvo que dejar ir.
    ANNA junto a Cas en la misión!
    Bien!

    • Soy un poco obsesiva con algunos temas. Los tomo los doy vuelta, los miro por delante, los miro por detrás, hasta que me doy por satisfecha. ¿Te cuento un secreto? Otra clase de ángel también tiene que ver con el tema. 🙂

      • Bien! Spoiler! Me gustaría que en el “otra clase” de ángel, expliques porqué Dean es un ángel, ¿nació con un alma “gracia” diferente? O, ya sabes…
        sigo viendo tus replays!

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