Fic: “A better place” 7/7

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Título:A better place”.
Calificación: Todo público

Resumen:
Es mi especulación en torno al fin. Básicamente es angst y brotherly love, con un toque de guerrero del cielo en el estilo de “I miss you”.

Capítulo 7: Big Brother, forever.

 

Está sangrando. Y mucho. Demasiado. Todo se ha ido a la porra. Es el sino de los Winchester: si algo va mal, definitivamente irá peor. Debería haber escuchado a Bobby. Pero hace mucho que no escucha a nadie, borracho de la necesidad de continuar con el trabajo familiar, aquello que su padre y su hermano le legaron en herencia.

La criatura viene por él ahora, después de arrojarlo al vacío desde el tercer piso. ¡Maldición! Debió haberlo previsto. La ve acercársele como un animal salvaje listo a arrancarle la yugular de una dentellada. Sin embargo, cuando ya puede percibir el pútrido aliento sobre su cara, inexplicablemente, la criatura vuela hacia la pared contraria estrellándose en ella con un chillido aterrador. Allí permanece quieta, sin vida. Es lo último que ven sus ojos antes de que la oscuridad se cierna sobre ellos.

Y entonces, Sam lo percibe. Porque no podría decir que lo ve o que lo huele. Sólo lo percibe. Desde luego que él conoce esa presencia que se instala al frente suyo. La conoce desde que tiene memoria, desde siempre. Es inconfundible.  

Dean.

Cuando Sam despierta, está en casa de Bobby tendido sobre una cama y el viejo cazador en una silla al lado suyo, observándolo con expresión preocupada. Se incorpora de inmediato en el lecho, anhelante, acariciándose el costado donde antes estuvo la herida fatal. No la encuentra. Bajo la camiseta, que él levanta para examinarse mejor, sólo hay una larga cicatriz algo protuberante. Dirige su mirada a Bobby porque él seguramente debe saber qué está ocurriendo.

“Está en la cocina” responde a la pregunta no pronunciada.

Sam se levanta y va corriendo. Sí, allí está. Y está… cocinando. Bizarro. Todo es muy kitch. Lo observa en silencio, casi convencido de que se trata de una loca alucinación. Teme despertar de un momento a otro y encontrarse aún en el edificio aquel, desangrándose, dejando escapar el último aliento.

Dean tiene puesto el delantal de Bobby, ese que dice “besa al cocinero” y tararea una melodía desconocida para Sam mientras prepara los panqueques en la estufa. Y de pronto, Dean calla. Sam contiene el aliento. Su hermano se vuelve hacia él sosegadamente y deja que la sonrisa que le caracteriza, brillante, amplia, se forme en su boca. “Hola, Sammy”.

Sam avanza lentamente hacia él sin quitarle la vista de encima hasta quedar apenas a unos centímetros y allí se detiene como si temiera no tener la autorización para tocarlo.

Así que lo que Sam no se atreve a hacer, lo hace Dean. Avanza un paso y lo atrae hacia él hundiéndolo en un abrazo estrecho y cálido. Y Sam no lo puede evitar, entierra su rostro en el espacio entre el cuello y el hombro de su hermano y gimotea como un niño pequeño que necesita ser consolado. Así permanecen, atados en el abrazo, una mano de Dean sobre la cabeza de su hermano pequeño y la otra en su espalda, hasta que el alivio llega y Sam es capaz de hablar.

“Regresaste”, dice, su voz sofocada aún por la camiseta de Dean. “Ahora todo irá mejor”. Y de inmediato puede sentir una ligera tensión en el cuerpo de su hermano que lo obliga a deshacer el abrazo y buscarle la mirada. Dean no quisiera quitarle la ilusión pero es imposible que no sea así, Sam lo lee en su expresión.  

“No te quedarás”.

Y Dean niega lentamente con la cabeza mientras se muerde el labio inferior.

Los envuelve el silencio mientras uno digiere con tristeza lo que acaba de saber y el otro desvía la mirada para que no duela tanto. Pero no tiene caso amargarse mientras aún están juntos. Sam se aclara la garganta antes de hablar nuevamente.

“Y… ¿cómo es?”

Dean sonríe y se encoge de hombros.

“No está nada mal”.

“¿Era verdad lo de las 72 vírgenes?”

El cazador lo mira con un fingido mohín de decepción.

“Sí, pero no se pueden tocar”

A Sam se le escapa una ligera carcajada.

“¿Nada de diversión entonces?”

“Es… diferente. Igual de intenso, pero… diferente” él siempre ha sido el de los hechos, las palabras se le escapan. “No  lo entenderías. De hecho, yo aún no lo entiendo”.

“Pero,…” por un momento duda si quiere preguntar esto. “…¿estás bien? Quiero decir,… ¿eres… eres feliz?”

Dean lo mira por un instante en silencio y lo que Sam ve en su semblante, ahora libre de tensiones y amarguras, le da su respuesta aún antes de que el cazador abra la boca.

“Sí, Sammy.”

Y su respuesta es a la vez como un choque eléctrico que le recorre la espina y un bálsamo tibio que le resbala por el cuerpo, perturbador y reconfortante a la par. Sam asiente ligeramente y se mira los zapatos mientras juega a chocar un pie contra el otro, eludiendo la mirada para no dejar ver sus sentimientos.

“Entonces,… está bien para mí también”

Pero no es cierto. Él nunca estará completo sin su hermano mayor y en su fuero interno, muy interno, en esa zona egoísta de niño consentido, hubiera deseado que Dean le contestara otra cosa equivalente a su propia necesidad. El cazador mantiene su mirada en Sam todavía y alarga una mano hacia su barbilla obligándolo a levantar el rostro y enfrentarlo.

“Mírame, Sam, y escucha bien lo que te digo: aún soy tu hermano mayor y siempre, SIEMPRE estaré contigo. ¿Me crees?”.

Sam no puede contestar porque un nudo ahoga su garganta. Dean acaba de decirle todo lo que necesitaba oír. Sólo puede brindarle un enfático asentimiento de su cabeza.

“Bien”, acepta Dean sin quitarle la vista de encima. Y, como si aún tuviera 5 años, el cazador le revuelve el cabello con suavidad. Sam cierra los ojos al contacto de la mano de su hermano sobre su cabeza y cuando los abre de nuevo, la cocina está vacía. En la mesa hay dos platos servidos con panqueques frescos y jugo de fruta, y en el otro extremo, un tazón vacío que aún retiene la fragancia del café que contuvo. Sam sonríe y se enjuga las lágrimas rebeldes que han resbalado por sus mejillas sin él darse cuenta.

“¡Bobby!” llama entonces y tiene que esperar un segundo para que no se le quiebre la voz. “¡El desayuno está listo!”

Los panqueques aún están tibios y el aroma delata la mano de Dean recordándole que, aunque así lo parezca, él no se ha ido, sólo está en un lugar mejor.

 

FIN.

»

  1. Claire
    Es verano, me encanta leer, y busacar historias Winchester, he seguido esta, me gustaba, me ha gustado la verdad. Sólo que me cuesta ver a Dean como un ángel, aún así enhorabuena, me encantado como la has ido desarrollando,así poquito a poco. Felicidades.

    • Re: Claire
      Gracias por tu comentario, Claire. La verdad es que lo dejo a libre interpretación, yo prefiero pensar que fue elevado en cuerpo y alma, algo así como un cuerpo glorioso con el que puede ir adonde quiera aunque ya no pertenezca a la tierra. Locuras mías.
      Saludos

  2. La verdad a mi me ha encantado mucho DEAN como un angel DIOS si hasta llore, puedes creer!!! es que es dramatica y linda al mismo tiempo!! pobrecito sam solito,pero por lo menos Dean esta “A better place”. =)
    🐱

    • ¡Vaya! Parece que de verdad te gustaron mis fics. Lo cual es un agrado y un honor para mí.
      Te habrás dado cuenta que tengo una especie de obsesión por Dean y las alas de ángel. No lo puedo evitar.
      Si te ha agradado como escribo quizás quieras darte una vuelta por mis relatos originales y darme tu opinión. Son cortitos en todo caso. Pero te advierto desde ya que son raros. Sin compromiso, no te sientas obligad@.
      Saludos. 😉

  3. Hola!
    Es que pobre Sammy, como llora en el regaso de su hermano del alivio!
    Me encanta ue Dean siga siendo Dean… aunque haya estado allá arriba.
    Y Dean cocinándoles a ellos, es amor!
    Sigo!

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