Mi país está terremoteado.

Estándar

Pensé que era el acabo de mundo.
Mientras alcanzaba el pasillo de mi casa y el movimiento se tornaba más y más violento sólo podía pensar “¿Qué es esto, Dios mío? ¿Qué es esto?” porque no acababa nunca. Fueron tres minutos. El suelo se movía como la superficie del agua cuando hierve. Pienso que sólo la experiencia nos permitió mantenernos en pie y lúcidos. “¿Esto es un terremoto?” me preguntaba mi cuñada. “Sí, le contesté yo, es un terremoto”.
Por la gracia de Dios, mi hermana y yo habíamos regresado a Viña del Mar hace día y medio desde Punta Arenas, al extremo sur de Chile, donde habíamos estado vacacionando. MI hermano, mi cuñada y mis dos sobrinos llegaron el mismo día, por lo tanto, estábamos todos juntos con mis papás cuando todo ocurrió.
Lo que siguió fue una noche en ascuas, tratando de obtener información respecto de lo ocurrido. No había teléfono, no había electricidad. Aquí la mayoría de la gente tiene cultura sísmica así es que no es raro que al momento de apagarse la luz, tuvieramos a lo menos cuatro linternas funcionando (yo cogí la mía por puro instinto cuando el movimiento me arrancó del sueño) y un par de radio a pilas a la mano. Los medios de comunicación en el país se vinieron abajo. En los primeros momentos sólo pudimos captar radios argentinas y gracias a ellas nos enteramos que lo peor había sido en el sur, Bío Bío. Y aunque en ese primer instante pude imaginarme lo que significaba (por lo sucedido allí en 1960 y por la intensidad del movimiento bajo nuestros pies) sólo pudimos constatar cuán terrible había sido dos días más tarde cuando se restableció la energía eléctrica y vimos las primeras imágenes en la televisión.
Soy curiosa y siempre le pregunté a mis mayores sobre lo ocurrido en el 60, el mayor terremoto registrado en el mundo, tratando de comprender la situación que se había vivido en esa época. Nunca pensé que me tocaría vivir algo tan similar. Mi país es largo y flaco y se compone de 14 regiones (dos de ellas añadidas hace pocos años) más la región metropolitana (ubicada entre la quinta y la sexta). El terremoto abarcó desde Copiapo, en la cuarta región, hasta algo más al sur de Concepción en la octava. Jamás un sismo de tanta intensidad había cubierto tanto territorio en mi país.

Ha sido terrible y mi corazón se conduele hasta llegar al dolor físico por ver el sufrimiento de mi gente en el sur. Pero también me consuela pensar que somos un país que se ha hecho siempre cargo de sus desgracias, campeón en la solidaridad y que el mundo entero nos ha hecho ver lo mucho que nos aprecian.
Igualmente le doy gracias a Dios porque para la magnitud del sismo, (8,8°, mucho mayor que el de Haití) podría haber consecuencias mucho peores. Hubo un edificio de 15 pisos en Concepción que se vino abajo con ciento y tantas personas adentro. Era para que todos hubieran muerto. Sin embargo, hasta ahora se han contabilizado 9 fallecidos y menos de 40 personas desaparecidas. En Santiago parte de una autopista se vino abajo con 9 autos encima y sólo hubo heridos leves. Creo que, a pesar de toda la tragedia, a pesar de toda la pena que tenemos, hemos tenido mucha bendición.

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  1. leyéndote sólo he podido pensar en lo mal que lo has pasado y en la impotencia del momento. Se me ha quedado el cuerpo helado pero afortunadamente una a unas vais volviendo al lj para decirnos que estáis bien que sabiendo lo fuerte que ha sido el terremoto, es practicamente un milagro.
    Me alegro que todos los tuyos estén bien y me alegro muchísimo de verte de vuelta.
    un besazo!

    • Gracias, taolee. En verdad, sí, es como milagroso. En Viña del Mar, donde yo vivo, fue grado 7 pero se sintió tan o más fuerte que el de 1985 que fue 7,8, supongo que por lo prolongado que fue. ¡Si parecía que no iba a acabar nunca! Mi casa es liviana y no sufrió daños salvo que se ensanchó una grieta en el suelo del living que apareció el 85, pero se movió como nunca y cayeron los adornos y los libros desde sus estanterías (en mi casa hay libros por montón). Tenemos cuero duro porque cada cierto tiempo suceden estos temblores y hay que aprender a vivir con ellos, pero aún así, el susto no te lo quita nadie.
      En Valparaíso (estamos justo al lado) hubo mucho daño en los edificios más antiguos, los patrimoniales. Pero lo que realmente nos duele es el sur, todas las personas que sufrieron el terremoto y el subsecuente tsunami.
      Gracias por tus palabras y tu interés.

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