Fic: “Cuentas pendientes” 2/?

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Título: “Cuentas pendientes”.
Autor u Autora: Winchester_Mcdowell
Categoría: Crossover Supernatural / Dark Angel.
Calificación: Todo público

2

Alec

Cuando Alec abre los ojos está completamente solo en una habitación de motel. Alguien le ha cubierto con una manta con todo cuidado. Una nota en la mesa de noche en grandes letras, doblada en dos a manera de triángulo para darle altura, le comunica que quienquiera la haya escrito ha salido por cinco minutos en busca de café.

Mira a su alrededor. No hay nada familiar en esa habitación. Afuera es de noche. Lo último que recuerda es haber estado acarreando a Logan y su inutilizado exoesqueleto fuera del alcance de la explosión y entonces… nada.

Echa a un lado la manta y se levanta de la cama con toda precaución. El cuerpo le pesa una tonelada. Vaya sensación rara esa. Intenta oír el ruido del exterior pero al parecer el estallido también debe haber afectado su hiperaudición.

A los pies de la cama hay un bolso grande a medio abrir llamándolo a gritos para que curiosee en su interior. Nadie podría culparlo. Después de todo, lleva genes de gato en su adn que él nunca pidió y que lo han acostumbrado a inspeccionarlo todo. El bolso pesa bastante cuando lo levanta del suelo. Mierda. ¿Qué tan debilitado está? Lo suelta sobre la cama y apenas echa una mirada en su interior sabe que tiene más de una razón para inquietarse. Dentro hay muchas armas de distintos tipos que nadie podría adivinar que cupiesen en un espacio tan reducido. Hay cuchillos de caza que examina con toda atención, armas de fuego, escopetas y armas cortas, una Taurus, una Colt 1911 cargada con lo que parecen ser balas de plata, una caja con municiones,  ¿cartuchos de sal?. En ese momento se abre la puerta y aunque el cuerpo no le responde con la rapidez acostumbrada, (cosa que comienza a molestarle seriamente) se hace de la Colt cargada y apunta.

El hombre se detiene en seco en el umbral sosteniendo dos porciones de café humeantes y una bolsa de papel con algo grasiento adentro. Es sorprendentemente alto, casi tanto como Joshua, y tarda un par de segundos en reaccionar mientras su mirada se mueve entre la colt y quien le apunta.

“Dean, baja el arma”, dice al fin. Pero Alec es un soldado y no pretende hacerle caso al desconocido que tiene al frente de buenas a primeras.

“¿Quién eres tú? ¡Identifícate!”

Sam frunce el ceño con preocupación.

“Soy Sam, tu hermano”.

Eso desconcierta a Alec.

“¿Mi hermano?… Como… Ben?”

Ahora el gigante también parece confundido además de preocupado.

“Ben no es nuestro hermano, él es tu…” y como si aclarar el asunto estuviera más allá de sus capacidades, deja escapar un suspiro de frustración. “Mira, te mostraré algo. Está en mi billetera. Sólo… no me dispares, ¿de acuerdo?”

Con movimientos deliberadamente lentos Sam pone los cafés y la bolsa en la mesa y mientras mantiene una mano en alto, con la otra busca en el bolsillo trasero de su pantalón.

“Te golpeaste muy duro en la cabeza esta vez, ¿no es así?”.

Alec en ningún momento afloja el agarre sobre el arma ni deja de poner toda su atención en cada movimiento de Sam. Éste abre la billetera y la mantiene abierta para que pueda ver la foto que hay en ella.

“¿Ves? ¿Recuerdas ésta?”

Alec fija su visión intentando activar el habitual zoom sobre la imagen, una más de sus facultades transgénicas, pero algo debe estar realmente mal, muy mal, porque no puede. Entonces hace un impaciente gesto con el arma hacia la cama.

“Deja la billetera ahí”

Así lo hace Sam y se aleja un paso para que pueda cogerla sin aprensión. Cuando Alec mira la foto, lo que ve es su propia imagen al lado de la del gigante, unos cuantos años mayor, como un vistazo hacia su futuro yo, ambos sucios y claramente agotados pero sonrientes.

“Fue nuestra primera cacería después de volver a la carretera, ¿recuerdas?” explica Sam. “La tomaste con tu celular”.

Y sí, realmente podría ser él, sin duda. Un poco más ancho de cara tal vez, con algo de arrugas alrededor de los ojos, el cabello más corto. Entonces, un mal presentimiento le pone la carne de gallina. Se vuelve lentamente hacia la ventana del motel, convertida en un espejo por la oscuridad afuera, y mira su reflejo.

“Oh, Dios”, baja arma y billetera y se acerca al vidrio para ver mejor el rostro atónito que le devuelve el reflejo. “¡Soy un anciano!”

cap 3

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