Fic: “Cuentas pendientes” 4/?

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Título: “Cuentas pendientes”.
Autor u Autora: Winchester_Mcdowell
Categoría: Crossover Supernatural / Dark Angel.
Calificación: Todo público

 

4

Alec

“Dean, me estás asustando”

“Mi nombre no es Dean”, le contesta Alec mientras se mueve de un lado a otro de la habitación observándolo todo, buscando una explicación lógica para lo que está sucediendo allí . No le gusta ni un poco la situación y menos aún el hecho de que el grandote esté de pie bloqueándole a propósito el camino hacia la puerta y mirándole como si de pronto le hubiera  nacido una segunda cabeza en la espalda. “Por cierto, ¿cómo dijiste que te llamabas?”

“Sam, soy tu hermano Sam”.

Alec se detiene frente al otro.

“Mi hermano”. Repite sopesando la información. Entrecierra los ojos haciendo ver su desconfianza. “¿Cuál es tu designación?”

“Mi… ¿qué?”

Alec resopla y vuelve a su paseo de león enjaulado.

“Olvídalo”.

Sam sacude la cabeza.

“No tengo la menor idea de lo que me estás hablando. ¿Quieres quedarte quieto? Me estás mareando”.

Pero Alec también está mareado por las circunstancias. Se detiene frente a la ventana desde donde se pueden ver las luces de otro pabellón de habitaciones y del estacionamiento.

“¿Dónde estoy?”

“En un motel en Madison, Winsconsin”

“¡¿Qué?!” se vuelve sorprendido hacia Sam. Debo irme. Ahora.”

“¡Oye, oye! ¡Espera!” El grandote lo atrapa firme del brazo. Alec forcejea pero el agarre, para su sorpresa, no cede. “¿A dónde vas?”

“Seattle. Debo volver a Terminal City”.

Sam frunce el ceño, desconcertado.

“Lo que dices no tiene sentido, Dean. No hemos estado en Seattle desde hace por lo menos un año. ¿Y qué es Terminal City?”

“Mira, amigo. Con mucho gusto te daría una clase magistral sobre lo que ha sucedido en Seattle durante los últimos años ya que parece que no ves las noticias pero, en serio, tengo prisa, los míos necesitan mi ayuda así que…”. De improviso, gira el brazo que tiene atrapado por sobre el de Sam, bloqueándoselo, para descargar de inmediato un rodillazo en su bajo vientre. ¡Eso es!. Si los superpoderes transgénicos te fallan, el factor sorpresa siempre funcionará. Sam se dobla ante el doloroso golpe sin embargo, antes de que Alec pueda hacer uso de su breve ventaja, el gigante arremete de cabeza contra su estómago haciéndole caer al suelo con violencia e inmovilizándolo con el peso de su cuerpo de casi dos metros de altura. Alec pierde el aire y para cuando lo encuentra, Sam se las ha arreglado para voltearlo y torcerle el brazo tras la espalda. Mierda. Se ha convertido en un inútil Ordinario.

“De acuerdo” le dice Sam casi en el oído mientras soporta sus corcoveos. “Éste es el plan: iremos con Bobby, él sabrá qué hacer. No te preocupes, Dean. Vamos a ayudarte”.

“¡Yo no voy con ningún Bobby quien quiera que sea ese!¡Suéltame, maldición!

 “Es Bobby o un hospital. Puedes elegir”.

“Me escaparé, lo sabes”.

Sam respira profundo.

“Escucha, Dean…”

“¡Yo no soy Dean!”

“Como sea, escúchame. Los dos queremos saber qué está pasando ¿no? Yo quiero a mi hermano de vuelta y tú quieres regresar con… tus amigos. Dame unos días para aclarar las cosas. Si no logro hallar una solución razonable, yo mismo te llevaré hasta Seattle. ¿De acuerdo?”.

Las posibilidades y circunstancias desfilan en la mente de Alec a toda velocidad: ha envejecido por lo menos diez años, un gigante se dice su hermano, se encuentra a medio país de distancia de los suyos y lo peor de todo, ahora es un Ordinario, en un cuerpo 100 veces más lento al que aún no empieza a acostumbrarse. Suspira con resignación.

“De acuerdo”.

“¿No tratarás de escapar entonces?”

“No lo haré”, promete, y la presión sobre su cuerpo cede al fin. Pero mientras caminan hacia el estacionamiento media hora más tarde, cargando dos bolsos de pertenencias personales y una de armas, Alec ya piensa a mil por hora cómo lo hará para deshacerse de la vigilancia del hombretón. Sólo necesita averiguar algunas cosas de este Sam (y de Dean, por supuesto), reconocer el campo de batalla y luego podrá configurar un plan de acción a seguir.

Y entonces cuando llegan a su lugar en el aparcamiento…

“¡Wow! Amigo, ¿éste es tu auto?” Alec mira boquiabierto y con los ojos brillantes hacia el vehículo negro que tiene ante él.

 “Es…”, Sam se detiene para buscar las palabras porque va a sonar raro indiscutiblemente. “Es el auto de Dean”, dice al fin porque es la verdad.

Alec deja escapar un silbido de admiración.

“¡Qué buen gusto!” y abre la puerta del pasajero casi con reverencia antes de deslizarse en su interior. “¿Qué modelo es?” mientras pregunta y Sam echa a andar el motor para llevarlos a la carretera, estira una mano hacia la guantera y la abre para investigar su interior.

“Un Chevy Impala 1967”, le contesta Sam, incómodo por tener que presentar a su hermano su propio auto.

“¡Wow!” Alec extrae la caja de credenciales y comienza a hurgar en ellas. “¡Medio siglo!”

Sam se vuelve hacia él con el ceño fruncido.

“¿Medio siglo?”

“¿Cómo se las arreglan con el mantenimiento?”.

Credenciales del FBI, Servicio Nacional de caza y pesca, Seguridad Nacional…

“Tú lo…Dean se encarga”.

…Servicio de Salud, INTERPOL, ¿Inspector de bikinis?.

“Yo tengo una moto Ninja”. Deja la caja de regreso en la guantera y extrae una Beretta que de inmediato Sam le arrebata con un rápido movimiento de su mano libre.

“Si tú no eres Dean, ¿cómo debo llamarte entonces?”

“Alec”

“Bien, Alec. ¿Qué tal si te acomodas y duermes un poco? Será un viaje de toda la noche”.

“No necesito dormir”.

Comienza a hurgar en el bolso de cosas personales de Sam que había estado en el asiento trasero hasta hace unos instantes.

“¡Hey, deja eso!”

Alec extrae una camiseta y la despliega con admiración.

“Amigo, eres como un sasquach… O un Hombre-Perro, como Joshua. ¿Cuánto mides?”

“Dean…”

“Alec”, le corrige de inmediato.

“Alec”, concede Sam.

“¿Sí?”

“Cállate y duerme”. La mandíbula tensa y los nudillos blancos sobre el volante le indican a Alec que no debe tentar su suerte. Al menos, no hasta que aprenda a controlar y sacarle mayor partido a su nuevo y torpe cuerpo.

Se vuelve entonces hacia la ventanilla tratando de visualizar algo en la oscuridad de la noche. Dios, ¡cómo extraña su visión nocturna! Y se admira al descubrir que está agotado. Tanto que no termina de darse cuenta cuando su organismo simplemente decide buscar el descanso que necesita y se duerme mientras él se sigue preguntando qué tan difícil sería intentar la fuga en la próxima gasolinería.

continuará…

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