Fic: “Otra clase de ángel” 1/?

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Hace un tiempo tuve una hemorragia creativa de donde surgió “Cuentas pendientes” y unos cuantos fics más de los cuales forma parte “Otra clase de ángel”. Lamentablemente, no escribo lo suficientemente rápido como para acabar el primero y comenzar el siguiente antes de que se inicie la sexta temporada. Así es que decidí publicar sí o sí.

Título: “Otra clase de ángel”.
Autor u Autora: Winchester_Mcdowell
Categoría: Supernatural.
Calificación: Todo público
Sumario: Dean aún no lo ha visto (ni lo ha vivido) todo.

Capítulo 1.

El gato apareció en la puerta, empapado con la lluvia y exigiendo derechos que nadie le había ofrecido. Quizás fue el talante insolente que exhibía a pesar de su aspecto enclenque lo que lo indujo a dejarlo entrar. Cabía en la palma de su mano y durante la primera noche no cesó de maullar. Lo alimentó, le procuró calor. Cuando el pobre bicho comenzó a estornudar, lo metió en su cama y medio durmió con él con un ojo abierto, temeroso de que dejara de respirar. No pensó que una cosa tan chiquita y frágil pudiera sobrevivir a su primera gripe. Pero lo hizo. Lo llamó Iosephus. Entonces lo llevó el veterinario del pueblo y junto con las vacunas, le implantó un chip GPS de localización en el cuello (de esos que te permiten encontrar a tu gato en Japón cuando se había extraviado en Australia) para evitar perderlo porque estaba cansado de perder las cosas buenas de su vida.

El gato creció y se transformó en un animal sobrio y elegante, de pelaje naranja a rayas y mirada inteligente, que se acomodaba en su regazo cada vez que se sentaba a la puerta de su cabaña a beber una cerveza y mirar ladera abajo, hacia el bosque, sin ver nada en realidad.

La niña apareció de la misma forma que Iosephus el invierno siguiente, empapada hasta los huesos dentro de un camisón de dormir que no iba con la medida de su pequeño cuerpo.

Él no le preguntó nada de su pasado y ella no le preguntó tampoco por el suyo. Y eso fue bueno porque Dean no quería explicarle a una niña por qué se ha autodesterrado en la montaña, ni decirle que desde la muerte de Sam ya nada tiene importancia; que falló a la promesa que le hizo a su hermano porque simplemente la vida de pie de manzana no lo quiso lo suficiente a él y él tampoco le prodigó mucha simpatía. No fue culpa de nadie y así se lo dejó claro a Ben. No era culpa de Lisa, ni de Sam, ni de él mismo, ni del puto ángel que se aparecía de tanto en tanto en el patio trasero de la casa. Había tenido demasiadas culpas en su vida y no iba a aceptar una más. Así que la culpa, decidió, era de nadie.

Dijo que se llamaba Angie. Dean no le creyó.

Ella le recuerda a Sam.

Es frágil, es rubia, le gustan los gatos y aún así, le recuerda a Sam. Porque mira el mundo con perspicacia, aprende rápido y tiene pesadillas. Despierta de noche con el llanto atascado en la garganta, transformado en un frustrante gimoteo, y sólo se calma cuando Dean entra al cuarto y se sienta a su lado por horas y la acoge en sus brazos fuertes como debieran ser los brazos de todos los padres, asegurándole con su voz profunda que todo estará bien, hasta que el sueño llega de nuevo y se duerme pensando en que no pasará nada porque ahora está en la cabaña con Dean y Iosephus y si Dean está en la cabaña nada malo puede pasar.

Ella se niega a hablar de lo que hay en los sueños y a acudir a la escuela. En ambas cosas Dean no presiona. Compra libros y le asigna tareas cuya respuesta se puede encontrar en Internet. Angie tiene 7 años, casi 8, según ella misma declara. Lee y escribe decentemente. No hay por qué apurar.

La lleva consigo en las salidas en la camioneta negra, tan parecida a la de su padre, y la deja a cargo de la camarera de turno (quien siempre encuentra que es muy sexy ser padre y soltero) mientras él se hace en la mesa de pool del dinero que les permitirá subsistir las siguientes semanas.

Después de seis meses, Angie piensa que podría vivir así por siempre. Los días se hacen fáciles (y felices) con Iosephus restregándose contra sus rodillas y las manos rudas de Dean peinándole el cabello en una coleta frente a la ventana mientras ella se entretiene con la muñeca cabezona y rellena de algodón que él le ha comprado impulsivamente en su último viaje por provisiones. Le han preguntado si es su hija y él les ha contestado que sí y sólo eso, nada de otras explicaciones.

No reciben muchas visitas. A veces aparecen algunos cazadores de venado extraviados, pescadores en su viaje de regreso a la civilización, en ocasiones es el guarda forestal quien saluda a Dean con un toque en su sombrero y le pregunta si todo va bien. ¡Ah! También están los osos a los que tiene que espantar de vez en cuando para que no hurguen en su basura.

Cuando el cazador novato apareció frente a la cabaña parecía avergonzado de su propia ineptitud. A tartamudeos le explica a Dean que se ha perdido y necesita instrucciones para salir de allí. Iosephus se alza en el almohadón donde descansaba hasta hace unos momentos, en la banca de la entrada, y observa al recién llegado con sus ojos de inteligencia. Dean sólo mira al tipo con expresión indescifrable, la misma que le dedica a todos los extraños, y le da las explicaciones pertinentes. Cuando el sujeto le pide agua para aprovisionar su cantimplora vacía e intenta dar un paso hacia la cocina siguiendo a Dean, Iosephus se engrifa y le corta el paso dando zarpazos en el aire. El hombre retrocede, sorprendido, y antes de que alcance a terminar su comentario sobre los gatos traicioneros, Dean le ha cercenado el cuello con el cuchillo de Ruby, que ya no es el cuchillo de Ruby ni de Sam, sino el de Dean con sus iniciales grabadas en el mango. Sucesivos estallidos sacuden al hombre hasta que cae a tierra y la luz de la vida abandona sus ojos.

Le lleva toda la tarde cavar la zanja y quemar el cuerpo. Sentada en la banca, Angie acaricia a Iosephus sobre su regazo y balancea las piernas mientras espera a que Dean termine la tarea. Ya casi es de noche cuando el antiguo cazador saca el viejo Impala del cobertizo donde ha descansado en los últimos años. Luego empaca unas cuantas cosas, toma a la niña, mete al gato en su jaula y los tres abandonan la cabaña en busca de la carretera.

Capítulo 2.

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  1. Te lo dije en el foro y te lo repito aca: ESTE FIC PROMETE Y MAS TE VALE NO TARDAR EN ACTUALIZAR!!! SINO ESTA VEZ EL GATO NO TE VA A AYUDAR A TI!!

    • ¿Eres la misma nem_liam de supernaturalforo? Vaya. No lo había relacionado. Voy a tratar de actualizar rápido, no te preocupes, pero mi idea es no dañar la calidad del producto, así que seguramente la velocidad de actualización va a ser la misma que para “Cuentas Pendientes” que, por cierto, no he abandonado y que ya tengo estructurado en 29 capítulos, un interludio y un epílogo. “Otra clase de ángel” todavía es una masa informe con algunos atisbos de revelación así es que aún no sé qué extensión tendrá.
      Saludos.

      • Esa misma, estoy en todos lados atosigando a las autoras de los fic que me gustan a que continuen (mientras espero que mi “musa” se digne a tirarme ideas para otros fic pendientes)
        Besos y aguardo pacientemente a que cuelgues!!!

  2. nenaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa no me seas cruel y hagas los capis tan cortossssssss por diossss!!! qué cruel!!!
    espero que actualices pronto!
    me está gustando!
    un besorro!

  3. Hola!
    Se ve muy interesante.
    Algo me hace pensar que el gato y Angie no son solo un gato y una niña, más la niña… mmmm, creo que es…
    ¡Mejor no hago teorías y me pongo a seguir leyendo!

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