Fic: “Cuentas pendientes” 7/?

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Título: “Cuentas pendientes”.
Autor u Autora: Winchester_Mcdowell
Categoría: Crossover Supernatural / Dark Angel.
Calificación: Todo público

7

Dean

“Esto no es divertido”

Acaba de terminarse él solo una botella de whisky y ni siquiera está mareado.

“Metabolismo rápido, muchacho”, le recuerda Mole, con una sonrisa y una botella de cerveza en la mano, desde el otro extremo del sofá en el departamento de Alec. “Vas a necesitar 10 galones de eso para comenzar a sentir cosquillas en los pies”.

El cazador chasquea la lengua contra el paladar mientras deja a un lado la botella vacía.

“Es como tomar jugo de frutas… sin la fruta”.

Durante las últimas horas, le han contado todo sobre Terminal City, el Pulso, Manticore. Todavía está digiriendo la revelación. Se suponía que el alcohol lo haría más fácil.

 “Alec solía disfrutar de la bebida también” le comenta el humanoide. “Organizaba competencias de resistencia con quien fuera para buscar su propio límite (y ganar algún dinero extra, por supuesto). En ocasiones, pasaba toda la noche vaciando botellas y aún así nunca logró saber cuál era su tope porque los otros paisanos siempre caían primero”.

Dean observa cómo la expresión del transgénico se suaviza y se transforma en casi una sonrisa mientras recuerda la situación que está narrando.

“¿Cómo es Alec?” le suelta sin pensarlo.

El transgénico se tensa por un instante como si el recuerdo de la ausencia de su compañero de armas en el presente lo hubiera tomado por sorpresa.

“Muy parecido a ti. Quizás un poco más parlanchín, encantador, ya sabes, dotes manipulativas. Pero es un buen tipo también, leal, preocupado… un buen amigo.”

“Lo siento, camarada”, le dice honestamente y Mole lo mira con curiosidad.

“¿Por qué?”

“Perdiste a tu amigo. Y me tienes a mí a cambio”.

Mole suelta un medio gruñido.

“No es tan grave” y toma otro sorbo de su cerveza. Pero Dean sabe que está mintiendo. Los embusteros se reconocen entre sí. Y mientras observa cómo el transgénico juega su mejor carta de indolencia, no puede dejar de admirarse por la situación en la que se encuentra y en la que jamás pensó estar. Por lo general, él no se sienta a conversar, trago en mano, con seres llenos de escamas que se comportan como seres humanos inteligentes. En otro tiempo, en otra vida, Mole ya tendría un agujero gigante en su cabeza reptiloide. Y mientras piensa en aquello, alza la mano inconscientemente hacia el rostro de Mole porque quiere tocar la piel dura como coraza y convencerse de que no es una broma. Sin embargo, la mirada del transgénico lo detiene en seco.

“¿Puedo…?”, pregunta entonces.

Mole lo mira fijo.

“¿Te gustan los dedos en tu mano?”

Súbitamente, el escandaloso sonido de una alarma se distribuye por la ciudad.

“¡Mierda!” exclama Dean y se tapa los oídos. No ha podido acostumbrarse a sobreescuchar todos los sonidos aún cuando Gem ha estado tratando de enseñarle cómo controlar el asunto. “¿Qué es eso?”

“Llamado al Puente de Mando” responde Mole mientras se pone en camino hacia la puerta. “Malditos Ordinarios”, jura por lo bajo. “Podría apostar que son ellos otra vez”.

“Pensé que a ustedes les agradaban los humanos”, Dean le sigue dos pasos atrás. “Quiero decir, Logan es un Ordinario ¿no?”

“Logan tiene trato especial porque nos ha facilitado muchas cosas y… por su “asunto” con su Majestad, la Bruja Reina”.

“¿Quién?

“Max”

“Oh”.

“La verdad es que no puedes confiarte un segundo en ellos. ¿Aquella explosión en el viejo Astoria? ¿allí donde hiciste tu triunfal aparición? Fueron ellos. Nos tomaron en pelo para sacarnos de nuestro metro cuadrado seguro”.

Pero Dean no ha escuchado sus últimas palabras.

“¿Max tiene un asunto con Logan?”.

Mole lo mira un instante y se ríe.

“Vamos. Hay que apurarse, Niño Bonito

“Mole…”, le reclama el cazador en tono de advertencia.

“Disculpa”.

Cuando ingresan a la sala, Dean de inmediato recibe el saludo de quienes se cruzan en su camino. Allí están Joshua, Gem, Vic (que resultó ser un excelente jugador de póquer); Dalton, el chico de quince años, que se dedicó la tarde entera a observarlo con atención desde un rincón mientras el resto de los presentes lo ponía al tanto de la historia de Terminal City; Luke, que pasa frente a él como una exhalación mientras alza su mano en saludo, camino a las escaleras de la plataforma superior donde ya se encuentran Max y Dix. Arriba, Max discute algo con Dix inclinada sobre la consola. Apenas mira a su alrededor, comprobando la llegada de los compañeros, sus ojos se encuentran con los de Dean. Rápidamente, su expresión se torna dura e infranqueable, como si un muro de concreto cayera frente a ella. Luego vuelve a concentrarse en la tarea que está realizando.

“Me odia”

“No es cierto”, niega Mole. “Es sólo que no puede hostigarte cuando las cosas se van poniendo negras como lo hacía con Alec”.

“Pues a mí me parece que piensa que yo lo asesiné”.

Dean puede comprenderla en todo caso. Está usurpando el lugar de un amigo, al parecer muy cercano, sin ninguna posibilidad clara de poder recuperarlo prontamente. Y si no fuera por las infidentes palabras de Mole minutos atrás, pensaría también que se trata de un amigo demasiado cercano por el grado de resentimiento que demuestra la morena.

“Señor,… er… Alec… quiero decir,… Dean”, Dalton se ha aproximado hasta quedar a su lado. “¿No debería usted estar allá arriba también?, quiero decir… bueno…”, el chico pasa el peso de su cuerpo de uno a otro pie nerviosamente mientras habla. “Usted aún es el segundo al mando… ¿O no?… o sea… demonios”. Los hombros del muchacho bajan en actitud de derrota

Dean lo mira, divertido ante la inseguridad del muchacho.

“Dalton, ¿verdad? Tú debes ser otro de los buenos amigos de mi clon” el cazador piensa entonces que el transgénico debe haber sido un buen tipo, tal como le ha dicho Mole, dada la lealtad y amistad que ha logrado inspirar en todos, sin límite de edad.

Mole resopla y ríe a la vez.

“Dalton besa el suelo que Alec pisa”.

E inmediatamente los colores suben a las mejillas del muchacho.

“No es tan así”, se queja lanzándole una mirada asesina a Mole. “Es sólo que él se preocupa por nosotros, nos entrena,…”

“…Y sabe cómo conquistar a todas las féminas que se le cruzan por delante”, completa Mole.

“Vaya”, Dean mueve aprobatoriamente su cabeza, “Creo que mi clon me está cayendo en gracia”.

En ese momento Max se asoma desde la plataforma superior.

“De acuerdo, compañeros”. Todos callan, prestos a escuchar sus palabras, su voz se hace notar sin gran esfuerzo. “Acabamos de tener otro intento de sabotaje desde el exterior, sin embargo, ya está controlado. Sé que algunos, a pesar de todo, mantienen lazos cordiales con gente de allá afuera, pero debemos comprender que la situación con los ciudadanos de Seattle es irregular. Tenemos aliados y detractores, por lo tanto, debemos ser muy cautelosos. Como todos ya estarán enterados, no contamos con nuestro segundo al mando, al menos, por un tiempo”. las miradas se vuelven al unísono hacia Dean. “Hasta que la situación se normalice, Mole tomará ese cargo”. El cigarro puro está a punto de caer de la boca del transgénico al oír aquello. “Les pido la mayor cooperación. Pueden retirarse”.

Mientras la multitud comienza a desbandarse, Max permanece apoyada en el barandal del puente, observando cómo un buen número de los asistentes rodean a Dean. El hombre parece ser el chiche del momento. Tampoco es de extrañar, pues se ha pasado la mayor parte de los dos días que llevan esperando noticias de Logan haciendo relaciones públicas con ellos.

“Nuevo Alec tiene amigos. Yo también soy su amigo ahora”.

Max sonríe al darse cuenta de la presencia de Joshua a su lado.

“Pensé que extrañabas a Alec”.

“Extraño a Alec, sí, pero mientras tanto, Nuevo Alec está aquí.”

Max respira profundo. Abajo, Dean es todo sonrisas con Gem.

“Joshua, ¿y si Alec no vuelve?”

“Alec volverá”

“Pero…”

“Él volverá. Tú lo verás”.

Gem está coqueteando con Dean. Vaya fidelidad la de la chica. Se suponía que hace tan sólo unos días su relación con Alec se había tornado en algo más serio (bueno, tan serio como se podría esperar tratándose de Alec) y ahora no tiene empacho en coquetear con Dean que es una persona completamente diferente. Max cierra los ojos y sacude la cabeza. No pienses eso, Max, se recrimina a sí misma, nosotras no creemos que Alec se ha ido. Alec está allí y sólo hay que traerlo de vuelta a la realidad.  

“Max no cree que él es Nuevo Alec, ¿verdad?”

Max siempre se sorprende de la capacidad de Joshua para leer sus pensamientos.

“No, Josh. No lo creo.”

Bueno, ¿cómo lo explica Max? Él no es Alec tampoco.”

“No lo sé. ¿Algún tipo de memoria genética? O quizás la explosión dañó su cerebro… Quizás… quizás…”, la tercera posibilidad no sale de su boca. Considerar que Alec ha comenzado a perder el juicio, como Ben, simplemente, no es admisible. No soportaría pasar por eso otra vez.

Las risas provenientes de abajo la arrancan de sus tristes pensamientos. Es Gem que se ríe mientras Dean se acomoda en una de las sillas giratorias. La chica pide que alguien le consiga tijeras y una peineta y de inmediato Dalton aparece con ellas en la mano.

“¿Qué dem…?”  pero de inmediato Max tiene la respuesta a su interrogante no formulada al ver que Gem inspecciona el largo del cabello de Dean en la nuca. Cuando Max llega a la planta baja, la improvisada peluquera le está pidiendo a Dalton que consiga además un par de espejos. La morena se planta frente a Dean, manos en cintura, observándolo con fijeza mientras Gem ahora busca algo con que proteger la ropa del transgénico. Dean no se inmuta.

“Vas a gastarme si continúas mirándome así, ¿sabes?”

“¿Qué crees que estás haciendo?”

“Mmm… ¿cortando mi cabello? ¿tornándome un poco más buenmozo? ¿mejorando mi apariencia?

“Como primera cosa, esta sala es parte del comando central…”

“… y es tan buen lugar como cualquier otro. Vamos, Maxie, no seas aguafiestas. Además, Gem insistió”.

La morena mira a Gem que sostiene un trozo de tela en sus manos.

“Sólo será un momento, Max. En veinte minutos entraré a la Guardia, así que…” y levanta los hombros como dando a entender que es la resolución lógica del asunto.

“¿Y no puede esperar?”.

Gem entonces mueve sus ojos hacia la puerta y cuando Max mira en esa dirección ve al menos a tres muchachas X5 rondando el pasillo como si hubieran entrado en celo, echando miradas disimuladas hacia el interior del salón.

Sí, el chiche del momento.

Se vuelve hacia Dean.

“¿Y qué hay con el código de barras en tu cuello? Cuando salgas de aquí todo el mundo lo verá”

Dean la mira desconcertado.

“¿Código de barras? ¿Tengo un código de barras en mi cuello? Dalton, acércame ese espejo”.

Max rueda los ojos mientras Dean mueve el espejo en varios ángulos intentando ver.

“Si voy a un supermercado, ¿podrían leer mi precio en la caja?”

“¿Es que acaso no puedes tomar algo en serio? Parece que no comprendes la gravedad de la situación en la que nos encontramos todos: nosotros sin poder contar con el Alec que conocemos, tú con tu delirio del 2014, allá afuera tenemos enemigos que están esperando cualquier paso en falso que demos para atacar ¡¡Y TÚ QUIERES CORTARTE EL PELO!!”

Pero Dean ahora maniobra el espejo que tiene en la mano hasta hacerlo empatar con el que Dalton sostiene a sus espaldas.

“Mhm”, es lo único que le contesta, absorto en admirar el tatuaje en su cuello.

“¿Quieres dejar de jugar un momento antes de que decida patearte el trasero?”

Dean gira en la silla hasta quedar frente a la morena y le dedica una semisonrisa antes de responder.

“Dime, cariño: ¿cambiaría mi situación, y la de Alec, si me rasgara el pecho en desesperación y clamara al cielo? No lo creo. Así que aquí estoy tratando de enfrentar el trance y mantener mi mente despejada hasta que tu novio me entregue la información que necesito y solo entonces decidiré el siguiente paso a seguir. ¿Queda claro?”. Y se vuelve hacia Gem. “¿Qué hay de ese corte de cabello, nena?”

Dalton lo mira boquiabierto en admiración.

“¿Estás seguro de que no eres Alec?”

No, ese no es Alec. No el que todos conocen. No el que ella conoce. Pero Max se calla y prefiere salir del salón, tratando de no pensar en la tercera posibilidad que atormenta su mente.

Capítulo 8.

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