Fic: “Cuentas pendientes” 8/?

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Título: “Cuentas pendientes”.
Autor u Autora: Winchester_Mcdowell
Categoría: Crossover Supernatural / Dark Angel.
Calificación: Todo público

8

Alec

Las fotos estaban en una caja en el cofre del Impala. No había pensado en prestarles mayor atención cuando las encontró pero, ¿qué más da? Habrá cambiado su cuerpo pero en el interior sigue siendo el mismo gato curioso de siempre.

Por eso ahora está allí, sentado en los escalones de la entrada de la casa de Bobby, examinando los fantasmas de una niñez ajena. Sam le ha explicado lo mejor que ha podido la historia de sus vidas, algo que Alec aún no termina de asimilar del todo. Fantasmas y demonios no son su área. Lo suyo es la racionalidad con que fue educado en Manticore, las estrategias de combate y el desarrollo de habilidades físicas. Nadie le narró cuentos en la cama <como lo hizo su psicótico gemelo, Ben, a Max> que pudieran hacerle más fácil ahora figurarse el mundo del que le ha hablado el cazador.

Se ha detenido en la fotografía de un niño de unos cuatro años que sostiene a un bebé en brazos cuando Sam se asoma por encima de su hombro.

“¿Lucías así a esa edad?”, le pregunta mientras se instala a su lado.

El niño en la foto, Dean sin duda, tiene ojos verdes y miles de pecas, el mismo rostro que le devolvía su reflejo en los ventanales de la sección médica en cada chequeo semanal.

“No precisamente” y pasa a otra fotografía, la de una mujer rubia y hermosa con el mismo bebé en brazos. “Nos rapaban la cabeza. Vestíamos un buzo que era también el uniforme. No íbamos mucho de shopping, te imaginarás. Tampoco nos retrataban por diversión, sólo para documentar nuestra evolución.”

Sam le ve examinar detenidamente la fotografía que sostiene en sus manos.

“Tiempos difíciles, ¿no?”.

En un segundo, las imágenes que aún lo atormentan en sus sueños de vez en cuando pasan ante sus ojos. Las murallas grises, los calabozos del Psy Op, la luz roja del láser inundando su retina, las voces de mando ordenando olvidar todo rastro de independencia…

“Manticore nunca fue una fiesta”.

“¿Eso estaba en Seattle?”.

Alec niega con un movimiento de cabeza.

“En ese tiempo, cuando éramos niños, estaba en Gillete, Wyoming. Después que Max y los otros huyeron, la base pincipal se trasladó a Seattle”.

Alec levanta otra de las fotos para observarla mejor. En ella aparecen Dean, Sam adolescentes y alguien que parece ser su padre, los tres sonriendo a la cámara, a la orilla de un lago en un día lleno de sol.

“Yo también tenía una familia en Terminal City. O algo parecido”.

“¿Joshua?”

Alec sonríe recordando al grandulón.

“Sí. Él es mi mejor amigo. Y están Max, Mole, Dix, Luke, Gem…” Se pierde por un momento en el recuerdo. “Gem”, repite bajito antes de proseguir en tono normal. “Todos nosotros eramos una gran y disfuncional y heterogénea familia”. Guarda la foto junto a las otras y cierra la caja. “Ahora no tengo nada”.

Sam no puede sino comprender su desazón.

“Encontraremos una solución, Alec.”

Alec sabe que no está sólo tratando de reconfortarlo, realmente Sam necesita creerlo. El regreso de Dean está en juego también. Le sonríe a medias.

“Sí, por supuesto”.

“¿Qué tal una cerveza?”

Alec tiene un momento de duda ante la invitación. Ya ha comprobado que las cosas aquí no son como cuando él aún era un transgénico.

“No sé cómo reaccionaré en este cuerpo, amigo. Quizás me emborrache demasiado pronto.”

“Bueno,… averigüémoslo. Podría ser divertido”.

Ambos entran en la casa y Sam le señala el refrigerador en la cocina.

“Ve por las cervezas. Yo traeré el laptop. Haremos algunas averiguaciones en la red mientras Castiel se digna regresar”.

Alec obedece y allí, dentro del refrigerador, entremedio de otras provisiones, encuentra un pack de cervezas a medio abrir. Extrae dos y examina las etiquetas con admiración.

“Amigo, el proveedor de Bobby debe ser muy bueno”.

Sam, claramente, parece no entender a qué se refiere.

“Perdón, ¿qué dijiste?”

“¡Vamos, hombre!. Cerveza, tocino, café, todo en una misma casa. Estas cosas no son fáciles de conseguir”.

El cazador lo mira ahora realmente confundido.

“¿De qué estás hablando?”

Y de pronto, como si un rayo cayera desde el cielo sobre su cabeza, las pistas de un acertijo que no sabía que estaba resolviendo encajan en el orden correcto.

“¿Alec?”

Pero Alec continúa aferrado a la manilla del refrigerador abierto mirando en su interior.

“¿Estás bien?”

Las luces altas y brillantes, ni un parpadeo siquiera, la alacena llena, Sam y su laptop eternamente conectado a la red…

“No ha ocurrido ningún colapso electromagnético todavía, ¿verdad?

“¿Qué?”

“Contéstame”.

Aunque quizás no quiere escuchar la respuesta.

“Pues,… no”.

Alec cierra el refrigerador lentamente mientras su cerebro le grita a toda voz “¡Esto está mal! ¡Esto está mal!”

“Y… qué año dijiste que era éste?”

“2014”

Oh, mierda.

“¿Qué ocurre?”

…esto está mal, está mal, muy mal…

“Nada… Yo necesito… necesito… No importa. Iré a descansar un poco, ¿de acuerdo?”

“De acuerdo”, responde desconcertado el cazador mientras Alec se retira hacia el segundo piso a paso rápido y cierra la puerta del cuarto tras de sí.

Bobby se asoma desde la sala.

“¿Qué fue eso?”

Y Sam sólo puede encogerse de hombros.

Arriba, dentro de la habitación, Alec pasea de un lado a otro intentando clarificar su mente. Si el ataque terrorista que sumió al país en el tercer mundo aún no ha ocurrido, entonces ¿qué ha sucedido con Max, con Ben, con él mismo? ¿habrán podido escapar o también eso ha cambiado? ¿Está sufriendo su yo más joven un nuevo paso por Psy Op? ¿Lydecker habrá logrado preservarlo una vez más de la eutanasia? <Nunca entendió por qué se había empecinado tanto el hombre en mantenerlo con vida a pesar de las claras señas de pensamiento independiente que siempre demostró, pero su intercesión estaba señalada en su expediente por más sorprendente que el hecho pudiera parecer>. La ansiedad comienza a ganar terreno en su ánimo a medida que se da cuenta de la impotencia en que está sumida su situación. Se encuentra viviendo en un mundo ajeno a él, con reglas distintas y sin amigos porque Bobby y Sam ciertamente han sido muy comprensivos <considerando todo el asunto> pero, mal que mal, no son sus amigos, lo son de Dean <¡demonios! son su familia> y el regreso del cazador es lo que los ocupa en primer término. El peso de la soledad repentinamente cae sobre él. Necesita buscar a los suyos. Algo tiene que hacer.

En el primer piso, Sam ha intentado comenzar la investigación en la red pero al querer determinar el tópico de búsqueda, se encuentra con que no tiene idea qué palabras tipear. ¿Intercambio de almas? ¿Intercambio intertemporal de cuerpos? En algún momento de su vida leyó artículos sobre algunos casos extraños que podrían calzar en el escenario actual. Recordaba uno en Rusia, el de una bailarina del Bolshoi que, tras recibir una descarga eléctrica, juraba ser una persona distinta procedente de la Inglaterra de la época victoriana. Hablaba en inglés, mostraba un modo distinto de caminar y de gesticular, ya no supo más cómo bailar, pero nadie le creyó. Terminó recluida en un sanatorio. Hubo otro caso en Canadá, si mal no recuerda, en que un hombre despertó una mañana hablando ndebele. El caso fue tratado psiquiátricamente y el sujeto tuvo que reaprender su vida y adaptarse lo mejor que pudo a su nuevo contexto. Espera que ese no sea el caso de Dean y Alec.

“Quizás debieras ir y ver cómo se encuentra”.

La voz de Bobby lo trae de vuelta de sus pensamientos.

“No lo sé, Bobby. Debe estar agotado. Estos dos días han sido muy estresantes para él. Dejemos que descanse”.

Bobby no parece muy convencido pero no hace amago de insistir.

“Si tú lo dices…”

Y entonces el batir de unas alas llena la habitación.

“Pero, ¡Cas! ¿Cuál es la prisa?”

“¿Dónde está Alec?”

Bobby y Sam intercambian miradas desconcertadas antes de que el más joven conteste.

“Está en su habitación…”

“Tienes que detenerlo.”

“¿Qué?”

“Hablé con Joshua. Los eventos tienen que ser reparados, no cambiados”.

“¿Qué eventos?”

“En el futuro”.

“¿Qué va a pasar en el futuro?”

“No lo sé. No estoy autorizado para entrar allí. Pero Alec sabe”.

Entonces Sam comprende.

“…Y va a intentar cambiar las cosas. ¡Oh, Dios!”.

Corre escala arriba hacia el dormitorio que Bobby les ha facilitado, seguido por el viejo cazador. La ventana está abierta y la cama vacía. Alec se ha ido.

Capítulo 9

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