Fic: “Otra clase de ángel” 4/?

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Título: “Otra clase de ángel”.
Autor u Autora: Winchester_Mcdowell
Categoría: Supernatural.
Calificación: Todo público
Sumario: Dean aún no lo ha visto (ni lo ha vivido) todo.

 

Capítulo 4.

Salir corriendo de la cama porque Rumsfield Tercero está ladrando a todo pulmón no es forma de despertar. Bobby baja corriendo desde el segundo piso, el rifle que guarda bajo la cama en las manos. Una voz infantil se filtra desde el patio amortiguada por el alboroto del animal. Cuando alcanza al fin la puerta, hay una niña rascándole la panza al perro en el suelo. Lleva una pollera de jeans y vuelos blancos, zapatillas, calcetines cortos, una chaqueta de polar verde doblada en las mangas porque le queda un poco grande y una media coleta en el cabello a medio desarmar como si se hubiese peinado y luego vuelto a meter en la cama.

“Me gustan los perros”, saluda a un atónito Bobby con una sonrisa blanca de oreja a oreja mientras continúa jugueteando con el animal. “¿Cuál es su nombre?”

El viejo cazador aún no está muy seguro de poder bajar el rifle.

“Rumsfield”, contesta, sin embargo. “Rumsfield Tercero”.

“Hola, Rumsfy”, la niña le mete la mano en el pelaje bajo las orejas, allí donde comienzan a formarse rollos de carne por el sobrepeso y el perro le responde con un sonoro gimoteo de placer. “Nosotros tenemos un gato”, le informa a Bobby sin dejar de acariciar a Rumsfield.

Y ante la mención del “nosotros”, el viejo cazador recuerda que la niña no puede haber llegado sola. El sonido de la cajuela al cerrarse le indica que Dean se encuentra unos metros más allá vaciando el Impala y, entre el equipaje, una jaula de gato. ¿Cómo es que no los escuchó llegar? Oh, claro. Castiel, adivina Bobby aunque el ángel no se ve por ninguna parte ahora. Dean se acerca cargando los bolsos.

“Hola, Bobby”.

Bobby mira la jaula.

“No seré responsable si Rumsfield decide comer un sandwich de gato por cena esta noche”.

“No lo hará”, declara Angie que corre a tomar la jaula de Iosephus. “Mira, Rumsfy. Iosephus es un amigo”. Y el perro dócilmente camina a su lado mientras el gato gruñe y bufa dentro de la jaula.

“¡El perro afuera, niña!”, le advierte en un grito Bobby. Angie se detiene, mira al perro y se encoge de hombros, disculpándose ante él. El animal se sienta sobre sus cuartos traseros allí mismo y ella entra en la casa como si siempre hubiese sido suya.

“Así que… esa es la niña”.

“Sí, ella es”.

Bobby se vuelve hacia Dean y lo mira por unos segundos.

“Es bueno verte, muchacho”.

Dean se mira los pies un segundo y luego a Bobby de nuevo.

“Lo lamento, Bobby”

“Ya dijiste eso en el teléfono”.

“Fui un idiota”.

Bobby asiente con toda calma.

“Sí, lo fuiste” y pone una mano en el hombro de Dean. “Haré café. ¿Quieres una taza?”

“Bueno, gracias”.

Ambos hombres caminan hacia la casa.

“Luces horrible”

“No he descansado en tres días. ¿Cuál es tu excusa?”

“Un idiota con su niña me despertó a las seis de la mañana hoy día”.

El Winchester ríe entre dientes mientras la puerta de la casa se cierra tras él.

 

La niña es un torbellino de actividad sólo controlada por la palabra de Dean que le ordena no alejarse, tener cuidado con las latas viejas, lavarse las manos y ponerse a la mesa. No hace falta que le recuerde retirar su plato, sin embargo, una vez terminado el desayuno, el almuerzo, la cena. Ella lo hace en cada ocasión con la naturalidad de quien lo acostumbra. Se la pasa todo ese día jugando con el perro, intentando que él y Iosephus se lleven bien, colocándole nombres a los autos apilados en el patio de Bobby, curioseando entre los libros del viejo cazador. Al llegar la noche, está agotada. Los ojos se le cierran involuntariamente mientras se bebe su leche y come el estofado que ha cocinado el viejo cazador. No le parece tan bueno como la comida que preparaba Dean cuando sólo eran ellos dos y el gato en la cabaña, pero no está mal. Su ropa está limpia y dispuesta dentro de los cajones en el cuarto que “el abuelo” Bobby le ha destinado. En su cama hay sábanas nuevas y sobre la almohada, su muñeca. Se duerme en cuanto su cabeza topa la almohada después del beso de Dean sobre su frente. Y sólo entonces es hora para que los mayores tengan su charla.

“¿Entonces?”

Por toda respuesta Dean toma asiento con gesto cansado mientras deja caer sobre la mesa, frente a Bobby, la carpeta que ha conseguido. El viejo cazador la observa un minuto, luego a Dean y finalmente la alcanza y la abre en la primera página.

“Sería más fácil si me adelantaras algo, ¿no crees?”

“Ocho niños, dos adultos. Nadie conoce verdaderamente la causa del incendio. Todo el edificio se quemó. Encontraron siete cuerpos. Siete niños. Los adultos se desvanecieron en el aire. O en el humo”.

“¿El octavo niño?”

Dean deja escapar un profundo suspiro.

“Ve la fotografía”.

Bobby busca a través de las páginas hasta encontrar la información acerca del cuerpo no encontrado. Ella es rubia, ojos verdes, nacida en el 2005 y su nombre es Mary Grace. Tiene que darse un momento para asimilarlo. Cuando levanta la vista nuevamente, Dean se ha dejado caer sobre la mesa, la cabeza hundida en el hueco formado por sus brazos entrecruzados y desde allí continúa hablando.

“Habían símbolos de protección en lo que quedaba de las paredes del tercer piso. Una sola habitación. El fuego comenzó en la cocina. Justo abajo”. Se hace hacia atrás abriendo las manos. “¡Puf! Como una bomba de fuego. De la nada. Lo destruyó todo alrededor”.

Bobby observa de nuevo el rostro de ojos grandes y expresivos que le mira desde el papel. Se aclara la garganta antes de hablar.

“Tú piensas… piensas que ella comenzó el fuego?”

Dean baja la cabeza. La respuesta es clara. Bobby cierra la carpeta con lentitud.

“Dean, ¿por qué no me dejas manejar esto por ti? Deberías… tomar distancia de ella, al menos por un tiempo”.

“Sí, pero no puedo.”

“¿Por qué?”

Dean no responde.

“Muchacho, ella no es tu hija”.

“Sí, lo es”, murmura el cazador como un niño testarudo.

Bobby lo observa con el ceño fruncido. Con todos sus años de entrenamiento, aún cuando al parecer no ha ejercido en los últimos tres, Dean debería saber que su actuar no está siendo de lo más prudente.

“No me gusta ese apego entre ustedes dos”.

“Qué lástima”.

“Dean, sólo estoy diciendo…”

“Mira, vine aquí porque pensé que podías ayudarnos. Si no puedes o no quieres…”

Dean no termina la frase, un grito agudo desde el segundo piso lo lanza como una descarga eléctrica escaleras arriba seguido por Bobby. Angie ha salido de su cuarto y corre descalza al encuentro de su padre.

“¡Ya vienen! ¡Ya vienen!” sigue gritando y se tapa los oídos mientras las luces comienzan a fallar y Rumsfield en el patio ladra con furia.

“¡El sótano! ¡Ahora!”, ordena Bobby a gritos también. Dean toma a la niña en brazos y baja corriendo las escaleras. Pero apenas su pie alcanza el último escalón, la ventana de la cocina revienta llevándose de por medio buena parte de la muralla. Dean gira protegiendo a Angie justo a tiempo para ver cómo Bobby vuela por los aires, de regreso al segundo piso, hasta traspasar el techo. Tres demonios están ahora al frente suyo y el cazador deja la niña en el suelo para extraer su daga y hundirla hasta el mango en el pecho del primero. Del segundo se deshace momentáneamente con una potente patada mientras al tercero le abre el cuello apenas retira la daga del primero. Pero no basta. El segundo vuelve a la carga y le hunde las costillas (de nuevo) , haciéndole perder de paso la daga, al tiempo que lo estampa contra la pared.  A partir de ese momento, con el dolor difundiéndose por todo su cuerpo y respirando apenas entre los estertores húmedos de la sangre que empieza a acumularse en sus pulmones, todo se torna muy confuso. De pronto, el demonio se lleva las manos al cuello y sus ojos negros se agrandan hasta lo indecible, como si fueran a abandonar sus órbitas. Dean se deja caer al suelo, abrazándose el pecho.

Angie, Angie, Angie…

Su mente no puede procesar otro pensamiento. La busca con la mirada y no puede verla.

Angie, Angie, Angie…

Mientras tanto, la casa alrededor suyo cae a pedazos con un ruido espantoso. Y de pronto Angie está a su lado, dejando escapar entrecortados sollozos. Dean la cubre con su cuerpo soportando el dolor en el torso que le quita el aliento. El demonio ahora está en el aire, desintegrándose paulatinamente. Hay otros. Dean no sabe de dónde salieron. Cuelgan de ganchos imaginarios, suspendidos en grotescas posiciones mientras no cesan de emitir lastimeros quejidos. Y por un momento el cazador está de vuelta en el infierno, las almas en espera, como en una carnicería, para ser faenadas en el potro de tortura. Tiene que obligarse a ponerse de pie, siempre abrazando a Angie, y apresurarse en dirección al sótano. Siente náuseas y por momentos el mundo se transforma en un túnel negro ante sus ojos. Angie le grita en el oído intentando hacerlo reaccionar. El camino al sótano está obstruido, no hay cómo llegar. Se siente desfallecer. Dean cae, siempre usando su propio cuerpo como escudo sobre la pequeña. Entonces el ruido, el temblor y la destrucción cesan y dejan la casa sumida en el polvo y el silencio. Dean ve que la boca de la niña se mueve pero no es capaz de distinguir las palabras. Angie lo mira con el terror pintado en el rostro y le señala enfáticamente con la mano hacia algún lugar a sus espaldas. Dean se vuelve a medias y ve lo que ha aterrado a la niña. Una silueta se acerca entre el polvo y la semioscuridad del lugar. Una silueta alta, muy alta. Y si no fuera porque sabe que es imposible, él apostaría que conoce a quien pertenece. Angie sigue gritando aterrada, jalando de él con sus pequeños puños aferrados a su camisa, pero él ya no puede hacer nada. Su boca abierta y sus ojos angustiados es lo último que el cazador ve antes de hundirse en la niebla de la inconsciencia.

Capítulo 5.

»

  1. Como congeniaron de e ntrada la pequeña y el gran perro de Bob!!!
    Fue un día tranquilo para todos hasta que llego…!!!
    Será Sam??? que querrá!? espero que no sea hacer daño a nadie.
    Y encima se nos desmaya Dean!

  2. joder lo tuyo es crueldad wapa… qué capi más corto y mira cómo nos dejas!!!
    por cierto, me encantó esta frase:
    “No he descansado en tres días. ¿Cuál es tu excusa?”
    “Un idiota con su niña me despertó a las seis de la mañana hoy día”.

    XDDDDDD me los imagino totalmente!! 😉
    un besorro

  3. Finalmente tengo algo de tiempo para leer y tu fic me ha gustado mucho, me pregunto quien será Angie, ¿Será que es como Anna o algo así? solo espero que no termine mal para Dean porque hace un trabajo realmente adorable como papá.
    Cas de niñera estuvo genial, ¿el de la puerta es Sam?, please dime que es Sam y no Samifer. Las respuestas están al alcance de un click pero el deber me llama. (Estupida vida real jajajajaja)
    Mañana sigo leyendo
    chaito.

  4. Figura alta, muy alta… eso me hace pensar en Sam…
    ok, la niña no puede Anna reencarnada (déjame a mí y mis teorías locas)… Aún sí, no sé porqué ese lugar tenía protecciones. Son dos lugares no?, el de la casa quemada posiblemente por la niña (no lo creo, alguien puso una protección, aquí hay gato encerrado, pero no creo que haya sido la niña) y el lugar con protecciones contra ángeles y demonios de donde sacó info Dean… ese lugar, qué era?
    Me encantó la manera en que Angie conoció a Bobby (Abuelo Bobby, eso lo sacó ella o Dean le dijo que le dijera así?) con el perro de seguro sabiendo que la niña tenía un poder especial, y por eso siendo docil con ella.
    Como describes lo que hace la niña en el día me dio ternura! Y luego, Dean y su necedad de que esa es su hija y Punto!
    Sigo!, que quiero ver si es Sam, un Sam con super poderes contra demonios poderosos que lograron llegar a medio destruir la casa de Bobby… por cierto, ¡BOOOOOOBBYYYYYY1

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