Fic: “Cuentas pendientes” 10/?

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Título: “Cuentas pendientes”.
Autor u Autora: Winchester_Mcdowell
Categoría: Crossover Supernatural / Dark Angel.
Calificación: Todo público

10

Alec

Se dirige hacia Gillette, Wyoming.

No se encuentra demasiado lejos de South Dakota pero él aún está adecuándose a la nueva situación. Al 2014. De ahí que el viaje le ha resultado largo y estresante. Se ha robado una motocicleta. Había pensado en hacerse de una lo más parecida a la Kawasaki Ninja que solía conducir allá, en su tiempo, en Terminal City, pero finalmente ha escogido una Tourer BMW suficientemente cómoda para viajes largos y espaciosa para guardar su nueva ropa <porque el que esté perdido en el tiempo y el espacio no significa que no pueda vestir con estilo> y el laptop que acaba de comprar con una de las tarjetas de crédito falsas de Dean. No se siente cómodo usando esos pedazos de plástico. Necesita tener billetes en la mano. Es por eso que está allí ahora, en un pequeño bar de un pequeño pueblo en el límite entre los dos Estados. En el fondo del establecimiento hay una mesa de billar donde, está seguro, puede batir a unos cuantos parroquianos. Sólo espera que su habilidad con el taco no se haya esfumado junto con sus facultades transgénicas.

Y mientras aguarda a que el ambiente se anime, sentado en la barra, con el celular de Dean en la mano, mira el pedazo de página que le ha arrebatado a un ajado directorio telefónico. Lo ha pensado toda la tarde y aún no se decide a llamar. ¿Qué va a decir?, ¿que un proyecto secreto gubernamental está produciendo niños de probeta manipulados genéticamente? Según pudo comprobar en Internet <¡oh, gran Internet que todo lo sabe!> el tema es uno de los grandes mitos de la época igual que Roswell y el Área 51 y los agujeros nazis en la antártica y el proyecto HAARP y el autoatentado de las torres gemelas. Un periodista serio no lo escucharía. Así y todo, tiene que intentarlo. Lanza un suspiro antes de comenzar a marcar. El teléfono al otro lado suena tres veces antes de que le contesten.

“Logan Cale”. Sí, es la misma voz, con un tinte más jovial, pero de todas maneras la misma. “¿Hola?”

Amigo, no sabes cuánto me alegra escucharte. Eso quisiera decirle pero las palabras se atascan en su garganta.

“¿Quién es?”

Al final, no dice nada.

“Oye, quizás tú sí tienes suficiente tiempo libre para gastar bromas por teléfono, pero yo trabajo ¿sabes? y…”

Alec cuelga antes que el periodista termine la frase. Necesita llegar a Gillete antes de volver a intentarlo. Al menos entonces habrá conseguido alguna prueba de que sus palabras no son invento de fanáticos. Eso espera en todo caso. Deja el teléfono sobre la mesa junto con el pedazo de página pensando en tomarse una cerveza para aquietar su ánimo. Casi de inmediato, el sonido estridente de una melodía rockera le anuncia que alguien está llamando a Dean.

Sam.

Otra vez.

“¿No vas a contestar, cariño?”, la camarera lo observa divertida desde el otro lado del mesón. Alec mira la pantalla unos segundos más antes de rechazar la llamada. Otra vez.

“No es importante”, y le dedica su mejor sonrisa a la camarera. Es todo lo que podrá ofrecerle esa noche <¡maldición!> porque, aunque quisiera disfrutar un poco más de la atención que definitivamente la rubia camarera está ansiosa por prestarle, hay cosas más urgentes que debe atender.

Alec recorre con la vista las mesas de billar que comienzan a ocuparse. Observa pacientemente cómo los jugadores ordenan cervezas, se desafían y hacen sus apuestas hasta que una billetera gorda en el bolsillo de un camionero de brazos tatuados capta su atención. El tipo parece saber lo que hace con el taco, pero ya lleva sus buenas rondas de cerveza y es todo un fanfarrón. Alec no tarda en hacerse aceptar como un contrincante fácil de ganar.

Deja pasar la primera ronda observando el juego de su contrincante y la segunda, calibrando sus propias capacidades.  A la tercera comprueba que, al menos en ese tema, sigue siendo el mismo.

Un par de horas más tarde la billetera del camionero ha perdido casi todo su volumen y Alec es unos cuantos cientos de dólares más rico. El camionero no recibe bien la derrota pero lo deja partir, aparentemente, sin mayor escándalo. Alec no se percata de la mirada cómplice que el tipo cruza con un par de sujetos de talla similar a la suya mientras se retira hacia la puerta no sin antes dedicarle otra sonrisa coqueta a la camarera y depositar un par de billetes en la pechera de su delantal.

No necesita superpoderes para darse cuenta de que tres hombres lo han seguido hasta el estacionamiento.

“Oye, cara bonita”, lo llama el camionero desde unos metros atrás pero Alec, que finge contar los billetes, no se da por enterado. “¡Te hablo a ti, hijo de perra!”.

“¿Perdón?” y al tiempo que se vuelve tiene que recordarse a sí mismo que no puede cargar contra tres gorilas como aquellos confiando sólo en su fuerza física como lo hacía antes. “¿Te refieres a mí?

“Me escuchaste. No te puedes ir con mi dinero”.

“No es tuyo ahora. Perdiste. Yo gané. ¿Lo recuerdas?”.

“Ese es el dinero de mi jefe. Lo necesito de regreso”.

Los otros dos avanzan lenta y amenazadoramente desde atrás hasta cortarle la retirada hacia su motocicleta.

“¿De verdad?”. Se guarda los billetes en el bolsillo de su chaqueta. “Lo siento, amigo. No me importa. Tengo un corazón cruel y tú una cabeza hueca. Piénsalo dos veces la próxima vez”.

El tipo aprieta los puños con rabia.

“Pues, no podemos dejarte ir”.

Los dos sujetos continúan acercándosele peligrosamente. Alec saca la cuenta de que lo sobrepasan en estatura por lo menos en diez centímetros.

“Oh, sí. Siempre es  más fácil de tres a uno. Resultado seguro, ¿no?” y se lleva la mano lentamente al bolsillo donde ha guardado el dinero como si fuera a entregárselos. Pero antes de que se asome algún billete, carga contra el sujeto que tiene más a la mano con un certero puñetazo en la quijada. El hombre cae poco elegantemente sobre el cofre de una camioneta, aturdido. El camionero no pierde tiempo y de inmediato inmoviliza a Alec por la espalda disponiéndolo para que el restante sujeto lo ataque sin piedad. Pero el ex – transgénico no ha estudiado tres tipos de artes marciales para caer tan fácilmente. De una patada en el punto preciso, se asegura de que su atacante no pueda traer más hijos al mundo y a renglón seguido se deshace del abrazo del camionero con una complicada voltereta lanzándolo al suelo con el mismo impulso que el otro intentaba descargar en él. Nunca falla. El tercero le agarra el pie cuando intenta de nuevo el truco del control de la natalidad. Alec, sin embargo, tiene la agilidad necesaria <gracias a Dean por mantenerse en tan buen estado físico> para girar en el aire y plantarle el otro pie en el puente de la nariz. El hombre cae como muerto y, por un momento, Alec piensa, y con él los otros dos hombres, que se le ha pasado la mano. Pero no transcurre mucho tiempo antes de que el sujeto comience a gimotear en el suelo cubriéndose el rostro con ambas manos.

“¡Hey! ¿Qué está pasando ahí?”

Un hombre avanza desde el otro extremo del estacionamiento. Lleva uniforme coronado por un sombrero negro de ala ancha. El sheriff del pueblo. Los dos que aún quedan en pie y Alec intercambian miradas. Nadie quiere líos con la justicia. El otro aún se revuelca en el suelo.

“Está bien, sheriff. Todo está bien.” Alec levanta las manos en señal de paz mientras retrocede. “Me estoy marchando”.

Y de pronto, sin previo aviso, el hombre saca su arma de servicio, apunta y dispara tan rápido que Alec apenas si tiene tiempo de parapetarse tras el vehículo que se encuentra más cerca. Desde su escondite ve cómo el sujeto, sin titubear, le mete una bala en la cabeza al caído y otra en el pecho al que hace el intento de detenerlo. Mientras se mueve escondido entre los vehículos estacionados en la esperanza de alcanzar su motocicleta, escucha la huida desesperada del tercero y los disparos que le ponen fin a su carrera. Hay gente que se asoma por la puerta del bar.

“¡Vayan adentro!”, les grita. “Éste es un criminal peligroso!”

¡¿QUÉ?!

“¿Dónde está Jerry, Mike?”, pregunta uno a gritos también desde la puerta. “¡No deberías hacer esto solo!”

“No te preocupes. Me haré cargo. ¡Vayan adentro!”.

Alec se mantiene quieto entre los vehículos. Tan sólo era un partido de billar. ¿Cómo es que se ha convertido en menos de un cuarto de hora en un criminal peligroso? Y ahora resulta que va a morir sin pena ni gloria, en el traje de carne de un ordinario, sin haber logrado cambiar nada de lo que se había propuesto. Demonios. A veces Max tiene razón al acusarlo de atraer la mala suerte. El movimiento del sujeto entre los vehículos lo aparta de sus pensamientos y lo trae de vuelta a su complicada situación. Está claro que el policía no tiene ninguna intención de dejarlo escapar con vida. Se encuentra de pie justo entre Alec y su moto. Como si pudiera olfatear su esencia en la máquina, el sujeto se dirige directamente al vehículo de dos ruedas, negro, lustroso, y tras recargar su arma dispara contra el tanque de gasolina hasta hacerlo estallar en llamas. Alec apenas puede creerlo. El tipo debe estar desquiciado. Es fácil imaginar por qué el tal Jerry no está allí. Seguramente lo encontrarán más tarde con un tiro en la cabeza como el pobre diablo tendido en el suelo unos metros más allá. Como sea. Ya se ha dado cuenta de que no hay forma de salir del estacionamiento sin ser avistado, así es que si quiere sobrevivir a este contratiempo tiene que convertir su defensa en ataque. Sigiloso como un gato, él también se mueve a la par del policía y apenas se presenta la primera oportunidad, ataca por la espalda intentando derribarlo. Pero el tipo es firme como una roca, mucho más de lo que podría esperarse de su delgado físico y tras un violento forcejeo, lo único que consigue a su favor es hacer que el arma caiga al suelo y se pierda bajo los vehículos estacionados. El sujeto entonces se las arregla para que ambos terminen frente a frente, cara a cara, como un tácito reto, y Alec puede apreciar, desconcertado, cómo los ojos del sheriff se han cubierto de una película negra como el petróleo que lo miran con odio y sorna a la vez. Al segundo siguiente, está volando por los aires, arrojado como si fuera un vulgar muñeco por el policía, hasta incrustarse en el asiento delantero de una camioneta, a tres metros de distancia. A duras penas logra entender cómo es que ha terminado con medio cuerpo atravesado en el parabrisas. Hace mucho que Alec no siente un dolor tan intenso y extenso. Para ser más exacto, no ocurre desde la revuelta en Jam Pony cuando la mujer aquella de las fuerzas de choque lo hizo pebre aprovechando que su hombro estaba herido. Parece que se ha dislocado un hombro ¡Dios! No quiere moverse. Pero tiene que hacerlo porque el policía ya regresa y trae en su mano algo que parece un gran pedazo de fierro. ¿Un “familiar”?¿Será posible que este hombre sea un “familiar”? Alec intenta incorporarse pero lo único que obtiene es que el borde del parabrisas se incruste en su muslo. No tiene de dónde asirse para salir de su trampa. Entonces, sorpresivamente, el hombre se detiene frente al vehículo justo cuando estaba a punto de agarrarle la pierna y se lleva una mano al pecho. El pedazo de fierro cae a sus pies. De pronto, completamente atónito, Alec ve cómo un espeso humo negro comienza a escapar de la boca, oídos, ojos del policía, y se precipita al suelo. Cuando el cuerpo del sheriff cae a su vez, un hombre muy alto está allí de pie, los ojos cerrados y la mano extendida hacia la camioneta.

Sam.

Capítulo 11.

»

  1. HEY! ME PARECE BIEN COMO LO CASTIGARON A GOLPES A ALEC ESO LE VA A ENSEÑAR QUE DEAN A PESAR DE SER UN “SIMPLE SER HUMANO” SABE DEFENDERSE (LÁSTIMA QUE ALEC NO PUDO SACARLE EL JUGO A ESO)
    Y LA APARICIÓN DE SAM AL FINAL VA A TERMINAR DE ABRIRLE LOS OJOS A ALEC RESPECTO AL MUNDO FUERA DE LA TERMINAL.
    SE QUE LA PROXIMA VIENE SOBRE DEAN, PERO VOY A ESTAR ANSIOSA POR LA REACCIÓN DE ALEC!!!

    • Pero… pero…¿por qué te cae mal Alec? 😦 Recuerda que él también ha sufrido mucho así que no es extraño que sea algo desadaptado. Tenle un poquito de paciencia.
      Gracias por leer. 🙂 El próximo es de Dean, pero se va a tardar un poquito.
      Saludos.

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