Fic: “Otra clase de ángel” 5/?

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Título: “Otra clase de ángel”.
Autor u Autora: Winchester_Mcdowell
Categoría: Supernatural.
Calificación: Todo público
Sumario: Dean aún no lo ha visto (ni lo ha vivido) todo.

 

Capítulo 5.

Hay una luz frente a sus ojos. Puede verla aún a través de sus párpados cerrados. Al mismo tiempo, un caótico batir de alas llena sus oídos en medio del silencio en el que parece haberse hundido y una extraña tibieza recorre su cuerpo lentamente de pies a cabeza.

Está muerto.

Está seguro de eso.

Pero entonces abre los ojos y las aspas del ventilador en el tope de la habitación se mueven perezosas sobre él. Una voz grita su nombre, lejos y apagada por las paredes de hierro santificado.

Parece Bobby.

Es Bobby.

La pesada puerta de la habitación está cerrada.

Con cerrojo.

Desde adentro.

¿Cómo diablos llegó allí?

Está de espaldas en el suelo, Angie duerme sobre su pecho, abrazada a él. Hay rastros de llanto en su rostro. Iosephus también se encuentra allí, entre los dos, hecho un ovillo, ronroneando plácidamente. Pero Bobby no está adentro con ellos. Ahora no está seguro de haberlo escuchado. Le duele todo, se siente muy débil, pero sus costillas ya no están hundidas. De lo contrario, el peso de la niña y del gato sería una tortura.

Cas entra en su campo de visión, de pie por sobre su cabeza, obstruyendo la imagen del ventilador en el techo.

“¿Puedes moverte?”

Dean está seguro de que puede… pero no quiere.

“¿Fuiste tú?”

“¿A qué te refieres?”

“La luz… el flap, flap… todo eso”.

Pero el ángel lo mira con cara de puzzle y Dean comprende.

“No tienes idea de lo que te estoy hablando, ¿verdad?”

“Realmente no”.

El cazador deja escapar un suspiro mientras se pierde en las sensaciones que permanecen aún en su memoria y en su cuerpo.

“Quizás estaba soñando”, murmura.

“¿Crees que te pondrás de pie en algún momento, digamos, pronto?”

Y eso le merece al ángel una mirada de reproche por parte del cazador.

“¡Tan aguafiestas! ¿Podrías dejarme reposar un momento?”

“Bobby está preocupado”.

Claro. Bobby. Lo había olvidado.

“Está bien”, concuerda y levanta un poco la cabeza para poder mirar a la niña en su pecho. “Angie…”, la llama acariciando su espalda suavemente en pequeños círculos. “Despierta, nena”. La niña es un peso muerto y no es hasta un par de minutos después que el cazador obtiene al fin un gruñido perezoso. “Oye, cariño. ¿Estás soñando con dulces y chocolates? Tengo algunos en la mochila” La mención de las golosinas da resultado. La niña se incorpora a medias, muy lentamente.

“¿De verdad?” se frota los ojos que son poco más que un par de ranuras mientras escanean el lugar. “¿Dónde estamos?”

“A salvo, nena. Estamos a salvo”. Angie vuelve a cerrar los párpados, que parecen pesarle una tonelada, y se dispone a acomodar su cuerpo de nuevo sobre el de Dean para seguir durmiendo. “Oye, oye, cariño. No hagas eso. Tengo que revisarte. Nena. ¿Nena?”. Pero Angie ha caído de nuevo en un sueño profundo. “¿Un poco de ayuda aquí, Cas?”.

El ángel se acerca y con cuidado toma entre sus brazos a la niña y la instala en el camastro que alguna vez ocupó Sam y también Dean en los días malos. Angie se abraza de inmediato a la almohada y continúa su profundo sueño.

Dean se sienta en el suelo con esfuerzo, ante la mirada preocupada del ángel, al tiempo que el gato se retira a un rincón, ofendido por ser desalojado de tan confortable lecho.

Cas se inclina para auxiliar al cazador asiéndolo por la espalda.

“¿Estás bien?”

“Sí”, dice haciendo una mueca. “Sólo… algo cansado”.

El ángel le ayuda a sentarse en la cama al lado de la niña que no da señales de percatarse de su proximidad. Dean recorre con la vista el pequeño cuerpo en busca de alguna señal de lesiones. Afortunadamente, no halla ninguna. Luego le ordena los cabellos, sube la manta del camastro hasta cubrirle los hombros y continúa acariciando el rostro infantil con suavidad. De pronto recuerda algo que le hace fruncir el ceño.

“¿Por qué no te uniste a la fiesta?”, le pregunta a Cas. “Se hubiera apreciado tu asistencia”.

“No pude”.

Dean deja escapar un bufido.

“Hay muchas cosas que no puedes hacer últimamente.”

“¡Alguien marcó la casa con signos contra ángeles!”

“¿Qué? ¿Quién?”

“¡No lo sé!”

Dean se muerde la lengua para no agregar más sarcasmo a la conversación.

“¿Cómo es que estás aquí ahora?”, pregunta civilizadamente en cambio volviendo el rostro para mirar al ángel.

“Han desaparecido”

“¿Cómo?”

El ángel se encoge de hombros.

“No lo sé. Simplemente, no están”.

El cazador vuelve a observar la faz tranquila de su niña durante un largo rato en que sólo se escucha el apagado batir de las aspas del ventilador.

“Cas, si mi her…” y se detiene como si las palabras se resistieran a brotar de su boca. “Si Sam…”, se obliga. “Si Sam hubiera salido del infierno… ¿tú lo sabrías? ¿Tú… tú me lo dirías?”

El ángel lo observa con atención, la cabeza ligeramente ladeada en su gesto característico de confusión.

“¿Por qué me preguntas eso?”

“Yo pregunté primero. Contéstame. Por favor”.

Cas se endereza y piensa su respuesta con suma concentración.

“Bueno, dado que Sam tiene la misma protección que tú, diría que no estoy capacitado para saber si ha salido del infierno o no. Sobre la segunda pregunta… No puedo ver el futuro, pero creo que no hay ninguna razón por la cual no te lo diría”.

En el camastro, Angie comienza lentamente a salir de su sopor.

“Bien”

“¿Por qué me preguntas eso?”

Pero antes que el cazador pueda contestar, la niña se incorpora con movimientos torpes y se le abraza al cuello.

“Tengo hambre, Dean”, se queja en su oído.

“Estaremos afuera en un segundo, cariño”, la tranquiliza el cazador, aparentemente olvidada por completo la conversación anterior. “Cas, ¿podrías…?” y le señala con un gesto vago de su mano hacia la puerta con cerrojo. El ángel deja escapar un suspiro cansado y alza el brazo hacia donde indica Dean. De inmediato la puerta se abre con violencia y los escombros salen disparados en todas direcciones despejando el camino hacia el piso superior.

“¡Genial, Cas! No has perdido el toque”. Se pone de pie con Angie en brazos y se encamina hacia la salida, pero cuando se voltea para hablarle de nuevo a Cas, el ángel ya se ha ido. “Tengo que enseñarle a despedirse como la gente”.

Arriba, Bobby les está esperando rodeado por el desastre en que se ha convertido su casa.

“Ya era tiempo”

Dean lo mira de la cabeza a los pies con preocupada atención.

“¿Estás bien?”

Bobby también se mira de arriba a abajo.

“Sí”

Pero Dean no parece muy convencido.

“Porque te vi volando a Miami a través del techo. ¿No estás herido? ¿Ni siquiera un poco?”

“¿Qué? ¿Te gustaría eso?”

“¡Por supuesto que no!” reclama indignado. “Es sólo que… ¿cómo…?” y hace un gesto con su mano libre abarcando toda la humanidad de Bobby.

“No lo sé”, replica el viejo cazador y hace un gesto con la barbilla hacia la puerta del sótano. “¿Cómo lo hiciste para pasar a través de todo eso y entrar al cuarto sellado?”

“No lo sé”.

“Entonces, estamos iguales”

No hay mucho más que decir. Los dos hombres se dirigen a lo que queda de la cocina y preparan un sencillo desayuno. Dean se pasea entre el refrigerador y la estufa con Angie en brazos hasta que logra instalarla en la mesa y hacer que se mantenga despierta lo suficiente para alimentarse.

“Angie, tengo que hablar con el abuelo Bobby, ¿de acuerdo? Quédate aquí y termina tu desayuno. Estaremos cerca”.

“De acuerdo”, le contesta la niña ahogando un bostezo.

Bobby lo espera tras el límite entre el comedor y la cocina que aún conserva las puertas deslizantes. Dean las cierra un poco, dejando sólo el espacio suficiente para espiar a Angie sentada a la mesa, una mano evitando que su cabeza caiga sobre el plato de cereal que tiene al frente.

“¿Qué es lo que piensas de todo esto?”

“No lo sé, Bobby”

“Muchacho, ¿nuestras conversaciones han sido reducidas a esas palabras? ¿No lo sé?”

Dean hace lo posible por reprimir su sonrisa burlona.

“No lo sé, Bobby”

“En serio, muchacho. ¿Todavía piensas que ella comenzó el fuego en ese edificio?”.

La sonrisa rápidamente se esfuma del rostro del joven cazador hasta convertirse en una desvelada máscara de profunda preocupación.

“Si lo hizo, debe haber tenido buenas razones, ¿no crees? Ellos la quieren. Si lo hizo, fue sólo en defensa propia”.

“Estoy de acuerdo contigo”.

Ambos hombres miran hacia la niña que está guardando un pedazo de su sándwich en una servilleta para Iosephus como acostumbra hacerlo siempre a pesar de las reprimendas de su padre.

“¿Qué sucedió anoche?”

La pregunta de Bobby devuelve a su mente las delirantes imágenes de una gran silueta acercándose en la semioscuridad mientras Angie grita horrorizada ante su presencia con un grito que él no puede escuchar porque se está muriendo y, previo a todo eso, Angie corriendo descalza por el pasillo advirtiendo, antes que el mismo Rumsfield, del peligro que se acerca.

“Ella lo sabía” sigue bombardeando Bobby sin darle tregua. “¿Cómo llegó a tu vida en primer lugar? ¿has pensado en eso? Sé que la has visto interactuar con tu gato, con Rumsfield también. Ella es especial, Dean”, el joven cazador lo mira extrañado, tratando de dilucidar hacia donde quiere llegar el hombre remarcando lo obvio. “Como Sam”. Oh, eso. “¿Podrás lidiar de nuevo con eso?”.

Dean abre la boca para responder pero en realidad no tiene una respuesta clara.

“Eso espero” dice finalmente y realmente lo espera.

“Lo dijiste antes: ellos la quieren por alguna razón. Necesitamos saber cuál es esa razón”.

Dean vuelve a mirar hacia la cocina y repentinamente, mientras observa a Angie, toma conciencia de los destrozos en la casa.

“Bobby, lo siento por…” y gesticula con la mano en torno a las paredes destruidas, los libros desperdigados, el techo caído. “Tú no tienes que…”

“Yo no tengo… ¡las huinchas!. Si te concierne a ti, entonces me concierne a mí. ¿Entendiste? ¡Y no te atrevas a contrariarme!”

Dean sonríe, reconfortado por la lealtad del viejo cazador.

“Gracias”.

“Ni lo menciones. Entonces, ¿qué hacemos?”

Una vez más, Dean mira hacia la niña en la cocina.

“Aclarar algunas cosas”.

Va y se instala en la silla frente a Angie, las manos cruzadas sobre la mesa.

“Anoche…” y se detiene porque en verdad no sabe cómo empezar. Se aclara la garganta y se toma unos segundos antes de continuar. “Tú sabías que venían en camino”.

“Sí”.

Angie no se inmuta ante la afirmación. Su atención está en el tazón de leche que sostiene en sus manos.

“¿Entonces…?

Ella, sin dejar de mirar el fondo de su tazón, le responde:

“Desperté y lo supe”.

Él arquea una ceja.

“¿Lo soñaste?”

“No. Desperté y lo supe”.

“Sólo así?”.

“Sólo así”.

Dean se inclina un tanto sobre la mesa y alarga su mano hasta posarla sobre la de Angie que aún abraza su tazón.

“Cariño, me temo que necesito una respuesta menos simple que esa”.

Angie desvía la mirada hacia la ventana, evitando el escrutinio de Dean, y se mantiene así un rato largo.

“A veces… veo cosas”.

Dean siente que se le erizan los cabellos de la nuca.

“Cosas como…”

La niña suspira como si un gran peso se posara en sus hombros.

“Estoy en el incendio. Las murallas caen. Mi pecho arde. No puedo respirar. Entonces estoy caminando sin zapatos en el bosque. Tengo frío. Pero sé hacia dónde voy. Voy hacia ti, hacia la cabaña. Tú vas a protegerme”.

“¿Cómo sabías eso?”

La niña se vuelve entonces hacia Dean y clava sus ojos en él mientras esboza una sonrisa confiada.

“Porque eres un Servidor del Cielo”.

Las palabras de Angie le quitan el aliento. Nunca pensó volver a escucharlas. Menos aún en labios de su niña y con tanta convicción.

“Si yo soy eso, entonces ¿quién eres tú?”

La sonrisa de la niña se apaga.

“Ellos me llamaban Mary Grace, pero no sé quién soy. En mi cabeza apareció Angie. Así que supongo que soy Angie.” Levanta los ojos tímidamente hacia el cazador. “¿Estás enojado conmigo?”

Dean arruga el ceño, confundido.

“¿Qué? ¿Por qué?”

“Soy un fenómeno, no soy lo que tú deseabas… pero lo seré, voy a ser una buena niña, lo juro…lo juro… No me apartes de ti, Dean, por favor, por favor… no…

“Calma, Nena.” la interrumpe “No me importa quien fuiste. Eres mi hija ahora. ¿De acuerdo?”

“¿Yo… aún soy Angie para ti?”

“Mary Grace murió en el incendio”. Un bautismo de fuego como el suyo propio, como el que se llevó a su madre y a su propia inocencia hace tanto tiempo ya. “Tú eres mi pequeña niña, Angie. Eso es todo. Eres mía”.

Capítulo 6.

»

  1. alaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa que ya estamos empezando a comprender un poco!!!!!!!!!!!!!
    oye me preocupa un poco Sam… ¿dónde está? aparecerá?
    no tardes en actualizar!!!
    un besorro!

  2. ok, esos signos contra ángeles van y aparecen y desaparecen como si tal cosa!
    Y la niña sabe, simplemente sabe… será como una “jesús” (ya sabes, si hay anticristos, pueden haber “cristos”…) Esto es tá raro, pero si dices que es un ángel….
    Lo de que como todo llegó a estar bien y ellos ni idea, me tiene con el misterio. Creí que Dean le iba a preguntar si ella había visto algo antes de que él se durmiera, aunque hablar con eso con una niña, fuera fuerte.
    Y la niña, diciéndole que él es un Servidor del Cielo, y que él la cuidaría. No sé, se me hace que un demonio la iba a matar, y justo legó alguien a evitarlo, alguien que conoce a Dean… mmmm…
    Y la pobre, que tiene miedo de que él la deje, y como Dean es Dean y se le sale el gran corazón, le dice que jamás.
    Sigo!

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