Fic: “Cuentas pendientes” 11/?

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Título: “Cuentas pendientes”.
Autor u Autora: Winchester_Mcdowell
Categoría: Crossover Supernatural / Dark Angel.
Calificación: Todo público

11

Dean

Mole le consiguió un Jeep Hammer y Dix una identificación que dice que es un técnico de la compañía generadora de electricidad estatal.

Max viene incluida con el vehículo.

Ella piensa que no bastan las apuradas lecciones de Dalton sobre sus nuevas facultades ni los sabios consejos de Gem para que Dean enfrente por sí solo los peligros de una sociedad que no conoce. Por eso ahora está instalada en el asiento del copiloto <porque Dean se negó rotundamente a entregarle el volante>, mirando en dirección a la carretera mientras el cazador busca una emisora de radio con música decente en vez de esa mezcla rara entre hip-hop y electrónica que escucha todo el mundo ahora. Antes de que pueda localizar algo, Max le apaga la radio.

“¡Acaba ya con eso! ¡Es molesto!”.

Dean la vuelve a encender y cuando Max alarga la mano hacia el aparato nuevamente, él se la palmotea con la suficiente fuerza para que ella la retire con una queja.

“Nadie te invitó. Éste es mi viaje así que sigues mis reglas o te bajas”. Ubica al fin una estación de rock clásico y aumenta el volumen de la radio.

“¡Tenía que venir contigo! ¡No puedes hacer esto tú solo!”, se hace oír Max por sobre la música.

“¿Quién dice? ¡Es mi problema!”.

“¡Es el problema de Alec también!”.

Dean la mira con sospecha.

“¿Estás segura que no hay nada entre ustedes dos?”

“¿Eres siempre tan fastidioso?”

“¿Y tú tan gruñona?”

Vuelven a sus esquinas y el sonido de Credence Clearwater Revival llena el interior del vehículo. En algún momento, Dean le baja el volumen a la música.

“En serio. ¿Por qué viniste? ¿No tienes una nación que gobernar?”

“Quizás no quiero perder a la única persona que puede leer mis tatuajes”.

Ambos guardan silencio nuevamente, Max de brazos cruzados y Dean concentrado en la carretera. Run through the jungle suena fuerte y claro por los parlantes.

“Deberías haberte quedado en Terminal City”.

“Porque tú eres un experto en transportarte dentro de un país en estado de sitio ¿verdad?

Dean sólo mira el camino y se muerde la lengua para no contestar porque quizás la chica tiene razón aunque enfrentarse a lo desconocido nunca lo ha detenido antes y no será ésta la primera vez.

“¿A dónde nos dirigimos, en todo caso?”

“Primero donde Bobby, y luego seguiremos los presagios y si somos afortunados, encontraremos a Sam”.

Max lo examina un instante como decidiendo si hablar o no.

“Así que, este Sam es tu hermano”, decide al fin.

“Sip”.

“Y es un cazafantasmas también”.

“Un cazador, somos cazadores”.

“Lo que sea. ¿Cómo te convertiste en eso?”

“Es una larga historia”.

“El camino también lo es. Soy toda oídos”.

Dean deja escapar un suspiro cansado.

“Mi papá nos enseñó”.

“¿En verdad? ¿Por qué?”

“Un demonio mató a mi madre cuando yo tenía cuatro años”.

Eso parece impresionar realmente a Max.

“Yo… Lo lamento”.

“Yo también”.

Tanto como lo que le acaba de decir, le impresiona la naturalidad con que lo ha dicho. Apenas puede imaginar lo que es haber tenido una madre y verse privado de su presencia a tan tierna edad <aunque ella hubiera dado lo que fuera para conocer a la suya por ese corto lapso de tiempo> y luego ser criado para perseguir cosas que hasta hace unas pocas horas atrás ella ni siquiera pensaba que fueran reales. No es que esto último esté muy lejos de su propia experiencia de adoctrinamiento, pero Max escapó y este hombre vestido en la piel de Alec no. Es más, parece cómodo en su papel. Más que cómodo, casi como si formara parte de su ser, indisoluble el hombre del cazador.

Un leve escozor en su muñeca la obliga a bajar la mirada en busca del origen de la molestia. Abre los ojos en sorpresa al observar que nuevos signos comienzan a tomar forma allí, bajo la piel.

“¡Mierda!”

“¿Qué pasa?” Dean intenta echar un vistazo pero Max se cubre rápidamente la muñeca estirando la manga de la chaqueta sobre ella.

“Nada”.

Pero Dean puede ver cómo ante sus ojos un trazo nuevo se pinta bajo la piel asomándose por debajo de la manga hasta alcanzar el dedo medio. El cazador se orilla y detiene el motor del jeep.

“Max, déjame ver”.

Ella, reluctante, se desabrocha el puño de la chaqueta y sube la manga hasta el codo arrastrando también la del sweater que lleva debajo. Dean se acerca y examina los trazos con atención.

“¿Qué dice?”

“No estoy seguro”, le contesta el cazador sin quitar los ojos del brazo. “Parece ser que faltan algunas palabras. En todo caso, nunca fui un estudiante muy brillante en idiomas. Dicen algo así como que eres la favorita de alguien”, suelta una risita divertida. “Parece que tienes admiradores en las altas esferas”.

“¿Cómo sabes que son palabras del Cielo y no del Infierno?”

“Mi amigo me lo dijo”. Le sube la manga por arriba del codo para tener acceso a más. Ella se estremece un poco ante el toque de su mano acariciando las líneas del tatuaje. ¿Alec? ¿Dean? Por un momento se siente perdida y un tanto vulnerada en su espacio personal. “Oye, aquí dice que tienes un enamoramiento con un guapo transgénico…” y Max siente que los colores suben a sus mejillas sin poder evitarlo y sin saber por qué. “…llamado Mole”. La morena le da un manotón mientras Dean se hace a un lado riendo y protegiéndose contra el golpe. Ella no está segura si enojarse o reír con él.

“¡Esto es serio, Dean!”

“Lo sé, lo sé. Perdón”, y cuando vuelve a examinar el brazo se da cuenta que hay líneas nuevas apareciendo alrededor de las antiguas. “Mira” y se las señala a Max. Ella se tensa.

“Han aparecido más rápidamente desde que estás aquí”, explica.

“Entonces, ¿hay más?”, Dean la mira con una ceja arqueada.

“Sí, en mi… busto” .

Se miran un momento, Max esperando la reacción del cazador ante la revelación involuntaria.

“Bueno…” dice medio tragándose una sonrisa pícara. “…Yo debería ver eso ¿no crees?” y antes de que Max pueda reclamarle, agrega más solemnemente. “De una manera profesional, por supuesto”.

Aún así la mirada de Max no deja dudas sobre su opinión ante la idea. “Quizás más tarde”.

El cazador enciende el motor y devuelve el vehículo a la carretera.

“Una vez también me nombraron como el elegido”, comenta como si nada.

“¿Y qué tal?”

“No es divertido”.

“Gracias por las buenas noticias. ¿Es por eso que sabes de los tatuajes?”

“Como dije, lo he visto antes”.

“¿Dónde?”

“En alguien más”.

“¿Quién?”

“Alguien más”.

Desde atrás, un sonido les interrumpe.

“¿Escuchaste?”

Max arruga el ceño.

“¿Un estornudo?”

Otro más.

“Creo que tenemos un intruso con una nariz sensible”.

Dean orilla nuevamente el vehículo, se apea  y con toda calma, abre la puerta del asiento de atrás mientras Max se mantiene en estado de alerta del otro lado del jeep.

“Me parece que tendrás que mejorar tus habilidades de infiltración, muchacho”.

En un principio, el cazador parece estar hablándole a la nada, pero entonces, poco a poco comienza a asomar una cabeza rubia desde atrás del asiento trasero. Max lo reconoce.

“¿Dalton?”

El muchacho le dirige una mirada compungida y luego a Dean.

“¿Cómo… cómo supiste que era yo?”

“¿Quién estuvo llorando y suplicando por acompañarme?”

Max se le acerca, manos en jarras.

“¿Qué creías que estabas haciendo? ¡Podríamos haberte matado!”.

Pero el muchacho no se deja intimidar.

“Tú lo dijiste. Éste es un problema de Alec,  yo soy el asistente personal de Alec,…” reclama con orgullo mal disimulado. “…así que es mi problema también, como lo es tuyo. Él confiaba en mí. Él hubiera querido que yo viniera”.

“Quizás”, dice el cazador, “Pero yo no soy Alec y no pongo niños en peligro para resolver mis problemas”.

“¿Qué?”, interviene Max, “¿Deseas volver a Terminal City? Estamos demasiado lejos, por lo menos dos horas”.

“Debería enviarlos a ustedes dos de regreso a Terminal City…” Max de inmediato abre la boca para protestar. “…Pero sé que eso es imposible. Acomódate en el asiento de atrás, niño”. Y cierra la puerta antes de regresar al lugar del conductor.

“No soy un niño”, rezonga el muchacho por lo bajo mientras abandona su escondite atrás.

“¿Qué dijiste?” el tono del cazador, claramente amenazante desde el asiento delantero, obliga a Dalton a contestar de inmediato, reconociendo autoridad.

“Nada”.

“Nada, ¿qué?”

“Nada, señor”.

Y Dean se sonríe a medias, divertido ante el efecto de su desplante de poder.

“Eres imposible”, le reprocha Max a su lado.

“Soy adorable”.

Mientras el vehículo retoma la marcha, Dalton nota el gran bolso que descansa a su lado en el asiento. Curioso, alarga la mano hacia el zipper.

“Si tocas eso te arrojo fuera del jeep. ¿Me entendiste?”

La mano del muchacho se paraliza sobre el bolso y luego retrocede hasta descansar en el asiento.

“Eres un mandón”.

“Así es como todos me llaman”.

El viaje prosigue en silencio por algunos kilómetros antes de que Max recuerde repentinamente el tema que estaban tratando antes de la involuntaria interrupción de Dalton.

“Entonces, los tatuajes de este alguien más, ¿qué decían?”

“Básicamente lo mismo: una nueva generación, la mujer elegida y el Siervo del Cielo que deberá proteger a la nueva simiente, bla, bla, bla… bla, bla bla…” Dean le echa una mirada. “Tú y Logan están planeando bebés?”

Silencio.

“Mmh. ¿Las cosas no andan bien entre ustedes dos?”.

Max suspira.

“Es… complicado”

“Por el virus y todo eso. Cierto. Lo olvidé”.

Max lo mira con el ceño fruncido.

“¿Cómo sabes acerca del virus?”

“Bueno, tus amigos me informaron acerca de todo y de todos. ¿Son siempre tan conversadores?”

“No, sólo cuando un carismático cazador cae en medio de ellos desde el pasado”.

“¿Eso es lo que piensas de mí? ¿Soy un carismático cazador?”

El azoramiento de Max es evidente. Lo ha dicho sin pensar.

“No, yo sólo quise decir…”

“Soy buenmozo también. Y divertido”.

Max deja escapar un gruñido de fastidio.

“¿Cómo pude pensar que eras tan diferente de Alec?”

“¿Eso es un insulto o un halago?”

“Tómalo como quieras”.

“Un halago entonces”.

“Lo que sea”

Dalton mira a uno y a otro alternativamente hasta que el silencio se instala entre los dos de nuevo, Dean concentrado en la carretera y ella rehusando establecer contacto visual con el cazador. Si no fuera porque Dean no es Alec, diría que es una más de las tantas épicas batallas entre los dos líderes de TC.

“Oigan chicos, ¿de qué tatuajes estaban hablando?”

“¡Qué te importa!” le responden al unísono.

“Vaya, al menos están de acuerdo en algo”.

Pero ambos mantienen su actitud.

“¿Por qué no es de mi incumbencia?”.

Dean lo mira por el espejo retrovisor.

“Amigo, el asunto de la curiosidad es por el ADN gatuno o es una cosa tuya?”

“Cállate, Dalton”, ordena Max y de inmediato el chico cierra la boca.

“Wow, Max. Me gustan las mujeres dominantes. Me producen cosquillas en la espalda”.

“Cállate, Dean”.

“¡Sí!” exclama profundizando aún más el tono de su voz. “A eso me refiero”.

Atrás, Dalton ríe.

“Tengo que tomar notas. ¿Dónde está mi libreta?”.

Max bufa y se cruza de brazos.

“Hombres”.

Media hora más tarde, vislumbran el puesto de control para salir del Estado. Y mientras se acercan a baja velocidad a la caseta y sus barreras, Dean acomoda una escopeta que lleva bajo el asiento de manera que sea fácil de tomar en caso de necesidad. Por supuesto, Max lo ha observado mientras lo hacía.

“¿Qué es eso?”

“Una escopeta”

“¡Sé que es una escopeta! Por qué tienes una escopeta bajo el asiento es lo quiero saber”.

“Calma. Sé lo que hago. Dalton”.

“¿Sí, señor?”.

“Escóndete bajo el asiento y cúbrete”.

Cuando se instalan frente a la barrera, Dalton ya ha cumplido la orden. Los tres hombres que custodian el puesto de control se acercan lentamente, pero en vez de dirigirse de inmediato a la ventana del conductor, rodean el vehículo observándolo con atención.

“Esto no es bueno”, musita la morena.

“Lo sé. ¿Puedes oler eso?”

Max inspira aire y frunce la nariz ante el olor.

“¿Qué es?”

“Azufre”.

Y de pronto, el guardia está en la ventana.

“Papeles”, el cazador, con cautela extrae la identificación que le ha proporcionado Dix y se la entrega al hombre. “El suyo, el de la señorita…” Max hace lo propio con la suya. El guardia las examina con desinterés. “… y la del chico que se esconde en el asiento trasero”.

“¡Cristo!” lanza Dean y de inmediato un velo negro cubre los ojos del guardia ante el asombro de Max. El cazador no pierde tiempo y con una rapidez increíble, aún para los estandares transgénicos, extrae la escopeta de debajo del asiento y dispara a quemarropa arrojando al demonio hacia la caseta.

Otro abre la puerta que corresponde a Max e intenta sacarla a la fuerza agarrándola del brazo. Ella le patea el cuello. El ruido del hueso al romperse le asegura que el hombre debiera caer muerto, pero en vez de eso, simplemente voltea a verla, sin haber aflojado un ápice su agarre, y sus ojos se vuelven negros como el petróleo. Y de pronto Dean vuela sobre el techo del jeep para caerle encima al demonio y hacerle tragar media botella de agua bendita que ha hecho aparecer del interior de su chaqueta. El demonio chilla y se retuerce y Dean lo mantiene sujeto al suelo sacando provecho de su nueva superfuerza.

“¡Dalton! ¡El bolso! ¡Ábrelo!” le grita al muchacho que se ha incorporado en el asiento trasero y mira boquiabierto toda la acción. Dalton abre el bolso y encuentra adentro más botellas de agua bendita, barras de hierro y otra escopeta.

Max se recupera de su estupor justo a tiempo para darse cuenta de un nuevo atacante que quiere sorprender a Dean por la espalda. Coge el arma, que el cazador ha dejado momentáneamente en el suelo mientras le habla en un idioma extraño al que ya tiene dominado, y sin pensarlo dos veces dispara. El demonio retrocede con el impacto al mismo tiempo que de la boca del caído surge un humo negro que se eleva y desaparece en la noche.

“¿¡Qué fue eso!?”, le grita Max.

“¡Te lo explicaré más tarde!”, le contesta a gritos también poniéndose de pie. “¡Vámonos!”.

Dalton le dispara con la escopeta que ha cogido del bolso al primer guardia que ha intentado entrar en el jeep, pero el bicho parece ser más fuerte que los otros. Lo agarra del cuello de la chaqueta y comienza a arrastrarlo fuera.

“¡Deeeeeean!”

Y Dean se arroja dentro del asiento trasero, coge una de las barras de hierro del bolso y, al mismo tiempo que aparta a Dalton de un manotón, la hunde en el pecho del demonio. El bicho chilla mientras intenta arrancársela.

“¡Max! ¡Sácanos de aquí!”

La morena dispara una vez más al demonio restante y se lanza al asiento del conductor. Aún tienen las puertas abiertas cuando parten a toda velocidad, Dean sujetando con fuerza a Dalton en el asiento trasero.

“¿Qué diablos sucedió allá atrás?”, pregunta la morena mientras se asegura de que nadie les sigue.

“Demonios”, le contesta Dean y se vuelve hacia Dalton que aún no recupera el aliento. “¿Estás bien? ¡Respira, chico!” Dalton sólo atina a mover la cabeza afirmativamente. “Bien”.

Max mira en el espejo retrovisor cómo Dean se estira para cerrar las puertas.

“No puedo creerlo”.

“Bueno, tendrás que creerlo. Ambos. Oye, respira”. Le palmotea el hombro al muchacho. “Todo está bien ahora”.

Durante el siguiente cuarto de hora Max conduce con el acelerador a fondo, aferrada al volante, tratando de asimilar lo ocurrido. Finalmente introduce el vehículo a una zona escondida en el costado del camino.

“¿Qué estás haciendo?”

“Tenemos que abandonar este auto”.

Nadie discute eso. Sacan lo necesario, incluyendo el bolso del asiento trasero, y abandonan el jeep para enfilar hacia el otro lado de la carretera.

“Necesitaremos otro vehículo”, acota Dean.

“Sé dónde conseguir uno”, le responde Max sin detenerse ni mirarlo. Lo único que desea es completar esta misión lo más pronto posible y volver a la relativa tranquilidad de TC. Comienza a arrepentirse de haberse sumado al viaje. Atrás suyo, Dalton camina a la par de Dean dedicándole al hombre miradas llenas de admiración.

“Así que, ésta es la manera de matar demonios?”

El cazador niega con su cabeza.

“No matamos ningún demonio allá atrás. Sólo los detuvimos. Y yo exorcicé uno”.

“¡Pero, les disparamos!”.

“Sí, con cartuchos de sal. Eso los alenta. Lo mismo que el agua bendita y el hierro santificado”.

Max se detiene y se voltea hacia ellos.

“¿Dónde conseguiste todo eso?”

Dean se sonríe.

“Joshua me ayudó”.

Max bufa.

Debí imaginarlo”.

Al rato, alcanzan una pequeña loma, tras la cual se aprecia una media docena de vehículos abandonados. Max alza la mano hacia ellos como presentándoselos.

“Voilá”

“Autos gratis en la carretera. Me gusta el sistema. ¿Por qué están aquí, en todo caso?

“Por la misma razón que nosotros dejamos nuestro jeep”.

Se dirigen hacia una camioneta negra, que parece estar en buen estado.

“¿Qué tal éste?”

“Bueno…” Dean pasea su mirada por el vehículo. “Parece tener buenos neumáticos, buen tamaño…”, rodea el vehículo hacia la sección delantera. “…y sabes que hay gente observándonos, ¿correcto?”.

Max asiente sin cambiar un ápice su expresión.

“Correcto”.

“¿Dalton?”

“Sí, ya los ví también. ¿Demonios, de nuevo?”

“No lo sé aún” arroja el bolso al suelo, lo abre y recarga con cartuchos de sal una de las escopetas. “Pero, mejor prevenir que lamentar. Toma esto”. Y se la ofrece a Max.  Pero antes de que la morena pueda cogerla, un pequeño dardo cruza el aire y se introduce en su cuello. Ella se lleva la mano hacia la minúscula herida y extrae el objeto.

“¿Qué dem…?”

Casi de inmediato, un segundo dardo hace blanco en Dalton. Y un tercero va en busca de Dean, pero éste, ya advertido, logra esquivarlo. Max intenta esconderse tras la camioneta pero sus movimientos se han vuelto torpes y la cabeza le da vueltas. Cuando Dean la alcanza, agazapado para evitar ser otro blanco, ella ya no puede verlo con claridad.

“N-n… npuedmovrme” es lo último que alcanza a decir antes de que el mundo se vaya a negro.

“Mierda”.

Dean mira hacia Dalton que yace de espaldas en el suelo unos metros más allá. No hay ayuda posible por ese lado. Deja a Max y se refugia entre los vehículos mientras intenta ver a los atacantes. Desde la arboleda cercana, se acercan figuras encapuchadas de sotanas claras que se destacan en la semioscuridad de la noche. Ve una media docena. Saca la 45 que le ha facilitado Mole y que ha llevado todo el rato en la cinturilla del pantalón, escondida de todo el mundo. Apunta hacia el primero de los encapuchados que comienza a acercarse a Max.

“Dean”, lo llama entonces una voz femenina a sus espaldas y al voltear, recibe de lleno uno de esos dardos en el cuello. Intenta levantar el arma contra la figura blanca que se cierne sobre él pero fácilmente se la arrebatan. Lo asaltan las nauseas mientras siente cómo pierde el control de todo su cuerpo y cae al suelo. La figura encapuchada pasa a ser un manchón borroso mientras se le acerca. Una mano se posa en su frente.

“Dean”, dice la voz con emoción apenas contenida. “Estás aquí. Eres el elegido”. Y Dean se pierde en la inconsciencia.

Capítulo 12.

»

  1. Perdoname pero te tengo que Quotear jajaja xD
    1..“No, sólo cuando un carismático cazador cae en medio de ellos desde el pasado”.
    “¿Eso es lo que piensas de mí? ¿Soy un carismático cazador?”
    El azoramiento de Max es evidente. Lo ha dicho sin pensar.
    “No, yo sólo quise decir…”
    “Soy buenmozo también. Y divertido”.
    Max deja escapar un gruñido de fastidio.
    “¿Cómo pude pensar que eras tan diferente de Alec?”
    “¿Eso es un insulto o un halago?”
    “Tómalo como quieras”.
    “Un halago entonces”.
    “Lo que sea”
    ————————————————
    2..“Amigo, el asunto de la curiosidad es por el ADN gatuno o es una cosa tuya?”
    “Cállate, Dalton”, ordena Max y de inmediato el chico cierra la boca.
    “Wow, Max. Me gustan las mujeres dominantes. Me producen cosquillas en la espalda”.
    “Cállate, Dean”.
    “¡Sí!” exclama profundizando aún más el tono de su voz. “A eso me refiero”.
    Atrás, Dalton ríe.
    “Tengo que tomar notas. ¿Dónde está mi libreta?”.
    Max bufa y se cruza de brazos.
    “Hombres”.
    ———————————-
    Por dios esto me tenia muerta de risa, muy bien escrito en estos parrafos veo plasmado a dean y su ego jajajaja es muy divertido
    ahora quien los ha raptado
    PSD:te felicito un gran trabajo en este capitulo lo disfrute mucho xD
    🐱

    • Gracias.
      Trato de poner mucho cuidado en el personaje de Dean. Bueno, también en el de Alec, pero creo que Dean Winchester es uno de los mejores personajes que nos ha dado la televisión en el último tiempo y sería una pena que lo echara a perder en mi fic.
      El capítulo de Alec ya está arriba.
      SAludos.
      🙂

  2. ¿Has oído hablar del sino Winchester? ¿Si algo puede ir mal, saldrá peor?
    En todo caso, no te preocupes, que te doy firmado que Dean encontrará la paz al fin.
    Capítulo nuevo arriba.
    Saludos. 🙂

  3. Tatata taaaan.
    En el capítulo que acabo de subir podrás ver qué se trae Meg. Eso sí, te advierto que hay un poco de sufrimiento.
    🙂

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