Fic: “Otra clase de ángel” 7/?

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Título: “Otra clase de ángel”.
Autor u Autora: Winchester_Mcdowell
Categoría: Supernatural.
Calificación: Todo público
Sumario: Dean aún no lo ha visto (ni lo ha vivido) todo.

Capítulo 7.

Mientras Angie se esconde en los brazos de Dean, el cazador mantiene su vista atenta al pesado sube y baja del sello sobre sus tornillos en lo alto del techo, por sobre el ventilador. Parece que pronto cederá. Y si ese es el caso, no faltarán los bichos kamikaze que quieran llevarse alguna víctima por delante antes de desaparecer merced al poder del hierro de las paredes.
En el otro extremo del cuarto, Bobby ya no hace caso del ruido. Se concentra en trenzar pequeños cordones con una hierba de dudosa procedencia.
Llevan tres noches dentro de la habitación y éste es el tercer ataque que reciben. Nadie ha podido pegar un ojo. Las columnas de humo negro se estrellan una y otra vez contra las paredes en el exterior llenando el cuarto de sombras y chillidos inquietantes. Por momentos a Dean le parece estar dentro de la película de Hitchcock, esa donde los pájaros se vuelven demencialmente agresivos contra la humanidad.
Durante las pausas en los ataques, han acarreado dentro tanto como han podido: comida, libros, pociones, incluso el perro, Angie ha insistido en lo último. Pero al final del día, la conclusión es la misma.
“Tenemos que irnos de aquí”.
No es una cosa fácil de decir para Bobby.
Y Dean quisiera poder discutirle y permanecer bajo la relativa protección que les brindan las paredes de hierro santificado, pero sabe que el viejo cazador tiene razón. Allí dentro están sitiados. Pronto se les acabaran las provisiones y ya ha sido difícil hacerse de lo poco que han logrado rescatar. Cas hace lo que puede para defender el lugar pero no es suficiente y no es justo que lo haga él solo. Las fuerzas del ángel se debilitan cada vez más.
Tienen que salir.
“Toma esto”, le dice Bobby y le tiende la especie de brazalete que ha confeccionado. En el canasto, a sus pies, hay más. “Ponlo en sus muñecas y tobillos”. Y desliza el canasto con un suave empujón de su bota en dirección al cazador mientras él mismo se ata uno a su muñeca. Dean coge el cordoncillo ofrecido y lo primero que percibe es el hedor que despide.
“¡Ugh! ¿Qué es esto?”
“Protección. Ayudará cuando salgamos. No serán capaces de seguirnos el rastro.”
“Y yo que pensé que estabas practicando tus manualidades para relajarte”. El cazador le ata el cordoncillo en la muñeca a la niña quien frunce la nariz con desagrado.
“Huele mal”
“Lo sé, cariño”.
Está terminando de atar el segundo brazalete cuando un fuerte golpe contra la puerta los hace saltar a todos en sorpresa. Al instante siguiente, Castiel se materializa sobre el suelo del cuarto, desfalleciente.
“¡Cas!”
Dean está de inmediato a su lado, ayudándolo a ponerse de pie con esfuerzo. Hay sangre en su impermeable procedente de alguna parte de su tórax y la mitad de su rostro se ha amoratado y comienza a hincharse.
“Ven aquí”. El cazador lo guía hasta uno de los camastros y lo obliga a tomar asiento. “Angie, pásame el botiquín”.
“Estoy… Estoy bien, Dean… o lo estaré”.
“Si tú lo dices”.
Los moretones han comenzado a retirarse muy lentamente de la piel del ángel, pero de todas maneras, el cazador extrae gasa quirúrgica y desinfectante del pequeño bolso que le ha traído la niña y procede a retirar la sangre que corre desde el corte que hay en su frente.
“Vas lento” comenta observando cómo tardan en sanar sus heridas.
“Lo haré mejor, ya verás”.
Dean le sostiene el rostro mientras examina el resto del daño. La hinchazón persiste y de no ser porque sabe que el ángel tiene razón y que en algún momento ha de cerrarse, le pondría algunos puntos a ese feo corte. Le busca la herida en el pecho que resulta ser la huella de tres zarpazos profundos de quién sabe qué cosa.
“¿Qué demonios…?”
“Son muchos”.
“Sí, ya me di cuenta. ¿Qué son y de dónde salieron?”
“…”
Ante el silencio, el cazador levanta la vista de la herida y la fija en Castiel.
“¿Cas?” El ángel ha girado el rostro a medias evitando los ojos del cazador, pero el truco no funciona con Dean que se mueve hasta quedar nuevamente en su área de visualización. “¿Hay algo que no me hayas dicho?”
El ángel, después de un momento de indecisión, abre la boca para contestarle pero Bobby lo interrumpe antes de que alguna palabra surja.
“Dean”
El cazador nota de inmediato la tensión bajo el tono aparentemente sosegado de Bobby y levanta la mirada hacia él buscando la razón de su preocupación. El viejo cazador entonces hace un leve movimiento de su cabeza hacia la pared más cercana indicándole con ese mudo gesto que preste atención a lo que sucede en ella. Las entrañas de Dean se encogen mientras observa cómo poco a poco, milímetro a milímetro, los fuertes tornillos que unen los paneles giran sobre su base.
“¡Mierda!”, jura al tiempo que se pone de pie.
“Concuerdo”.
“Tenemos que irnos”
“Ya te lo había dicho”.
Dean mira hacia el ángel sentado en el borde del camastro y éste lo mira de vuelta con la fatiga grabada en el rostro.
“¿Papá?”, la voz de Angie suena al borde del llanto mientras lo llama por primera vez de esa manera, Iosephus entre sus brazos y Rumfy a su lado. Dean no tiene tiempo de emocionarse por el detalle.
“Saldremos de aquí, cariño”, le dice con una seguridad que está lejos de sentir en ese momento. “Pero lo primero es lo primero”.
Va hacia el canasto con los brazaletes, saca los que le corresponden a él y después se lo entrega a la niña. “Pónlos en tus tobillos” luego le señala a los animales. “y en sus collares”.
Bobby, Angie, un perro, un gato, un ángel, cuenta mientras se ata sus propios brazaletes. Demasiados para salvar. Se pasa una mano por el rostro intentando despejar su mente. Tiene que pensar en algo. Pronto. Los primeros tornillos han comenzado a caer. El metal cruje. Y él sólo tiene su daga. Y un ángel aún convaleciente.
“¿Por qué tus amigos no nos ayudan?”, se queja con rabia.
“Olvidas que no soy muy popular entre mi parentela”
No tiene cómo responder a eso. Si Cas está en esa situación, en gran parte se lo debe a él. Y a pesar de todo, el ángel sigue fielmente a su lado. Y precisamente por eso, si tuviera otra solución, se cortaría la mano o un pie antes de pedirle otro sacrificio de su parte. Pero no la tiene. Respira profundo y se acuclilla frente al ángel para quedar a su nivel.
“Cas, sé que estás herido y débil en este momento, pero ¿eres capaz de hacer tu cuento angelical? Si no es así, no hay problema, aún tengo el cuchillo… pero si la respuesta es sí, por favor, llévate a Angie”.
“¡No!”, protesta la niña, acercándose. “¡Él tiene que sacarnos a todos!”
“Nena, eso no es posible”.
“¡Entonces, me quedo!”
“Angie…”
“¡Dijiste que jamás me abandonarías!”
Dean no puede responderle, sus labios se mueven sin emitir sonido alguno.
La mano infantil se posa entonces en la rodilla del ángel mientras lo mira directo a los ojos.
“Ayúdanos, tío Cas” y allí está de nuevo esa sensación extraña como una corriente eléctrica que los recorre a ambos, niña y ángel.
“Angie, está herido”, insiste Dean.
Un par de tornillos más caen al suelo liberando una fracción de metal.
“Me quedaré contigo”, insiste también la niña.
El cazador mira suplicante a Bobby.
“Dame una mano con esto”.
Pero entonces Castiel se pone de pie.
“Puedo”, declara con firmeza mientras nota que su cuerpo humano ya no duele aunque las heridas aún están allí. “Puedo llevarlos a todos”.
“¿Estás seguro?”
El ángel le sonríe de la misma manera confiada como aquella vez cuando lo arrebató de la furia de Zacarías tras su viaje al futuro.
“Ten fe, Dean”.
Castiel recorre con la vista al grupo humano frente a él.
“Sería más fácil si todos se colocaran más cerca de mí”.
Angie ha colocado a Iosephus en su jaula y es la primera en arrimarse al ángel.
“¿El gato y el perro también?”
La niña asiente con un movimiento de su cabeza.
“Todos nosotros”
Castiel, en un gesto totalmente inusual en él, le acaricia los cabellos.
“De acuerdo”.
Y de pronto, sin aviso previo, Dean se encuentra al volante de su nena, contra el tránsito en una vieja carretera y sólo los rápidos reflejos de los que todavía puede ufanarse evitan que se estrelle de lleno contra un camión mientras la bocina del vehículo y el grito aterrado de Angie a su lado le llenan los oídos. Necesita un par de segundos tras detener el vehículo lo mejor que puede a un costado del camino para recomponerse, para girar hacia Angie y preguntarle si está bien, para abrazarla y asegurarse de que así es. El gato está allí también, jaula incluida, en el asiento trasero. Dean abre la puerta y sale con el alma en un hilo escaneando el área alrededor. Unos metros más atrás, la camioneta de Bobby está detenida y el viejo cazador le hace una seña, de pie, apoyado en la portezuela abierta, Rumsfield echado a sus pies, resoplando como si le hubieran hecho correr la maratón de Los Ángeles. Bien. Angie, Iosephus, Bobby, Rumsfield… Dean aún no puede respirar tranquilo.
“¡Cas…!” grita en dirección a Bobby. “¿Dónde está Cas?”

Capítulo 8

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  1. Oh! Dios!Oh!Dios!Oh! Dios!Oh! Dios!Oh! Dios! no! no! no! no! no! dime que cas no se quedo, dime que esta bien ahhhhhh omg! espero que lo este
    PSD; que capitulo esta historia esta aun mejor pero mujer me dejas con el alma en un hilo xD
    hasta el prox capi
    🐱

  2. Sigo con mi tesis de que ella es una jesús.
    Me ha gustado mucho que haya sido ella y su contacto, el que haya hecho que Cas pudiera tener más fuerza… y eso, que sonriera y que acariciara a la niña, dice mucho de lo que debió haber sido esa experencia.
    Y Bobby, con sus extrañas pulseras que quién sabe de qué están hechas y que espero, sirvan de algo.
    Aunque Cas los pudo haber enviado en un mejor momento…
    Pero… ¡Y Cas!
    Sigo!

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