Fic: “Cuentas pendientes” 13/?

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Título: “Cuentas pendientes”.
Autor u Autora: Winchester_Mcdowell
Categoría: Crossover Supernatural / Dark Angel.
Calificación: Todo público

13

Dean

Aún antes de abrir los ojos, Dean sabe que alguien le vigila. Así es que, apenas decide volver al mundo de los vivos, voltea su cabeza en dirección a la persona que le observa desde la silla, a un costado de la cama en que lo han puesto. Es la dama del dardo, su fangirl personal por la expresión de adoración en su rostro. Hay otros tres sujetos en el cuarto, dos de ellos armados con bastones tasers, cerca de la puerta de entrada, envueltos en las mismas capuchas blancas con que hicieron su aparición a un lado de la carretera. Hay barrotes en las ventanas. Está prisionero, sin duda.

“¡Vamos!”, se frota los ojos con una mano.  “¿Cuál es la ventaja de ser un supersoldado entonces?”

“Bienvenido, …Dean”, dice la dama y el tono con que pronuncia su nombre suena a reverencia.

El cazador mira una vez más a su alrededor y descubre a Max en la cama contigua y a Dalton en la siguiente. Las nauseas lo atacan cuando intenta incorporarse de golpe. Mala idea. Tiene que volver a poner la cabeza en la almohada hasta que la habitación deja de dar vueltas en torno suyo.

“Calma, Dean”, aconseja la dama, “deberías permanecer recostado un poco más”.

El cazador hace caso omiso de la recomendación y se incorpora de nuevo, más lento ahora, titubeante, buscando comprobar la condición de Max. Aunque la morena tiene un color deslucido en el rostro, su pecho sube y baja en forma regular y no parece tener lesiones a la vista, sólo duerme profundamente. Demasiado profundamente.

“¿Qué le inyectaron?” reclama el cazador buscando el pulso en el cuello de la joven. “¿Calmante para caballos?”

La mujer se restriega nerviosamente las manos.

“De hecho, sí”, Dean se voltea de inmediato hacia ella reprobadoramente. “Pero, no te preocupes”, se apresura la mujer alzando las manos defensivamente. “No le dañará. Era necesario para hablar contigo tranquilamente”.

Dean se acerca a Dalton también pero al chico podría pasarle una manada de elefantes por el costado y no despertaría. Para entonces, la mayor parte del mareo inicial ha desaparecido. Mientras camina con calma de regreso hacia la dama, puede notar por el rabillo del ojo la tensión que se apodera de los hombres que portan los tasers. Se detiene con la mirada fija en las armas. No tiene ninguna intención de dejarse tocar por esas cosas. Aún recuerda cómo se siente la electricidad recorriendo cada célula de su cuerpo de la vez en que terminó en el hospital con un corazón con fecha de caducidad. No fue nada divertido.

“No soy el enemigo, Dean”, le habla la dama. Con una seña de su mano, los guardias bajan los tasers. “Ninguno de nosotros”.

A pesar de la explicación, Dean no deja de estar atento al movimiento de los sujetos.

“Si tú lo dices”, vuelve a encararla. “¿Cómo conoces mi nombre?

Ella mira hacia el sujeto que permanece cercano a la puerta y que no está armado. El hombre hace un pequeño gesto aprobatorio con su cabeza. La dama entonces va hacia una caja de madera antigua sobre una mesa en un rincón de la sala. De su interior extrae cuidadosamente, como si manipulara un objeto valioso y delicado, una foto que entrega al cazador. Dean la recibe y se asombra al comprobar que quien aparece allí es él mismo, con su cazadora negra, jeans desgastados y sus caterpillar. La instantánea parece haber sido tomada a escondidas, como si lo hubieran estado espiando. Es antigua y está un poco descolorida.

“Ustedes me trajeron aquí ¿no? Quiero decir, aquí, a este cuerpo, el cuerpo de Alec”.

“Sí, fuimos nosotros”

“¿Cómo?”

“Oramos y el Cielo nos contestó a través de un ángel que nos entregó un conjuro enoquiano”.

Dean entrecierra los ojos midiendo la respuesta de la dama.

“Un ángel”.

“Sí”.

“Un ángel les permitió hacer esto”.

“Sí”.

“¿Quién? ¿Rafael?”, era una opción, sabía que el Arcángel disfrutaría bastante la broma.

“No”, responde la dama. “Castiel”

“¿QUÉ? ¿Cas?”, no tiene muy claro por qué pero de alguna manera el afilado cuchillo de la traición golpea su entendimiento (y sus sentimientos, si es que se atreviera a reconocerlo). ¡Cas es su amigo, por Dios! Él no puede haberle hecho esto. “Tengo que hablar con él”.

La mujer duda y mira hacia el hombre en la puerta.

“Yo… Yo no sé si debieras hacerlo ”

“¡Vamos! ¡Platicamos todo el tiempo!”

“Nos advirtió que no lo convocáramos”, se escucha la voz del hombre que parece ser el líder y que hasta entonces se ha limitado a observar la escena. “Podría costarnos la vida, dijo. Sabemos que tú lo entiendes”.

Oh, claro que puede entenderlo. No es nada grato escuchar la voz de un ángel sin estar preparado. Tampoco perder la vista por atisbarlo en su forma original como sucedió con Pamela. Al menos, con él tuvo la delicadeza de hacerse de un recipiente humano. Súbitamente lo asalta una idea.

“Esperen. ¿Cómo vestía?”

“¿Cómo vestía?” La dama intercambia nuevas miradas perplejas con el líder. “Él era un ángel”

“¿No vestía un traje y un impermeable?”

“No, él…”, la voz de la mujer mantiene un tinte de inseguridad mientras intenta explicarse. “…Él era un ángel, luminoso, ruidoso… Caímos de rodillas para evitar que su gracia nos fulminara”.

De acuerdo, esto es nuevo. Parece que Castiel ha tenido un real ascenso en el Paraíso. Tal vez ni siquiera es más el camarada que alguna vez conoció.

“¿Dijo si volvería?”

La mujer muestra vergüenza de que sus palabras afecten tan malamente a Dean Winchester.

“No lo dijo, lo siento”.

El cazador baja la mirada, perdido un momento en sus pensamientos.

“Bueno, al menos tienen el conjuro”.

“Lo lamentamos”, le informa con seriedad el líder. “pero se desvaneció en cuanto hicimos uso de él”.

El cazador los mira a uno y a otro sin creer lo que escucha.

“¿Cómo es que voy a volver a mi cuerpo entonces?”

“Me temo que no lo sabemos”.

“¿Q-qué?”

“Castiel no lo dijo”.

El cazador guarda silencio un momento sopesando la situación, intentando no hundirse en la desazón ni caer en pánico. Si Castiel ha respaldado esto – y tiene la suficiente confianza aún en el ángel para creerlo- es que no va a dejarlo desamparado. Con un suspiro de resignación deja que el hombre práctico que ha sido siempre asuma el control.

“De acuerdo. ¿Qué es lo que quieren de mí?”

El hombre se adelanta hacia el cazador.

“Estamos en tiempos problemáticos, Dean. Las cosas son diferentes ahora”

“Sí, ya me di cuenta. Denme la versión corta”.

“Mi nombre es Milo y el de mi hermana, Edora. Somos Guardianes de la obra de Sandeman, el profeta”, suelta el hombre y espera la reacción de Dean.

“¿Sandeman? Ví su nombre en el expediente de Alec. ¿Qué tengo que ver yo con eso?”.

“Él te eligió”.

“¿Qué? ¿Por qué? ¿Para qué?”

El hombre, por toda respuesta, se acerca a la caja de donde salió la foto y saca una carpeta que pone en manos de Dean. En la portada, bajo el rótulo DONANTE, está escrito: Dean Winchester, #1469-299. Adentro hay todo un estudio de su persona y un detallado desglose del perfil de su sangre.

“No recuerdo haber conocido a alguien llamado Sandeman en toda mi vida. Y mucho menos haber donado a nadie algo de mi cuerpo a excepción de…tú sabes…el asunto de las abejas y las flores, intercambiar fluidos y todo eso”.

Edora y Milo lo miran, perplejos.

“Olvídenlo”.

“Quizás tú no lo conoces, pero él sabe todo sobre ti. Y nos dejó esto”.

El hombre extrae ahora un libro que Dean reconoce de inmediato: la primera novela de Chuck. No puede evitar reír al verla en manos del sujeto.

“Tienen que estar bromeando”

“No”, le responde el otro con total seriedad”. Sandeman dijo que en estas páginas encontraríamos todo lo que necesitamos saber acerca de ti”.

Dean continúa riendo mientras se acerca y toma el libro para hojearlo rápidamente. Ya casi había olvidado esa intromisión en su vida y la de su hermano por parte del buen Chuck.

“Puedo imaginar sus caras cuando lo dijo y luego les entregó esto. Eran libros para gente un tanto… excéntrica, ¿lo sabías?”

Cuando va a dejar el ejemplar junto con la carpeta de vuelta en la caja, se da cuenta que adentro está plagado de fotos suyas de distintas épocas. En algunas aparece joven, con una expresión pícara en el rostro, mirando a la cámara – de seguro robadas de alguna manera desde el maletero del Impala -, en otras, pasada la treintena, se aprecia cansado y triste, captado a hurtadillas.

“¿En serio? ¿Ustedes, zopencos, crearon un culto en torno a mi persona? Sé que soy algo fuera de este mundo pero, ¡esto es ridículo!”

“Tienes que detener el Advenimiento”, le suelta de improviso la dama.

“¿Uh?… ¿Cómo dices?”

“El fin del mundo”.

El cazador permanece en silencio un momento y luego se mira los zapatos buscando paciencia que ya empieza a hacérsele escasa. Finalmente levanta la vista hacia la dama.

“Tengo noticias para ti, er…¿Edora?: El Apocalipsis ya sucedió, hace varios años atrás”.

“No éste. Tienes que detenerlo como lo hiciste con el anterior”.

Dean comienza a mosquearse, dama o no la que tiene al frente.

“¡Vamos, señorita! No has leído los libros correctamente. Yo no detuve el Apocalipsis. Ese fue Sam, mi hermano y a un precio muy grande”.

“Él no lo habría hecho sin ti”.

Dean se pregunta si realmente está hablando en serio o sólo es el resultado de esa admiración insana que le brota por los poros hacia su persona.

“Aún no sé que esperan que yo haga

“Esto no se trata de ti”, continúa ahora el hombre como si adivinara los pensamientos del cazador. “Quiero decir, no sólo de ti. Esto es acerca del destino de la humanidad en las manos de ella” y su mirada se dirige ahora hacia Max. “Y su destino en las tuyas”.

“Ella es la esperanza de la humanidad”,  agrega la dama, “y tú tienes que defenderla de la amenaza que se cierne sobre su cabeza”.

“Esperen un minuto. Sé que pedí la versión corta pero parece ser que faltan algunos detalles como, por ejemplo, ¿cuál es el peligro que amenaza a Max? ¿Por qué este Sandeman quiere que yo sea su guardaespaldas? Me refiero a que ¿por qué no simplemente Alec?

“El Cónclave es una secta milenaria que desea eliminar la vida en el planeta mediante un virus al que sus miembros, que se llaman entre sí como Familiares, son inmunes gracias a un método de selección cruel pero efectivo. Sandeman fue uno de ellos, pero cuando recibió revelación desde lo alto y pudo ver con claridad, los abandonó y creó Manticore, un proyecto destinado a obtener, mediante la manipulación genética lo que el Cónclave ha logrado a través de los siglos con su método de selección y quizás superarlo. Sandeman logró un ejercito de soldados perfectos, invencibles, capaces de hacerle frente al ataque del Cónclave cuando éste sucediera. Con el tiempo, el gobierno tomó parte en su proyecto hasta apoderarse completamente de él. Max es una creación especial de Sandeman. Aún no sabemos cómo funciona pero puso en ella el arma para acabar con el virus y el Cónclave”.

Dean recuerda los tatuajes expandiéndose por la piel de la morena. Y también el lugar donde los vió por primera vez en su tiempo y el recuerdo envía una corriente eléctrica por su espina mientras sigue escuchando la explicación del encapuchado.

“Durante mucho tiempo, los Familiares han intentado eliminar sin éxito a los transgénicos, los únicos  capacitados para detener su plan de convertirse en la raza dominante en el planeta. Hace un par de semanas supimos, mediante uno de los nuestros infiltrado en sus filas, que de alguna manera han averiguado cuán especial es Max”. Aquí el hombre calla con la patente intención de darle énfasis a lo siguiente. “Y también cómo acabar con ella”.

Por un momento todos guardan silencio. Dean los observa con cara de pocos amigos.

“Y ustedes piensan que yo soy una especie de Kevin Costner del universo”.

“¿Qué?”

“No importa”.

“Eres un Servidor del Cielo”.

“Esa mierda ya acabó”

“Aún lo eres. Lo prometiste”

Sí, lo recuerda: Cas, el patio trasero en casa de Bobby, la desesperación del momento… ¿Te ofreces totalmente al servicio de Dios y sus ángeles?” “Sí. Exacto”. “¿Juras que seguirás su orden y su palabra tan rápida y obedientemente como si Él fuera tu propio padre?” “Sí, lo juro”.

“No, no lo soy” agarra la tela de la polera por el pecho. “Éste es el cuerpo de Alec, no el mío”.

“Pero es la misma sangre. La gracia vive en la sangre”.

Dean sólo los mira.

“Sabes que es verdad”, insiste Milo. “Lo has leído en tu piel, estoy seguro”.

El cazador guarda silencio un segundo y luego deja caer los hombros con un suspiro.

“¿Por qué tomarse tantas molestias en todo caso? Quiero decir, ¿por qué no buscar simplemente a mi yo del 2023?”

Ellos se miran el uno al otro, incómodos y Dean comprende.

“Wow. Estoy muerto”.

“El Cónclave no sabe nada acerca de ti, acerca del hermano de Sam en el cuerpo de Alec. Ellos sólo saben que tú, Dean Winchester, el cazador, el Servidor del Cielo, estás muerto”.

“Y ellos lo saben porque…”

“Los Familiares te asesinaron”, completa el hombre. “Sandeman sabía que podría ocurrir. Alec, o su gemelo Ben, si éste hubiera vivido, sería entonces el ancla para traerte de vuelta. Por supuesto, de esto último nos enteramos a través de Castiel”.

Las piezas comienzan a calzar en la mente del cazador.

“Es por eso que el tal Lydeker lo protegió tanto en Manticore, ¿verdad?”.

“Sí”

“¿Dónde está Sandeman?”

“Desapareció hace algunos años”.

Como Chuck, recuerda Dean. Quizás el sujeto sí era un profeta, después de todo.

“Hay… hay una cosa más”, agrega Milo.

“¿Más aún?”

“El peligro sobre Max involucra magia negra y poderosa y… a tu hermano”.

“¡Oh, mierda! ¡No me pedirás que mate a Sam!”

“Al contrario”, lo tranquiliza, “tienes que salvarlo a él también”.

“¿Cómo dijiste?”

“No sabemos aún con certeza cuál es su plan. Nuestro hermano fue descubierto y eliminado hace dos días así que no hemos podido obtener nueva información. Lo que sí sabemos es que están buscando a Sam, quieren su sangre”.

Su sangre, sangre de demonio, se recuerda a sí mismo el cazador, los remanentes de la gran aventura en el infierno, sangre maldita y maldiciente. Es como revivir una pesadilla una y otra vez, un  deja vú que nunca acaba. Puede sentir el nacimiento de una jaqueca en la base de su cráneo.

“Y ¿por qué debería creerte?”

En el rostro de Milo se pinta la victoria de haber captado al fin el interés del cazador.

“Sabemos donde está Sam”.

Dean enmudece por un momento mientras intenta tomar una determinación con cabeza fría. Pero no puede. ¡Demonios! ¡Es Sam! De seguro se arrepentirá después, pero es Sam.

“De acuerdo. Lo que haya que hacer, hagámoslo”

Capítulo 14.

»

  1. OMG! esto esta cada vez mejor, otra vez Dean a rescatar la humanidad del apocalipsis y Max es la salvadora xD jajaja ahora Dean es el guerrero de Dios xD mmm me pregunto como reaccionara Max ante esta informacion xP
    🐱

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