Fic: “Cuentas pendientes” 14/?

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Título: “Cuentas pendientes”.
Autor u Autora: Winchester_Mcdowell
Categoría: Crossover Supernatural / Dark Angel.
Calificación: Todo público

14

Alec.

Va camino a Gilette, Wyoming. De nuevo. Sólo que ahora el asunto es plural y no es arriba de una moto sino dentro del imponente Impala del ’67, propiedad de Dean y conducido por Sam.

Se ha echado en el asiento del copiloto, apoyado en la ventanilla de la que no se ha despegado desde que partieron un par de horas atrás. La pierna le duele, el efecto de los analgésicos hace rato se ha terminado y tiene que luchar contra el deseo de pedir otra dosis. Sam lo mira de reojo, preocupado.

“¿Estás bien?”

Alec tarda en responder.

“Yo siempre estoy bien”.

Sam no se lo cree, ya conoce la actitud. Pero lo deja ser. Alec permanece silencioso, aparentemente perdido en el paisaje.

“¿Crees que tu ángel desee que fastidie al mundo con el Pulso también?”, dice de repente en tono cansado y no es difícil deducir que ha estado repasando una y otra vez la situación en su cabeza.

“Tal vez”, responde Sam porque él tampoco tiene idea de lo que van a tener que hacer, sólo espera saberlo llegado el momento.

“Le preguntaré cuando lo vea de nuevo” dice Alec flojamente. “Necesito prepararme psicológicamente para eso”.

En ese momento siente vibrar el celular de Dean en su bolsillo.

“¿Quién es Lisa?”, pregunta después de examinar el visor. “Tengo millones de llamadas de ella”.

Sam le quita el teléfono en un solo movimiento que deja a Alec con la mano extendida y contesta.

“¿Lisa?… Sí, uh… Dean no puede responder en este momento… ¿qué?, no… dile a Ben que no se preocupe, él está bien… bueno,… lo estará…” La conversación parece haber logrado revivir al ex transgénico quien ahora sigue con atención las palabras de Sam. “…es sólo, ya sabes… tenemos una situación aquí… sí, esa clase de situación…… no, es sólo que…” le echa un vistazo a Alec a su lado, “…no ha sido él mismo últimamente… bien… de acuerdo… él les llamará apenas pueda… de acuerdo… adiós”.

Por supuesto, y Sam lo sabe por la manera en que Alec mantiene su mirada fija en él mientras le devuelve el celular, va a preguntar. Uno…dos…

“¿Dean es casado?”

“No”

“¿Quién es Lisa?”

“No es asunto tuyo”.

“Bueno… si no vuelvo a ser yo mismo, lo será. ¿Quién es Ben?”.

Sam lanza un suspiro de cansancio.

“Si no vuelves a ser tú mismo, lo cual es improbable, te lo diré”.

“¿Por qué no quieres contarme?”

“Porque son asuntos de Dean”.

“¡Yo soy Dean ahora! ¡Así me llamas todo el tiempo!”

Sam lo mira entre el asombro y el enojo.

“¡Eres imposible! ¡Recién te quejabas porque te llamo Dean por error! ¿Quién te entiende?”

Alec lo observa apretar el volante mientras intenta concentrarse de nuevo en la carretera.

“Eres un poquito gruñón, ¿sabes?”

“Descansa, Alec” y es la última frase que cruzan el resto del viaje.

Cuando arriban al motel de turno, Alec hace rato que duerme noqueado por el dolor, el cansancio y un cuerpo que, a su parecer, se agota rápidamente. Apenas abren la puerta del cuarto, aún atontado por el agotamiento, se apodera de la cama que tiene más cerca y se mete dentro deshaciéndose escasamente de los zapatos mientras camina hacia ella.  Sam tiene oportunidad entonces de darse una ducha con toda tranquilidad e incluso ir por algo de comer antes de meterse él mismo en la otra cama.  Tras asegurarse de que su compañero de viaje se encuentra en el séptimo sueño, apaga la luz y se deja envolver por el sopor del cansancio él también, no sin antes preguntarse en qué situación estará su hermano, dondequiera que se encuentre.

A la mañana siguiente, la cama contigua está vacía. Como un resorte, el cazador de pone de pie, presto a coger su ropa y salir corriendo tras el ex transgénico pero entonces, apenas ha agarrado sus pantalones cuando la voz de Alec le llega desde la mesa, atrás del laptop abierto.

“Buenos días, princesa. ¿Cuál es la prisa?”, le saluda sin apartar su concentración de la pantalla.

Sam resopla.

“¡Demonios, Alec!”

“¿Qué? ¿Te impresionan los madrugadores?

Sam termina de recolectar su ropa con calma y se encierra en el baño donde deja que el sobresalto y el enfado se vayan junto con el agua de la ducha. Cuando emerge de nuevo en la habitación, el cabello aún estilando, Alec continúa frente al laptop, el ceño fruncido en frustración.

“¿Qué estás haciendo?”

“Investigo”.

“¿Acerca de Manticore?”

“Más específicamente, busco una manera de entrar en su base de datos”. Se echa hacia atrás en la silla en un gesto cansado. “Y no tengo nada”

Sam se le acerca, interesado en el asunto.

“Entonces, Manticore existe”.

“Por supuesto, pero lo llaman Instituto Militar Manticore para Niños Dotados y su cupo de admision es ridículamente limitado, obviamente. Y…”. Le señala la pantalla donde un montón de datos se despliegan. “Todo es falso. Horas de horas trabajando para introducirme y todo lo que encuentro es falso. No puedo decir qué cosas aquí son diferentes de las que yo conozco. No sé si Max está allí… y viva”.

“Bueno, se supone que deberían tener toda su información adentro de la base, ¿no crees?. Diría que tenemos que ir allá”. Comienza a buscarentre el sinnúmero de identificacionesfalsas en su bolso. “¿FBI, quizás? ¿Seguridad Nacional?… Dean se encargaba de esto, no estoy muy seguro si…”

“No te canses, Sam. Esa idea no sirve. Nadie entra allí sin desfilar tres veces por revalidación del gobierno, así es que si no quieres pasar seis meses en una prisión militar de alta seguridad contestando preguntas comprometedoras, será mejor que lo dejes”.

Sam se detiene en su búsqueda, un tanto decepcionado.

“Oh… bueno, entonces…tendremos que pensar en otro método. Pero antes,” se pone de pie en busca de su chaqueta, “iremos por el desayuno”.

“Esa es una estupenda idea. Creo que este gran agujero que siento en mi estómago es hambre”.

Se incorpora también reprimiendo un ligero rictus de dolor.

“¿Qué tal tu pierna?”

“Maravilloso, hombre. Creo que nunca volveré a sentir dolor en mi vida”.

Sam sonríe comprensivamente.

“Vamos. Hay un pequeño restaurante al final de la cuadra”.

El lugar se llama “El cariño de mamá” y es atendido por mamá en persona lo que no le da a Alec la oportunidad de desplegar sus encantos para coquetear pero tampoco evita que mire sus cuartos traseros con todo descaro cuando la mujer se da la vuelta para ir por la orden porque, a sus cincuenta, mamá aún tiene bien puestas sus curvas. Ordena tarta, de ser posible de manzana, lo que hace sonreír a Sam y, una vez más, asombrarse de las similitudes entre su hermano y el joven que viste su cuerpo. La diferencia estriba en que en vez de café negro, Alec pide un tazón de leche caliente. Sam decide que le preguntará de eso más tarde, pero, al parecer su expresión, al observar el tazón de leche mientras mamá deja el pedido en la mesa, lo delata.

“Es una costumbre”, le explica Alec. “Existía una falla en el ADN transgénico. Fue reparada más tarde pero una vida entera bebiendo leche para evitar los ataques crea hábito”.

Y enseguida hace a un lado todo, incluyendo el desayuno de Sam para desplegar en la mesa el mapa que extrae del bolsillo interior de su chaqueta.

“¡Oye!”, reclama el cazador pero el otro lo ignora y se concentra en el mapa. Mientras lo examina, bebe de manera ausente su leche y picotea su trozo de tarta. Sam sólo lo observa en silencio hasta que le ve hacer un círculo con un lápiz en una zona específica.

“¿Qué es eso?”

“Manticore”.

“¿Buscas la ubicación de Manticore? Pensé que la conocías bien”

“Nos trasladaban dentro de camiones sellados, Sam”, le aclara mientras sus dedos recorren los caminos aledaños a su marca en el papel. “Nunca salíamos fuera de los límites de la base, así que yo sólo tenía nociones de su localización. Mi vida a partir de los 16 transcurrió entre el Manticore de Seattle y dondequiera me enviaban…” le echa una mirada incómoda a Sam, casi avergonzada. “…para las misiones. Gilette nunca más importó”.

Sam mira el mapa e intenta calcular las distancias.

“Está muy aislado. Tenemos que encontrar un método seguro de introducirnos.

“Trepemos los muros, diría yo”.

“¿Trepar los muros? ¿Hablas en serio? ¿qué parte de “método seguro” no entendiste?”

“Es directo, práctico, derecho al grano, amigo”.

“Se supone que tenemos que evitar el peligro, Alec. Especialmente para ti. Pero…”, alza las manos al aire. “¿Por qué no estoy sorprendido?”

“¿Porque es lo que tu hermano diría?” responde sin despegar los ojos del mapa y acabando con los restos de leche en su tazón. “Dean es listo”.

Repentinamente, la presencia de alguien más sentado a su lado hace que Alec se sobresalte y encuentre a Castiel mirando también el círculo en el mapa.

“¡Mierda!”, exclama y se pasa una mano por el rostro. “¿Por qué no te colocas una campana en el cuello?”

“La anomalía persiste”, informa el ángel. “¿Qué han estado haciendo?

Sam lo mira con algo de impaciencia.

“Estamos recién comenzando, Cas”. Se señala hacia sí mismo con ambas manos. “Humanos, ¿recuerdas?”

“Claro”, completa Alec. “Además, si eres tan poderoso, ¿por qué no reparas tú mismo todo este enredo, uh?”

“Puedo ayudar, pero no intervenir directamente”, replica el ángel con el tono monótono que le caracteriza. “Tienen libre albedrío, ustedes hacen la historia, no los ángeles. ¿Cuál es el próximo paso?”

“Bueno”, dice Sam, “pensamos introducirnos en la base que Manticore tiene en la zona para obtener la información que necesitamos sobre los amigos de Alec”.

“Bien, ¿cómo?”

“Vamos a trepar los muros”, contesta Alec con total naturalidad antes de que pueda hacerlo Sam. “Esta noche, de ser posible”.

“¡Alec! ¡No es eso lo que habíamos…!”

“Es un buen plan” interrumpe el ángel.

“¡Qué!” Sam mira a Castiel pero el ángel no le presta atención porque está mirando el mapa.

“Iremos esta noche”.

“¿Iremos?” replica Alec, una ceja en alto en descreimiento. “Pensé que habías dicho que no podías intervenir”.

“Puedo brindar apoyo”

“Esperen un minuto ustedes dos. No sabemos nada sobre este lugar…”

“Yo sí”, dice Alec.

“Tú mismo dijiste que tienen una increíble red de seguridad…”.

“…que yo conozco. Yo vivía allí, Sam. Se supone que tengo 15 años ahora, o sea, mi yo allí dentro, quiero decir, estoy allí ahora, es decir, mis recuerdos de la base son de esta época”.

“¿Y qué si no es así? ¿Si la base es una de las cosas que han cambiado y ya no es lo que tú conociste?”

Alec frunce el ceño en consideración.

“Bueno,… debemos tomar el riesgo. No hay otra opción. Además, con nuestro apoyo aquí presente,” y señala con un ligero movimiento de su cabeza hacia el ángel, “el asunto debiera ser un poco más fácil ¿no?”

Sam se echa hacia atrás y mira hacia el exterior del restaurante por la ventana mientras mueve la cabeza negativamente. La idea de arriesgar a Alec con su pierna herida le quita la paz. Se sorprende de lo mucho que le preocupa, más allá de que sea el pasaporte de regreso para su hermano, como si, a pesar de los cuatro años de diferencia en apariencia física, el transgénico se hubiera convertido, de alguna manera en su hermano menor, en alguien a quien proteger, incluso de sí mismo. Sobretodo, de sí mismo.

“Esto no suena bien”.

“Nadie dice que sí, Sam”, replica Alec. “Pero es lo que hay y necesitamos movernos rápido antes de que las cosas empeoren”.

“Alec está en lo cierto”, interviene Cas.

“¿Verdad que sí? ¡Hombre, eres sabio!”

“No tenemos tiempo, Sam. No sabemos cuál es la causa de esta anomalía, pero a cada minuto que pasa, podemos perder a Dean. Para siempre”.

“Gracias por acordarte de mí, amigo”, reclama Alec, indignado, y se vuelve hacia Castiel en el asiento abriendo los brazos. “¿Estoy pintado aquí, acaso? Dean no es la única víctima en esta situación”.

“Me disculpo”.

Alec hace un pequeño gesto con la cabeza indicando que acepta la disculpa y ambos hombres se vuelven hacia Sam que aún mira por la ventana.

“Supongo que tienen razón. Es lo que Dean haría, en todo caso”. Se vuelve hacia el ángel y el ex transgénico. “Así es que supongo que es lo que debemos hacer”.

“¿Esta noche, entonces?”

“Esta noche. Y tú…”, señala a Alec con el dedo, “…será mejor que cuides tus pasos”.

Alec se echa hacia atrás en el asiento con aire de suficiencia.

“Confía en mí. Sé lo que estoy haciendo”.

 

Capítulo 15

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  1. “¿Quién es Lisa?”, pregunta después de examinar el visor. “Tengo millones de llamadas de ella”. Sam le quita el teléfono en un solo movimiento que deja a Alec con la mano extendida y contesta. JA! ME LO IMAGINO VIENDO CADA VEZ QUE LISA LO LLAMABA Y ÉL SIMPLEMENTE NO ATENDÍA. DECI QUE LLAMO NUEVAMENTE Y ESTABA JUNTO A SAM, PARA APLACAR UN POCO LA PREOCUPACIÓN DE ELLA!!
    Por supuesto, y Sam lo sabe por la manera en que Alec mantiene su mirada fija en él mientras le devuelve el celular, va a preguntar. Uno…dos… SEA DEAN, SEA ALEC… LOS CONOCE TAN BIEN!
    “Eres un poquito gruñón, ¿sabes?” SEA CON ALEC O SEA CON DEAN, SAM ES SAM!
    “Buenos días, princesa. ¿Cuál es la prisa?”, HEY! QUE SE CREE ESTE, QUE EL ÚNICO QUE LO LLAMA ASÍ ES DEAN, QUE POR OCUPAR ESE CUERPO NO LE DA DERECHO!
    ES UNA MIERDA DE PLAN, PERO NO VEO OTRO MEJOR, ASI QUE A PONERLO EN MARCHA Y VER COMO RESULTAN.
    QUE PUEDE IR MAL!!! NO?

      • No, no me cae mal (si me baje DA 2º tempo solo por él) lo siento si di esa impresion, es que el cambio cada uno se lo tomo de forma tan distinta!!
        Cada uno a su modo volvio a la lucha.
        Y no se me ocurre mas, pero estoy espectante por igual para que cada uno pueda volver a su tiempo!!!

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