Fic: “Otra clase de ángel” 10/?

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Título: “Otra clase de ángel”.
Autor u Autora: Winchester_Mcdowell
Categoría: Supernatural.
Calificación: Todo público
Sumario: Dean aún no lo ha visto (ni lo ha vivido) todo.

10

 

Hay un peso sobre su pecho. No es suficientemente grande para sofocarlo, pero aún así, resulta bastante molesto. Y luego, una tibieza reconfortante se posa sobre su frente y le recorre el cuerpo. Amor. Alegría. Paz.

Castiel piensa en las voces en el cielo, no ese cielo oscuro que estaba sobre su cabeza la noche del escape mientras escuchaba a Dean llamarle ansiosamente desde algún lugar indefinible, sino El Cielo, millones de voces cantando alabanzas, todas al unísono, creando cosas al sonido del canto. Lo ve pero, al mismo tiempo, no lo ve. Percibe cómo la vida brota donde no la había, los desiertos se convierten en mares y los mares en desiertos. Sonríe y está seguro de que si fuera capaz de aullar de gozo, lo haría. Y entonces, tal como llegó, la euforia se ha ido.

“Cas”, escucha decir bajito. “Cas, ¿estás ahí?” y una mano infantil le levanta el párpado derecho en busca de su ojo. Angie está trepada sobre su pecho prácticamente nariz con nariz. La niña le sonríe al ver que ha regresado al mundo de los vivos. “Aún no me has mostrado tus alas”.

El ángel tiene que parpadear varias veces antes de comprender la pregunta.

“Quizás más tarde”, le dice cuando al fin lo hace y con calma comienza a incorporarse. Está sobre un sofá viejo, le han quitado su gabardina y le han cubierto con una manta que él hace a un lado mientras saca un pie y lo pone sobre el suelo. La niña deja que el mismo movimiento la desaloje del cuerpo del ángel mientras éste busca y viste su gabardina nuevamente.

“Tienes que proteger a mi papá. Él no me cree”.

Cas se voltea a verla y frunce el ceño, confundido.

“¿Protegerlo de qué, pequeña niña?”

Angie señala hacia el comedor a través de la puerta semiabierta.

“Sam”.

El ángel entonces dirige su mirada hacia donde Angie le indica y puede distinguir al reducido grupo humano reunido allí. Sentados alrededor de la mesa, Dean y Bobby observan al hombre que ocupa la silla frente a ellos. Es alto y tiene el pelo largo, como Sam, más que Sam, y viste de negro, ropas viejas, gastadas, el cansancio en cada gesto y algo más que Cas no alcanza a definir, algo oscuro, hondo, sin fondo. Casi sin darse cuenta está dando pasos hacia la puerta sin quitarle la vista de encima al extraño.

Angie se toma de su mano a medio camino y el contacto ya no produce cosquilleo, es más bien una sensación de confort familiar.

“Cas, ¿papá tiene alas?”.

La voz de la niña lo arranca de su embobamiento y lo obliga a detenerse.

“¿Qué?”

“Ví alas en mi papá”.

¿Dean? ¿Con alas?

“Yo… no lo creo posible”

Angie da un suspiro y deja caer los hombros.

“Tal vez sólo estaba soñando en verdad”.

Castiel vuelve a poner su atención en los hombres en la mesa.

“¿Es realmente Sam?”

“Sí. Dijo que ha estado fuera por casi siete meses y ha estado buscando a papá. ¡Atravesó los sellos!”, dice con una mezcla de asombro y enfado. “Pero, de todas maneras, no me gusta”, termina diciendo con un puchero en los labios.

“¿Cuáles sellos?”

“ESOS sellos”, y con la mano libre, le señala a través de la ventana donde las líneas trazadas a fuego en la tierra brillan con luz blanquecina semejantes a un anuncio de neón. El ángel los observa un instante y luego baja de nuevo la mirada hacia la niña.

“¿Quién los hizo?

Angie se señala orgullosamente con un dedo.

“¿Tú los hiciste?

Angie asiente y sus labios se curvan en una sonrisa satisfecha.

Cas vuelve a observar lo que se alcanza a apreciar de ellos a través de la ventana. Siente su poder aún a esa distancia, como el siseo en los oídos a los pies de una antena de alto voltaje.

“Bien hecho”, musita aunque no está muy seguro de por qué acepta con tanta naturalidad que una niña sepa de sellos contra demonios que ni él mismo conoce.

El ruido de la puerta, al darles paso hacia el comedor, atrae la atención sobre ellos. Dean se pone de pie de inmediato.

“Cas, ¿te encuentras bien?”, el ángel asiente brevemente y entonces el cazador ve a Angie asomándose por detrás de su gabardina, tomada de su mano. “Ahí estás. Comenzaba a preocuparme”. Toma asiento nuevamente y extiende un brazo hacia ella. “Ven, cariño”.

La niña no responde. Mira a su padre, luego a Sam y finalmente a Cas.

“Prefiere quedarse aquí,… si no te importa”, intercede el angel.

Dean baja lentamente el brazo, más preocupado que contrariado.

“Claro”.

“Así que… ella es… Angie”, dice Sam y la forma en que dice el nombre de la niña hace vibrar las alarmas en Cas. Es, sin duda, la voz de Sam. Pero al ángel le  suena a vacío, a agujero negro hambriento a punto de devorar una estrella, algo que no sería capaz de explicarle a Dean. No le extraña que la tensión se palpe en el ambiente. Mira al cazador que ha cogido una cerveza de las que están en el centro de la mesa y juguetea con ella.

“Sí, ella es”, dice el cazador y espera.

Bobby sostiene una botella en la mano y toma un sorbo directo de ella. Él también está esperando.

“Las cosas han cambiado mucho en estos meses”, comenta Sam pero no hace el menor intento de acercarse a la cerveza dispuesta frente a él. “Soy tío ahora”.

“Sí”, Dean observa con atención cómo las manos de su hermano se mantienen fijas a la mesa, en actitud rígida, como el resto de su cuerpo. “Lo eres”.

Castiel permanece en el mismo lugar durante los siguientes minutos, la niña aún tomada de su mano, intentando descifrar la situación, testigo del inútil intercambio de palabras que se establece. No sabe si la conversación ha transcurrido de la misma manera antes de que recuperara la conciencia en compañía de Angie, pero podría apostar que tampoco es mucho lo que han conseguido decirse los tres hombres desde entonces. Se observan, se tasan, se prueban y no se dicen nada al final. Absurdo gasto de tiempo. Avanza hacia la mesa, dejando libre a Angie, agarra una de las botellas, seguro de que son de la producción especial de Bobby para desenmascarar demonios, y la coloca frente a Sam. Luego mira a Dean.

“Si quieres saber si algo anda mal, deberías ser más directo”, y luego a Sam. “Bebe”.

“Acabo de dejar el infierno” dice “Así que deberán tener paciencia conmigo”.

“Dijiste que has estado siete meses fuera”, dice Castiel en su tono oficial de ángel del Señor.

“Y tres años adentro”, le responde Sam, alzando una mirada de helada furia hacia el ángel. “Tengo azufre en mis venas aún”.

Silencio, el impacto de sus palabras resonando en las paredes de la habitación por minutos.

“De acuerdo”, dice Dean mirando a uno y otro. “¿Qué tal una pausa? Todos nosotros necesitamos descansar, así que…”

“Iré afuera”, dice Sam y se pone de pie bruscamente, casi derribando la silla con el impulso. “Veré que esas cosas no regresen”.

Camino a la puerta, Iosephus le bufa desde un rincón, las orejas hacia atrás y en posición de ataque. Sam se detiene a mirarlo con la misma furia con que el gato lo vigila. Angie observa, boquiabierta, cómo los músculos en el brazo del hermano de su padre tiemblan espasmódicamente bajo la piel. Y aún está mirando cuando se da cuenta que el hombre ha dejado en paz al animal y tiene sus ojos fijos en ella. Angie contiene el aliento. El hombre la observa un instante más y luego sale por la puerta y se pierde en la oscuridad de la noche.

De inmediato el clima parece mejorar en la habitación. Angie busca el confort de los brazos de su padre y éste la acoge y la mantiene allí hasta que el sueño y el cansancio la derrotan al fin. Es casi la madrugada y, una vez más, nadie ha podido descansar apropiadamente. Para cuando Dean ha acomodado nuevamente a la niña en su lecho y Bobby se ha dormido en el sofá que ha dejado libre Castiel, el ángel se ha instalado afuera, ceño fruncido, frente a los sellos dibujados por la niña, examinándolos con detenimiento.

“¿Qué pasó ahí adentro?”, demanda la voz del cazador a sus espaldas mientras se le acerca.

“¿A qué te refieres?”

“¿Sam?”

“Angie está asustada”

“Me he dado cuenta”. Mira hacia el cielo que está clareando. “Me pregunto por qué”, mira a Cas. “¿Tú sabes?”.

“…”

“¿Cas?”

Pero el ángel está perdido en la escritura dentro del sello y parece no escucharle.

“Oficial de la iglesia…”, lee Castiel y se detiene.

“¿Qué?”

Castiel mira fijamente a Dean en silencio, mientras la voz de Angie se reproduce en su memoria “¿papá tiene alas?”. Y Dean lo mira de vuelta sin lograr interpretar la expresión en el rostro del ángel.

“¡Me estás asustando, hombre!”.

“Angie piensa que tienes alas”.

“¿Qué? ¿Por qué?”

“Lo soñó”.

Dean ríe.

“Sí, tiene sueños raros todo el tiempo”.

Castiel continúa mirándolo fijo hasta ponerlo nervioso bajo su escrutinio.

“¡Qué!”, protesta el cazador.

“El sello, es un nombre… un nombre especial”, y señala el sello. “Corresponde a… una especie de ángel… aunque, en rigor, no lo es. Se le denomina de esa manera porque no existe una palabra en ningún idioma para lo que en realidad es”.

“¿Por qué ustedes tienen que ser tan complicados siempre?”, dice con un movimiento negativo de su cabeza. “Como sea, ¿cómo se llama ese ángel-peronoángel?”

“No estoy autorizado para nombrarlo. Sólo un arcángel puede. Él es un… ” y nuevamente las palabras se atascan ante la duda de cuánto debe decir y cuánto retener. “…Oficial de la Iglesia”.

Dean arruga el ceño, confuso.

“¿Un Pastor?”

Castiel sacude la cabeza, comenzando a exasperarse.

“¡No, no! ¡No entiendes! ¡No estás escuchandome!”.

“¿Pues tú no te explicas muy bien, viejo!”.

“Es una especie de protector de la Iglesia, de la gente, un guerrero, un guardián”.

“¿Cómo… Michael?”

“Nadie es como Michael”.

Dean bufa, divertido.

“Suenas como una fangirl, Cas”.

“Es la verdad”, dice con calma obligando al cazador a retomar el asunto con seriedad.

“Entonces… el sello es un nombre, uno poderoso al parecer. ¿Cómo es que Angie lo conoce?”

Castiel se concentra nuevamente en los trazos en el suelo que no pierden su vigor a pesar de las horas transcurridas.

“No lo sé y quizás…” levanta la cabeza en dirección a Dean, asegurándose de que lo escucha. “…sería major dejarlo así”.

El cazador entrecierra los ojos escudriñando el rostro del ángel.

“Cas, ¿qué es lo que no me estás diciendo?”

“Los nombres son importantes”.

“Eso no es lo que te pregunté”.

“Él pertenece a las grandes ligas, Dean. El equivalente en el Cielo a los monstrous del Averno que hemos visto aquí”.

La sorpresa se pinta en el rostro de Dean.

“¿Tú… tú sabías qué eran esas cosas”

“No siempre”.

“Cas, ¿qué está sucediendo?”

El ángel respira profundo antes de contestar.

“Iba a decírtelo pero las circunstancias me lo impidieron”.

“¿Decirme qué?”

“…”

“¡Cas!”

“¡Estoy pensando cómo decírtelo!”

Dean lo toma del hombro y lo obliga con un ligero movimiento a olvidar el sello por un momento y enfrentarlo a la cara.

“¿Decirme qué?”

“Días atrás, cuando me preguntaste por Sam…”

“¿Sí?”

“Me preocupé, nunca me planteé que Sam pudiese estar fuera sin que yo estuviera al tanto, así que fui a buscar respuestas”.

“¿Y?”

“Hubo una fisura en el abismo”.

Dean siente nuevamente que se le eriza la piel.

“¿Qu… qué quieres decir?”

“Fue una gran fractura, Dean, como un catastrófico terremoto. Las criaturas escaparon del Infierno más profundo”.

“¿Te refieres a…” y tiene que aclararse la garganta antes de continuar. “… donde está… la jaula… de Lucifer?”

“Sí”.

“¿Él está afuera entonces también?”

“No”.

Dean se pasa la mano por el rostro y camina unos pasos alejándose de Castiel. Se detiene y mueve el peso de su cuerpo de un pie al otro antes de volver sobre sus pasos y plantarse de nuevo ante el ángel.

“¿Y tú piensas…?”, se pasa la mano de nuevo por el rostro. “¿Y tú piensas que Sam tiene que ver con todo eso?”

“Tal vez”.

“Pero pasó los sellos, ¿no?”

El ángel sólo baja la mirada.

Dean se retira un poco, eleva sus ojos al cielo.

“¿Qué está pasando aquí, Cas?”

“Quisiera poder responderte, amigo mío”.

A lo lejos, en el bosque, se escucha el chillido espeluznante de una de las criaturas, que distrae la atención de ambos.

“Vamos, Cas. Entremos”, dice Dean y comienza a andar hacia la casa. “Estás herido, necesitas descansar y estar bien. Por si acaso”.

Y el subtexto, por una vez, queda claro para el ángel. Camina hacia la casa detrás de Dean, pensando en la pequeña niña para quien debe mantenerse bien.

 

Capítulo 11.

»

  1. WIN WIN ERES GENIAL ESTE FIC ES DE LO MEJOR,,, DEAN ES UN ANGEL? Y CUAL ES EL NOMBRE DE ESE ANGEL PERO NO ANGEL? LO QUIERO SABER!!!! JAJAJAJA
    OTRA VEZ UN GRAN CAPITULO, ME ENCANTO ….. ME TIENES INTRIGADO SOBRE LAS ALAS DE DEAN Y SOBRE LA OSCURIDAD DE SAM….. XD
    HASTA EL PROX CAPI 🐱

  2. Jajajajajajajaja! no puedo creer que en verdad estes utlizando lo de oficial de la iglesia, lo bueno es que creo saber cual es el nombre en el sello.
    Me encanta la interacción entre Angie y Castiel y como describiste los pensamientos suyos al principio del capitulo. ¿Y Dean por que tendria alas (Además de tu obseción por el tema)?
    Osea que estas criaturas son diferentes a los demonios, porque si se escaparon de la jaula de lucifer tienen que ser que las encerraron con él.
    Sigo en las mismas ¿Quien es Angie? ¿Que le paso a Sam? si es que todavia es Sam, pero no quiero que sea malo.
    Te quedo genial el capitulo, estare esperando por el siguiente.

    • La verdad es que yo había leído en alguna parte el significado en inglés y no sabía cómo ponerlo en español. Y ahí vienes tú con la traducción de “el resplandor” y me solucionas el asunto.
      Con respecto a las alas, es algo que se irá explicando de a poco, ¿será acaso sólo el deseo de una niña o habrá algo más?
      Como le dije a nem_sa, es muy difícil que alguien pase por el infierno y no resulte afectado, así es que habrá que aguantar ciertos cambios en Sam, así como los hubo en Dean y esperar.
      Gracias por tus comentarios.
      Saludos.

  3. Muy, muy bueno, lo que sintió Cas cuando la niña lo fue a despertar, demasiado hermoso… pero me quedé con las ganas de que le dijera tío Cas! Eso de que Cas dijera por ella que se quería quedar con él (por miedo a Sam), me ha encantado.
    Lo de las alas de Dean sigue siendo un misterio, y no sé si sea Dean el oficial del señor (un angel que no es ángel, pero es como la versión celestial de los monstruos en el mundo. Eso me parece muy bien, porque hace que parezca el mundo más equilibrado) pero a mi me parece que es Angie la del escudo y Dean… algo menor a él… o Angie es una jesús, y Dean es el oficial… esto está complicado.
    Pobre Sam, tan atormentado que debe estar! Espero que sí sea él y que sea cosa de tiempo parta que vuelva a ser mas él.
    Me encantó que lo pusieras desde el POV de Castiel..
    bueno, en espera y chau!
    Pd: sin verguenza, te digo que los oneshotcillos de supernatural que he hecho están en la comu cuyo nombre no recuerdo, por si te da curiosidad…
    Chau!

    • ¿He dicho yo que Dean tiene alas, acaso? Lo dijo una niña de ocho años, no yo ;). Bromeo. Eso se aclarará más tarde, todavía tengo que consultarle a Angie de qué se trata.
      Respecto a tus one-shots, te prometo que en cuanto pueda relajarme, me daré un tiempito y los leeré.
      Saludos.
      Gracias por comentar. 🙂

  4. ahhhhhhhhhhhhhhhhaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaá lo sabía! sabía que Sam estaba en el ajo!!! jujujujujujujujujujujujuju XD ¿y ahora? nena, tienes el don de dejarnos en lo mejor ¬¬

    • O_o? ¿en el ajo?
      De eso se trata, de dejar a la gente enganchada ¿no? para que pida y suplique por el siguiente capítulo, je, je. Bromeo.
      Gracias por darte el tiempo de leer y comentar.
      SAludos 🙂

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