Fic: “Cuentas pendientes” 15/?

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Título: “Cuentas pendientes”.
Autor u Autora: Winchester_Mcdowell
Categoría: Crossover Supernatural / Dark Angel.
Calificación: Todo público

15.
Dean
 

“¡Cas!”, Dean grita en el claro frente a la cabaña hacia el cielo como lo ha hecho durante la última media hora. “¡Vamos, amigo! ¡Sé bueno! ¡Mueve tus alas! ¡Te necesito aquí!”
Nada.
“¡Maldito bastardo! ¡Muéstrate si tienes las bolas para hacerlo! ¡Caaaaaaaaaaaaaas…!”
Nada todavía.
“¡Mierda!”, Dean mira el suelo restaurando fuerzas y vuelve a acometer. “¡Juro que si no vienes inmediatamente, te rociaré con oleo santo y…!”
“¿Q-qué sucede?”, se asoma Dalton, los ojos soñolientos y el cabello en desorden, desde la puerta de la cabaña. Dean cierra la boca y baja los brazos, agotado, mientras el chico hace su camino hacia él.
“Nada, pequeño”.
“No soy un niño, deja de llamarme así” pero se ve como uno mientras se reúne con el cazador frotándose los ojos.
“Sí, sí”, le concede Dean. “Lo olvidé”.
“¿Por qué estás gritando? Vas a despertar a los muertos en mil kilómetros a la redonda”. Lo mira aprehensivo, repentinamente consciente de sus palabras. “¿Es eso posible?”
Dean ríe.
“Si conoces el conjuro correcto, puede ser”.
Dalton mira alrededor percatándose por primera vez del lugar en que se encuentran. La cabaña es grande y se ubica en medio de un bosque, en un pequeño claro, escondida de la vista de curiosos inoportunos.
“¿Qué…? ¿Cómo…?”
“Es una historia complicada. Espera a que estemos en camino y te la contaré. ¿Max?”
“Dormida”
“Bien, ve al vehículo y toma algo de comida para el desayuno”.
“¿Tenemos un vehículo?”
El cazador le señala el jeep aparcado a cierta distancia.
“¿Tenemos comida?”
“El maletero está repleto de ella. Elige algo y ve adentro. No tardes”.
Dalton ve desaparecer a Dean en el interior de la cabaña y se dirige hacia la parte posterior del vehículo. El cazador no bromeaba. Hay comida, ropa, armas, no sólo de las ordinarias sino de “esas” armas. Fascinado, extrae de su funda una espada de plata con grabados en el cuerpo de la hoja y la observa a la luz de la mañana. Y entonces, en el reflejo del metal, una difusa figura atraviesa el espacio a su espalda. Se voltea de inmediato pero lo único que hay allí, atrás suyo, es el bosque. Un escalofrío baja por su espina. Se pregunta si debería llamar a Dean como su primer impulso le dicta. Pero delante suyo tiene la escopeta cargada con sal y una daga de plata. Podría dar un vistazo por su cuenta, se dice. Tal vez no sea nada. O tal vez sea la oportunidad de probarle al cazador que no está tratando con un niño. ¡Por Dios! ¡Es un X-6, penúltima generación, preparado para formar parte de las tropas de élite! Ni siquiera se sorprende de la claridad del pensamiento, como si alguien lo hubiese instalado en su cabeza a propósito. Toma el rifle y la daga y camina hacia el bosque.

“Oye, princesita”.
Max abre los ojos y se encuentra con el semblante de Alec/Dean que observa divertido su somnolencia.
“¿Estuvo buena la siesta?”
“Nosoyunaprincesa”, y ni siquiera ella sabe qué ha dicho.
“Oh, verdad, eres una reina, perdón”.
La morena se incorpora lentamente en la cama. Su boca está pastosa y los músculos de sus extremidades parecen haber estado en hibernación por meses. Le echa una mirada confusa al lugar.
“¿Dónde… dónde estamos?”
“En un lugar seguro”, le asegura Dean mientras se pone de pie dándole lugar para que ella salga de la cama.
“¿Dónde están los tipos en bata?”
Intenta caminar pero la habitación aún da vueltas en su cabeza.
“¡Whoa!” Dean está a su lado de inmediato ayudándola a llegar hasta una silla en el pequeño comedor. “Aquí, con cuidado”.
“¡Estoy bien!”, intenta zafarse pero el cuerpo le obedece con demasiada lentitud y es inútil, Dean la tiene sujeta muy firme y muy cerca, demasiado tal vez. La recorre un estremecimiento. La droga en su sistema, de seguro. “¡Contesta mi pregunta!”.
Dean no le hace caso sino que la instala en el asiento frente a la mesa y pone ante ella una taza de café negro y humeante.
“Bebe”, Max mira con disgusto el contenido de la taza y abre la boca para protestar pero Dean es más rápido. “Créeme, te sentirás mejor”.
Max duda un momento y luego bebe el oscuro líquido. De inmediato su rostro se contrae ante la potencia de su sabor.
“Sólido, ¿verdad?”, sonríe el cazador que no le ha sacado la vista de encima esperando su reacción mientras él mismo se zampa sin ningún problema media taza del mismo brebaje.
La morena necesita unos segundos para recuperarse, pero Dean tiene razón, ya está despierta y definitivamente más lúcida. Carraspea un par de veces, temerosa de que su voz haya desaparecido ante la fuerza de la bebida.
“Entonces… ¿Los tipos?”, logra decir al fin.
Dean respira profundo y mira hacia su propia taza.
“Bueno, se llaman a sí mismos Guardianes y conocen quién soy y dijeron que estoy aquí por una razón y que desean ayudarnos”.
“¿Cómo?”
“Me dijeron dónde está Sam”.
“Vaya coincidencia. Sospechoso ¿no?”.
“Ellos me trajeron aquí”.
Max frunce el ceño.
“¿Por qué harían una cosa como esa?”
“Porque hace mucho tiempo hice una promesa y ahora debo cumplirla”
“Sé que me voy a arrepentir de preguntar esto pero, ¿cuál es esa promesa tan importante que los obligó a traerte aquí?”
“Todas las promesas son importantes, Maxie”.
“Dean. Concéntrate”
“Está bien, está bien. Prometí… que serviría al cielo y a los ángeles de Dios”
“Tú…¿qué?”
“Ya sé, de nuevo no me crees”.
“No, no, no es eso. Es sólo que… déjame pensar un segundo”.
Y, a continuación, casi sin darse cuenta acaba con el café que tiene en su taza, completamente perdida en sus pensamientos.
“Así que, usaron a Alec,” racionaliza entonces, “quien es tu clon, con tus genes y tu sangre, para traerte aquí y que puedas hacer tu trabajo”
“¡Bravo, Maxie! Eres rápida”.
“¿Por qué?”
“Er…¿Perdón?
“Sí, ¿por qué? ¿Cuál es ese trabajo?”
“Es algo que aún no tienen muy claro pero que implica a mi hermano”
“De acuerdo. ¿Dónde está el presente Tú?”
“Muerto”.
“Uh… lo siento, mis condolencias”, la morena baja la mirada y se entretiene dando vueltas a la taza vacía entre sus manos mientras trata de digerir la información. “Todo esto suena un poco…”
“¿… loco? Bueno, es la historia de mi vida. A veces siento como si realmente me estuviera volviendo loco, si es que ya no lo estoy, así que… como sea”.
Max no puede contener una ligera mueca que no pasa desapercibida para Dean.
“¿Qué?”
“No digas eso”.
“¿Qué fue lo que dije?”.
“Acerca de tu locura. No es divertido”.
“¿Por qué eres tan sensible al tema?”.
Max guarda silencio y por un momento Dean piensa que no le contestará.
“Demasiadas veces he estado asustada de que aparezca algún signo de demencia en Alec. Y con él, sabes, no es fácil. En ocasiones hace cosas descabelladas, sin sentido y he debido aprender que es sólo su carácter lo que le hace actuar de esa manera. Y entonces apareces tú”, hace un gesto hacia él con la mano. “y dices ser un cazador de fantasmas ¡Y del pasado para rematar! ¿qué podía pensar? Sí, he estado muy asustada desde que comenzó todo esto”.
“Y, ¿por qué temes eso?”
“A causa de Ben”
“¿Ben? ¿Qué tiene que ver Ben con todo esto?
“¿Qué sabes tú acerca de Ben?”
“Él es mi…” y entonces cae en la cuenta. “No creo que estemos hablando del mismo Ben”.
“Me refiero a Ben, tu gemelo… el gemelo de Alec”
“Oh, sí. Ahora recuerdo. Su nombre estaba en el expediente. ¿Qué hay sobre él?”
Y Max quiere contarle, como lo hizo alguna vez con Alec, pero su voz se ha quedado atrapada en la garganta y Dean se da cuenta.
“Bien, supongo que es una historia triste”, intenta ayudarla. “no tienes que…”
“Lo maté”, dice de sopetón.
Ambos guardan silencio un instante, el peso de la confesión sobre sus cabezas.
“Wow… Eso es… grave”.
“Era un psicópata. Asesinó gente. Estaba loco. Alec no lo conoció pero Ben estaba en mi Unidad, era mi hermano”.
“Y tuviste que detenerlo”.
“Él me pidió que lo matara. Estaba herido, Lydeker nos pisaba los talones, yo no podía huir y cargarlo a la vez. Él no deseaba que Manticore lo capturara así es que,…” Max voltea el rostro para evitar el esperable juicio del cazador. “Lo maté”.
“Max”, le llama Dean buscando que se voltee de nuevo hacia él, “Oye, Maxie”. Pero la morena se rehusa a mirarle. “Puedo imaginarlo. De verdad. Lo entiendo”. Finalmente, Max se voltea, una ceja arqueada en signo de incredulidad.
“¿Sí?”
“Soy hermano mayor, ¿recuerdas? Y Sam… bueno, Sam no es un dulce corderito y a veces él…” y por un segundo, su expresión se ensombrece. “Bueno, …duele como el infierno, pero a los hermanos tenemos que dejarlos ser y que tomen sus propias decisiones”.
Max no puede ver sino verdad en su mirada triste.
“Sí, lo sé. Pero aún así me pregunto si podría haber hecho algo más por él”.
“Los habrían capturado a los dos”. El cazador se encoge de hombros. “¿Habría servido eso de algo? ¿Hubiera deseado él que pasara eso?”
Se acerca y pone una mano sobre la de la morena.
“Lo que estoy diciendo Max, es que no vale la pena mortificarse por cosas que ya fueron y que no pueden cambiarse. Tienes un presente, un pueblo que tiene en tí su confianza para salir adelante. Eres especial Max, más de lo que piensan todos, más de lo que tú misma sabes” dice con convicción, demasiada, tal vez. Al momento siguiente Max le mira con ojos entrecerrados llenos de sospecha.
“¿Te han dicho algo de mí esos Guardianes?”
“Uh,… bueno… digamos que sí… pero, ¿quién puede tomar en serio las palabras de un hombre que se llama como el perro de Jim Carrey?
“¿Quién?”
“No importa. ¿Por qué Dalton no está aquí? ¿Está amasando pan o algo así?”.
“Gracias, Dean”.
El cazador mira a la morena y se da cuenta que lo dice en serio.
“Lo que necesites, cariño”.
“Puedo haberme equivocado”.
“¿En qué?”
“No eres tan parecido a Alec”. Dice antes de que pueda darse cuenta. “Quiero decir, sí, son similares, pero… de cierta manera… no eres como él… tú eres…” y ¡mierda! se le han subido los colores a la cara “No lo sé” termina bajando la mirada para esconder su turbación. Ella no es buena para compartir de corazón a corazón y no sabe por qué lo está haciendo ahora con la persona menos indicada. Tal vez los efectos de lo que sea que le han administrado los dichosos hombres en bata aún no se han desvanecido del todo. Cuando vuelve a levantar los ojos, Dean está evitando mirarla también y se muerde el labio inferior, claramente incómodo. Finalmente sus miradas se encuentran y él esboza su sonrisa fanfarrona.
“Bueno, ya te había dicho que soy adorable”. Se dirige de inmediato hacia la puerta. “¡Dalton! ¡Tengo hambre! ¡Arrastra tu trasero hasta acá! ¡Ahora!”
Pero Dalton no está a la vista. El maletero del jeep, sin embargo, está abierto. Dean se dirige hacia el vehículo atento al menor ruido a su alrededor. De un solo vistazo puede decir que falta un rifle. Y una daga. Bendita memoria transgénica. Acaba de cerrar el maletero cuando un ligero ruido a sus espaldas, lo obliga a girar sobre sus talones, listo para la lucha. Alcanza a agarrarlo del cuello de la chaqueta antes de darse cuenta de que se trata de Dalton.
“Cielos, niño! ¡No hagas eso!”, reclama mientras lo deja libre. “¿Dónde estabas?”
El chico levanta una mano temblorosa y señala hacia el bosque. Imposible no notar el temblor que lo recorre por entero. “¿Dalton?”
El chico tiene una palidez de muerte.
“N-no me siento bien”
El rifle cuelga de su brazo y se estremece al ritmo de las sacudidas sin control de su cuerpo. La daga sobresale de su cinturón. Dean lo examina de arriba abajo antes de cogerlo por los hombros y obligarle a sentarse en el jeep.
“¿Qué sucedió, Dalton?”
“No sé. Lo juro, no lo sé”.
El miedo emana por los poros del chico. El cazador, echa un vistazo hacia el bosque pero si hubo algo allí, ya se ha marchado.
“¿Estás seguro, niño?”
Al volverse nuevamente hacia el chico, los ojos de éste, muy abiertos y confusos, están clavados en su persona. Con lucidez chocante, advierte que el objeto de su miedo parece ser… él.
“¿Dalton?” alarga una mano hacia la cabeza del chico y éste, involuntariamente, se echa hacia atrás antes de poder controlarse. “¿Tienes miedo de mí?”
El chico no contesta en un principio, sigue temblando incontrolablemente, se abraza el cuerpo sin quebrar el contacto visual con el cazador.
“Yo… no me siento bien”, dice al fin y se derrumba hacia atrás en el asiento.


Capítulo 16

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