Fic: “Otra clase de ángel” 11/?

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Título: “Otra clase de ángel”.
Autor u Autora: Winchester_Mcdowell
Categoría: Supernatural.
Calificación: Todo público
Sumario: Dean aún no lo ha visto (ni lo ha vivido) todo.

 

11

El vómito surge con violencia, a cuatro manos en el suelo, el aire ausente de sus pulmones a causa de la desesperada carrera desde la casa. Ha dejado atrás el sello, la niña, a Dean, hasta caer agotado entre la hierba. Duele. Mucho. Su cuerpo se convulsiona ante el esfuerzo cuando ya no queda nada por vaciar.

“Es una chiquita poderosa, ¿verdad, Sammy? Una maravilla”.

Sam no necesita apartar su vista del suelo para saber a quién tiene a su espalda luciendo su sonrisa burlona.

“Cállate, puta”.

“Esa boquita, Sammy. Esperaría tan mala palabra de Dean, pero tú…”, la mujer de piel pálida y cabello oscuro avanza y se inclina hacia él buscando su rostro para examinarlo con atención. “Aunque ya no eres el mismo Tú de antes”, con una mano le alcanza parte del cabello despejándole la frente. “Se aprenden muchas cosas nuevas y útiles allá abajo”.

“Dije que te calles… PUTA”

Y enseguida, Meg pende en el aire, la garganta constreñida por una mano invisible y poderosa. Y sin embargo, mientras el cuerpo de su anfitriona de turno se contorsiona por conseguir oxígeno, la muy desgraciada sonríe.

“S-sabes…”, dice, la voz rasposa por el esfuerzo de hablar a través del ahogamiento. “Ell-lla está…stá viva… todav-vía”.

Porque acabar con los engendros del infierno, que son como bestias sin cerebro, no es lo mismo que asesinar a una pobre inocente sólo por ser el recipiente involuntario de una demonio (como lo fue también aquella muchacha rubia llamada Meg Masters en su momento) y Sam está demasiado agotado para fulminar a la hija de Azazel con esa cosa horrible que ha traído consigo en su interior desde el piso de abajo. Deja caer su mano desmañadamente y sin fuerzas y con ella a la demonio. El pecho se le contrae ante los latidos acelerados de su corazón mientras respira con dificultad. Es el sello. El maldito sello le ha hecho esto.

La mujer espera hasta recuperar el aliento antes de comenzar a ponerse de pie nuevamente, sin quitar los ojos de su objeto de tormento.

“Deberías rendirte, Sam. Campanita miente, es difícil mantener pensamientos felices todo el tiempo. No resistirás por siempre. Se te freirán las entrañas antes”.

“Púdrete”

“Dí lo que quieras. No puedes luchar contra lo que llevas adentro. Tú y yo, de cierta manera, somos hermanos, familia”.

“Voy a arrojar esta cosa fuera de mí”.

“Lo dudo”.

“Lo haré”

La demonio bufa con displicencia.

“La sangre llama a la sangre, Sammy. Un día, te unirás a nosotros, de una manera u otra”, dice y entonces su tono se dulcifica y si no supiera que los demonios mienten, Sam juraría que hay compasión en sus palabras. “Entonces descansarás, estarás en paz, tu dolor terminará”.

Sam aprieta los puños, incapaz de hacer más hasta no haber recuperado las fuerzas. La demonio deja escapar un suspiro, cambiando de nuevo y abruptamente su actitud.

“Como sea. Haz lo que te plazca. Tú decides,” y se voltea a medias dirigiendo su mirada hacia la casa que ha quedado cientos de metros atrás. “Tú pierdes”, su mirada cae de nuevo sobre Sam con una sonrisa perversa. “Pero nosotros siempre ganamos”.

“No lo permitiré”.

“Aww…¿Sammy quiere un trozo de pastelito también?” Su sonrisa se hace más siniestra aún si es eso posible. “Veremos quien lo alcanza primero”.

Comienza a retirarse pero se arrepiente y lo mira por sobre el hombro.

“Aún puedes ser el niño rey si quieres el puesto. Sería mucho más fácil para todos”.

“¡Vete de una buena vez, perra!”

“Estaré esperando por ti, Sammy”.

La mujer gira sobre sus talones y camina hacia lo profundo del bosque. Sólo entonces Sam se permite bajar la guardia y grita. Grita hasta que siente que los pulmones se disuelven en el empeño y el sonido que sale de su garganta se iguala al chillido de las criaturas que ha eliminado unas horas atrás, horripilantes cosas salidas del averno. Como él. Y se deja caer al suelo de nuevo de brazos abiertos, mirando al cielo, suplicando perdón.

Dios, duele tanto.

Cuando llega al barandal de la casa, ya es de día. Se detiene un instante frente al dibujo en la tierra mientras comienza a sentir ya el sinfín de agujas ardientes penetrando su cuerpo bajo la piel y el zumbido sordo en sus oídos que amenaza con hacerle perder la razón.

Castiel lo observa desde la puerta principal, inexpresivo como siempre. Sam le devuelve la mirada mientras da un paso hacia el interior del patio, pasando junto al sello, y se detiene un momento frente al ángel, desafiante, antes de ingresar por la puerta, haciéndole saber que no espera su permiso para ir en busca de su hermano.

El cansancio ha vencido al fin a los habitantes de la casa. Bobby está muerto al mundo en el sofá, cubierto con la manta que en algún momento cobijó al ángel herido. Sam podría apostar que ha sido Dean quien se la ha puesto encima.

A cierta distancia, Angie y el cazador duermen en el suelo sobre el colchón, Dean echado sobre las mantas como si sólo hubiera colapsado en ellas, un brazo rodeando protectoramente a la niña, la mano desaparecida misteriosamente bajo la almohada; Angie acurrucada contra el pecho del cazador, su mano firmemente agarrada al cuello de la chaqueta del hombre, como si el cazador fuese de su exclusiva propiedad.

Sam siente crecer un enojo ardiente en su pecho ante la escena tal como han crecido muchas cosas sin control desde hace tres años. Pasan frente a sus ojos las imágenes amadas de su niñez: Dean en su cama contándole historias, Dean atendiéndolo mientras está con peste, Dean consolándolo tras una pesadilla, comprándole caramelos con el dinero obtenido por arreglar el jardín de su vecina de turno, cediéndole su plato de cereal… Padre, madre, amigo, hermano, protector… Todo lo que ahora es para ESA niña. Da un respingo cuando la lucidez llega y lo coloca frente a lo torcido de sus pensamientos. Él sabe de dónde vienen y cómo hundirlos de nuevo en la nada. Es fácil cuando son así de claros. El problema es cuando se camuflan y no se pueden extirpar. Es entonces cuando pierde el control.

Sam considera por un momento contarle todo a Dean, pero no puede, no se atreve. Se siente un bodrio. Se estremece al reconocer que tal vez, si la niña no estuviese anclada en el corazón de su hermano, las cosas hubieran sido mucho más fáciles para él. Pero tenía que suceder que la pequeña corriera precisamente hacia Dean, SU hermano, elegirlo como su protector. ¿Podía ser la situación más cruel?

Castiel lo observa de nuevo, por no decir que le vigila. Percibe de reojo su silueta unos pasos atrás suyo, plantado frente a la puerta, siente sus ojos fijos en él como un peso sobre su espalda.

“Lo juro”, le dice sin volverse, “No le haré daño a mi hermano. Nunca más”.

Y Castiel quiere creerle.

Pero no abandona su guardia.

Capítulo 12.

»

  1. Bueno has hecho un trabajo maravilloso si lo que querias era ponerme a llorar por Sam, pobre no me imagino lo que tuvo que pasar en el infierno, esa angustia, ese dolor, todo es tan palpable y además su destino que parece empecinado en no dejarlo ser humano.
    Me encanta que hayas introducido a Meg (Me pregunto en donde estará en el programa porque que yo sepa ese fuego solo mata ángeles) y el hecho de que los sellos si lo hayan afectado solo me da más mala espina.
    Y dios, si va por Angie(¿Por qué? ¿Para qué?), ese parece ser todavia su propósito y pues le juro a Cas que no le iba a hacer daño a Dean, pero si le hace algo a Angie le va a hacer daño de todas maneras y encima tiene que pasar por encima de él para poder hacerle algo (Y deshacerse de Cas)… que angustia.
    Ya te dije que me gustó el capi???

  2. Me ha encanto que pusieras un POV de Sam, de que en verdad sigue siendo él, luchando con su parte demonio… que no es sólo representada por Meg. El que no haya seguido estragulándole cuando le dijera que el huesped está vivo, dice mucho de que Sam sigue siendo Sam, y que regresara al lugar donde se siente tan mal para cuidar a su hermano. El odio y celos que se le quiere meter en el cuerpo al ver a su hermano con la niña, quitándole su lugar, me ha encantado, y a Cas detrás de él, cuidando, mucho más.
    Creo que Sam pudo haber sido parte de la orda que quiere matar a la niña, pero que regresó en él cuando se dio cuenta de que Dean entró a la ecuación.
    Me tienes en la espera.
    Sigo!

    • En un par de capítulos más, yo creo, quedarán en claro las intenciones de Sam para con Angie.
      Sam es como un adicto, creo yo. No porque necesite alguna cosa en especial sino porque necesita estar luchando constantemente contra sus propios demonios. Así es como veo su regreso desde la jaula.
      Saludos 🙂

  3. hmmmmmmmm Sam celosillo… eso no traerá nada bueno… te diría que sufro viéndole así, pero no XD amo en parte ese Sam malo que estamos viendo y me gusta que lo reflejes aquí =)
    que Angie le de caña de una vez!!!!

    • Pues no, no traerá nada bueno.
      Pero tú sabes, nadie es completamente malo y es precisamente el conflicto interno lo que hace interesante a los personajes, sus contradicciones, sus aciertos y sus fallos y como se levanta después de haber caído.
      Saludos 🙂

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