Fic: “Otra clase de ángel” 12/?

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Título: “Otra clase de ángel”.
Autor u Autora: Winchester_Mcdowell
Categoría: Supernatural.
Calificación: Todo público
Sumario: Dean aún no lo ha visto (ni lo ha vivido) todo.

12.

El sol está alto cuando Angie se instala en la cocina, dispuesta a merendarse con entusiasmo el plato que Dean le ha preparado. Castiel se ha preocupado de hacer aparecer lo necesario apenas recuperadas las fuerzas.

Bobby vocifera en el teléfono en la otra habitación, hablando con Rufus, la mitad de sus palabras convertidas en jocosos y no tan jocosos insultos. El ángel, junto a la puerta principal abierta, parece apabullado por el calibre de ellos. Dean sonríe mientras vacía el contenido de la olla al plato y la niña parlotea sin parar.

Sam observa todo, de pie al lado de la ventana desde donde vigila el exterior y toda la escena es como un molesto escozor en alguna parte de su persona. Había esperado encontrar a Bobby tan hundido como lo había visto después que los perros del infierno reclamaran a Dean como su presa. Creyó que encontraría a su hermano acabado y triste. Pero nada es como lo había pensado.

Es a causa de la niña, piensa, se consuela, y de nuevo la dualidad en su interior se hace presente, su ser que se lamenta por Angie, por Dean, por él mismo y que, al mismo tiempo, tiembla de indignación ante el olvido en el que su hermano parece haberlo sepultado. Sólo tres años bastaron para que alguien tomara su lugar sin mayor esfuerzo.

Dean le planta un beso en el flequillo a la niña, gesto al que ella responde con una risita contagiosa antes de llevar a su boca la primera cucharada de su comida favorita (porque todo lo que prepara Dean es siempre su comida favorita). Luego el cazador se reúne con su hermano en la ventana.

“Pensé que te encontraría con Lisa”, le dice Sam mientras acepta el sándwich que le tiende Dean.

El cazador niega con un lento movimiento de cabeza.

“No funcionó”.

“Lo prometiste”.

“Sí, y no funcionó”.

Lo dice en tono ligero, concentrándose en el patio, a través del vidrio de la ventana, donde el sol lanza sus rayos templados. El mundo luce tranquilo allá afuera. Sam libera su sándwich de la servilleta en la que está envuelto y juega con él unos segundos antes de probar el primer mordisco.

“Lo intenté, Sam”, dice de pronto Dean aún sin apartar la mirada de la ventana, su propio sándwich sin probar. “Traté de vivir la vida de pie de manzana y también intenté traerte de vuelta… y no pude. Me dijeron que no permitirían tu salida jamás”, ríe a medias, sin alegría. “Hablé con el gran Joshua. ¿Puedes creer eso? Y dijo que no. Así que…”, echa un vistazo a la mesa del comedor donde aún descansan las botellas de cerveza a medio consumir. “…me ahogué en el alcohol”. Aún observándolo sólo de perfil, Sam puede ver como la desesperanza de esos tiempos regresa a su semblante. “Durante casi un año bebí todo el licor que pude conseguir. Tengo recuerdos vagos de ese periodo… me veo en alguna pelea de bar… arrojando mis entrañas en un baño público… conduciendo y esquivando vehículos en alguna calle… no sé cómo es que estoy vivo ahora. Hasta que una noche, en el suelo de un callejón lleno de vómito y orina, tuve la lucidez suficiente para pensar en ti… y que no querrías verme en ese estado”.

De repente, Sam ha perdido el apetito y la garganta se le cierra en un nudo. Porque comprende que aún significa algo para Dean, algo tan fuerte y tan grande como para arrancarlo de la desesperación. Pero, sobre todo, porque él también recuerda cómo es eso, la impotencia, el sabor amargo del licor barato en la lengua y la sensación de vacío en el alma.

“Entonces, lo dejé”, continúa Dean perdido en su remembranza. “Junté algo de dinero reparando autos clásicos, ¿te imaginas?, compré una cabaña y me recluí allí dentro”, y esta vez dirige su mirada hacia la cocina donde la niña continúa con su almuerzo, columpiando los pies bajo la mesa. “Entonces apareció Angie”.

Miles de agujas cobran vida en el cuerpo de Sam como púas ponzoñosas y ardientes atacando su carne ante la declaración.

“Ella es…” Sam respira profundo y se despeja la garganta tragando saliva. “… una buena niña”, consigue decir.

Dean lo mira con extrañeza.

“Claro que lo es”.

Sam siente que sus entrañas se encogen y se le dificulta el respirar.

“¿Estás bien?”, con el ceño fruncido, Dean se planta frente a él. “¿Estás bien?, repite.

Sam respira profundo enterrando el dolor bajo su piel una vez más.

“Estoy… Estoy bien”.

Pero Dean continúa mirándolo como si esperara descubrir sus más profundos secretos escritos en su frente.

“Tenemos una dirección”, anuncia en ese momento Bobby avanzando hacia ellos con un papel en la mano. “Winston Palladius. Rufus lo halló en el mismo pueblo donde vivía la pequeña”.

“¿Quién es ese?”, pregunta Sam, aliviado de que el interés de su hermano se desvíe hacia un nuevo asunto.

“Alguien que puede responder nuestras preguntas”, le contesta el cazador y luego a Bobby. “Entonces, ¿le contaste?”

“No, Dean. Sólo le dije a Rufus lo justo y necesario. Imaginé que no debíamos involucrar más personas de lo indispensable en esto”

“Bien”, el cazador se toma unos segundos para pensar y cuando levanta la mirada nuevamente se encuentra con el grupo de hombres esperando su instrucción. “Hum… deberíamos ir y conversar con él, ¿no?”

Bobby se voltea a medias dirigiendo la atención de todos hacia Angie en la cocina.

“¿Todos nosotros?”, y se vuelve hacia Dean. “Irán tras ella tan pronto ponga un pie fuera de esta casa”.

“Yo me quedaré. Tú puedes ir con Cas y Sam”.

“Claro” interviene Sam. “Y si esas cosas encuentran la manera de entrar, los aniquilarás con ¿qué? ¿un cuchillo?”

“Puedo quedarme también”, plantea Cas desde la puerta.

Sam deja escapar un bufido despreciativo.

“¿En serio? Porque la última vez no te fue muy bien”. Se vuelve hacia Dean. “Puedo ayudar. Puedo protegerla. Bobby y Castiel irán contigo”.

“No, me quedo”, dice de inmediato el cazador enfatizando su decisión con un movimiento de cabeza.

“Entonces, Bobby irá con Castiel”, insiste Sam.

“¡Puedo ir solo!”, dice Bobby. “¡No soy un maldito niño!”

“¡No!” y la voz de Dean suena a comando. “Necesitarás un apoyo”.

“¡Entonces, ve con él!”, porfía Sam.

“No te quiero aquí con Angie”.

Sam echa hacia atrás la cabeza como si hubiera recibido una bofetada.

“¿Qué?”

“Dean…” Bobby mira a uno y a otro viendo el enfado crecer en ambos hombres.

“Es cierto, Bobby. Y sé que tú tampoco lo quieres. No lo tomes a mal, Sam, pero acabas de aparecer, dices que no sabes cómo saliste, ella tiene miedo de ti y no voy a someterla a más stress del que ya tiene encima. Vé con Bobby. Yo me quedaré con Cas”.

Sam tensa la mandíbula, claramente molesto.

“Si Cas puede detenerlos igual que yo, entonces debería quedarse, pero todos aquí sabemos que nadie, excepto yo, puede hacerlo. Soy la única arma que tienen contra esos monstruos. Si ellos cruzan los sellos,” y mira a Cas. “¿serías capaz de combatirlos?”.

“No van a cruzar los sellos, no pueden”, insiste Dean.

“¡Yo lo hice!” recorre los rostros del grupo registrando su reacción. “Miren, esas cosas se pondrán peores. Lo sé. Las he visto”.

El silencio se apodera de la habitación.

“Tiene un punto”, razona Bobby dirigiéndose a Dean en voz queda. “Han ido empeorando con los días. El primero fue sólo un demonio ¿no?”

“Sí”, tiene que conceder el cazador también en voz baja. “Y después fueron tres, y luego una horda”

Silencio.

“De acuerdo, iremos Bobby y yo. Pero Cas se queda”.

“¿Papá?”

Angie está en el vano de la puerta de la cocina, los ojos húmedos a punto de rebalsarse.

“Cariño..”, el cazador camina hacia la niña y se acuclilla frente a ella para tenerla a su nivel.

“¡Dijiste que no me dejarías!”

“Nena, escúchame, por favor: Bobby no puede ir solo. Tú no quieres que le ocurra algo malo al abuelo, ¿verdad?”

“¿Por qué tienen que salir?” hipa entre sollozos, “Estamos seguros aquí, podemos quedarnos para siempre”.

Dean quisiera sonreír ante la ingenua lógica de la niña.

“No podemos, nena. Hay que solucionar esta situación. Así podremos volver a estar en paz todos nosotros”.

“¿Volveremos a casa? ¿a nuestra cabaña?”

“Si es posible, sí, lo haremos”

Angie echa un vistazo furtivo a Sam y luego se acurruca en el hombro de Dean, cerca de su oído.

“¿Sam también?” le dice bajito.

“Bueno… No sé… quizás… lo veremos luego, ¿de acuerdo?”

La niña se endereza buscando el rostro de su padre. Pone sus pequeñas manos a cada lado, obligándolo a mirarla a los ojos y le examina con aire serio como si buscara algo erróneo en él.

“¿Por qué no lo ves?”

“¿Qu… qué?”

“Deberías poder verlo”.

“¿De qué estás hablando?”

La niña baja las manos con un puchero en los labios.

“Nada. No importa. No quiero que me dejes”.

“No voy a dejarte, sólo me iré por un par de horas. Cas cuidará de ti mientras tanto. ¿Está bien?” Angie lo mira desde debajo de su flequillo, la cabeza gacha y el puchero aún en su boca. “¿Quién sabe? Quizás esta vez, te muestre sus alas”. Angie levanta un poco la cabeza y Dean puede ver el asomo de una sonrisa. “¿De acuerdo?” Ella asiente sin hablar. “Mi pequeña es una valiente”. Él le deposita un beso en la frente y ella le rodea el cuello con fuerza.

“Vuelve pronto, papito”.

“Lo haré, cariño”.

Le lleva aún un par de minutos convencerla de soltarse de su cuello. Para cuando lo logra, ya Bobby ha traído lo necesario desde su Van para el viaje. Dean ordena a Angie ir en busca de los animales y asegurarse que no han perdido sus trenzados, sólo para distraerla del momento de la partida. La mira con angustia mientras la niña corre tras Iosephus que se esconde bajo los muebles sin dejarse agarrar. Sam está al otro lado de la habitación, serio, inescrutable, siguiendo sus movimientos con la mirada. Dean ve por el rabillo del ojo que Cas se ha instalado a su lado. Respira profundo antes de poder hablarle.

“Cas…” y siente que le falta el aire para decir el resto.

“La cuidaré bien, Dean”

El ángel gira la cabeza hacia el cazador, a su lado, y espera. Cuando el otro le devuelve la mirada se asegura de hacerle ver la total solemnidad de su promesa. Y Dean acusa recibo.

“Gracias, Cas”.

Capítulo 13

»

  1. Hola!
    me parece muy bien llevado, de nuevo, el POV de Sam. Parece que en serio está en constante lucha consigo mismo. Como que los malos pensamientos y sentimientos que pueda tener él, se intensifican por su lado demoniaco. O es que en verdad, algo desde el punto de vista “instintivo” lo hace estar contra la niña, quién sabe. Y la cosa se ve que es recíproca. Por eso se entiende que todos los hombres machos de la casa tengan esa discusión por ver quién se queda y quien se va y claro, la idea de que nunca jamás Sam se debe quedar solo con la niña está por detrás de todo eso. Hasta con ver el POV de Sam y sabiendo que sigue ahí, pero en lucha, los lectores vemos eso… y claro que a Sam le duele y le sienta terrible que le digan que no lo quiere cerca de la niña, pero claro, se tiene que entender eso.
    Me gustó mucho que Dean le dijera como lo pasó sin él, que se había desmoronado y que su recuerdo lo hizo dejar el alcohol. Eso le sentó bien a Sam, era importante para él… y que luego, al ver el amor entre la niña y Dean, sintiera feo (y como eso se hace aún más enorme por lo “diablo” de él, me imagino) también.
    Veamos a ver como les va a ellos en sus misiones, y si encuentran más información sobre la niña!
    Esperemos que Sam y Cas hagan un gran dçuo pateatraseros y que Sam y Angie puedan hacer las paces pronto!
    chau!

    • Esperemos que Sam y Cas hagan un gran dçuo pateatraseros y que Sam y Angie puedan hacer las paces pronto!
      Creo que te llevarás una sorpresa 🙂
      Ya está arriba el cap. 13.
      Saludos.

  2. Ya no sé ni cómo sentirme con respecto a Sam, me siento realmente mal por él, pero no me inspira confianza en absoluto ¿Por qué se quiere quedar a solas con Angie? ¿Será que esos poderes también funcionan con los ángeles? Y mejor dejo de hacer conjeturas.
    El capi estuvo genial, me gusta como narras las cosas desde el punto de vista de los personajes. Quedo a la expectativa.

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