Fic: “Cuentas pendientes” 17/?

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Título: “Cuentas pendientes”.
Autor u Autora: Winchester_Mcdowell
Categoría: Crossover Supernatural / Dark Angel.
Calificación: Todo público.

¿Ni un sólo comentario para el 16?
¿Qué pasó?

17
Dean

Es fiebre, se dice. De otra manera no se explica por qué los pensamientos se atropellan unos a otros dentro de su mente. Y está también esa sensación intrusa, el convencimiento de que alguien hurga dentro suyo arrancándole a la fuerza sus memorias lejanas y recientes.

… Alec de pie frente a él en Jam Pony durante la revuelta, indicándole con voz firme y segura que sea su vigía en el segundo piso, su imagen creciendo como la de un gigante ante sus ojos…

…Max derrapando en su motocicleta al ingresar por los portones de Terminal City, un transgénico más a salvo agarrado a su espalda…

…Joshua sumiéndolo en un cálido abrazo que casi le quita el aliento hasta el desvanecimiento…

… Alec nombrándole medio en serio, medio en broma, como su ayudante oficial para hacer enfadar a Max, la bruja Reina, la antítesis de Alec, la que todo se lo toma demasiado en serio…

…Mole retándolo a fumar uno de sus puros sin dar vuelta el estómago en el intento…

…Gem regañándolo por su cuarto en desorden mientras él huye hacia el patio a reunirse con el resto de la pandilla x6 para hacer cosas de adolescentes…

…Alec de nuevo, grave, como nunca lo ha visto, dándole las órdenes del día que incluyen mantenerse a salvo en las bodegas de Terminal City haciendo inventario porque White de alguna manera ha infiltrado a sus hombres y hay batalla. “¡No soy un niño!”, protesta mientras intenta seguirle los pasos a Alec y éste se detiene y lo traspasa con una mirada que dice del mucho afecto que le tiene y de la necesidad de saber que se encuentra a salvo. “Lo sé, Dalton”, y Dalton sabe que habla en serio y su pecho se inflama con orgullo. “Pero te necesito aquí”…

…y luego Alec ya no está y el miedo se transforma en hielo en su estómago porque nadie sabe dónde está Alec, porque aquel que regresó de la expedición, la que resultó ser una trampa, no es Alec, luce como él pero no lo es… Alec… Dean… Dean… Alec… y Dean es como Alec, pero no es lo mismo… y en ese punto, eso que hurga dentro de él se congela y luego arremete buscando más acerca de Dean… Dean… y lo obliga a extraer el nombre completo desde allí donde ha quedado enterrado porque para Dalton es sólo Dean, el cazador de demonios, el que traerá a Alec de regreso, el que quiere hallar a su hermano ¿cuál es su nombre? Sam, su hermano Sam, a cualquier coste… Dean Winchester…

Despierta envuelto en una manta en el asiento trasero del jeep. Max conduce y Alec… no, Dean mira un papel ¿dónde está Alec? Dean ha asesinado a Alec.

“Hey, amigo, ¿cómo te sientes?”. Dean, medio girado en el asiento del copiloto, lo observa con lo que parece ser preocupación en su rostro mientras sostiene en una mano, contra su oído, un teléfono celular y en la otra, un mapa mal doblado.

…Dean ha asesinado a Alec para ocupar su cuerpo.

En un microsegundo los ojos del cazador se tornan negros como la noche para luego cambiar a su color normal. Dalton recuerda su pavor al regresar del bosque. ¿Por qué había ido allí en primer lugar? No lo recuerda. En seguida tenía el rifle en una mano y una cuchilla en la cintura y podría muy bien haber usado cualquiera de las dos armas contra el hombre que hurgueteaba en el maletero, como se lo pedía a gritos su instinto, pero tenía tanto miedo que simplemente no pudo hacer movimiento alguno.

…Dean ha asesinado a Alec.

Dalton traga saliva.

“Estoy bien”.

La media sonrisa que intenta Dean vacila al notar la sequedad con que le ha contestado el chico. Luego recuerda que tiene a alguien en el teléfono.

“Sí, disculpa, Logan”, dice al tiempo que vuelve a la posición normal en su asiento. “Era  Dalton… Él…” le echa un rápido vistazo. “No se encuentra en la mejor forma. Quizás el encuentro con los Guardianes y todo eso. No creo que drogar niños esté bien aunque se trate de transgénicos… Bueno, como te iba diciendo…”

Dalton lo mira fijo desde atrás. Cierra los ojos y ve inmensas alas rojas cubriendo la espalda del hombre, imposibles de contener en el espacio reducido de la cabina. Abre los ojos y pestañea un par de veces. No hay nada allí. Cierra los ojos nuevamente y los presiona con fuerza esperando que, sea lo que sea que hay allí, se vaya rápido.

“Sí”, continúa Dean en el asiento delantero. “Lo tengo”, aparta el celular de su oído y lo levanta buscando señal. Pequeñas luces titilantes aparecen en la pantalla en varios puntos de un mapa virtual. “Aquí estamos” vuelve el aparato a su oído mientras mira el mapa en su mano. “… ¿Qué le pasó a Nevada?… oh… wow…mejor no hubiera preguntado… de acuerdo… bien, er… ¿deseas hablar con tu chica?… ¿Logan?”

Max niega desde el asiento del conductor con un ansioso movimiento de cabeza pero Dean no se da por enterado.

“…De acuerdo… Te paso con ella. Adiós”.

El cazador le alcanza el celular a Max sin darle opción.

“¿Logan? Estoy conduciendo en este momento… Sí, lo sé… Es un gran lío… sí… Te llamaremos al llegar… Lo haré… sí… de acuerdo… adiós”.

Corta el llamado pero permanece unos segundos con la mirada en la pantalla antes de retornar su atención a la carretera. Dean la está mirando muy fijo.

“Eres un poco lacónica, ¿eh?”

“Así que”, le dice ella a cambio, desviando descaradamente el tema. “¿Eres mi ángel guardián?”

El cazador deja escapar un suspiro de fingida resignación.

“Sip, tu Kevin Costner personal. ¿Cantas bien, al menos?”

Max frunce el ceño.

“A veces dices cosas tan raras”.

Dean ríe de buena gana.

“No tan raras como una chica “ilustrada” quien salvará al mundo, lo que sea que eso signifique”.

Apenas dicho, se da cuenta que no debió hablar. A veces olvida que no todo el mundo comparte su sentido del humor. Max se afirma con un codo en la ventanilla y deja que su cuerpo refleje el desaliento que el recordatorio de su destino le provoca.

“Ups… lo siento. No quise decir…”

“No, está bien. Supongo que aún no me acostumbro a llevar el peso de la responsabilidad hasta ese punto”

Tiene razón, se da cuenta Dean. Ella tiene ¿cuánto? ¿22? ¿23? y acarrea la carga de toda una nación sobre sus hombros. Él sabe de eso. Bueno, en rigor, él acarreó el peso del mundo entero, pero al menos tenía a su hermano.

“Eres una chica valiente” se sincera él y agrega de inmediato, incómodo al darse cuenta que ha descuidado una de sus murallas, “Me refiero a que… Logan es un hombre afortunado”.

Ella sonríe sin alegría mientras deja el celular a un lado.

“¿Problemas en el paraíso?”

Ella se muerde el labio como sopesando si debe hablar o no.

“Es sólo que…” dice finalmente y deja escapar un suspiro. “No lo sé. Ya no es lo mismo. Supongo que ambos hemos cambiado”.

“¿Tiene algo que ver con Alec?”. Y Dean no sabe por qué está preguntando eso.

Ella sabe que debería dar una respuesta inmediata y firme, pero se sorprende a sí misma pensando dos veces antes de contestar.

“No lo creo”. Y una tercera vez. “No. No lo creo”.

La cabina permanece en silencio los siguientes minutos. La carretera, cada vez más deteriorada, se extiende frente al vehículo. Dean siente la mirada de Dalton clavada en su espalda desde el asiento trasero como si fuera un vínculo tangible. Tuerce el cuello en dirección al chico. En sus ojos hay desafío pero también temor apenas disimulado.

“Quizás deberías dormir un poco más”, le dice Dean y más que un consejo suena a orden. El chico se acomoda, algo reluctante, entre las mantas.

“¿Qué hay de ti?”, lo distrae Max, retomando el tema.

“¿De mí?”, bufa. “No soy bueno para ese tipo de relaciones. Soy más un espíritu libre”.

“¡Oh, vamos! Debe haber existido alguien especial en tu vida”.

Dean sonríe.

“Sí. Cassie, pero se espantó con todo el asunto de la caza. Se lo dije y me botó”.

“¿En serio?”

“Sí, totalmente”. Y su sonrisa decae un poco a continuación. “Y Lisa”.

“Ella se espantó también?

“No, ella sabía lo que hago. Convivimos casi dos años. Realmente intenté lo de llevar una vida normal”.

El cazador se sume en el silencio, como dando por cerrado el tema. A riesgo de tocar algún nervio sensible Max insiste.

“¿Y?”

“No funcionó”

“¿Qué pasó?”

Dean se encoge de hombros.

“No lo llevo bien cuando la gente me miente”.

Esta vez, Max se da cuenta de que el cazador ha terminado y no le dará mayores detalles. Una vez más no puede dejar de comparar porque en cierta manera es lo mismo con Alec, sacarle información a tirabuzón, hacerle confesar que algo le afecta a fuerza de amenazas. Es raro recordar a Alec cuando tiene su cuerpo al lado ocupado por otro.

“¿Tú crees…?” se le ocurre. “… tú sabes… ¿crees que Alec está adentro tuyo?”

Dean se sonríe picarón.

“Bueno, eso sonó sucio”.

Max lo mira desaprobadoramente.

“Está bien, está bien. Me pondré serio. No lo creo. Al menos, no siento a nadie más aquí. Sólo estoy yo. ¿Por qué?”

“Por nada”, y en verdad no tiene claro por qué lo ha preguntado. “Sólo… se me ocurrió… Olvídalo”.

Un bip en su celular hace que Dean se concentre de nuevo en el asunto que los tiene en la carretera.

“Estamos cerca del próximo Control”, anuncia. Busca dentro de su mochila, extrae papeles desde una carpeta y mira hacia el asiento trasero. “Hey, ¿estás despierto?”

El chico abre los ojos de inmediato. Claramente, no dormía.

“Toma”, le tiende un pase. “Eres mi hermanito por ahora”, y le sonríe. Dalton se fuerza a sonreírle de vuelta pero no resulta demasiado creíble. “¿Estás bien?”

El chico se encoleriza.

“¡Termina con eso! ¡Ya dije que estoy bien!”

Dean levanta las manos en señal de paz.

“De acuerdo, muchacho. Sólo preguntaba”, y a Max. “¿Nosotros nos enfermamos?”

Max aparta un momento su atención de la carretera y le echa un vistazo a Dalton con el ceño fruncido. El chico está pálido y algunas pocas gotas de sudor resbalan desde el nacimiento del cabello hacia su frente.

“A veces. Es raro, sin embargo”, dice como si el chico no estuviera presente. “Quizás deberíamos chequearlo más tarde”. Ya se puede distinguir el puesto de control unos cientos de metros más adelante. “Casi llegamos. Prepárate”.

Como si fuese lo más natural del mundo, el cazador se desliza en el asiento hasta quedar muy junto a la morena. Max siente el calor de su cercanía y la inusual sensación de cosquillas en el estómago. Se abofetea mentalmente por disfrutarlo un poquito.

“¿Uh? ¿Dean?”, le cuestiona ella, sin embargo.

“Eres mi novia, ¿correcto?”, y Max sólo puede sacudir la cabeza en reprobación y rodar los ojos mientras disminuye la velocidad para calzar con la posición de la barrera.

Uno de los guardias se acerca a la ventanilla.

“Papeles, por favor”.

“Por supuesto, oficial”.

Max le brinda la mayor de sus sonrisas junto con entregarle su identificación.

A un costado del camino, por detrás del jeep, algo se mueve rápido entre los árboles. Dalton lo capta con el rabillo del ojo. El deja vú de lo ocurrido en el otro bosque, alrededor de la cabaña, vuelve a él junto con la enfermante sensación de ser vulnerado en lo más íntimo de sus pensamientos. El terror comienza a apoderarse de nuevo de su espíritu, amenazando con privarlo de aire en un ataque de pánico. No hay nada allí, se dice, y respira profundo. Tampoco lo había en el bosque en la cabaña y Dean ha asesinado a Alec.

“¿…muchacho?”

…¿Quién evitará que haga lo mismo con Max?

“¡Muchacho!”

“Discúlpelo, señor”, escucha la voz de Dean justificándolo y sólo entonces se da cuenta de que el guardia está mirándole “No es el mismo desde el accidente”.

“¿Accidente?”, el guardia mira ahora a Dean con el ceño fruncido.

“Sí, mamá y papá…” y cualquiera le hubiera dado un premio al mejor actor por su expresión contrita. “Bueno, usted sabe… una cosa así no es fácil de superar”.

Los ojos del guardia reflejan compasión cuando vuelven a posarse en Dalton.

“Lo siento, niño”.

Dalton sólo hace un pequeño movimiento de asentimiento con su cabeza y busca entre sus mantas el pase que le ha entregado antes Dean. El guardia lo coge y lo examina sin mayor escrutinio antes de devolvérselo. Apoyando una mano en la ventanilla abierta, se dirige a Max y Dean.

“¿Cuál es su destino?”

“Salt Lake City”, responde Max, porque no hay autoridad en el mundo que le haga revelar que en realidad se dirigen a Denver, Colorado.

El guardia los mira, perplejo.

“Pero… No hay nada allí. Sólo polvo y basura”.

“Lo sabemos”, miente Max. “Es por eso que necesitamos encontrar a mi hermano” y Dean piensa que bien podría hacerlo en forma profesional, como él.

El hombre los mira con suspicacia, y por un momento Dean teme que no se tragará el cuento. Pero es un joven amable e impresionable y les devuelve los papeles.

“Buena suerte, entonces”.

Y le indica con una seña al de la cabina que accione la barrera.

Mientras se alejan del lugar, la morena se da cuenta que Dean la observa con una sonrisa juguetona en su semblante.

“¿Qué?”

“Eres una profesional”.

Ella le sonríe de vuelta.

“Gracias”.

En el asiento de atrás Dalton continúa mirando hacia el puesto de control por la ventana trasera y más allá de él, hacia el bosque, hasta que lo pierden de vista.

El agradable guardia camina de regreso a la cabina cuando desde ninguna parte y, al mismo tiempo, de todos lados, una nube negra se abate sobre él y le rompe el cuello con un sonoro ruido de latigazo. Su compañero corre a auxiliarlo desde la cabina, horrorizado por lo que acaba de ver, arma en mano, pero es tarde. No hay nada a qué disparar y su amigo está muerto. O tal vez no. Repentinamente, el hombre que había estado inerme en el suelo, su cabeza girada en un ángulo extraño, se sienta  y le sonríe, los ojos color petróleo.

“¿Qué mier…? ¿Carl?”

Pero ese no es Carl.

De un sorpresivo zarpazo, el demonio extrae el cuchillo que el guardia mantiene en su bota y realiza un solo corte en la garganta del otro.

Mientras el hombre cae empapando el asfalto del camino con su sangre, el demonio va con toda calma hacia la cabina y recoge un bol que usualmente es para el almuerzo. Regresa hasta el guardia que ya ha muerto y, colocando el bol bajo su garganta, recolecta una cierta cantidad de la sangre que aún sale a borbotones.

Cuando el ritual está listo, el demonio habla al interior del cuenco.

“¿Maestro?, adivine quién ha vuelto a la ciudad”.

Capítulo 18.

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