Fic: “Cuentas pendientes” 18/?

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Título: “Cuentas pendientes”.
Autor u Autora: Winchester_Mcdowell
Categoría: Crossover Supernatural / Dark Angel.
Calificación: Todo público.

18

Alec

“Zack está muerto”

El cazador y el ángel levantan la vista hacia el otrora soldado perfecto, echado al otro lado de la mesa frente a la pantalla del laptop, la cabeza descansando de costado sobre los brazos cruzados, sus palabras apenas entendibles por la posición en que su boca topa con el antebrazo.

Han esperado durante horas a que termine de chequear cada uno de los datos hurtados desde la base y es la primera frase no monosilábica que le escuchan decir desde que comenzó la tarea.

“¿Zack está muerto?”, repite Sam esperanzado en extraer algo más de ese simple pronunciamiento.

“Sí”

Pero, por supuesto, no podía ser tan fácil. Nada parece serlo con Alec.

“Y eso es importante porque…”

“Se supone que fue él quien lideró la fuga”.

Levanta la cabeza para apuntar con el dedo hacia la pantalla del laptop que tiene al frente.

“Tres más, X5-734, X5-210 y X5-656. Todos muertos. Max está todavía allí. Y Ben”. Vuelve a dejarse caer sobre la mesa. “No sé cómo voy a arreglar esto”.

El ángel se le acerca despacio y fijando su mirada en él, se sienta a su lado.

“Estás angustiado”, diagnostica después de un rato.

Alec le echa un vistazo como preguntándose de dónde ha salido el sujeto que tiene al frente.

“Gracias por las noticias, genio”. Mira a Sam. “¿Estás seguro que esta creatura es un ángel del Señor?”.

“Establece un hecho solamente, Alec. Está preocupado por ti”

Castiel le mira con verdadero interés, la cabeza ladeada y el ceño ligeramente hundido. Eso es nuevo para Alec. Es decir, Max solía preocuparse por él también pero siempre sus gestos de supuesto consuelo iban acompañados de epítetos nada cariñosos. No es que no reconociera que la chica realmente sentía afecto hacia él. Es sólo que reconocerlo abiertamente en la expresión de alguien, eso es nuevo.

“Gracias”, dice no muy seguro si corresponde o no decirlo, pero con la necesidad de hacerle saber que aprecia el detalle.

“De nada”.

Y con eso, imaginando que ya es suficiente de momento emo, Alec se reacomoda en su asiento.

“De acuerdo. Volvamos a trabajo. ¿Cómo lo hacemos?”

“Quizás si nos cuentas cómo sucedieron los hechos, podríamos imaginar una manera de reparar todo”, sugiere Sam mientras se instala a su lado con tal de tener acceso también él a la pantalla del laptop.

Con un suspiro, Alec hace hacia atrás el aparato para que los datos sean visibles para todos. Señala nombres y cuenta qué función cumplió cada uno durante la fuga, y posterior a ella, según los pormenores que Max le ha dado a conocer en sus cada vez menos raros momentos de confidencia. Joshua y él se habían convertido desde hacía bastante tiempo en el recipiente de sus pensamientos y temores, más que Logan, en vez de Logan. El ordinario era un buen tipo, a Alec le simpatizaba y había llegado a apreciarlo sinceramente, pero la verdad era que sólo un transgénico podía entender a otro.

Al parecer, Hanna, la dietista que sacó a Max del área de peligro esa noche, ya no trabajaba en la base desde hace meses; varios altos funcionarios, algunos de los cuales habían estado a cargo de supervisarlo en sus misiones en solitario en el presente que él conocía, han muerto en misteriosas circunstancias; Lydecker, por el contrario, parece mantenerse extrañamente invicto ante los acontecimientos y ha escalado un par de peldaños en la escala de poder; y Alec, a pesar de constar en los informes que es proclive a desarrollar pensamiento independiente, aún no ha recibido castigo alguno, quizás precisamente por la posición que ahora ocupa el otrora rudo guardián de los x5.

“¿Algo más que sea diferente?”

X5-766 está viva. Debería haber muerto un día antes de la fuga protegiendo a Max de la inspección diaria. Y X5-401 también”.

“¿Cómo saber si su presencia está afectando este presente?”, escucha a Sam preguntarse a sí mismo. “Quizás no deberían existir” y Alec se vuelve hacia él como si alguien le hubiese enterrado un aguijón.

“No voy a matar a nadie para solucionar ninguna maldita línea de tiempo”, declara con firmeza.

Y lo dice en serio. Mientras fue entrenamiento, con los peores asesinos condenados a muerte sirviendo como presa de caza, tal vez, y sólo tal vez, pudo haber estado bien. Pero aún recuerda su primera misión en la embajada rusa en Francia, la visión de la vida escabulléndose de su víctima tras un certero disparo directo al corazón, sus ojos mirándole con sorpresa, horrorizado ante la juventud de su asesino. Entonces ya no fue un juego. No es que pudiera hacer algo al respecto tampoco. Fue catalogado con buenas calificaciones por parte de sus supervisores y de no ser por los segundos de indecisión antes de apretar el gatillo (delatado por el aparato adosado a su pecho) y el detalle de preferir noquear a los guardias en vez de acabar con ellos, hubiera sido, lejos, el mejor de su unidad. Pasó las siguientes dos semanas lavándose constantemente las manos que sentía cubiertas de sangre y estuvo a punto de ser enviado de nuevo a Psy Op por ello.

Cuando los recuerdos se desvanecen encuentra la mirada del ángel posada en él con la parsimonia de siempre.

“No tenías opción entonces, Alec”, le dice.

El rostro del ex transgénico se demuda entre la rabia y la vergüenza. Si hubiera estado desnudo no podría haberse sentido más expuesto.

“Deja de escanear mi mente, amigo”. Y ahora es Sam quien le mira, perplejo. “¡Que haya sido diseñado como una máquina asesina no quiere decir que me guste hacerlo!”, le dice al cazador contestando a la pregunta que no ha sido formulada.

Sam lo mira un instante más, cierra el laptop con calma y lo retira un tanto, a las claras pensando en las palabras que dirá a continuación.

“Nunca te pediría algo así, Alec. Salvamos vidas, no asesinamos a gente inocente”.

Alec fija su mirada en la mesa. Mierda, se le han desbocado los caballos. Sam se inclina un poco intentando verle con claridad el rostro.

“¿Estás bien?”

Desde el otro lugar en la mesa, Cas le sigue mirando con intensidad, el rostro en blanco, casi como si fuera un insecto en estudio, provocando que la molestia crezca en el ex transgénico. Alec se gira en la silla para enfrentársele.

“Tengo algunas preguntas para ti”, le dice en tono desafiante. “Ya que estás tan interesado en mí, supongo que habrás averiguado por qué Manticore oculta la identidad de mi donador”.

“Órdenes de Sandeman”, dice Cas de inmediato como si estuviera programado para ello.

Alec lo mira con la misma intensidad intentando hallar el momento en que no decir la verdad se convierte en mentira.

“Es Dean, ¿verdad?”

“¿Qué?”, Cas alza las cejas abandonando su impasible actitud.

“El donador. Es Dean”.

“Yo… Yo no…”

Entonces el rostro de Alec se ilumina con el entendimiento en el momento exacto en que su cerebro encaja las piezas.

“¿Es por eso que están intentando acabar con él?”

Sam se siente perdido en el giro que ha dado la conversación.

“Estás equivocado, Alec. Es a ti a quien intentan asesinar”. Duda un instante y se gira hacia Cas en busca de confirmación. “¿Verdad? A causa de que él va a reparar el presente”.

“No, créeme”, insiste Alec sumando dos más dos mentalmente. “El policía iba tras de Dean, no de mí. El guardia también. Me separó de ti y me atacó con premeditación y alevosía porque pensó que yo era Dean. El tipo debería haberme reconocido, pero no lo hizo, estaba sorprendido de que yo fuera alguien más. Los familiares están buscando a Dean, no a mí”.

Sam está confuso.

“¿Por qué?”

“No lo sé, pero apostaría que no tienen idea que hay una anomalía en la línea de tiempo”.

Sam se vuelve hacia Cas.

“Alec tiene razón. Tú dijiste que ellos sabían acerca de Alec en el cuerpo de Dean”.

Cas es quien se ve confuso ahora.

“No entiendo de qué están hablando ustedes dos”

Alec levanta los brazos con impaciencia.

“¡El sujeto no me conocía! El guardia de Manticore me miró a los ojos y no supo quién era yo. Si su misión era matarme a mí, Alec, debería haberme reconocido al menos, ¿no?”.

Cas entrecierra los ojos en reflexión.

“Interesante”

“¿Interesante? ¿Es todo lo que vas a decir?”

“Supongo que los acontecimientos están variando mucho y rápido. Los límites entre causa y efecto se están desvaneciendo”.

“¿Qué?” exclaman al unísono Alec y Sam.

“Tiene sentido para mí”

Alec se lleva una mano hacia el puente de su nariz en un gesto que Sam reconoce como típico de Dean.

“Me está comenzando a doler la cabeza”, declara.

“Debemos apurarnos. Necesitamos contactar a Dean, hacerle saber qué está ocurriendo”.

Eso definitivamente es del interés de Sam.

“¿Puedes hacer eso?”

“Será difícil pero puedo intentarlo”.

 “¿Cómo?”

Por toda respuesta, Cas gira hacia Alec y Sam sigue la dirección de su mirada.

“¿Alec?”

“Es la misma sangre”, dice el ángel.

“Wow, wow, espera un segundo” advierte el ex transgénico mirando a uno y a otro mientras se pone de pie y da un paso hacia atrás. “Primero, no he terminado con mis preguntas; segundo, mi sangre está muy bien aquí, adentro mío, gracias, y me gusta de esa manera, así que cualquier cosa que estés pensando hacer, la respuesta es NO”.

“No voy a lastimarte y necesitamos contactar a  Dean”, le informa el ángel.

“¿Por qué todo es acerca de Dean? ¡Yo también tengo mis necesidades! ¡Soy tan víctima como él en esta situación!”

“Ya habías dicho eso”

“Bueno, parece que nadie me escuchó cuando lo hice”.

Sam no sabe si reírse o felicitar a Alec. El celo con que parece cuidar de su persona es precisamente lo que le gustaría ver en su hermano de vez en cuando.  

“Alec…”, intenta calmarlo.

“¡No me vengas con Alec, Sam! ¡Es la verdad!”

El cazador respira hondo y se vuelve hacia el ángel.

“Cas, ¿podrías responder al menos a sus preguntas antes de hacer lo que quieres hacer?”

El ángel asiente y dirige su atención al ex transgénico.

“Haz tus preguntas”.

“Acerca de Sandeman…”

“Él es un profeta”.

Alec rueda los ojos con impaciencia.

“Sí, sí, ya sé. ¿Tienes idea dónde está él?”

“No estoy autorizado para decirtelo”.

“¿Dean es mi padre?”

“No lo sé”

“¿Estás escondiendome información sobre mí o sobre Dean?”

“…”

“¿Cas?”

“No estoy autorizado…” el ángel baja la mirada, avergonzado. “Lo lamento”.

Alec siente como la rabia caliente le sube desde las entrañas.

“¿Qué clase de angel eres tú? ¡No puedes ayudar, no puedes hablar…! ¿Qué es lo que SÍ puedes hacer entonces?

“Alec…” comienza a advertirle Sam, inquieto por el tono con que el ex trangénico se dirige a Castiel.

“¡No, en serio! Porque se supone que los ángeles te ayudan, te confortan, pero él…!” y señala a Castiel que se le está acercando, demasiado a juicio de Sam. “¡… él no hace nada! Sólo da órdenes: no hagas eso…”

“¡Alec!”, vuelve a advertirle el cazador, pero ya Castiel está alzando su mano.

“…no hagas esto… y además…”, los dedos del ángel tocan su frente y enseguida Alec cae totalmente noqueado. Sam lo sostiene a medio camino al suelo.

“Está angustiado”, dice el ángel mientras el cazador lo coloca en el lecho. “Necesita descansar”.

 

Capítulo 19.

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