Cuento: “¿Saben cuándo es Navidad?”

Estándar

Hace mucho, mucho tiempo hice un cuento sobre la Navidad. Ganó un concurso cuando yo estaba por salir de la enseñanza media (o sea, la secundaria como se dice en muchos países). Casi no lo he tocado. Y como estamos en las fechas, he querido publicarlo.
Aquí va.

¿Saben cuándo es Navidad?

 

La antigua casona había sido explorada minuciosamente por MX-3 y sin embargo, el cuarto que aparecía en los planos, no se encontraba en ella.

MX-3 dio un suspiro de cansancio y volvió a echar un vistazo en el visor de la computadora que parpadeaba en la oscuridad delante suyo mostrándole en detalle todos los rincones del edificio. Según la máquina y sus cifras, el cuarto debía existir.

La casa había sido construída en el siglo veinte, en los tiempos del tatarabuelo. Fabricada con materiales firmes y de gran calidad, había resistido el paso del tiempo de tal manera que aún permanecía casi intacta. La familia de MX-3 se había trasladado hacía poco tiempo al edificio pero acostumbrados al uso racional del espacio habitable, sólo se habían preocupado de habilitar la sección que las necesidades familiares requerían.

Recientemente, MX-3 había encontrado los planos originales dentro de un destartalado baúl cuando impulsado por su curiosidad infantil, exploraba el resto de la casa.

Ahora trataba de adivinar en qué rincón se hallaba el cuarto misterioso que se había convertido desde aquel día en una verdadera obsesión aunque ni él mismo se explicaba por qué.

Luego de sacar ángulos matemáticos, ecuaciones, perspectivas y otros datos, logró determinar una posible ubicación dentro de los planos que le mostraba el visor de su computadora. Rápidamente se dirigió al lugar especificado mas su desilusión fue grande al constatar que las paredes no presentaban ninguna entrada: sólo había libreros, armarios, anaqueles y otros enseres que se utilizaban en tiempos remotos cuando no existían los chips de almacenamiento.

Revisó concienzudamente de nuevo sus cálculos. Justo a su derecha debía hallarse la puerta de entrada al cuarto… pero allí no encontró más que un macizo armario de anchas puertas cubriendo todo el espacio disponible de una esquina. Entonces se le ocurrió una idea. De bruces en el suelo, espió bajo las patas del armatoste y allí descubrió que efectivamente, tal como lo había pensado, detrás del mueble se hallaban los rastros de la puerta que andaba buscando.

Sin perder un segundo más, llevó a su pequeño robot cibernético, “Chico” lo llamaba él, para que le ayudara a remover el armario. Así, en unos momentos, la entrada estuvo despejada, lista a dar a conocer el secreto que su umbral escondía.

Con el corazón anhelante de la emoción, el niño puso su mano sobre el picaporte y con un suave quejido de metal viejo… la puerta se abrió.

Adentro reinaban las sombras. Por lo mismo, tardó un poco en acostumbrarse a la oscuridad, pero no bien lo hubo hecho, comenzó  a pasear su mirada por la infinidad de cosas que se abarrotaban en el interior. Una serie de objetos rectangulares ( libros, según le había dicho su padre en alguna ocasión) se hallaba en un rincón; personitas pequeñas (muñecas, según su madre) y otros objetos que no conocía se apilaban a su alrededor.

Lanzando una exclamación de asombro, el niño avanzó unos pasos más dentro del cuarto.

-¡Qué maravilla! ¡Qué reliquias! – recogió una nave chiquitita que se hallaba en el suelo- Ven, acércate- llamó a su robot- ¿Habías visto algo semejante?- el pequeño robot movió su cabeza metálica negativamente. El niño, fascinado, cogía los objetos y los miraba detenidamente, palpándolos por todos lados como queriendo convencerse de su solidez.

-¿Sabes? En realidad, no sé por qué estoy tan contento. Ha de ser porque logré lo que tanto deseaba.

            De repente, su mirada se quedó atascada en un rincón: allí, algo de gran tamaño parecía querer llamar su atención. El pequeño entonces se dirigió a la ventana y, tironeando con fuerza, abrió el grueso cortinaje para poder ver con mayor claridad. UN haz de luz entró poco a poco, a medida que la tela se iba desplazando, dejando percibir entre las sombras un árbol de plástico verde, conocido como pino, de gran altura, cubierto de polvo al igual que los decorados que colgaban de sus desgastadas ramas.

            El niño se acercó. A los pies del árbol se podía observar una figurillas primorosamente talladas, dispuestas en una escena dentro de un pequeño portal de madera y paja. La escena representaba a un grupo de personas rodeando a un niño pequeño y hermoso de rostro angelical.

            MX-3 permaneció varios segundos observándola con interés hasta que “Chico” atrajo su atención con dos sonoros silbidos. Estiró su brazo mecánico y le entregó algo que había recogido del piso.

-¿Qué es, “Chico”? – Lo recibió: era un pequeño libro de cuentos.- “Cuento de Navidad” – leyó – ¿Navidad? Dime computadora – preguntó a su computadora móvil – ¿Qué es Navidad?

            Transcurrieron algunos segundos antes de que la máquina contestara:

-No es computable.

            MX-3, entonces, abrió el libro y se quedó en silencio, contemplando las imágenes que allí aparecían.

 

 

 

-Papá-

            El hombre apartó la vista de la brillante pantalla que tenía delante suyo para atender a su hijo.

-¿Sí?, ¿qué quieres?

-Quería hacerte una pregunta.

-Pues, hazla.

-¿Qué es Navidad?

            La extrañeza se reflejó en el rostro del padre.

-Navidad…- pensó – Nunca antes había oído nombrar esa palabra.

-¿Y tú, mamá?- continuó MX-3

– No, tampoco – respondió ella – ¿de dónde la has sacado?

– De un libro que encontré – se lo mostró – Es antiguo y contiene láminas muy bonitas.

La mujer cogió el libro y después de hojearlo, se lo entregó al padre.

– Me parece que son creencias antiguas. No creo que tenga sentido prestarle atención – respondió el hombre después de ver el libro – Olvídalo – y volvió a concentrarse en la pantalla.

            A MX-3 no le gustó la respuesta pero prefirió no seguir insistiendo. Sabía que ya no podría olvidar el asunto. Tomó el pequeño libro entre sus manos y lo miró pensativo.

            Su madre pareció adivinar lo que pasaba por su mente en ese momento porque lo llamó aparte y le dijo:

– Hay un hombre que quizás te pueda contestar. Se llama SV-14 y tiene una pequeña tienda de antigüedades en el centro de la ciudad. Mañana debemos comenzar a hacer las compras de los regalos para el “Día del Cariño”. Si quieres, puedo llevarte con él.

MX-3 asintió, complacido.

 

 

Al otro día, mientas recorría las calles atestadas de gente, MX-3 se preguntaba la razón de aquel trajín que derivaba en el “Día del Cariño”, cuando todos obsequiaban hermosos presentes a sus seres más queridos. Todos los años, al llegar esa fecha, ocurría lo mismo: los comerciantes subían los precios, adornaban sus negocios con lindas moléculas luminosas, la gente iba por las calles cargada hasta no poder más con regalos, los autos repletos de obsequios…

– Es aquí – le dijo su madre interrumpiendo sus pensamientos. Estaban frente a una tienda, muy pequeña en comparación a los negocios colindantes, cuyas vitrinas exhibían antiguallas tales como relojes de cuarzo, televisores en color, radios portátiles y otras cosas más.

– Te dejaré aquí mientras voy en busca de los regalos. Luego te pasaré a recoger. ¿Entendido? – le dio un beso de despedida.

– Sí, mamá. Gracias.- La siguió con la mirada hasta que se perdió entre la multitud.

            Luego se volvió hacia la entrada de la tienda pero algo en la vitrina atrajo su atención irresistiblemente: en una esquina, adornado con luces y guirnaldas, se hallaba un pino, como el que encontrara en casa, sin polvo, el plástico nuevo y, bajo sus ramas, algunas figurillas rodeando a un pequeño niño en un pesebre.

– ¿Puedo ayudarte en algo? – la voz del anciano lo sobresaltó.

– Este… no… digo, sí… digo…

– Bueno, ¿en qué quedamos? – le dirigió una amistosa mirada desde atrás de sus anacrónicos anteojos.

– Es que… sólo quería hacerle una consulta.

– Entonces, pasemos adentro y me la haces cómodamente instalado en un sillón.

            Lo hizo pasar y junto con ofrecerle asiento, le sirvió un sabroso jugo de frutas al natural, cosa que MX-3 no había probado jamás.

– Bueno, ¿cuál sería esa consulta? – le preguntó, sentándose junto a él.

– Quisiera saber qué es la Navidad.

            El anciano sonrío afablemente.

– Es raro que en estos tiempos alguien se interese por la olvidada Navidad. Te explicaré: hace mucho tiempo, muchos siglos, la Navidad era un suceso que se esperaba ansiosamente durante todo el año. Cuando llegaba aquel día, la familia se reunía en torno a un árbol de Pascua, o de Navidad, adornado tal como el que tengo yo en la vitrina. Bajo él se hallaban los regalos que se entregaban a cada miembro de la familia como una forma de repartir amistad y cariño. A los niños pequeños se les decía que aquellos obsequios eran traídos por el Viejito Pascuero o Santa Klaus o Papá Noel, como se le nombrase según la región en que se habitaba – Se detuvo un momento recordando los detalles mientras se acariciaba la barbilla – Se decía que vivía en el Polo Norte, donde Junto a sus duendes ayudantes trabajaba durante todo el año fabricando juguetes para repartirlos el día de Navidad. Salía de noche, montado en un trineo mágico tirado por ciervos también mágicos que recorrían el cielo a gran velocidad lo que le permitía llegar a todos los rincones del mundo en pocas horas y así repartir los obsequios a los niños que los esperaban ansiosos.

– ¡Debió de haber sido un espectáculo maravilloso! – exclamó MX-3 – ¿qué es un trineo?

            El anciano rió ante la sorpresiva pregunta.

– Se me había olvidado que ya no existen en nuestra época y que es imposible que los conozcas – reflexionó un momento – ¿Has visto los vehículos para nieve?

– ¿Cuáles? ¿Los de energía solar o energía atómica?

– Cualquiera de ellos.

– Sí.

– Pues, los trineos eran algo semejante, sólo que en vez de la clase de energía que se utiliza actualmente contaba tan sólo con la fuerza de tiro de algunos animales como perros esquimales o ciervos en el caso del Viejito Pascuero. ¿Me entiendes?

– Sí – respondió acompañándose de un movimiento de cabeza – ¿De dónde surgió el Viejito Pascuero?

– Bueno, nunca se sabrá con exactitud, pero la leyenda dice que los Reyes Magos que fueron a adorar al Niño Jesús no eran tres sino cuatro, pero uno de ellos se perdió en el camino y no pudo llegar hasta el lugar del nacimiento del pequeño así que, viéndose argado de regalos para el niño, comenzó a repartirlos por todo el mundo.

– ¿Reyes Magos? ¿Niño Jesús?… ¿Podría explicármelo?

– Por supuesto. Hemos llegado al verdadero origen de la Navidad: hace miles de años, en un pueblito llamado Belén, nació un niño llamado Jesús que habría de traer un mensaje de paz y de amor al mundo. Eran las doce de la noche de un veinticuatro de Diciembre.

– ¡El día del Cariño! – exclamó MX-3.

– Así es – le dijo y prosiguió- Algunos pastores acudieron al humilde portal donde había nacido el Niño Dios guiados por un coro de ángeles – Diciendo esto sacó de una caja las mismas figurillas que había en la vitrina y las dispuso en una mesita – Pero ellos no fueron los únicos que recibieron el aviso: lejos, en el Oriente, tres sabios Reyes recibieron la noticia del nacimiento mediante un aviso divino y siguiendo una resplandeciente estrella llegaron hasta el pueblito de Belén donde ofrecieron sus regalos, oro, incienso y mirra, al niño Jesús – agregó las estatuillas de los tres personajes pero en ese momento advirtió que MX-3 parecía no prestarle atención – ¿Me estás escuchando?

– Estaba pensando que si en realidad el Niño Jesús trajo la paz y el amor, ¿por qué, entonces, hubo tantas guerras y odio en el pasado?

– Buena pregunta. Es la misma que se hacían nuestros antepasados al ver que muchos no querían escuchar el mensaje del Niño Dios. Sí, hubo mucho odio y mucha desgracia de los hombres para los hombres. Sin embargo, siempre la Navidad constituyó una noche de paz, cualquiera que fuese la circunstancia en que se encontrara la humanidad. Muchas veces, esa noche los enemigos que se hallaban en guerra, mantenían una tregua e incluso hubo una ocasión en que hasta se hicieron obsequios de uno a otro lado de las trincheras, enviándoselos dentro de granadas vacías. Era la noche en que se olvidaban las rencillas personales y todos volvían a ser hermanos. A los hombres les costó mucho tiempo y trabajo comprender el mensaje que había traído el Niño Jesús, mas una vez que lo lograron, se olvidaron del mensajero y sólo se preocuparon de los signos externos que traía consigo la Navidad, los regalos y esas cosas. Fue de este modo que nació el “Día del Cariño”. Ya no hubo arbolitos de pascua, ni Viejito Pascuero, ni cumpleaños del Niño Dios… no hubo más espíritu navideño – siguió un momento de silencio en que MX-3 observó con detenimiento las figurillas que había en la mesa.

– Cuando llegue mi mamá, ¿querría vendérmelo? – señaló el pesebre – Ella le pagará.

– No.

– ¿No?

            El anciano sonrió.

– Quiero regalártelo. Así no olvidarás nunca nuestra conversación – comenzó a armar el paquete para que el niño pudiese llevárselo.

– De todas maneras – murmuró MX-3 – no la hubiera olvidado.

 

 

 

            Días después MX-3 llegaba a la escuela y al ver a sus amigos corrió hacia ellos diciéndoles:

– Muchachos, ¿saben cuándo es Navidad?

            Los niños se miraron extrañados.

-¿Qué es eso?- preguntó uno de ellos y MX-3 comenzó a relatarles, en pocas palabras, lo que había aprendido de SV-14 pero en la mitad de la narración varios de sus oyentes comenzaron a retirarse exclamando:

– ¡Pamplinas!

– ¡Tonterías!

            Al terminar MX-3 de hablar, sólo cinco de sus amigos permanecían junto a él, en silencio. Su desilusión se disipó, sin embargo, cuando éstos comenzaron a hablar.

– ¡Es una lástima que la Navidad ya no se celebre! – dijo BR-4

– Sí, sería muy bonito que se volviesen a practicar esas costumbres nevideñas – añadió TQ-102, hermana del niño que había hablado antes.

– Pues, ¿por qué no comenzamos a hacerlo nosotros? – propuso MP-34 – Faltan tres días para el “Día del Cariño”, o sea, la Navidad. Aún hay tiempo para preparar algo.

– ¡Es precisamente lo que yo quería proponerles! – exclamó MX-3, contentísimo.

– Entonces, queda acordado – concluyó MP-34 – invitaremos a nuestros apdres y amigos, pero, ¿dónde nos reuniremos esa noche?

– Me parece que mi casa es el lugar más adecuado – concluyó MX-3 – En el cuarto que encontré hay de todo para ambientar al estilo navideño.

            Así quedó todo arreglado. Sin embargo, no contaban con el rotundo NO que les darían sus padres por considerar totalmente ridícula aquella iniciativa. Aún más, el padre de MX-3 le advirtió claramente que no podría utilizar el cuarto para realizar una “ceremonia de siglos pasados, totalmente retrógrada y sin sentido”.

            A pesar de ello, los niños no se dieron por vencidos. Durante los días que aún restaban, encargaron a la computadora textil que les confeccionara trajes semejantes a los que portaban las figurillas que le había regalado SV-14 a MX-3, arreglaron el arbolito de Navidad, el que sacaron del cuarto con ayuda de sus pequeños robots mascotas, y lo instalaron en el patio.

            Mientras MX-3 y sus amigos realizaban estos preparativos, los niños que no habían querido continuar escuchando lo que relataba el chiquillo acerca de la Navidad, al enterarse de lo que pretendían hacer, prepararon su propia fiesta: fabricaron bombas de merengue, de agua y pusieron a punto sus pistolas láser de agua de juguete con la intención de interrumpir la celebración de la Navidad que harían MX-3 y los otros niños.

 

 

            Así llegó el día que con tantas ansias estaba esperando MX-3.

            A las once de la noche del veinticuatro de Diciembre, cada uno de los pequeños se escabulló de su casa, vestido con los trajes fabricados por la computadora y, por su parte, cada uno de los niños dispuestos a molestar hizo lo propio.

            En el lugar concertado (el patio de la casa de MX-3), todo ya estaba dispuesto. Bajo el árbol de pascua se hallaba el pesebre con las figurillas.

            A medida que iban llegando se instalaban alrededor del pesebre. Cuandoe stuvieron todos reunidos se miraron unos a otros sin saber qué hacer.

– Bueno – dijo al fin TV-400 – ¿Y ahora qué?

            MP-34 extrajo de su bolsillo varios papelitos y los repartió.

– Escribí una canción. A lo mejor sería conveniente comenzar cantándola – MP-34 no lo sabía pero había creado el primer villancico en varios siglos – La melodía corresponde al comercial del modelo Jet 407P que se utiliza para llegar al planeta Epsilon.

            Ni siquiera sospecharon que desde atrás de los matorrales había más de alguien preparado a lanzar bombas de merengue.

– Comencemos – dijo MX-3:

 

“¿Saben cuándo es Navidad?

Cuando los hombres abren sus corazones

y entonan sencillas canciones

hablando del amor y la concordia

¿Saben cuándo es Navidad?

Cuando el Niño Dios abre sus ojos

y recibe incienso, mirra y oro

de los tres Reyes Magos

que desde el Oriente han llegado

tan sólo para adorarlo.

Pues, aunque humilde es su cuna,

su trono, el mayor ha de ser

porque no hay reino más grande

sino el que tiene el Amor y la Paz presente”.

 

            Las voces infantiles se oían dulces y melodiosas desde un principio, pero de pronto hubo un cambio: las notas que escapaban de sus gargantas parecieron haberse transformado en algo transparente, suave y delicado y la luz que iluminaba el pesebre se hizo aún más intensa. Pero aquella luminosidad nueva no pertenecía a la lámpara fluorescente que habían llevado los pequeños sino que surgía de la figura central de la escena representada: el niñito Jesús.

            En ese momento MX-3 descubrió que ya no cantaban tan sólo él y sus amigos: los niños que se escondían tras los matorrales habían dejado dejado de lado sus malas intenciones y se habían ido acercando uno a uno, en un principio boquiabiertos, contemplando absortos aquella luz de origen desconocido que hacía brillar sus propios rostros como nunca antes.

            MX-3 sonrió feliz y al volver la mirada sobre el niñito Jesús, le pareció que nunca había visto un rostro ni una expresión de paz tan bellos como los que ahora contemplaba.

-¡Miren!- TQ-103 señalaba hacia el cielo. Allí, justo sobre sus cabezas, una gran estrella parecía hacerles señas desde el infinito.

-¡Ha nacido el Niño Dios! – exclamó MX-3 y tomando de la mano a sus amigos volvió a entonar el villancico, ejemplo que siguieron los demás y así continuaron hasta que la estrella perdió su brillo y desapareció.

FIN

Licencia de Creative Commons
“¿Saben cuándo es Navidad? by Marcela Alejandra Ponce Trujillo is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.

Para que no se nos olvide que el protagonista aquí no es el Viejito Pascuero ni el Árbol de Navidad ni los regalos ni todas esas cosas que nos hemos inventado a través de los años.

Feliz Navidad a tod@s y que el Señor Jesús l@s bendiga hoy y siempre.


 

»

  1. Feliz Navidad para ti también, win!
    Sí, me encantó tu cuento, esa idea de mundo futuro, cambios de las tradiciones, pérdida de la verdadera razón por la que iniciaron cosas y, finalmente, el volver a eos, a lo importante y el como volver a conocer algo y seguir algo lo vuelve a la vida. Me encantó! De cierta forma, me recordó mi cuento Luz de Navidad.
    FELIZ NAVIDAD, CHICA, QUE LOS TUYOS Y TU LA PACEN MUY BIEN EN ESTE DÍA!

  2. Entonces eras muy jovencita por la época de este cuento… Me parece interesante y precoz… Voy a continuar con mi exploración de ti; columbro eventos textuales prometedores… y, ¿cuál es tu edad de hoy?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s