Fic: “Otra clase de ángel” 16/25

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Título: “Otra clase de ángel”.
Autor u Autora: Winchester_Mcdowell
Categoría: Supernatural.
Calificación: Todo público
Sumario: Dean aún no lo ha visto (ni lo ha vivido) todo.


16

 

Llevaban dos horas y cuarto en la carretera, de las tres que ahora completan, cuando la señal murió.

“¿Nada todavía?”

“No, Dean”. En el asiento del copiloto, Bobby mantiene el celular en alto sin despegar la vista de la pequeña pantalla. “Los perdimos”.

“¡Maldición!”.

Dean presiona los frenos de su nena con tanta violencia que Bobby debe estirar los brazos para protegerse del envión hacia delante. El cazador se desahoga golpeando el volante como si éste fuera el culpable de todo lo que le ocurre en la vida antes de arrebatarle el celular a su compañero y apearse para perseguir la señal con el aparato en alto a un lado de la carretera. Aprieta los dientes con furia cuando no consigue nada. La señal está tan muerta como cuando desapareció. Bobby le escucha proferir todo el repertorio de juramentos aprendido de John Winchester y más.

“Estábamos cerca”, intenta razonar Bobby en medio de la explosión de frustración del cazador. “Deberíamos llamar a Castiel. Él podría…”

“¡Demonios, Bobby! ¡Lo dejamos atrás para que se recuperara! ¡No nos ayuda que esté débil!” Se pasa una mano por el rostro queriendo aclarar las ideas.

“Está bien, muchacho”, intenta el viejo cazador, tratando él mismo de mantener la serenidad. “Tienes que calmarte”

Dean resopla, cansado.

“Perdón, Bobby. Es sólo que…” Y le da la espalda procurando recomponerse a escondidas.

“Lo sé”. Y Bobby se vuelve también respetando su momento de descompostura lo cual el cazador agradece. “Pensaremos en algo”.

Pero a Dean se le están acabando las ideas. La angustia le oprime el pecho impidiéndole pensar con sensatez. Su hermano le ha hecho esto. Su propio hermano. Le falta el aire. Siente que respira bajo el agua.

“Dean”, le llama Bobby pero él no está listo aún. Toma una bocanada de aire y la mantiene en sus pulmones un instante antes de dejarla ir. Cuando exhala ya se siente mejor. Tiene el teléfono aferrado en la mano, el visor mostrándole un plano esquemático de la zona.

“Al diablo”, murmura y comienza a marcar. “Está bien, Bobby”, dice alzando la voz. “Estoy llamando a Cas”

“Dean”, insiste Bobby y el cazador se voltea dispuesto a contestarle con fastidio cuando se da cuenta de que su amigo ni siquiera le mira porque tiene puesta su atención al otro lado del camino. No termina de marcar el número. Es Sam quien está allí, las ropas sucias, el rostro maltratado, el cuerpo medio encogido y Iosephus descansando en sus brazos.

Ninguno de ellos se mueve por segundos eternos, midiéndose a la distancia, hasta que el grandote toma la iniciativa y cruza la carretera, vacilante, favoreciendo su costado izquierdo.

No dice nada pero su actitud lo explica todo. Está allí para enfrentar lo que sea.

Bobby voltea a ver a Dean y no es capaz de leer en la expresión del cazador lo que hay en su ánimo. Dean avanza hacia su hermano a paso firme y controlado hasta detenerse a medio metro del hombre. Sam traga con dificultad antes de intentar hablarle.

“Dean…”

“¡Suelta el gato!”

“¿Q-qué?”

“¡Suelta el gato!”

Perplejo, Sam deposita con cuidado al animal en el suelo y cuando se incorpora, recibe de lleno un puñetazo duro como piedra en el rostro. Y cuando intenta erguirse de nuevo recibe otro que lo lanza al piso y le hace saborear su propia sangre. Desde allí atisba los puños crispados de su hermano a la altura de su cabeza.

“Tú, miserable”, sisea Dean como un animal violento a punto de atacar a muerte.

Sam le mira los pies. El cazador los mueve impaciente, cambiando el peso de su cuerpo de uno a otro, esforzándose claramente por mantener a raya sus ganas de molerle las costillas con ellos.

“¿Dónde está?”, brama sobre su cabeza. “¿Qué hiciste con ella?”

El regusto metálico de su sangre obliga a Sam a escupir al suelo antes de poder contestar.

“Nada”, dice en tono resignado, dispuesto a recibir el siguiente golpe que, sin embargo, no llega. “No le hice nada. Fue Meg”.

“¿Qué?”

“Meg se la llevó”.

“¡No mientas!”

“Meg se la llevó. Es la verdad”.

“¿Por qué?”

“No lo sé”.

“¡Mientes!”

“No lo sé, lo juro”.

“¿Por qué te la llevaste tú?”

Esa respuesta se atora en su garganta provocándole nuevas náuseas.

“¿Sam?”

“La necesitaba”.

“¿Para qué?”

“Ella tiene lo que necesito”.

“¿Qué cosa?”

Sam se encoge aún más sobre sí mismo, si es eso posible, lleno de vergüenza.

“¡Sam!”

“Yo… estoy enfermo” dice repitiendo las piadosas palabras de la niña en la caverna. “Ella es la cura”.

Dean bufa, irritado.

“Por supuesto que estás enfermo, ¡estás demente!, pero ella no es la cura de nadie, ella no es una cosa, ¡es mi niña! ¿te queda claro?”

Sam asiente sin apartar la vista del suelo donde aún permanece de rodillas, afirmándose con una mano para no caer mientras con la otra se sostiene las costillas. Escucha la respiración agitada de su hermano a su lado.

“¿Qué le hiciste?”

La pregunta trae a su cabeza la imagen de las líneas violáceas sobre la pálida piel de la niña mientras la vida parecía huir de ella. Sam se estremece al recordar.

“¡Contéstame!”, ruge Dean.

Sam abre la boca, duda y la cierra. La abre de nuevo y contesta, fijando su vista en cualquier cosa excepto en su hermano, incapaz de enfrentarlo.

“Traté… traté de robar parte de su gracia”.

Dean tarda sólo un par de segundos en comprender la implicación.

“La lastimaste”, acusa.

Sam siente que la mirada de su hermano le horada la espalda. No tiene necesidad de alzar la vista para notarlo.

“Sí”.

Y espera. Pero la furia no estalla. Cuando alza la vista al fin, lo que encuentra en la expresión de Dean es dolor más que odio. Dolor y decepción.

“¿Cómo pudiste…?”

“¡Es esta cosa en mi interior!” intenta explicar ahogando un gemido. “Como una plaga, aprisionándome, anulándome, ahogándome”

El cazador desvía la mirada un instante con disgusto para luego volver a posarla sobre el caído, inclinado sobre su rostro, la boca prieta por la rabia.

“Si algo llega a sucederle… Te lo prometo…  Si algo le sucede a Angie te enviaré de regreso a tu jaula y me encargaré de que no salgas de ella nunca más”.

“Lo lamento, Dean”.

“Eso no es suficiente” .

Y con una última mirada torva, le da la espalda y comienza a alejarse.

“Vamos, Bobby” dice atrapando a Iosephus de camino al vehículo. “Tenemos que contactar a Cas. Él sabrá cómo encontrarla”. Deja al animal en el asiento trasero y se dirige hacia el lado del conductor mientras Bobby se le reúne a paso lento, no muy seguro de cómo se están dando las cosas.

“No, él no sabe”, replica Sam incorporándose con esfuerzo y adelantándose hacia su hermano que ya tiene la puerta del auto abierta, listo para instalarse tras el volante. “No puede rastrear a Meg. No lo hizo antes, no lo hará ahora”.

“¡Silencio, Sam!” Dean cierra la puerta con violencia y se devuelve, amenazante, a paso rápido. “¿Quién te dio velas en este entierro, eh?”, y le da un manotón que le hace trastabillar. “No te acerques a mí o a mi hija. ¿Me escuchaste? No quiero volver a verte”.

Sam lo ve reiniciar el camino hacia el vehículo sintiendo la desesperación acrecentarse en el fondo de su ser a cada paso que su hermano da, resuelto, alejándose de su vida.

“¡Puedo guiarte!”, le grita, último recurso.

Dean se detiene y medio voltea a verlo.

”Sé cómo encontrarla”, le dice rescatando voz de su garganta cerrada por la pena. “Si después de eso, no deseas saber de mí, bien, lo entenderé, pero… déjame ayudar”.

Dean bufa mientras termina de voltearse por completo para encararlo.

“¿Por qué habría de creerte?”

Sam toma aire en sus pulmones, envalentonándose, porque lo que tiene es más una esperanza que una convicción.

“¿Porque aún soy tu hermano?”

Dean recibe el peso de sus palabras. La furia abandona su rostro un instante. Frunce el ceño mientras parece buscar en Sam algo perdido hace tiempo. Demasiados años, demasiados recuerdos, demasiado afecto para ignorarlo. Luego, resopla como un animal furioso apuntándole con el dedo.

“Si me mientes de nuevo… si me traicionas una vez más… sabré que no eres mi hermano”

Y esas palabras implican una amenaza: si no eres mi hermano… puedo matarte.

 

Capítulo 17

 

»

  1. Como siempre un capítulo muy intenso, me siento mal por Sam, aunque la furia de Dean es perfectamente comprensible. Esa última frase fue realmente fuerte.
    Me preocupa Angie ¿Qué piensa Meg hacer con ella?

  2. ¡Hola!
    ¡DEMASIADO BUENO!
    ¡QUÉ INTENSIDAD LE HAS DADO A TODO! Es que los dos, Sam y Dean se SIENTEN tan bien en su dolor y remordiento, y su furia, dolor y decepción… Muy bien hecho, es que muy bien hecho y esa últimas palabras, esa amenaza velada. Se la merece, por muy que es mi Sam, se la merece.
    Ahora bien, qué querrá Meg? ¿Qué se supone que quería Sam con ella? Todo es muy extraño y claro que debemos temer, creo que Bobby teme, porque eso puede ser una trampa, pero claro, si lo fuera no importa, porque no pueden no ir por Angie.
    ¡En espera!

  3. OMG!!! realmente este capitulo es intenso, bueno era de esperarse, un padre por sus hijos es capaz de cualquier cosa pobre sam la verdad la esta pasando bastante mal xD
    PSD: de nuevo por aca y pasando a decirte como siempre me encantan tus fics y cuentos xD
    Salu2

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