Fic: “Cuentas pendientes” 21/?

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Título: “Cuentas pendientes”.
Autor u Autora: Winchester_Mcdowell
Categoría: Crossover Supernatural / Dark Angel.
Calificación: Todo público.


21
Dean

 

Denver, Colorado, es una capa de polvo y ceniza sin límite que Dean observa desde el borde de la carretera, manos en cintura e incredulidad en el rostro.

“¡Mierda! ¿Qué sucedió aquí?”

Por aquí y por allá asoman grupos de troncos secos y de algunos aún vivos, los menos, tan grises como el paisaje alrededor.

“Un pequeño desastre”. Max baja del vehículo y se reúne con él a la orilla de la carretera de cara al desolado paisaje que se extiende a sus pies. “El Pulso, ¿recuerdas? Algunas industrias importantes dejaron de trabajar; sin sus filtros, los residuos acumulados contaminaron el ambiente, la gente huyó … Hay lugares que nunca pudieron recobrarse. Éste, por ejemplo”.

A lo lejos se pueden ver las torres abandonadas de lo que fue una gran ciudad, muerta como todo lo demás. Dean extrae el celular e intenta conectar con el satélite.

“¿Qué dem…?”

“No hay señal, Dean. No aquí”

“Maldición”

“Sí. La radio tampoco funciona. No hay nada de nada”.

“Mierda”.

Dean deja caer los brazos, descorazonado. Max se le acerca y coloca una mano sobre su hombro.

“Lo encontraremos, Dean”, intenta animarlo.

“¿Dónde? ¿bajo una roca?”, bufa. “Ni siquiera hay a quien preguntar. Quizás ni siquiera esté vivo. ¿Quién puede vivir en este lugar? Se equivocaron. O me mintieron. Sam no está aquí.”

“Dean…”, intenta la morena, pero el cazador levanta las manos, atajando cualquier charla de consolación mientras se aleja unos pasos, carretera abajo.

“Sólo… dame un minuto, ¿de acuerdo? Necesito pensar un poco”.

Max lo deja. Lo ve caminar por el asfalto mal mantenido, manos en los bolsillos, hasta detenerse en un punto mirando colina abajo. El hombre es un puzzle para ella todavía. A veces tan abierto y otras tan hermético como una roca. Y aún así…

“No me gusta este lugar”, le llega la voz de Dalton desde el vehículo. Max lo ve asomarse por la ventana del asiento trasero que se ha convertido en su guarida los dos últimos días.

“Sí, a mí tampoco”, la morena pasea su mirada por el horizonte opaco. “No puedo creer que hayamos llegado tan lejos”.

“Quizás confías demasiado en él”, masculla el chico como si no supiera que nada se le escapa a la audición de un transgénico. Max se vuelve despacio hacia él, no muy segura de lo que ha escuchado.

“¿Cómo dices?”

Dalton levanta la vista hacia la morena y se aclara la garganta para explicarse.

“Después de todo, él fue el único que conversó con los hombres de blanco y él nos trajó hasta aquí, a esta…” mueve su mano en un gesto vago alrededor, muy en el estilo de Alec. “… nada. ¿Quién dice que está diciendo la verdad?”.

Max lo mira como si le hubiera crecido una segunda cabeza.

“Pensé que Dean era tu héroe”.

“ALEC”, corrige de inmediato el chico “es mi héroe. No Dean”. Y vuelve a bajar la vista. “Yo estaba… estaba un poco confuso con ellos dos pero ahora entiendo que son dos personas diferentes”, una mirada de reojo a Max. “Tal vez tú estás un poco confundida también”.

La morena lo observa con perplejidad, de brazos cruzados, intentando coinciliar a este Dalton con el muchacho entusiasta que hace un par de días besaba el piso que hollaba Dean tal como antes lo hacía con Alec.

“Tengo muy claro quién es quien”, se adelanta hacia el jeep e introduce una mano buscando la frente de Dalton que la rechaza haciendo a un lado la cabeza, fuera de su alcance. “¿Qué te está pasando?”.

“Nada. No estoy enfermo”, y comienza a deslizarse en el asiento hacia la puerta contraria. “Quizás soy la persona más sana aquí”

No espera una respuesta de la morena, simplemente desciende y desaparece en la parte trasera del vehículo. No sabe si Max le está observando ni le importa. Abre el maletero y rebusca allí entre las armas que Dean mantiene en perfecto orden, listas para ser usadas en caso de ataque de cualquier tipo. Busca algo muy específico, algo poderoso y manejable y aunque no sabe si debe creer lo que le ha escuchado decir, escoge una larga daga labrada en la hoja, daga mata demonios según el sujeto en los zapatos de Alec, y la oculta con su funda en la cinturilla del pantalón, bajo la chaqueta, como le ha visto hacer al cazador.

Cuando regresa al frente, Max se ha reunido con Dean unos pasos más adelante y está sentada a su lado, los pies de ambos colgando por el borde del antiguo terraplén de la carretera desprovisto de barreras. En algún momento, la morena pasa su brazo por sobre los hombros de Dean y ambos se miran con una intimidad que enferma a Dalton. Toma aire y en un borroso segundo está sobre la espalda de Dean blandiendo la hoja del cuchillo. Pero el cazador es mas rápido a pesar de no estar preparado y ambos ruedan colina abajo, agarrados el uno al otro como dos gatos enzarzados en una pelea de callejón. La daga se pierde en algún segundo durante la caída. Cuando el mundo deja de dar vueltas, el panorama no es del agrado del muchacho. La hoja apenas le ha hecho un corte a la chaqueta del cazador y, a cambio, Dalton está atrapado contra el suelo, la mano fuerte de Dean inmovilizándole la muñeca y su brazo le aplasta el cuello dejando sólo el suficiente espacio para que pueda respirar.

“¿Qué demonios, muchacho?”, truena la voz del hombre pero más que enojo, Dalton ve en su ceño fruncido preocupación e incredulidad.

El ruido de la tierra desprendiéndose por encima de sus cabezas, anuncia que Max ha ido tras ellos. Dalton ve en ella su última oportunidad.

“¡Es un demonio, Max!” grita a través de la opresión en su garganta. “¡Mátalo! ¡Mátalo!”

Y Max se detiene en seco, sorprendida ante el arranque del chico. Dean alza la vista hacia ella y sacude la cabeza en señal de que comparte su desconcierto.

“¡Oh, mi Dios!” exclama Dalton y ambos retornan su atención a él. Los ojos del chico, fijos en Max, parecen a punto de salir de sus órbitas. “¡Eres uno de ellos!”.

Dean arruga aún más el ceño intentando comprender lo que sucede.

“¿De qué infiernos estás hablando?”, insiste y gira su cabeza hacia la morena en busca de algo que le indique el origen del terror en Dalton. No puede ver los ojos negros de Max que sí contempla con pánico el chico. Está en eso, distraído con la morena, cuando una rodilla se estrella violentamente contra su entrepierna. Lo siguiente que sabe es que ha caído hacia un costado, incapaz de seguir sosteniendo a su presa en medio del ramalazo de dolor que le ha quitado el aliento. Desde su perspectiva en el suelo puede apreciar a Dalton, convertido en un animal asustado, emprendiendo la huida de nuevo. Max mira al fugitivo y luego a Dean, sin decidirse a dejar al cazador. Éste gesticula con la mano hacia Dalton que corre dejando una estela de polvo tras él.

“¡Ve por él!”, le ordena en un gruñido que es un intento por ocultar su aflicción.

Ella obedece y corre. Alcanza a Dalton a la entrada de un bosque seco y escuálido cuyos troncos se rompen como hojarasca cuando caen sobre ellos, Max haciendo plancha sobre el muchacho para detenerle. El chico se defiende hasta que el agotamiento lo vence y se queda allí de espaldas al suelo, con el resuello de la carrera en su aliento, enfrentando a la morena encima suyo. Max nunca ha visto a nadie con tanto terror en sus ojos.

“¡Háblame, Dalton! ¿Qué te está pasando?”

“¡Suéltame!”, se revuelve intentando liberarse pero es inútil porque Max le mantiene las piernas inmovilizadas con su peso. “¡No dejaré que te apoderes de mi cuerpo!”.

El desconcierto casi obliga a la morena a bajar la guardia.

“¿Qué dijiste?”

“¡Sé que asesinaste a Max, como Dean asesinó a Alec! ¡Ustedes dos robaron sus cuerpos! ¡No dejaré que hagan lo mismo conmigo!”

“Qué…?” y en ese momento Max cree comprender lo que pasa. Debió haberlo visto venir. El chico está enfermo y alucinando. “Dalton, mírame. ¡Mírame!” Dalton se obliga a obedecer y resulta que sólo hay un par de preocupados ojos castaños fijos en él. “Todo va a estar bien. ¿Me escuchas? Vas a estar bien. Cuidaremos de ti y entonces…”

Un brazo alrededor de su cuello le impide seguir hablando y la arranca de encima del chico.

“Deja tranquilo a mi muchacho, perra”, le habla una voz masculina en su oído, tan cerca que le humedece el canal de entrada y enseguida la otra mano del sujeto está aferrándole la barbilla con claras intenciones de romperle el cuello. “¿Qué dices tú, chico? ¿Lento o rápido? ¿Quieres verla sufrir o no?”

Desde el suelo, Dalton sólo atina a boquear como un pez fuera del agua, incapaz de emitir sonido alguno, horrorizado ahora por la violencia que ejerce el sujeto.

“Tienes razón”, declara el hombre como si el chico realmente hubiese dado una respuesta. “Es mejor acabar pronto con la basura para que no apeste”, pero antes que pueda hacer el movimiento fatal, un cuerpo cae sobre ambos, haciéndolos estrellarse contra la arena. Max rueda de inmediato hacia un costado, liberándose, sólo para ver cómo Dean, a golpes de puño, hace del rostro del sujeto un mapa con relieve. Y sin embargo, el hombre no para de reir.

“¿Es todo lo que tienes?”, pregunta.

“No, no lo es”, y en un borroso movimiento, Dean le clava el brazo al suelo con la daga perdida por Dalton y que ha recuperado en el camino. El grito del demonio recorre la colina y se difunde en ecos hacia el valle.

“Es el policía del Control”, nota con asombro Max.

“No, no es él”, le asegura Dean poniendose de pie, la respiración anhelante y mira hacia donde permanece Dalton, petrificado. “Él”, dice y le señala al tipo que intenta inútilmente arrancarse la daga entre lastimeros gimoteos, “es un demonio”.

Los lamentos se convierten entonces en rasposas carcajadas que atraen la atención de los tres transgénicos y luego en un rictus de profundo desprecio en la boca del sujeto.

“Apestas a Dean Winchester”, dice. “¿Qué? ¿Cuántos difuntos crees que podrás llevarte de aquí? ¿Cuántos llevas?” y mira a Dalton. “Alec gritaba mientras le sacaban las entrañas fuera de su vientre hasta que éste le cortó la garganta y la lengua y no pudo hacerlo más”.

Con rabia, Dean avanza nuevamente hacia el demonio y hace girar en redondo la daga desgarrando tendones y músculos sin importarle sus escandalosos aullidos. Cuando se aplacan sus gritos, el bicho busca a Dalton con la mirada, media sonrisa en el rostro desfigurado.

“¿Ves?” le dice en medio de su respiración agitada y luego en un susurro. “¿Ves como tengo razón?”.

Dean gira para enfrentar al muchacho. Dalton está de pie, todo su cuerpo preparado para huir de nuevo, y lo observa con los mismos ojos saltones con que antes miraba a Max.

“Cualquier cosa que esta cosa te haya hecho ver en mí, Dalton, no es verdad”. Saca de su bolsillo una botella de agua bendita y antes de que Dalton pestañee, rocía al bicho con el contenido. Éste gruñe y sisea a su contacto mientras la piel le hierve. Luego, Dean se lleva la botella a los labios y toma un trago largo. Nada pasa. Dalton frunce el ceño, perplejo.

“Vi sangre en tus manos”, acusa “¡Desgarrabas cuerpos en un potro!”

Y entonces Dean tiene ganas de vomitar.

Max pasea su mirada entre el chico y el cazador intentando entender a qué se refiere.

“Esas eran sólo alucinaciones, Dalton”, dice ella. “Una mentira de esta basura”, señala al demonio con un despreciativo gesto de su mano y luego mira al cazador. “¿Verdad?” Pero Dean permanece en silencio.

“Estabas en el infierno”, insiste el chico.

Dean mira al demonio.

“Yo no dije nada” y si pudiese, levantaría las manos para enfatizar burlescamente su inocencia. “Algunas cosas simplemente no pueden esconderse, Deanno”.

Los hombros del cazador se curvan ostensiblemente hacia abajo como si se hubiera rendido ante un peso enorme.

“Sí. Estuve allí”, dice al fin con la mirada baja.

Max da un respingo.

“¿Qué?”

Dean no contesta de inmediato. Está demasiado ocupado preguntándose hasta cuando el infierno ha de perseguirlo. Se toma un momento para resguardarse tras la careta de “no me importa nada”, esa que hace rato que no usa.

“¿Por qué?”, insiste la morena.

Dean la mira, instalada ya la máscara.

“Más tarde, Max. Tenemos que irnos”, y desvía la mirada hacia la cuesta que tendrán que ascender.

Max lo mira un instante, incapaz aún de digerir lo que ha escuchado y a la vez, incapaz de desconfiar del cazador. Y entonces se acuerda del demonio.

“¿Y él?”, pregunta apuntando hacia el bicho.

Dean voltea a verlo.

“Él viene con nosotros”, va decidido hacia él, extrayendo su navaja desde el bolsillo de la chaqueta. Le abre la camisa en un solo movimiento y apoya la punta de la hoja en la piel desnuda, presto a trazar una línea desde el centro del pecho pero entonces se detiene.

“Max”, ordena sin voltearse. “Lleva a Dalton al jeep”

La morena asiente despacio aún sabiendo que el cazador no la puede ver. Coge al chico del brazo, quien está demasiado confundido ahora para decidir por su cuenta qué es lo que debe hacer, y lo obliga a caminar cuesta arriba.

El bicho sonríe torcido al percatarse que el cazador no quiere que el muchacho le vea hacerle daño.

“Sabes que gritaré como una loca, ¿verdad?”, dice con sonrisa fanfarrona. Pero entonces mira hacia el rostro del transgénico y lo que ve no son los ojos de un joven de veinticuatro años sino los de un hombre de larga y rabiosa vida que lo taladran con odio. Entonces su intento de fingir indiferencia desaparece paulatinamente junto con su sonrisa.

“Bien”, le anuncia el cazador, “te daré razones para que lo hagas”.

Max y Dalton están a media colina cuando los gritos del bicho les alcanzan.

“Está bien, Dalton”, lo tranquiliza Max al notar su desasosiego. “Es un demonio, ¿recuerdas?”

El muchacho continúa subiendo, resistiendo la urgencia de taparse los oídos con las manos.

“Sí. Lo sé”.

Lo que Dalton aún no sabe a ciencia cierta es si sólo uno de los que han dejado atrás lo es.

 

Capítulo 22

 

 

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  1. Me encanta!!!!!!! ya no se decir si me gusta cuando atacan a Dean o me angustia!!!
    Espero que este pequeñajo ya deje de mirar con los ojos entrecerrados a MI DEAN/ALEC!!
    Esto es raro… pero cuando me desecomplicas todo???
    Se va a encontrar con SAM???

    • Ya vamos entrando en tierra derecha, no te angusties. En cuanto a Sam, sí aparecerá. ¿Cuándo? Ta ta ta tánnnnnnnnnn.
      Son 36 capítulos +interludio+epílogo y acabo de subir el 22.
      saludos:)

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