Fic: “Otra clase de ángel” 22/25

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Título: “Otra clase de ángel”.
Autor u Autora: Winchester_Mcdowell
Categoría: Supernatural.
Calificación: Todo público
Sumario: Dean aún no lo ha visto (ni lo ha vivido) todo.

 

22

 

Sam ha caído al suelo. Cas está sobre él, intentando ponerlo de pie, pero es inútil. Dean puede ver cómo su hermano vacía sus entrañas sobre la hierba verde que cubre el lugar. No logra entenderlo. La niebla se ha retirado formando una especie de ojo de huracán alrededor de ellos. Esto no debería suceder.

Arriba, una figura preside la escena rodeada por una difusa luminosidad. Su rostro es ambiguo, piel blanca y ojos como gemas brillantes, intimidantes. Pero a Dean no le hace mella y camina resuelto hacia ella, aterrado más bien por la posibilidad de perder a Sam.

“¡Usé la Palabra de Protección!”, protesta a viva voz a sólo unos pasos de distancia.

El ente clava su mirada brillante sobre la persona del cazador, curioso ante la insolencia del intruso.

“Y estás protegido”, replica alzando levemente el mentón hacia su interlocutor. Luego, dirige su mirada con disgusto hacia Sam tendido en el suelo, atendido por Castiel. “Él es una abominación”.

“¡Es mi hermano!”, brama el cazador.

“Lamento eso”

Dean voltea a mirar a Sam y de nuevo a la figura, el gesto decidido.

“Tengo la OTRA Palabra”

El traslúcido rostro del ente cambia en el acto con un respingo.

“No te atrevas…”

“Entonces, ayuda a mi hermano”

El ente se toma el tiempo para tasar al intruso. El cazador, sin embargo, no se amedrenta y le sostiene la mirada, demandante. Entonces ante un gesto de su mano, un círculo se despeja en el suelo de hierba alrededor de Sam. Inmediatamente el cuerpo del joven Winchester se relaja, aliviado. Cas lo acomoda sobre unas rocas.

“Que permanezca dentro de esos límites y nada le sucederá”, dice el ente y clava sus ojos altivos de nuevo en Dean. “¿Quién eres?” En un segundo se materializa frente a él, invadiendo su espacio personal, examinando cada centímetro de su rostro con el ceño fruncido a sólo un palmo de distancia. “Tu nombre”.

Involuntariamente, Dean contiene la respiración. El poder que emana de aquel ser le eriza el cabello. Súbitamente se encuentra de regreso en la cocina de Bobby y Cas le está amenazando con devolverlo al infierno. Tiene que aclararse la garganta para responder.

“Dean Winchester”, dice y de pronto toda la altivez del sujeto se esfuma y se transforma en confusión.

Dean… Winchester”, repite remarcando el nombre como si se obligara a tallarlo en su memoria. Dean se pregunta cómo puede mirar aquellos ojos fieros, verde y amarillo, los ojos de un león, y no caer fulminado allí mismo. “No es el tiempo”, murmura el ente tan cerca suyo que el cazador siente su tibio aliento contra la mejilla.

“¿P-perdón?”

“Eres humano”

“Bueno,… sí”.

El ser lo observa con interés en silencio un instante más.

“¿Por qué estás aquí, entonces?”

La pregunta le devuelve el coraje al cazador al recordarle por qué ha emprendido la aventura hacia la cumbre.

“Necesitamos Gracia. Un montón de Gracia”.

El ente se aparta un par de pasos sin quebrar en ningún momento el contacto visual.

“Explica”

Dean toma una gran bocanada de aire antes de contestar, temiendo despertar de alguna manera la ira del ente con lo que tiene que decir. La Palabra podría no ser suficiente esta vez para mantenerlo a salvo.

“Hace algunos años una mujer vino aquí a pedir la gracia de concebir una niña”, le cuenta y de inmediato el ente se yergue como si alguien le hubiese atacado de sorpresa con una lanza. En un segundo se ha retirado en dirección al árbol de la misma forma en que antes se acercó, desapareciendo y apareciendo como la bruma alrededor. A ratos a Dean le parece que toda su persona está hecha de esa misma niebla. El ente permanece quieto, la cabeza gacha, el árbol y el flujo de agua a sus espaldas como telón de fondo.

“Lo recuerdo”, dice completamente despojado de su arrogancia anterior.

Dean espera a que agregue algo más, pero el sujeto se queda allí, tan sólo mirando el suelo, como si hubiera olvidado la presencia del intruso en sus dominios.

Después de un rato, incómodo por el prolongado silencio, el cazador se atreve a continuar.

“La niña es mi hija ahora”

El ente se toma su tiempo para volver a dirigir su atención al cazador. Y cuando lo hace, una sonrisa contenida juguetea en sus labios. Escalofriante.

“Por supuesto”, dice en un susurro.

Realmente turbador.

Dean prosigue, haciendo a un lado la confusión que las reacciones del ser le provocan.

“El asunto es que mi hija, Angie, está en problemas. La Gracia en su interior fue… envenenada”.

“Esa Gracia nunca debió haber abandonado este lugar, estuvo mal, fue un robo”.

“Sí lo sé, la madre de Angie también lo reconoce así ahora y lo lamenta”.

“¡Ese acto trajo deshonra sobre mi persona!”.

“Lo siento por ti, pero ahora mi niña necesita reemplazar esa Gracia por nueva, así que…”

“Nunca, NUNCA, había ocurrido un hecho de esa envergadura. No se trató de cualquier clase de robo. ¡Hablamos de Gracia del Cielo! ¡La vergüenza cayó sobre mí!”

Dean suspira, cansado.

“De acuerdo, Sr. Deshonra, todo lo que quieras pero mientras nosotros charlamos aquí, mi hija aún está en peligro. Así que, ¿qué tal si vamos al punto?”

El ente lo mira con intensidad un momento y luego sus labios se curvan mínimamente en la sombra de otra sonrisa.

“Cierto. Tu hija. Angie”. El tono de su voz podría ser muy bien sarcasmo así como reverencia, Dean no sabe decirlo con seguridad. “Lo que pides no es posible”.

El cazador frunce el ceño, perplejo.

“No lo comprendo”, mira alrededor. “Esta es la fuente de su Gracia, ¿no?. La madre de Angie la hurtó de aquí”.

“No. Ella sólo tomó una chispa de la Gracia, apenas un reflejo de su poder. De otro modo, hubiera muerto, aún con las Palabras insolentemente guardadas en su boca. Para salvar a tu hija es necesaria, como lo dijiste, una inmensa cantidad de Gracia. Necesitas un contenedor”.

Esta vez la confusión es completa para el cazador.

“¿Qué? ¿Hablas de una botella o algo semejante? ¿Qué quieres decir?”

“Hay que acarrearla. Adentro”.

“Bueno…”, se toma un segundo para reflexionar, “Entonces, ven con nosotros y acarréala”.

“No puedo ayudarte”.

“¿Por qué no?”

“No es mi Gracia. Yo sólo soy un Kerub”

Nuevamente Dean se siente desorientado.

“¿Un querubín?”, tantea.

“No. Un Kerub”

“Un guardián”, interviene por primera vez Castiel, incorporándose desde su posición al lado de Sam. “Alguien que cuida las puertas sagradas.  Los persas le otorgaron el nombre de Genio pero es un ángel, servidor de los serafines y querubines que rodean el trono de Dios y comparte la misma naturaleza de fuego purificador con ellos”.

“Entonces estás relacionado con las altas esferas”, concluye rápidamente Dean.

“Ya no más. Como dije antes, la deshonra…”

“Sí, sí, cayó sobre ti. Amigo, existen muchas historias más tristes que la tuya”.

Por un momento los ojos del Kerub brillan hasta el punto de hacer creer al cazador que explotarán en cualquier momento y los freirán a todos. Fuego purificador, se recuerda a sí mismo y se abofetea mentalmente por olvidar ante quién se encuentra. Sin embargo, por alguna razón, el ente se esfuerza en contener su enojo y retomar la compostura.

“No puedo dejar este lugar”, dice en tono neutro. “Perdería mi propia Gracia”.

”Pero ya lo hiciste”, razona Dean “Pusiste a Angie en la Milton House. Fuiste tú, ¿verdad?”

“No, no fui yo”, replica y esta vez hay un tinte de emoción en sus palabras. “Mis hermanos lo hicieron”.

“Tus… hermanos?”

“La guardia para esta clase de lugar está formada por una tríade. Se supone que nunca deberíamos abandonar el objeto de nuestra misión pero cuando esta mujer vino a nosotros y nos obligó a entregarle la Gracia, alguien tuvo que encargarse de que el fruto de esta situación no cayera en malas manos y esos fueron mis hermanos”.

“The Miltons”, musita Dean con asombro. Todo encaja entonces. Ángeles sin práctica de humanidad pueden parecer crueles ante los ojos de los hombres. Él mismo ya vivió la experiencia con Cas.

“Desde aquí podemos observar lo que hace la gente del pueblo. Vimos el nacimiento de la niña. Vimos las lágrimas de su madre cuando fue abandonada por los suyos. Y su felicidad también. Entonces, Ellos vinieron por el bebé. Era lógico que sucediera algún día. Mis hermanos abandonaron su gracia aquí y se convirtieron en mortales después de usar el restante de su poder para salvar a la niña”, mira a Dean, “Angie”. Y sigue luego su relato concentrándose en un punto en el infinito. “Prepararon un lugar para protegerla. Yo ayudé proveyendo los suplementos humanos desde aquí. Mis hermanos venían por ellos a la base de esta montaña”, la tristeza cruza sus ojos como un relámpago y desaparece de inmediato. “Un día se fueron y no regresaron. Nunca más supe de ellos”.

El cazador y Cas intercambian miradas desde la distancia, obviamente en la disyuntiva de decirle la verdad sobre sus compañeros al Kerub. Sin necesidad de palabras, ambos llegan a la conclusión de que no es el momento más apropiado para hacerlo. Dean se vuelve de nuevo hacia el guardián y se aclara la garganta con un breve carraspeo antes de comenzar a hablar nuevamente.

“¿Por qué… por qué no trajeron a Angie a la montaña? Quiero decir, aquí nadie podría alcanzarla”

“Ella es humana, carne y huesos. Una pequeña criatura con un gran poder en su interior, pero aún así una humana”.

El panorama es desalentador entonces. Dean siente cómo su ánimo comienza a descender en caída libre muy a su pesar.

“Necesita la Gracia”, dice y es casi una súplica.

“Lo sé. Pero soy el último de la tríade. Así que, como podrás entender, no soy yo quien puede acarrearla”.

Sin proponérselo Dean mira a Cas de reojo y el guardián adivina su pensamiento.

“Él no puede”

“Es un ángel”

“Ningún ángel puede porque esta impresionante Gracia…” el kerub contempla la niebla a su alrededor con clara admiración. “…pertenece a otra clase de ángel”.

Dean no se rinde.

“Entonces, ¿dónde está el propietario?”

“Yo… no lo sé”

El cazador le dirige una mirada de sospecha. Ha conocido suficientes criaturas extrañas en su vida y sabe muy bien que aún los ángeles no siempre dicen la verdad completa. Y algo en su interior le advierte que eso ocurre con el que tiene al frente.

“¿Sabes? Aún puedo usar la otra Palabra”.

“Digo la verdad!”, protesta el otro. “Hubo un tiempo en que se les pidió que bajaran a la Tierra porque vendrían días en que la humanidad debería enfrentar tantos peligros que su presencia sería necesaria para prevenir la extinción. Nadie sabe dónde se encuentran ahora. Ninguno de ellos”.

“Entonces, ¿éste no es el único?”

“No. Hay otros lugares semejantes, en el mar, en el desierto, bajo el hielo, resguardados por tríades de Kerubs. Yo sólo conozco éste. Nunca me he movido de aquí. No puedo decirte dónde está él y no puedo acarrear su Gracia conmigo”.

El desaliento cae como una cortina sobre el rostro del cazador, tan visible que el mismo Kerub puede notarlo.

“Pero…”, agrega entonces y Dean dirige su atención de inmediato hacia él.

“Pero, ¿qué?”

“Ciertas personas podrían hacerlo”

“¿Ciertas personas como quién?”

El guardián le clava la mirada y sonríe de esa manera sospechosa que está comenzando a patearle a Dean en las bolas.

“Gente escogida por el Cielo”

El cazador saca cuentas un momento.

“Como… ¿recipientes de arcángeles?”

“Dean…”, salta Castiel desde atrás.

“Calla, Cas”. Mira de nuevo al guardián. “¿Bien?”

“Tú lo has dicho”.

“Soy el recipiente de Michael, el elegido. Maté a la Gran Ramera y a un Arcángel y aún tengo mis ojos buenos. ¿Puedo hacerlo?”

La sonrisa del guardián se mantiene si es que no se hace más grande.

“Sí, puedes”. Pero enseguida, como si recordara algo, su rostro se llena de preocupación. “Pero, ha pasado mucho tiempo desde que…” se frena en seco y se muerde los labios como impidiendo que salgan de ellos palabras inadecuadas. “Podrías no estar preparado”.

Cas se adelanta sin poderse contener más tiempo.

“La gracia de Angie está pervertida ahora, Dean. Es demasiado poderosa. Y tú no eres…” duda un segundo. “… no eres un ángel. Eres sólo un humano”.

El guardián lo mira, perplejo.

“Es un Servidor del Cielo”.

“¿Lo escuchaste?” arremete Dean volteando hacia el ángel. “¿No recuerdas que tú mismo me arrancaste una promesa? ¿acerca de servir al Cielo y sus Ángeles? Eso cuenta para algo ¿verdad?”, pero le entra una pequeña duda y se vuelve hacia el guardián. “¿Verdad?”

“Así es”.

“¿Lo ves?”

Cas mueve su cabeza con desazón.

“Esto no es sabio, Dean”

“Yo nunca he sido sabio, Cas”. Dean lo mira, intrigado por la actitud del ángel. “¿Cuál es tu problema, amigo?”

Con un gesto de exasperación, Cas lo toma del brazo y lo aleja unos pasos del Kerub.

“¡Es demasiado para ti!”

“Bueno, gracias por el voto de confianza, pero el querubín aquí dice que…”

“¡Cállate y escúchame, Dean!” estalla Cas y vuelve a bajar la voz cuando se da cuenta que ha llamado la atención de Sam quien levanta débilmente su cabeza hacia ellos. “¿Sabes…?” empieza, duda, se humedece los labios y arremete de nuevo. “¿Sabes cuándo ocurrió todo esto?”.

“Angie tiene ocho años, así que…”

“¡No me refiero a eso!”

“Cas, cálmate. Qué susceptible. Te va a subir la presión”.

“¿Sabes cuándo apareció este lugar?”

Dean se tensa.

“¿Es esta información directamente relevante para salvar a Angie?”

“Bueno,… no, pero…”

“Entonces, no me importa. Él dice que puedo, así que lo haré. Punto”

“Pero, ¡Dean!”

“¡Cas!”

Un carraspeo de parte del guardián les hace voltear al unísono hacia él.

“Pensé que tenías prisa”

Dean le dirige una mirada reprobadora a su amigo.

“Sí, la tengo”.

Dean regresa con el guardián y Cas con Sam. El joven Winchester ha seguido la conversación lo mejor que ha podido desde su posición. Aún siente algo de mareo y sus piernas y brazos aún se niegan a obedecer con propiedad, pero por lo demás ha desaparecido el malestar en su cabeza y músculos. Mira a Cas a su lado. El ángel tiene el rostro descompuesto por la preocupación.

“Cas, ¿qué sucede?”

“Es un error. Tu hermano es un maldito testarudo”.

Sam suelta un bufido.

“Dime algo nuevo”, el ángel ni siquiera parece haberle escuchado “¿Cas?”

Castiel mira el suelo mientras intenta calmarse.

“Es sólo una sospecha, pero si es verdad…” sacude la cabeza. “lo que tu hermano va a ser es riesgoso.”

El corazón de Sam tiembla en su pecho.

“¿Que… que tan riesgoso?”

“Quizás tu hermano nunca regrese”.

Sam dirige su mirada hacia Dean. Su hermano asciende entre la hierba tras la figura luminosa hacia el gran árbol en el centro del escenario. Intenta ponerse de pie torpemente. No puede dejar que Dean haga alguna tontería. Cas lo detiene obligándolo a tomar asiento nuevamente junto a él.

“Si vas, arderás”, le recuerda y Sam tiene que conformarse sólo con observar cómo su hermano se dirige a un futuro incierto.

Arriba, Dean y el Kerub han llegado a pasos del árbol. El guardián invita al cazador a colocarse frente al tronco que completa el ancho de una casa mediana y él mismo se coloca a un costado, flanqueándolo. En el centro, hay un grabado.

“¡Oye! ¡Conozco esto!”, reconoce Dean. “Es lo que Angie escribió en la tierra”.

“Es el Nombre”, dice el guardián.

“¿El nombre del no-ángel?” de pronto se percata de la admiración con que el ente lo contempla desde su lugar “Deja de mirarme así, amigo”

El guardián baja la mirada enseguida.

“Perdón”, se disculpa, “Es sólo que… pocas personas en el mundo tomarían este riesgo. Es… impresionante”

”Bueno,… gracias… creo”. Vuelve a concentrarse en el sello que tiene al frente. “Entonces, ¿ahora qué?”

“Pon tu mano allí”, le señala el ente y Dean obedece colocando su mano derecha en el centro del dibujo. “…y dí la Palabra”.

“¿Qué?”

“Dí la Palabra”, insiste el Kerub.

“¿La Otra Palabra?”

“Sí. La otra Palabra”.

Dios, había pasado toda la tarde repasándola, se había dormido con ella en la boca buscando marcarla a fuego en su memoria. Pero ahora, no estaba seguro de poder pronunciarla con propiedad. Se humedece los labios mientras vuelve a mencionarla en su mente y abre la boca, dispuesto a dejarla salir. Pero lo que resulta no parece una palabra. Es más un sonido, una melodía profunda y melodiosa, más prolongada de lo parecía en la voz de la madre de Angie. A su alrededor, las ramas del árbol y la hierba se curvan ante su eco y permanecen así hasta que se extingue la última reverberación.

Por un momento, parece que no pasa nada.

Dean frunce el ceño, en cierta medida defraudado.

“De acuerdo. ¿Y ahora?”

El Kerub no está.

“Hey, ¿querubín? ¿Dónde…?” y entonces una pequeña fisura brillante aparece lentamente en el centro del sello “¿Qué dem…?”

La fisura se hace más grande y más brillante cada vez y de pronto le estalla en el rostro. Por un instante, Dean cree que ha fallado y ha muerto porque no siente su cuerpo y todo alrededor es luz. Se ahoga en luz. Está en el aire. Puede ver el mundo que se abre a sus pies. Cruza el océano y contempla pueblos en todos los continentes, millones de almas entrelazadas, sufriendo, amando. Siente una reconfortante calidez con la bondad de sus corazones y se asquea con la maldad. En su mano tiene una espada y está dispuesto a usarla.

“¡Dean…!”

Ve al hombre salir de las cavernas, cambiar su entorno para sobrevivir, y cruzar los mares y conquistar tierras que no le pertenecen. Presencia las grandes tormentas, contempla el movimiento de los continentes que surgen y se hunden con la misma facilidad.

“¿Puedes oírme? ¡Dean!”

Oh, Dios. Va a estallar, está seguro.

Ve a Castiel aparecer frente a él, los brazos extendidos, buscando aferrarlo. Sabe que está asustado por él. Quiere decirle que va a estallar y abre la boca para hacerlo pero entonces, apenas deja salir el primer sonido, el ángel sale disparado por los aires hasta caer a los pies de Sam, Sammy, su Sammy a quien ve a la edad de tres años en medio de una de sus pataletas, a los diez descubriendo el trabajo de su padre, a los catorce intentando hablarle a una niña en su clase, a los 23 muriendo en sus brazos… Dean intenta cerrar los ojos y no puede porque no tiene. Las escenas continúan y se solapan una con la otra, lo bueno y lo malo, la alegría y la pena. Siente furia frente a la sangre de demonio en sus venas y la espada aparece en su mano de nuevo, y al mismo tiempo su corazón se colma de compasión por el de su hermano, extraviado y dolido, dos Sam, Sammy y Sam, cordura y locura, el fuego del infierno, el instante de la libertad. Le huele el azufre en la piel y el miedo en su espíritu. Si hubiera sabido, Sammy, si hubiera sabido, no hubiera sido tan severo contigo.

Sam está en medio del círculo.

“¿…Dean?”

“Está bien, Sammy. Todo estará bien”.

Abre las alas enormes y blancas en un par de movimientos, envolviéndolo todo, y luego el mundo se vuelve niebla y desaparece ante sus ojos.

 

Capítulo 23.

 

»

  1. ¡Hola chica!
    Sabes? Siento un poco de feo que estés tan ocupada que ni puedes responder de una vez, con emoción, a los post que se te ponen por tus historias.
    No sé, yo soy más de emocionarme mucho, esperando con el correo abierto, para poder comentar y agradecer con el subidón de alegría aún en el sistema.
    Y por otro lado, ¿ya pudiste ver el cuasilibro, donde está tu cuento?
    Pero bueno, dejando eso de lado… ¡En serio nos vas a dejar así la historia!? Porque chica, tu mitología de los ángeles humanos o lo que sea, da para más.
    Me ha gustado lo de usar mitología persa para explicar lo del ángel en ese lugar. También la forma en que Dean se lleva con él, y como Cas teme que Dean deje de ser Dean.
    La manera en que describes como se convirtió… en serio, es épica y me extraña que viera la creación del mundo después de sentir el mundo. Y como piensa en Sammy, su Sammy, que lo vuelve a tierra, me encantó.
    En espera!

    • La verdad es que no sé muy bien cómo tomar tu comentario.
      No es que no me alegre al leer los comentarios, todo lo contrario, y por eso me preocupo de agradecerlos. Pero lo que busco en ellos es saber si están disfrutando la historia, si la van comprendiendo, si vibran con ella. Ese es mi interés por sobre todo.
      Por otra parte, mi carácter es así, calmado, leeeento, así que nunca vas a leer en ellos (aunque hay quien dice que nunca debes decir nunca) algo así como un ¡yipiii! ante alguna acotación.
      Y sí, el escribir y contestar los comentarios me lleva tiempo del que a veces ando corta porque soy maniática con la redacción aún en un asunto tan breve como éste. Me llaman la bruja del lápiz rojo y muchos me temen (no, eso es mentira) porque corrijo y corrijo y después, corrijo.
      Y ya te había dado las gracias por incluir mi cuento “Aire” en tu cuasi-libro cuando contesté tu comentario sobre la carátula, pero las reitero aquí. Es lindo verlo en ese formato, aunque me gustaba más “Un extraño en el pueblo” (Mentira, es sólo que le tengo más cariño aunque aún no puedo hacer que la gente empatice con él).
      Bueno, gracias una vez más por comentar y nos van quedando tres.
      El próximo se va a demorar su poco.
      Saludos 🙂

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