Fic: “Cuentas pendientes” 29/?

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Título: “Cuentas pendientes”.
Autor u Autora: Winchester_Mcdowell
Categoría: Crossover Supernatural / Dark Angel.
Calificación: Todo público.


29

Alec

 

“¿Alec?” escucha la voz de Sam en algún recóndito rincón de su mente. “¿Estás conmigo?” Alec siente que todo le da vueltas y le punza la cabeza allí donde Lydecker le mandó el golpe. “¿Estás bien?”, insiste Sam.

“M-mh” Alec acompaña su respuesta con un ligero asentimiento.

Entonces el tono en Sam cambia totalmente.

“¡Grandioso! ¡Realmente grandioso! Esta vez la hiciste buena. ¿No podías mantener tu bocota cerrada?”

“Dí lo que quieras, sólo dilo bajito, por favor. Mi cabeza me está matando”

“Pues, te lo mereces”

“Sí, lo que digas”

Sigue un tenso silencio, Sam completamente ofuscado mientras el otro hace el intento de mantener sus ojos dentro de sus concavidades. Horrible. Están solos ahora, atados cada uno a una silla, dentro de una de las celdas de castigo, según reconoce. Una suerte. Al menos su cabeza se mantendrá en su sitio y no en algún lugar del piso.

“Debe ser por el golpe, amigo, pero juraría que conversé con tu hermano”.

Sam se vuelve hacia Alec, interesado, olvidando en parte su molestia contra él.

“¿Qué dijiste?”

“Tal vez tengo una contusión”

“Alec, concentrate. ¿Qué dijiste acerca de Dean?”

“Lo ví. Hablamos”

“¿Sobre qué?”

Alec piensa.

“Sobre lo guapos que somos”

“Alec…”

“Acerca de los tatuajes,… ”, bufa.“…y sobre su comprensión de la palabra protección. Soy su clon, por cierto, no su hijo…”. Frunce el ceño. “Oye, ¿Gray Lake significa algo para ti?”

“Ni siquiera tenía idea que existiera”

“¿Qué fecha es hoy?”

“7 de Octubre. ¿Por qué?”

“Bien. No es hoy día”

“¿Qué no es hoy día?”

“Cuando lo asesinan… me asesinan”

“¿QUÉ?”

“¡No me grites!”. El accionar del cerrojo en la puerta de la celda los interrumpe y los obliga a centrar su atención en esa dirección. “Espero que sea la cena”. Son dos soldados de gran talla con las manos vacías quienes ingresan. “Me temo que no”. Se dirigen hacia Alec y sin mediar palabra proceden a liberarlo con movimientos precisos de las restricciones que lo atan a la silla.

“Hey, esperen”, reclama Sam mientras observa cómo lo arrastran hacia la puerta. “¿Adónde lo llevan?”, pero no hay respuesta. “¡Hey!”. Y la puerta se cierra tras ellos. “Maldición”.

Alec hubiera deseado tener una última broma en la lengua para tranquilizar a su compañero, pero, sinceramente, no se le había ocurrido ninguna. Estaba demasiado ocupado tratando de mantenerse alerta ante los hechos. La cabeza le retumba con cada movimiento y, por cierto, aquellos soldados no están teniendo ninguna misericordia con su prisionero al arrastrarlo de manera tan violenta por los pasillos de la base. Tal vez, después de todo, sí tenía una concusión.

Dos escaleras y un elevador. Alec está desorientado. Pasan un par de puertas selladas con contraseñas por las que nunca ha entrado antes aunque las instalaciones se asemejan mucho a aquellas donde rendía informes de sus misiones a Sandoval. Finalmente desembocan en un gran despacho, al fondo del cual espera Lydecker, dándoles la espalda, concentrado en la visión del pelotón de niños formado en el patio a esas horas de la madrugada a través de la ventana, demasiado confiado al parecer en la eficacia de su gente para detener cualquier intento de agresión por parte del prisionero. Los soldados marcan sus talones en posición de firmes anunciando su llegada sin palabras.

“Retírense”, dice simplemente el Coronel y sus hombres abandonan la habitación tras un saludo militar que él no ve por encontrarse aún de espaldas hacia ellos. Antes que los soldados alcancen la salida, Alec ya está ideando la manera de llevar sus manos atadas hacia delante, saltar sobre el escritorio y noquear al hombre para escapar luego por la ventana. Es lo que habría hecho en otra época sin necesidad de planearlo, cuando su cuerpo se movía al mismo tiempo que su pensamiento. Ahora, apenas ha comenzado a moverse cuando Lydecker ya ha dado la vuelta y lo observa con expresión mortalmente grave.

“¿Qué estupidez hiciste ahora?”

Alec parpadea un par de veces, perplejo.

“¿Q-qué?”

“Tú siempre en problemas”.

“¡No hice nada!” protesta sin saber por qué se está defendiendo de la acusación. “Yo estaba viviendo en paz en el 2023, combatiendo Familiares cuando de repente… Un momento. ¿Me crees?”

Lydecker suspira cansado y de pronto es visible la tensión que acarrea en su cuerpo.

“Sandeman me advirtió que esperara lo inesperado”. Sus ojos se posan un instante en los de Alec. Es sólo un segundo pero el ex transgénico juraría que ha visto en ellos algo parecido al aprecio. Y luego el modo soldado está de regreso, gobernando cada movimiento del hombre. “Has crecido bien, 494”.

“Alec”

“¿Perdón?”

“Mi nombre es Alec ahora”

Lydecker sonríe, indulgente.

“De acuerdo. ALEC”

“Y este cuerpo le pertenece a Dean Winchester. Parece ser que estamos relacionados de alguna manera”.

“Por supuesto”.

Alec lo mira, sorprendido.

“Entonces,… ya sabías acerca de esto?”

“Lo conocí alguna vez”

“¿A Dean?”

“Sí, pero no creo que él me recordara”, se detiene un momento, mirando la nada, el ceño fruncido. “Creí que había muerto como lo reportó el FBI. Una explosión en la estación de policía donde se hallaba detenido junto a su hermano, dijeron. No hubo sobrevivientes. Supongo que se equivocaron”, vuelve su atención a Alec nuevamente. “Entonces, si tú tienes su cuerpo, ¿dónde está Dean?”

“En el mío, en el futuro”

Lydecker alza las cejas en admiración.

“Qué cosa más extraña, ¿eh? Me di cuenta de que algo estaba ocurriendo. Algunas pequeñas cosas comenzaron a cambiar. La mayoría, cosas realmente estúpidas pero que lograron hacer saltar mis alarmas internas”. Con toda calma se traslada desde la ventana hasta el frente de su escritorio y se apoya en él. “La situación se volvió muy salvaje aquí adentro, ¿sabes? “No me preguntes cómo, pero algunos demonios lograron atravesar las barrera y atacar a mis muchachos. Tuvimos que aprender a ser más ingeniosos que ellos”.

“¿Tienes alguna idea de qué buscaban aquí?”

“No lo sabemos exactamente. Iban tras los x5s y sólo X5s”, un estremecimiento recorre a Alec, pero Lydecker no da señas de haberlo notado, demasiado ocupado en sus propios pensamientos. “Por supuesto, no pueden poseer a los miembros de tu especie, Sandeman se preocupó de poner defensas contra eso en sus genes. Pero pueden trabajar oprimiéndolos, obsesionándolos, llevándolos a la muerte”, suspira con lo que parece ser verdadero pesar. “Tuvimos que ejecutar a 734. Esos malditos la confundieron hasta el punto de no saber qué era verdad y qué mentira. Ella asesinó a algunas de sus hermanas”.

Alec comprende de inmediato que Max es la presa que buscan y tal vez también su propia versión adolescente, quien, si todo sale bien, vestirá los tatuajes de servidor del cielo en el futuro. Pero de eso, al parecer, Lydecker aún no sabe nada.

“Comprendo toda la parafernalia instalada contra los demonios. Pero, ¿por qué contra ángeles?”

“No confío en ellos”, contesta el Coronel sin vacilación. “Suelen fastidiar los asuntos humanos”.

Cierto, Sam tampoco confía en ellos. Una banda de idiotas sin voluntad propia, ha sido su descripción exacta. A excepción de Castiel, por supuesto.

“Supongo que en eso estamos de acuerdo”

Lydecker asiente, reflexivo y luego, como si recordara algo,  se señala su propia cabeza en el punto en que golpeó a Alec.

“Lamento… Lamento eso… Estaba un poco… alterado”

“Puedo imaginarlo”.

“Cuando te reconocí, pensé que en realidad eras Dean, resucitado desde la muerte, clamando por los chicos con su sangre. Esos Winchester siempre han sido de temer. Deberías sentirte orgulloso. Están en tu base genética”, el fantasma de una sonrisa revolotea en su rostro.

“Sí, lo sé”.

Y de pronto, Lydecker tiene sus ojos llenos de suspicacia nuevamente sobre él, tratando de leer en su interior.

“¿Por qué estás aquí, muchacho?”

La pregunta lo pilla de sorpresa, demasiado directa para esconderse detrás de una mascarada. Maldición. Alec duda un segundo sobre lo que debiera decir. El hombre parece saber suficiente ya. ¿Qué más da, entonces?

“Vine por 452”.

Como si se tratara de magia, toda la actitud de relativa confianza y camaradería que el Coronel exhibiera hasta entonces, desaparece.

“¿Qué?”

Alec respira profundo.

“La línea de tiempo del universo se desordenó. Es por eso que estoy aquí, en el cuerpo de Dean. Yo… nosotros”, se corrige. “Sam y yo, necesitamos restaurarla. Necesitamos a Max… 452 fuera de aquí, viviendo en libertad de manera que pueda convertirse en la líder que salvará al mundo de la ofensiva de los Familiares”.

“¿Y tú sabes todo esto porque…?”

“Un…”, ¿un ángel me lo dijo? No, eso no suena muy adecuado para alguien que acaba de confesar su aversión a tales criaturas. “Conozco el futuro”, se corrige nuevamente. “Vengo de allá. Se supone que a estas fechas Max ha estado fuera ya por cinco años, el país se encuentra bajo ley marcial y las tecnologías que nos hacían poderosos como nación han sido freídas por una bomba electromagnética. Necesitamos restaurar esa historia”.

Lydecker entrecierra sus ojos, un atisbo de mofa danzando en sus pupilas.

“Ya veo”

“Entonces, nos ayudarás”

“Lo siento, no”

Alec aprieta los labios intentando reprimir el enojo que comienza a crecer nuevamente en su interior.

“Esos demonios vienen tras Max”, le advierte.

“Lo sé ahora. Tomaré especial cuidado con 452, alias Max. Gracias por la información”.

“¿No me escuchaste?”

“Lo hice. Y creo que la mejor manera de proteger a 452 es mantenerla dentro de los límites de esta base, bajo mi supervisión”.

“¡Pero es un error! ¡Eso alterará todo, incluyendo el permitir el fin del mundo!”

“¿Y cómo puedo yo estar seguro de que me estás diciendo la verdad? ¿De que no es un truco para llegar a ella?”

“No soy un demonio”

“Eso no me dice nada”

“Si hubiese querido hacerle daño, ya lo habría hecho, ¿no crees? Acabo de estar con ella y su unidad”.

“Podría ser otro de sus retorcidos planes, ya sabes”.

Alec aprieta los puños con impotencia a su espalda, restringidas aún sus manos por el par de esposas.

“¡Eres un retardado mental!”, le espeta con rabia. “¡Tú serás el único responsable por lo que nos suceda a todos nosotros, incluído tú y tu precioso Manticore!”.

Lydecker se yergue como si hubiese recibido una bofetada. Ciertamente, no a causa de sus palabras, pero algo en la actitud desesperada de Alec debe haber atravesado su propia coraza de obstinación.

“De acuerdo”, dice sin apartar los ojos del otro. “Dices que si dejo que te lleves a 452 fuera de aquí, la humanidad estará a salvo porque es lo que tiene escrito el destino. Entonces, dejemos que el destino tome su curso natural. Si tú y tu compañero sobreviven a mis muchachos, entonces… podrás llevártela. Si no… ya lo sabes”.

Sí, por supuesto que lo sabe. Cazador y presa. Había integrado la partida demasiadas veces para no conocer lo que viene. Sólo que ahora va a jugar un papel diferente.

“¿Qué hay sobre mí siendo especial?”

“No tú. El chico aquí. Él tiene un futuro.

“Yo soy su futuro”

“No lo sabemos todavía”.

Demonios. En eso el hombre tiene razón.

“Muy bien, haz lo que quieras conmigo, pero deja a Sam fuera de esto”.

“Lo siento, no puedo”

“Pero, ¿por qué?”

“Sabe demasiado. No quiero que estropee el futuro de mis niños”. Se acerca al escritorio y acciona un botón. “Buena suerte, Alec”. La puerta se abre y el mismo par de soldados que lo condujeron a la oficina en primer lugar, lo aprisionan fuertemente de los brazos y lo empujan hacia la salida. Alec forcejea hasta medio volverse hacia Lydecker.

“¡Eres el mismo hijo de perra de siempre!”

“Lo tomaré como un cumplido”, replica el hombre mientras la puerta se cierra detrás de Alec y sus carceleros. A través de la ventana asoman los primeros rayos de sol de la mañana.

 

Capítulo 30.

 
 

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