Fic: “Cuentas pendientes” 30/?

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Título: “Cuentas pendientes”.
Autor u Autora: Winchester_Mcdowell
Categoría: Crossover Supernatural / Dark Angel.
Calificación: Todo público.

“Estás de mal humor”
Dean le mira desde el otro lado de la mesa, una sonrisa bribona bailoteando en su rostro y un brazo rodeando la espalda de su fémina. Bobby observa al par mientras el cansancio se le escurre por los huesos hacia la taza de café que sostienen sus manos. Parecen una pareja de siameses allí sentados muy juntos, el uno al lado del otro, como si no hubiese espacio suficiente en la mesa.

30

Dean

“Estás de mal humor”

Dean le mira desde el otro lado de la mesa, una sonrisa bribona bailoteando en su rostro y un brazo rodeando la espalda de su fémina. Bobby observa al par mientras el cansancio se le escurre por los huesos hacia la taza de café que sostienen sus manos. Parecen una pareja de siameses allí sentados muy juntos, el uno al lado del otro, como si no hubiese espacio suficiente en la mesa.

“Tal vez si hubiera dormido un poco no lo estaría”, dice sin intentar siquiera disimular el tono acusatorio en su voz.

Max se muerde el labio con expresión culpable.

“Perdón, Sr. Singer”, se disculpa. “No era nuestra intención”

“¿No lo era?”, juguetea el otro y se gana un codazo en las costillas. “Auch”. Una sola mirada de la morena basta. Dean se vuelve hacia Bobby. “No era nuestra intención”

“No volverá a ocurrir”, insiste ella y Bobby no puede menos que sonreír ante la expresión de desolación en el rostro del cazador ante sus palabras.

“No te preocupes, Dean”, lo tranquiliza el hombre. “Esta noche, después que terminemos con todo, la habitación del pánico será toda suya. Es a prueba de ruidos. Podrán tener toda la diversión que deseen sin molestar a nadie”.

De inmediato la sonrisa vuelve al cazador.

“Gracias, Bobby”.

Max hace a un lado su silla para levantarse de la mesa.

“¿Adónde vas?”, quiere saber Dean, evidentemente poco deseoso de perder su compañía.

“Arriba, a arreglar el desorden que hicimos”

El viejo resopla sobre su taza de café.

“Al menos uno de ustedes tiene conciencia”.

“Te ayudaré”, se ofrece Dean haciendo el amago de incorporarse él también.

“Nuh, nuh”, lo devuelve ella a la silla con un suave topón. “No quiero distracciones. Termina tu desayuno”.

Él se sonríe, siempre juguetón, liviano como no se ha sentido en años.

“Me gusta cuando te pones mandona”

Ella sonríe y se inclina hacia él.

“Lo sé”, le da un rápido beso. “Te veo después”.

Sam llega desde el patio en el momento en que la morena desaparece escaleras arriba.

“Pensé que ustedes dos iban a envejecer en su habitación”, comenta a modo de saludo.

“De ninguna manera. Tenemos trabajo que hacer. ¿Dónde está Dalton?”.

“Haciendo una ronda. Necesito un café.”

“Sí, por supuesto”, Dean le alcanza un tazón. Bobby aún continúa dándole vueltas al suyo. “¿Qué sucede, Bobby?”

El viejo se acomoda la gorra y se hace hacia delante en su silla de manera de poder enfrentar al cazador sin evasiones.

“¿No es un poco apresurado todo esto?”

“Bueno, debemos darnos prisa. White podría estar cerca y tenemos que…”

“No me refiero a eso, imbécil”

Dean ofrece su mejor cara de puzzle.

“Flores y abejas, muchacho. Tú y tu chica, ¿cuándo se conocieron? ¿hace dos semanas?”

“Vamos, hombre”, alega torciendo su sonrisa en ademán fanfarrón. “Me ha tomado sólo horas las más de las veces y lo sabes”.

“Sí y también sé cuando no se trata sólo de rascarse las ganas. Te conozco, muchacho. Deberías poner un poco más de juicio en esto”.

La diversión decae hasta desaparecer del ánimo del cazador.

“Somos personas adultas, Bobby”.

“Yo sólo decía”, se defiende el viejo mientras se pone de pie. “En todo caso, cuida el mobiliario. Es difícil de reponer en estos tiempos”.

Bobby se retira mientras Sam se acomoda al lado de su hermano en la mesa con el tazón ya servido y un sándwich en la mano.

“Creo que tiene razón”.

“¿Te pedí tu opinión?”

“Cálmate. Qué sensible”

“¿Por qué demonios están ustedes dos tan preocupados por mi vida sexual ahora, ¿eh? Hay asuntos más importantes que atender, ¿no crees?

“Estamos preocupados por ti. YO estoy preocupado por ti”.

“Bueno, no tienes por qué.”.

“Sí, tengo que. Recuerda que ahora yo soy el hermano mayor”.

“¡En tus sueños, muchacho! Todavía puedo patearte el trasero. ¡Oh, sí! Especialmente ahora, en este cuerpo, realmente puedo hacerlo”.

“Bueno, Dean, ¿debería recordarte entonces que no has sido exactamente afortunado en el amor?”

Dean sonríe sin alegría.

“¿Tampoco aquí?”

“En serio, amigo. Ten cuidado. Acuérdate de Cassie y Lisa. Estabas… estabas tan hundido… tú sabes… la última vez, antes de tu muerte”. Dean se muerde la lengua para no preguntar qué le pasó con ellas a este lado de la línea. “No deberías involucrarte demasiado. No sabemos cómo va a terminar todo esto”.

“¿Lo hemos sabido alguna vez?”

Sam sonríe con tristeza.

“No. Nunca sabemos” clava sus ojos en él. “Jamás imaginé que estaría desayunando con mi hermano muerto, una década más joven, mientras tratamos de evitar un nuevo Apocalipsis”.

Los interrumpe el sonido de un vehículo acercándose. De inmediato están en la puerta, guardando las espaldas de Bobby quien se acerca con cautela a la camioneta destartalada que se ha instalado en el patio. Del interior del vehículo, un hombre de mediana edad extrae un paquete de respetable tamaño.

“¿Bobby Singer?”.

El viejo cazador asiente.

“Un envío del señor Rufus Turner. Por favor, firme aquí”.

Bobby voltea hacia la puerta donde los dos Winchester aún mantienen la guardia.

“La fiesta comenzará después de almuerzo”, les informa al tiempo que acepta el recibo a firmar.

“Entonces”, decide Dean, “terminaré la decoración”, y diciendo así, va en busca de una buena brocha y tarros de pintura antes de dirigirse a la habitación en el sótano. Está pintando las marcas realizadas con tiza en el suelo cuando Dalton aparece por la puerta y se instala en el camastro, muy tieso y serio, obviamente ansioso por decir algo sin saber cómo.

“¿Crees que podrías ayudarme aquí o sólo vas a sentarte y verme trabajar?”

“Er… Yo sólo… bueno…”

“Escúpelo ya”

El chico se humedece los labios antes de hablar.

“¿Tú y Max…?”, se detiene ante la mirada de reproche que le dedica el cazador.

“¿Tú también, muchacho?”

“¿La amas?”, lanza de sopetón entonces.

“¿A quién?”, se hace el desentendido. “¿Max?”

“Sí, Max. ¿O te acostaste con alguien más anoche?”

“¡No seas insolente, niño!”.

“Contéstame”

“Ese no es tu asunto”

Dalton baja la mirada y mueve los pies nerviosamente.

“Son mis amigos”, dice. “Me refiero a Max y Alec. Ese… “, lo señala con un gesto de su cabeza. “… es el cuerpo de Alec. ¿Qué va a pasar cuando pagues tus cuentas pendientes aquí y vuelvas al lugar de donde vienes?”

El cazador se toma unos segundos antes de contestar.

“No creo que pueda volver”.

Dalton da un respingo.

“Pero, tú dijiste…”

“Sé lo que dije y en ese momento era verdad. Pero ahora… no lo sé. Con toda la línea de tiempo dañada, ¿adónde regresaría realmente? Ya no hay lugar para mí allí de donde provengo”

“Mh… eres Dean Winchester, un cazador”

“Sí, un papel que ahora ocupa Alec”.

“No sabes eso”.

“Estuve con él”

“¿Uh?”

“En sueños, después que Max y yo… bueno,… como sea,… Estaba algo cansado, me dormí algunos minutos y hablé con él”

“¿Él te dijo que no volverías?”

“No, pero vestía mi cuerpo y yo el suyo”

Dalton lo contempla con expresión en blanco, incapaz de establecer la conexión.

“¿Y?”

Dean suspira.

“Cuando estuve con Castiel en otro sueño antes, yo vestía mi propio cuerpo, el de treinta y tantos. Creo que algo sucedió, aquí o allá, que cambió aún más las cosas y me ancló en este tiempo y lugar”.

Finalmente la comprensión alcanza a Dalton. Si Dean está anclado aquí, Alec también al otro lado del universo.

“Oh”, dice y desvía su mirada hacia un costado, evitando a Dean.

“Lo lamento”, se disculpa el cazador.

Dalton se vuelve hacia él.

“¿La amas?”, insiste.

“¿Por qué te importa tanto?”

“Contéstame”, demanda otra vez.

Entonces Dean comprende. El chico espera que salgan de su boca las palabras correctas. Espera la comprobación de que no ha perdido a su amigo en vano, que no es un canalla sin corazón quien ha venido a ocupar sus zapatos. El cazador bucea en su interior, allí donde pocas veces se ha atrevido a mirar, en busca de esas palabras.

“Me preocupo por ella”, dice. “Le deseo lo  mejor. Me siento bien a su lado…”. Rebusca un poco más y un nudo se forma en su garganta. Nunca admitirá, en todo caso, ni siquiera a sí mismo cuánto le asusta lo que encuentra. Bien no es el término exacto, es apenas un fantasma de lo que sus afectos claman. ”Ella es como llegar a casa”, se le escapa en un murmullo ausente. Cuando vuelve a prestar atención, Dalton tiene sus ojos fijos en él. Se aclara la garganta con un carraspeo. “No sé mucho más que eso”, termina. “Lo siento”.

El chico guarda silencio, impasible.

“De acuerdo”, dice al fin y tomando uno de los pinceles se inclina sobre el bosquejo en el suelo. “¿Cómo va esto?”

Para después de almuerzo, todo está en su punto y la puerta de la habitación se cierra con doble seguro con ellos adentro.

”¿Por qué siempre tiene que haber sangre involucrada?”, se queja Max mientras Dean le extrae de la palma de la mano la cantidad necesaria para el rito y la deja caer sobre un bowl de madera. “Es… asqueroso”

“La sangre es vida. Es la fuerza humana más poderosa”, le explica el cazador envolviéndole la herida con un vendaje.

“Es por eso”, completa Bobby, “que siempre ha estado en toda clase de ritos, incluyendo los judíos, y de alguna manera, los cristianos en su fundamento. ¿Listo?”

“Casi. Un minuto”. Con un rápido movimiento, abre un surco en su propia mano con la hoja del cuchillo y hace presión con el puño para forzar el flujo desde la herida al mismo bowl de antes. “¿Suficiente?”

“Eso creo”. Bobby retira el recipiente hacia la mesa donde mantiene el resto de los ingredientes y un mechero encendido. “Bueno”, dice realizando un último inventario. “Hora del show”, se vuelve hacia el resto y señala a Max. “Tú, querida, aquí”, le indica un círculo ribeteado de blanco en un extremo del diagrama. Dean se posiciona sobre otro en el lado opuesto. “Ustedes dos no salgan  de sus lugares o esto podría terminar mal para el resto de nosotros. ¿Entendido?”

Ambos asienten en silencio. El viejo cazador se vuelve entonces hacia Dalton que espera en un rincón, los ojos muy abiertos y el cuerpo tenso.

“Tú, quédate ahí. No hables, no te muevas. De preferencia, tampoco mires”.

“¿Y yo, Bobby?”, Sam se mueve hacia el centro de la habitación sobre el diagrama pintado de rojo en el suelo.

“Tú serás la estrella del show”. Bobby toma un cuchillo desde la mesa, lo examina y, tras pasarlo a través de la llama del mechero, tiene un momento de duda. “Tendré que usarlo, Sam”, le advierte enseñándoselo.

Sam resopla, divertido y se saca la camiseta: decenas de protuberantes cicatrices como de zarpas gigantes surcan su pecho. Su visión impacta incluso a Dean, acostumbrado a ver todo tipo de heridas en el cuerpo de su hermano y en el propio.

“¿Qué? ¿Has estado jugando en Jurasik Park o algo así?”

Sam sonríe, agradecido por la broma.

“Hagámoslo”, dice y se tiende en el suelo, al centro del diagrama.

Bobby comienza a recitar sosteniendo el bowl que contiene la sangre mezclada de Max y Dean sobre el cuerpo tendido de Sam. Luego, dejando de lado el recipiente, traza líneas sobre su pecho descubierto con la punta de la daga, siguiendo el patrón dejado por Sandeman en su diario, lo suficientemente profundas para permitir que la sangre del hombre salga a flote y forme el diseño deseado. Hasta allí, Sam apenas acusa algo de molestia. Después, el viejo cazador empapa dos dedos en la sangre mezclada en el bol y los repasa sobre las heridas abiertas del hombre en el suelo. La reacción es inmediata, como si se hubiese agregado fósforo al fuego. Sam grita y palmotea el suelo intentando paliar el dolor.

“¡Quédate ahí!”, le advierte Bobby a Dean sin necesidad de voltearse para saber que ha estado a punto de echarse a correr hacia su hermano.

“Quizás debiéramos parar…”, se atreve a sugerir Max.

“¡No!”, protesta Sam de inmediato. “Estoy bien”, dice y se dirige a Bobby buscando demostrarle que es verdad. “Estoy bien”.

El viejo asiente y voltea hacia Max.

“Lo superará. Es un Winchester”.

“¿Eso quiere decir que soy un valiente?”, quiere saber Sam desde el suelo intentando una sonrisa que no resulta.

“No”, le contesta Bobby y se concentra nuevamente en la tarea que está realizando. “Significa que eres un terco. Como tu padre. Como tu hermano”.

Sam reiría si no estuviese tan adolorido.

El rito continúa y poco a poco, las heridas se convierten en líneas negras que la piel de Sam absorbe como un tatuaje.

“Hey”, Bobby le palmotea la mejilla cuando el otro cierra los ojos ante el agotamiento. El sudor cubre por entero el cuerpo del cazador desdibujando la sangre sobrante. “¿Estás conmigo?”

Sam abre los ojos con esfuerzo.

“Eso creo”.

El viejo se incorpora sobándose las rodillas. Se dirige a Dean.

“Puedes venir y ver a tu hermano ahora”.

El cazador no se hace de rogar. En un dos por tres se encuentra sobre Sam revisando sus signos vitales. Max se acerca a ayudar con una toalla húmeda para aliviar el ardor de las heridas.

Bobby se dirige entonces hacia Dalton en su rincón quien aún mantiene apretados con fuerza sus párpados.

“Y tú”, lo piquetea con un dedo. “ya puedes abrir los ojos. Se acabó”.

El chico respira profundo y obedece. El cuchillo está en el suelo, aún manchado con la sangre de los cortes. Se lleva una mano hacia su pecho recordando su propio tormento. Lo de Sam se escuchó aún peor. Los gritos aún resuenan en sus oídos a pesar de habérselos cubierto con las manos en el momento en que comenzaron. Dean y Max le están atendiendo. El hombre no parece estar en condiciones de nada y se deja hacer. El gran ventilador en el techo, moviendo sus aspas con lentitud, arroja sombras intermitentes sobre ellos. Y de pronto algo sucede. Por un brevísimo momento, la luz no pasa por el hueco del ventilador. Apenas una mancha en el rabillo del ojo del chico. Dalton levanta la vista lentamente hacia el techo, prestando atención, y allí está otra vez.

“Uh… ¿Dean?”

El cazador, aún inclinado sobre su hermano, gira hacia el chico.

“¿Dalton?”

El muchacho no ha apartado la vista del techo.

“Algo anda mal”

Y entonces, antes de que nadie pueda figurarse lo que sucede, la ventila y su protección de fierro vuelan, arrancados de cuajo. Enormes bultos entran en rápida sucesión dentro de la habitación.

Max de inmediato comienza la lucha aún antes de analizar a qué se está enfrentando. No demora mucho en concluirlo, sobre todo cuando el cuchillo mata demonios que Dean entierra en uno de ellos ni siquiera le arranca un quejido.

“¡No son demonios!”, le grita. “¡Son Familiares!”.

Dean acusa recibo de lo que eso significa: sin prisioneros. Max le ha instruido bien al respecto. Un Familiar no siente dolor, es tanto o más poderoso que un transgénico y su consigna es matar mientras tenga un hálito de vida. No hay tiempo entonces para deliberaciones morales. En especial cuando te están dando la paliza de tu vida.

Bobby intenta agarrar la escopeta, pero su atacante es rápido. Lo arroja sin miramientos contra los estantes arrinconados y el viejo ya no vuelve a moverse.

Dalton se arroja sobre otro pero es como darse contra un murallón de ladrillos reforzados. Pronto está en el suelo, mareado y a punto de ser pisoteado, cuando Dean llega en su rescate desde atrás. Dalton nota vagamente los cuerpos de un par de familiares en el suelo, el cuello de uno de ellos en grotesca posición; el otro, con el pecho abierto y sangrante. En un rincón está Sam, los ojos cerrados, aún sin fuerzas. El mundo da vueltas. Y entonces la puerta se abre, alguien ha quitado los seguros. Una marea de Familiares entra. Dean azota contra la pared de fierro tan fuerte que Dalton juraría que ha sonado como una campanada profunda. Se están llevando a Max a la rastra, inconsciente. Y a Sam. Dalton quiere llamar a Dean, advertirle, pero la voz no encuentra camino hacia su boca. Voltea en busca del cazador y la habitación se mueve de nuevo. Siente náuseas. Dean está en el suelo, bajo la pared, no se mueve y Dalton no puede decir siquiera si respira.

Cuando el último Familiar atraviesa la puerta en su retirada, Dalton se incorpora a medias y vomita.

Continuará…

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