Fic: “Cuentas pendientes” 33/37

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Título: “Cuentas pendientes”.
Autor u Autora: Winchester_Mcdowell
Categoría: Crossover Supernatural / Dark Angel.
Calificación: Todo público.

33

Alec

Ben duerme en una de las camas de la habitación triple en la que se han instalado después de poner cuatro estados de distancia entre ellos y Wyoming. Atado por el agotamiento al sillón del cuarto, Alec no puede apartar la mirada del muchacho, su hermano, su gemelo, a quien nunca tuvo oportunidad de conocer mientras su vida transcurrió dentro de las murallas de Manticore. Es como verse a sí mismo en una película de hace una década. Se mira las manos a la luz de la tarde que ya comienza a entrar en la habitación y se pregunta por qué, si los tatuajes han desaparecido, él sigue anclado en el 2014. Tendrá que preguntarle sobre eso a Castiel cuando se digne aparecer. Si es que lo hace. Porque desde que los dejó abandonados en las afueras del motel, Impala incluido, no lo han vuelto a ver. Algo hizo o muy bien o muy mal. No caben medias tintas. Como sea, lo hecho, hecho está. No hay lugar para arrepentimientos.

Se pregunta qué será de su yo encerrado aún en Manticore. Sólo espera que Lydecker haya entendido su importancia dentro de los acontecimientos y continúe siendo fiel al mandato de Sandeman. Sin Ben adentro y sin otro clon conocido de Dean, al menos por ahora, el coronel debiera exacerbar sus cuidados para con su mini mí.

Sobre el cobertor de su cama descansan los impresos de toda la información que ha podido reunir en Internet sobre el Instituto Militar Manticore para Niños Dotados. En el pendrive todavía están las fotografías que la doctora Sukova extrajo de la oficina de Lydecker.

Va a terminar lo que empezó.

Tiene el correo electrónico de Logan Cale. Un periodista ideológico, deseoso del feedback de sus lectores, no es difícil de contactar. Lo anima la esperanza de que tal vez no sea tarde para que lo salve a él de la esclavitud, antes de las primeras misiones, antes de Berrisford.

Se lleva una mano hacia los ojos y la deja allí, cubriéndolos, por un momento. Sí, está muy cansado y no sabe si se debe más a los poco amables encontrones con la gente de Manticore o al peso de la responsabilidad que se ha echado sobre los hombros con su última decisión.

“Pensé que ustedes no necesitaban dormir”, lo sobresalta la voz de Sam. Mala cosa. Ni siquiera lo escuchó entrar. Se está acostumbrando demasiado a confiar en que otro cuidará su espalda.

“Lo dopé” responde y vuelve a fijarse en Ben, “necesitará estar descansado para entender lo que sucede”.

Sam se acerca a la mesa y comienza a desempacar la comida que acaba de traer, tres porciones de hamburguesas y gaseosas,. El cazador entonces descubre los papeles esparcidos sobre el cobertor.

“¿Qué es eso?”

“Trabajo”

De inmediato, la sospecha se instala en la mirada de Sam.

“¿Qué clase de trabajo?”

“De la clase que no te gustará”.

El cazador escoge al azar una foto impresa que muestra las edificaciones de Manticore y a unos cuantos de los adolescentes transgénicos formados ante un superior. A simple vista, y si no supiera qué se esconde allí, Sam podría pensar que se trata de una escuela militar o una correccional.

“¿Qué estás planeando hacer con esto?”

Alec se arrellana en el sillón y acomoda su cabeza hacia atrás en el respaldo mientras suelta algo que a oídos del cazador suena muy parecido a un ronroneo.

“¿Qué más da? Si voy a caer fulminado por la ira de un arcángel entonces que sea por la tarea completa”

Sam resopla, divertido.

“¿De qué hablas? ¿Piensas que va a caerte un rayo en la cabeza o algo por el estilo?”

“Pienso que alguien en el piso de arriba debe estar enojado conmigo por lo que hice”

“Lo que hicimos, Alec. Si va a haber algún castigo, lo será para mí también”

“Bueno, tendrás que quedarte conmigo para siempre. ¿No es eso suficientemente malo?”

Sam respira profundo y se sienta en el borde de la cama enfrentando a Alec.

“Eres un buen tipo, Alec. Casi mi hermano. Y me gustaría que te quedaras aquí conmigo… y con Dean. Pero la línea del tiempo volverá a su curso algún día. Sólo debemos tener paciencia”.

Endereza su cabeza para mirar a Sam. Sonríe sin convicción.

“Sí”, dice. “Seguro”, y le echa un vistazo a la colcha llena de papeles. “Lo haré de todas maneras”.

Sam considera en silencio unos segundos.

“¿Hay alguna forma en que pueda convencerte de que no lo hagas?”

“No”, responde con firmeza y se vuelve hacia el cazador para que éste pueda apreciar cuan seria es su decisión.

Sam le sostiene la mirada.

“Eso pensé”, dice al fin y se pone de pie para dirigirse hacia su propia cama. “Creo que voy a dormir hasta mañana en la noche”.

Alec respira aliviado y se estira hacia delante para alcanzar el laptop.

“Viejo, no he podido hacer nada en el baño en todo el día”, se queja “¿Cómo es que tú y Dean se han acostumbrado al zapping de Castiel?

Sam se ríe antes de hundir su cabeza en la almohada mientras la noche se cierne lentamente sobre la ciudad.

Alec abre el laptop y comienza a navegar entre los documentos que ha logrado reunir pensando en lo que será su vida en adelante. Aún queda mucho por hacer. Encontrar a Sandeman, esconderse de Lydecker, cuidar de Ben, encontrar a Sandeman, cazar fantasmas, encontrar a Sandeman… Sí, puede que esté un poco obsesionado con el asunto, pero si alguien tiene las respuestas correctas, ese debe ser el viejo padre de las cruzas genéticas.

Casi sin darse cuenta, escribe el nombre del fundador de Manticore en el buscador y da clic al “go”. La bodega de vinos finos con ese nombre ocupa la primera página de resultados. Alec suspira decepcionado. No es que esperara encontrar algo realmente, como que Sandeman estuviese publicitándose a sí mismo después de permanecer escondido desde hace tantos años. Entonces, cuando está a punto de pasar a la segunda página, la pantalla se va a negro. Al segundo siguiente, las luminarias estallan en sus postes en el exterior. De pronto todo se ha hecho silencio y oscuridad. Una sospecha se forma en su mente y cae congelada hacia su estómago. Agarra su celular. Nada. El visor no enciende. Está muerto.

Después de todo, no tuvo que ser él quien fastidiara al mundo.

Capítulo 34

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