Fic: “Cuentas pendientes” 36/37

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Título: “Cuentas pendientes”.
Autor u Autora: Winchester_Mcdowell
Categoría: Crossover Supernatural / Dark Angel.
Calificación: Todo público.

36

Dean

La vida no ha sido fácil.

Cuesta respirar, cuesta moverse, cuesta levantarse de la cama por las mañanas bajo la mirada preocupada de su mujer. La sonrisa con que intenta tranquilizar a Max, las más de las veces, no alcanza sus ojos.

Todo es una gran reminiscencia de otros tiempos en que se reconstruyó a sí mismo desde las cenizas en manos de otra mujer.

Intenta hacer creer a Max que es feliz.

Ella se esfuerza para que eso suceda.

Dalton se ha convertido nuevamente en su sombra y hace sus propios intentos de distraerlo de su pena, intentos que a ratos arrancan carcajadas sinceras del cazador.

De día, Dean se deja guiar y acompañar por su familia transgénica. Sale con las patrullas y vuelve siempre para encontrar a su morena frente al monitor en el Puente de Mando intentando esconder, bajo la máscara de una rabieta, la angustia que la consume cada vez que él se va sin saber si regresará con bien. Viven en el departamento que fue de Alec y en la noche hacen el amor hasta caer agotados, hasta que Dean olvida que existe un mundo triste afuera de esas cuatro paredes.

Habla regularmente con Bobby por teléfono y de vez en cuando le envía suministros que el viejo cazador no es capaz de obtener por sí mismo. Promete visitarlo en cada conversación pero siempre hay algo que hacer en la ciudad que se lo impide. Bobby comprende.

Logan se ha mostrado distante aunque cortés en las pocas ocasiones en que se han topado. El periodista continúa ayudando a la ciudad sólo que ahora no se deja ver tan a menudo. Dean se pregunta si él hubiera actuado tan civilizadamente en sus zapatos. Después de todo, le ha robado la mujer de su vida y la ha arrastrado consigo al pozo de su pena.

Y así se suceden los días, pasan las semanas.

Hasta que al fin logra despertar.

Contempla a Max mientras duerme y decide, como si hubiese recibido una revelación, que no es justo para ella.

Es tiempo de iniciar una nueva vida.

Se une en forma permanente a los equipos de habilitación de la ciudad que ya había organizado Alec. Ni pensar en ocupar el cargo de segundo al mando que algunos reclaman para él. Prefiere el trabajo sucio y esforzado. Es bueno en eso. Aún así, su presencia genera respeto sin él proponérselo. Su opinión es siempre esperada y acogida. Seguramente está relacionado con el hecho de que, tras toda una vida acostumbrado a dar órdenes, le es difícil esconder la estampa de autoridad. Tiene algo que ver también, y no se puede negar, con haber domado a la Reina de las Brujas.  Todo Terminal City parece agradecer el cambio en el carácter de su líder, mucho mejor ahora que en los tiempos en que volcaba sobre los suyos la frustración de no poder estar con Logan, en especial sobre Alec.

Su mujer descansa tranquila ahora que se mantiene dentro de los límites de la ciudad. Y él se pasa horas en la noche sin dormir, sólo contemplándola y dejando que aquel extraño sentimiento se cuele hasta el fondo de su corazón.

Casi podría decir que es feliz.

En la mañana abre los ojos y Max, ya duchada y vestida, le sonríe a apenas unos centímetros de su rostro. Su perfume le llena el olfato.

“¿Qué sucede?”

La morena se muerde el labio.

“Nada”

Si fuera posible, Dean juraría que Max brilla por todos sus poros. Alarga una mano hacia su aceitunado rostro y la acaricia con ternura, moviendo el pulgar sobre los labios carnosos.

“¿Qué te hiciste?”

Ella vuelve a sonreír.

“Soy feliz”, dice y le planta un suave beso en la boca. “Vamos, flojonazo. El desayuno espera”. Tironea de él fuera de las sábanas arremolinadas de la cama.

“¿Hiciste el desayuno? ¿Tú? Oh, Dios. Debo estar soñando aún”

Max le palmotea el hombro y se ríe, traviesa.

“Hoy es especial”

“¿Uh? ¿Por qué?”

“Tengo que mostrarte algo”.

La aprisiona de la cintura devolviéndola a la cama.

“Muéstrame”

“Nop”, se escabulle de entre sus brazos. “Después del desayuno. Ve y date una ducha”, y desaparece en dirección a la sala, bamboleando las curvilíneas caderas de una forma provocadora.

De acuerdo. Sí. Él también es feliz.

Debería sentirse culpable, pero no es así. De todas maneras, la relación de Max con el periodista estaba condenada al fracaso y, puede estar seguro, Sam deseaba esto para él: un lugar, una mujer, amigos, trabajo… Aún duele, por supuesto, y quizás nunca deje de doler, pero la felicidad nunca es perfecta.

Nunca.

Va hacia el baño y cuando abre el grifo de la ducha, un dolor en el pecho lo obliga a doblarse sobre sí mismo hasta caer al suelo de rodillas. Le falta el aire, no puede hablar, pero algún sonido debe haber dejado escapar porque de inmediato Max está en la puerta, aferrada al marco del umbral que le ha servido de freno en su carrera desde la sala. Le escucha decir su nombre mientras va hacia él. Dios. Es como si le hubiesen abierto otra vez el pecho. Siente los brazos de Max alrededor suyo cuando comienza a deslizarse hacia el suelo, perdido el control de todo su cuerpo. Cierra los ojos, agobiado por la pesadez en ellos, pero debe abrirlos de nuevo ante la urgencia con que es sacudido. Se encuentra tendido entre anaqueles derrumbados y mercaderías desparramadas por el suelo. Alguien está a su lado, tan cerca que no puede distinguirle el rostro.

“¿Alec?”

No es posible.

Alza la vista y lo primero que reconoce es la melena de chiquilla de su hermano.

“Alec, por favor. Háblame, hombre. ¡Dí algo!”

Aturdido, mira hacia el frente donde un muchacho que podría ser él mismo hace millones de años sostiene una escopeta recortada en su mano.

Alec.

No, no es Alec.

“¿Ben?”

“Sí, Ben. Él te salvó la vida”.

Hay un hombre cerca suyo tendido también en el suelo con los ojos abiertos. El cuello está roto. Dean permanece en silencio. Tiene un sabor agridulce en la boca. Sam lo toma de las axilas y lo obliga a incorporarse hasta afirmarlo contra la muralla.  A continuación Dean tiene el rostro del gigantón al frente del suyo, casi hurtando el aire de sus pulmones. Le ve fruncir el ceño.

“¿Alec?”

Dean lo mira directo a los ojos y Sam comprende.

No, no es Alec.

“Dean”.

Epílogo

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