Fic: “Los Estados Unidos de Dean Winchester” (1)

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Título: “Los Estados Unidos de Dean Winchester”
Autor u Autora: Winchester_Mcdowell
Categoría: Supernatural.
Calificación: todo público.
Resumen:
Cuando Sam Winchester se larga a encontrar su tranquilidad, piensa que cuando lo haya logrado y vuelva, Dean y él podrán hablarse de nuevo y arreglar sus problemas. Eso es lo que Sam quiere, pero a veces ni siquiera el hermano que le ha dado todo es capaz de cumplirle todos sus deseos.

01

Where’s Dean Winchester?

 

Cuando tiene conciencia nuevamente, está tras el volante de su nena, en medio de un campo, en un lugar perdido dentro del mapa. Su mente es un rollo de algodón metido a presión en su cabeza. Le lleva cinco minutos recordar su nombre y otros quince intentar dilucidar qué es lo que hace allí. Se examina en el espejo retrovisor y luego mira hacia el asiento del pasajero donde una chaqueta de cuero negra, húmeda y sucia, descansa arrojada con descuido. No la reconoce, no es suya, y lo que la mantiene húmeda parece ser sangre. Se palpa el cuerpo, pero no acusa dolor en ninguna parte. Busca el celular en los bolsillos de la campera que lleva puesta y no lo encuentra. Se mira la prenda y piensa que debe ser de Sam. ¿Qué hace con la campera de Sam? Se le ocurre registrar los bolsillos de la chaqueta negra. Allí está su teléfono. Marca el discado rápido y le contestan del otro lado antes que pueda pronunciar palabra.
“¿Dean?”.
“¿Sam?”.
“Al fin. ¿Dónde estás?”.
“No lo sé”.
Se lleva una mano a la frente y se encuentra una leve protuberancia, dolorosa al tacto. Maldita sea, una concusión.
“¿Tienes aún la pulsera?”.
“¿Qué?”.
“¿La pulsera de ubicación…negra…una banda metálica en su interior…? Espera, estoy buscando la señal”. Dean recuerda entonces lo vejado que se sintió cuando Sam colocó la pulsera en su muñeca como si fuera un crío de cinco años. Dean se levanta la manga de la campera y ahí está. “Bien”, anuncia Sam desde el otro lado del mundo. “Te tengo. Voy por ti”.

-o-

La primera vez fue una semana.
Bobby escuchó detenerse el motor del Impala frente a la cabaña y vio a Dean descender con su bolso a cuestas. Sólo Dean, el peso del universo sobre sus hombros como única compañía.
“¿Tu hermano?” quiso saber asomado desde el umbral abierto.
“Se ha ido”, le informó el otro cruzando la puerta hacia el interior de la sala. “Dijo que no deseaba ver mi horrible cara de nuevo”.
“¿Cómo dices?”.
“Bueno, no fueron esas las palabras exactas, pero es la misma cosa”.
“¿Qué sucedió?”.
Dean se detuvo entonces en medio de la sala, aún dándole la espalda, el tirante del bolso en su mano como si no se decidiera a dejarlo caer todavía al suelo. Bobby retuvo el aliento en espera de la respuesta, intentando imaginarla antes de escucharla de los labios del Winchester.
“Descubrió lo de Amy”, dijo éste al fin con gravedad y el alma retornó sin novedad al cuerpo del viejo cazador.
“Oh. Eso”, el tono neutral marcado a propósito para destacar la falta de importancia del asunto. “No te preocupes, muchacho. Se le pasará. Ya sabes cómo es”. Dean ya había dejado caer el bolso al suelo, en mitad de la sala y permanecía quieto mirando algún punto en la alfombra. “¿Dean?” Intentó. Nada. “¿Dean?”, llamó de nuevo y ante la ausencia de reacción, comenzó a rodearlo con cautela hasta quedar frente a él. “Dean, ¿estás bien?” Nada. Con un movimiento pausado acercó su mano hacia el hombro del otro hasta posarla en él por completo. “¿Muchacho?”. Sólo entonces el cazador le dejó ver su rostro. “¿Te sientes bien?”
Como despertando de un pesado sueño, Dean le dedicó una mirada primero desorientada y luego, contradictoriamente, llena de vida, muy diferente a la de unos minutos atrás. Le sonrió.
“Sí, estoy bien”, alzó los hombros caídos mientras echaba un vistazo alrededor. “Uh… ¿dónde está el licor, amigo? Estoy sediento”.
Bobby continuó observándole con atención mientras iba en busca de un par de cervezas al refrigerador. Sin embargo, apenas le tendió una a su alcance, el otro se le rió en la cara.
“Estás bromeando, ¿verdad?”.
Bobby, dudoso, giró la botella hacia sí para inspeccionar la etiqueta. Nada anormal.
“¿A qué te refieres?”.
“Eso no es suficientemente fuerte”.
“¿Qué? ¿Ahora vas a esperar a Sam ahogándote en alcohol?”.
La forma en que el otro insertó una mueca enfadada y arrogante en medio de la sonrisa, le produjo un escalofrío inesperado.
“No voy a esperar a nadie, anciano”, enseguida echó a andar hacia la puerta. No se le ocurrió detenerlo. Antes de salir, el otro volteó a mirarlo. “Y tú no me esperes despierto tampoco”.

Cuando Sam al fin llama, Bobby contesta sin detener su vehículo que vuela sobre la carretera en dirección a Illinois.
“Aló”.
“Bobby, estoy en la cabaña. ¿Dónde te metiste?”.
“Estoy buscando a tu hermano”.
“¿No está contigo?”.
“¿Estaría buscando a tu hermano si estuviera conmigo? Idjit”.
“Qu… Dónd… Por qu… ¿Se marchó?”.
“Fue por un whisky. Hace una semana”.
“¿Por qué no me avisaste?”.
“También podrías haber llamado ¿no? ¿Qué le dijiste?”.
“¿Yo?…” No puedo hablar contigo, no ahora. “Espera, ¿me estás culpando de algo?”.
“Yo no sé nada, muchacho. Sólo que tu hermano está desaparecido desde esa pequeña charla de ustedes”.
“¡Él mató a Amy!”.
“Una kitsune”.
Bobby puede escuchar la respiración ofuscada del otro Winchester al otro lado de la línea.
“¿Lo sabías?”.
“Yo le dije dónde encontrarla”.
Silencio.
“Estás de su lado entonces”.
“Esto no es acerca de ti esta vez, Sam. Así es que si no me vas a ayudar a encontrar a Dean, es mejor que cortes. Necesito la línea. ¿Está claro?”.
Silencio. Bobby está a punto de colgar cuando Sam habla de nuevo.
“¿Lo llamaste?”.
“Por supuesto. No contesta”.
“¿Lo rastreaste?”.
“¡Su teléfono está muerto!”.
Por primera vez en toda la charla, el miedo comienza a clavar su tenaza en Sam.
“De acuerdo”, trata de enfocarse. “¿Dónde te encuentras?.
“Estoy viajando a Illinois. Tamara llamó. Dijo que estuvo con Dean. La ayudó con un asunto complicado. Perdió su pista pero lo está rastreando ahora y esperando por mí”.
“¿Está cazando?”, y la irritación vuelve a él. “Entonces está bien. ¿De qué nos preocupamos?.
“No es tan fácil, muchacho”.
“¿Por qué? Es lo que él hace todo el tiempo”, no puede evitar la acidez en el tono con que lo dice.
“Tamara dice que había algunos detalles en él que le parecieron… extraños”
“¿Extraños de qué manera?”.
“Sólo… extraños. Como si él estuviera… fuera de contexto”.
Repentinamente, las imágenes de Dean frente a botellas vacías, en un bar de mala muerte, cubierto de sangre y un gemelo suyo al frente le contrae las entrañas.
“¿Tamara está segura de que era él y no uno de esos leviatanes?”.
“No hubiera podido llamarme si no fuera así”.
“Sí, tienes razón”, y la tensión se aliviana en su interior. “Entonces… Illinois. Me reuniré contigo allá”.
“¿Qué? ¿Vas a volar?”.
“Sí. Es más rápido. Te llamaré cuando aterrice”.
“Sam”.
“¿Sí?”.
“Cualquier cosa que haya pasado entre ustedes dos,… no es el momento. Tu hermano no está bien. No lo ha estado en un largo tiempo”.
“Lo sé, Bobby”.
“En serio, Sam”.
“Lo sé”.
Se entretiene en mirar el celular un instante una vez que ha colgado. Busca el número de Dean y lo intenta. Bobby tiene razón.
“Así que”, la voz le llega por la espalda pero él no voltea. “¿vas a correr tras tu molesto hermano?” Se dirige hacia su bolso y registra entre las ropas hasta hallar su pasaporte, “¡Habíamos estado tan tranquilos! Una semana completa de paz”, y luego busca en el fondo el bolsillo falso con el dinero en efectivo. “Hey, Sammy”, insiste la voz a su espalda. “No nos hagas esto”, cuenta la cantidad suficiente para el pasaje del avión. “Oh, bueno. Tengo que admitir que es muy tierno de tu parte lo que estás haciendo” Luego busca en el bolsillo trasero de su pantalón. “Estoy seguro que a él le gustaría saber cuánto lo amas”, y extrae una navaja. “Tal vez entonces dejaría de desear tanto que alguien le dispare en la cabeza”, y sin dudar, se levanta la manga y se hace un corte arriba del codo, al lado de otros ya cicatrizados. Está seguro que el dueño de la voz se ha ido. Pero ni siquiera se da el trabajo de comprobarlo. Oculta el corte aún sangrante bajo la manga y comienza a regresar la ropa a su bolso.

Se reúne con Bobby cerca del aeropuerto y ambos buscan a Tamara. La mujer le ha seguido la pista al cazador hasta un parque de diversiones pero allí lo ha perdido. Los tres se separan con la zonas de búsqueda bien delineadas. Tras un cuarto de hora de escudriñar rostros, es Sam quien finalmente encuentra a Dean frente al stand de tiro al blanco con un corro de chiquillos que lo miran con admiración mientras bate uno a uno, los patos en la banda transportadora. Luce bien. Pero Tamara tiene razón: hay algo en él que no termina de encajar, partiendo por la chaqueta de cuero negra y ajustada que lleva puesta. El corazón le late apresuradamente mientras apura el tranco, temiendo a cada momento que le vea antes de tiempo y decida que no quiere tratar con él aún. Se posiciona justo detrás de su espalda, de manera que cuando Dean decide abandonar el juego se encuentra de sopetón con sus dos metros de presencia. Hay un momento de perplejidad y desorientación y luego el claro reconocimiento.
“Hola, Sammy”, saluda y sonríe vacilante. Echa un vistazo a la ropa que lleva y luego a Sam. “¡Qué demonio de resaca! ¿no?” Mira alrededor sin reconocer nada. “¿Dónde… dónde estamos?”.
“Galesburg, Illinois”.
“¿Illinois? ¿qué mierda estamos haciendo en Illinois?”.
“Te lo explicaré más tarde. ¿El Impala?”.
Dean mira hacia uno y otro lado, desorientado otra vez y luego se lleva una mano a la cabeza, sobre los ojos.
Sam frunce el ceño.
“¿Dean?”.
“¿No estabas conduciendo tú?”.
De acuerdo, esto comienza a ser preocupante.
“¿Qué es lo último que recuerdas?”.
Dean aparta la mano de su rostro y le dirige a su hermano una mirada confundida.
“¿Air Suply?”.
Diablos.
“Vamos”, lo toma por los hombros y lo impele a comenzar a caminar. “Hay que llamar a Bobby”.
“Pero, mi nena…”.
“La buscaré más tarde. Lo prometo. Primero, me haré cargo de ti”.
Dean se zafa del abrazo con un violento movimiento.
“¡No necesito que nadie se haga cargo de mí!”, protesta y se hace a un lado.
“¿Está todo bien?”, inquiere una mujer a su lado que le obliga a detenerse.
“¿Tamara?”, la reconoce Dean. “¿Qué estás haciendo aquí?”.
La cazadora alza las cejas y busca con la mirada a Sam en procura de alguna pista, pero él no puede darle ninguna así que la mujer se vuelve de nuevo a Dean.
“Estuvimos juntos en un caso hace un par de días”.
Dean frunce el ceño.
“¿En serio?”, ríe sin alegría al tiempo que se lleva de nuevo la mano al rostro. “En verdad fue una gran borrachera esta vez”.
Sam ve con preocupación cómo su frente se arruga bajo la mano en clara señal de sufrimiento.
“¿Dean?”.
“Me duele la cabeza”.
“Ok” le pasa nuevamente un brazo por los hombros y lo empuja suavemente para que comience a andar. Esta vez Dean no se resiste. “Nos vamos”. Busca su celular en el bolsillo y le hace una seña con él en la mano a Tamara. “Gracias” y marca. “¿Bobby? Lo tengo”.

Es fácil convencerlo de ir a la cama aunque cuando por fin llegan a la cabaña de Rufus, después de conducir toda la noche, son apenas las tres de la tarde. El dolor de cabeza casi no le permite abrir los ojos e incluso hace el amago de devolver el estómago frente al inodoro sin resultado. No chista cuando Sam lo obliga a sentarse y le quita los pantalones y las botas. Ni cuando le abre el cobertor y las sábanas de la única cama decente en la cabaña para que se meta adentro. Por el contrario, se acurruca de inmediato y se deja envolver por la inconsciencia. Sam se queda allí un momento, a un costado de la cama, observándolo respirar pausadamente hasta que se convence de que no puede hacer nada más allí. Entonces, coge la nueva chaqueta negra de cuero de su hermano y se reúne con Bobby en el comedor.
“¿Ninguna herida?”.
“Ninguna”.
“¿Señal de algún golpe?”. Sam niega mientras se sienta a la mesa y comienza a inspeccionar el exterior de la chaqueta. Bobby lo observa en silencio un instante. Ninguno de ellos ha comido desde el día anterior y el cansancio comienza a sumarse a la preocupación en el cazador más joven. “¿Qué hay de ti?”.
“Tú lo dijiste: no se trata de mí esta vez”.
“Tengo que saber. No puedo cargar con ustedes dos marchando hacia locolandia”.
“Bueno, gracias por lo que me toca pero estoy bien. Lo juro”.
“Entonces deberías descansar para mantenerlo de esa manera”.
“Más tarde”, comienza a vaciar los bolsillos de la chaqueta sobre la mesa. Entre recibos y números telefónicos anotados en servilletas, aparece un llavero desconocido.
“¿Qué es eso?”, quiere saber Bobby.
“Una llave”, Sam mira asombrado la marca en el grabado. “de una Harley Davidson Road King Classic”.
“¿Dean tiene una Harley?”, el viejo cazador lanza un resoplido. “¿Qué demonios estuvo haciendo?”.
Sam sostiene la llave en su mano, muy serio.
“No estoy muy seguro de que lo sepa”.
Con asombro, Sam termina de vaciar el otro bolsillo. Allí hay un fajo gordo de billetes. Lo toma y lo cuenta. Cinco mil dólares. El silbido de Bobby le indica que ha seguido la cuenta con él.
“¿Qué piensas?”.
“No lo sé, Bobby. Sólo deseo que cuando despierte,  Dean sea de nuevo Dean, como siempre, cascarrabias, héroe roto, sin agujeros mentales ni jaquecas extrañas”. Guarda todo en una bolsa plástica hermética y la deja sobre la mesa. Mira la hora en su reloj pulsera. “Creo que me echaré a dormir un par de horas”.
“Usa el sofá muchacho. Así podrás echarle un ojo a tu hermano. Yo me instalaré en el sótano. Hay un colchón muy cómodo allí y algo más de privacía”.
Cuando Bobby comienza a bajar la escalera, Sam ya ha puesto la cabeza en el cojín y el mundo ha desaparecido para él en un agujero negro de pesado sueño. Sin embargo, antes de que pueda sacudirse por completo la fatiga, despierta con el susurro de su amigo inseparable en el oído.
“Arriba, princesita”, le dice canturreando. Sam aprieta los párpados aún más. “El ratón está escapando de su jaula con el queso”.
Se sienta de golpe en el sofá justo para ver a Dean cogiendo la chaqueta y los dólares desde la mesa.
“¿Adónde piensas que vas?”, dice y está de pie casi sin darse cuenta.
Dean se coloca la prenda.
“Hay un trabajo en algún lugar allá afuera, Sam. Y alguien tiene que hacerlo”
“Espera, espera”, se interpone en su camino. “Estabas enfermo apenas un par de horas atrás”.
“Tú lo dijiste: hace un par de horas. Estoy bien ahora”.
“No, no lo estás”. Dean bufa mientras se arregla los puños de la chaqueta. “En serio, Dean. No puedes irte en el estado en que estabas”.
“¿Por qué? ¿Porque lo dices tú?”, va hacia la puerta dándole un empellón.
“¡Porque vas a hacer que te maten!”.
Repentinamente Dean da la vuelta y lo enfrenta.
“¿Te importa?”, pregunta desafiante, cara a cara.
Sam frunce el ceño. Su hermano no le aparta los ojos. Hay algo allí que no logra identificar. Esto no puede ser el resultado de su última pelea. Se busca el brazo y aprieta. Los ojos de Dean siguen la maniobra, impasible. Sam retrocede lentamente y alarga una mano hacia la mesita al lado del sofá donde ha dejado su arma.
“Tú no eres Dean”, dice y con calma empuña el arma.
“¡Genio!”.
Levanta el arma y le apunta.
“¿Dónde está mi hermano?”.
“uhm… Aquí no”.
“¿QUÉ eres tú?”.
“Un cazador. ¿Y tú?”.
“Conoces la respuesta a eso”.
“Nah… No estoy muy seguro. Un cazador hace su trabajo”.
“¡Pues, lo haré contigo! ¡Seas lo que seas!”.
“¡Whoa!”, exclama el otro y avanza directamente hacia el cañón de la pistola hasta que topa su cuello. “Puedes perdonarle la vida a un monstruo pero no a tu carne y sangre. ¿Seguro que no tienes asuntos pendientes contra tu hermano?”.
“¡Cállate!”, mueve el dedo en el gatillo listo para hacerlo funcionar.
“¡Sam!”, la voz de Bobby que está de pie en la puerta del sótano lo frena en seco. “Calma tu temperamento”.
“Pero, él… él…”.
“Baja esa arma, muchacho”.
Sam no quiere. El otro aún le mira de esa manera extraña que nunca le ha visto antes a Dean.
“Sam”, insiste Bobby y sólo por él, baja el arma.
El viejo cazador se ocupa entonces de aquel que luce como Dean.
“¿Quién eres tú, hijo?”.
Dean mira a Sam y le dedica una arrogante sonrisa de triunfo. Luego a Bobby.
“Steve. Me llamo Steve”
“¿Qué?”, salta Sam de nuevo. “¿Nos estás tomando el pelo?”
“¿Puedes cerrar tu bocota un maldito momento, sasquatch? Estoy hablando con Bobby”.
El viejo cazador respira profundamente antes de intentar continuar. Está seguro de que uno de esos días lo fulminará un ataque cardíaco en vez de un demonio.
“Steve”, dice lo más calmo posible. “¿Dónde está Dean?”.
“Descansando”.
“¿Dónde?”.
“En un lugar seguro”. Bobby y Sam intercambian miradas en silencio. “Lo sé, lo sé. Ésta es una situación de mierda. Bueno, lo siento, caballeros, pero necesito cazar algunos levis, así que…”, camina hacia la puerta de la cabaña y se detiene un momento frente al viejo cazador. “Perdón por el espectáculo”. Bobby le deja avanzar unos pasos más.
“Hey, Steve” Y en cuanto el otro se vuelve, le estampa un sonoro puñetazo que lo lanza al suelo, inconsciente. “Lo lamento, chico”.
Cuando levanta la mirada sólo encuentra la expresión desolada de Sam.
“¿Muchacho?”.
Sam mira el cuerpo inerte de su hermano en el piso.
“¿Qué vamos a hacer?”.
Bobby se acomoda la gorra en la cabeza con una mano temblorosa.
“Por ahora, colocarlo en un lugar más confortable. Después… no lo sé”.

Capítulo 2

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