Fic: “Lazarus rising” (3)

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Título: “Lazarus rising”
Autora: Winchester_Mcdowell
Categoría: Dark Angel.
Calificación: Todo espectador.

03
The presence

Debe ser una broma de mal gusto. Para ella y para la memoria de Alec. Toma el disco con la carátula rota de su escritorio y se lanza fuera del cuarto hacia el puente de mando.
“¿Quién puso esto en mi escritorio?” y enarbola la carátula como prueba irrefutable de la fechoría.
El silencio es la única respuesta en los sorprendidos soldados. Mole busca con la mirada a Logan en silenciosa recomendación de que contenga a su novia.
“¿Bien?”, insiste Max y pasea su mirada de Dix a Mole, y a Dalton y a Chester y Lomna y sobre los otros cinco que hay en el cuarto. “¿Qué sigue? ¿Pintar su nombre en las paredes?”.
Logan atiende a la sugerencia de Mole y avanza lenta y prudentemente hacia la morena.
“Max, cálmate”.
“¡No! ¡No voy a calmarme un cuerno! ¡Alguien está poniendo cosas de Alec en mi escritorio! ¡Cada día! ¡No es gracioso!”.
“Uh… Max”, se atreve Dix. “Nadie entra a tu oficina,… excepto tú”.
Max lleva su atención al anómalo transgénico y se cruza de brazos de la manera que la hace lucir más imponente.
“¿Estás tratando de decir que lo hice yo?”.
“No… no, sólo… Yo sólo estoy estableciendo hechos”.
“Los hechos son que alguien está tratando de hacer mofa con la memoria de Alec. Y no sólo en mi oficina sino también en su departamento”.
“¿De qué estás hablando?” rezonga Mole comenzando a perder la paciencia.
“Sus pertenencias fueron desempacadas y organizadas como si… aún viviera allí”.
“Y tú lo sabes porque has vuelto allá otra vez”, interviene Logan en tono cansado.
“¡Sí!”, responde ella y Logan agacha la mirada escondiendo su expresión mientras mueve pesarosamente su cabeza. “¡Qué!”.
Logan vuelve a mirarla.
“Déjalo ir, Max”.
“¿Me estás pidiendo que lo olvide?”.
“¡No! ¡Sólo quiero que sigas adelante!”, respira profundo, se acerca a Max y la retiene de los hombros para que no pueda sino mirarlo a él. “Alec se ha ido”.
“¡Lo sé!” y se suelta con brusquedad. “Dícelo al payaso que está haciendo esto”, mira hacia el resto de los presentes. “¿Piensan que es la manera de honrarlo?”.
“Suficiente, Bruja Reina”, se yergue Mole y comienza a avanzar hacia la morena. “¿Quién te crees? ¡Nosotros éramos sus amigos! ¡A ti sólo te placía usarlo de bolsa de boxeo cuando algo te molestaba!”.
Logan se interpone entre los dos cuando Max comienza a avanzar amenazadoramente hacia Mole a su vez.
“Yo me haré cargo”, dice mientras arrastra a la morena del brazo en dirección al pasillo. Ella se deshace de su agarre y camina sola y adelante hasta que ambos llegan a un cuarto vacío y Logan cierra la puerta tras ellos.
“Piensas que estoy loca”, acusa la morena.
“Creo que estás estresada”.
“Estoy bien, gracias. Así que, ¿puedes dejar de preocuparte por mí?”.
“Él no era Ben”.
“Era mi hermano”.
“No, Ben era tu hermano. Alec era… él era… Alec. Ladrón, parlanchín, insoportable, sarcástico, leal, a veces un héroe, a veces un idiota. Alec”, hace una pausa. “Y está muerto”.
“¡Deja de decir eso!”.
“Es la verdad. ¿Por qué no puedes superarlo?”.
Ella abre la boca para contestarle, como siempre lo hace, pero esta vez no tiene respuesta y boquea un par de segundos antes de soltar la única posible.
“No… No lo sé”.
Al instante siguiente los brazos de Logan la envuelven y el periodista puede notar la tensión en el cuerpo de la morena. Por un momento piensa que está haciendo el ridículo tratando de reconfortar un pedazo de piedra pero entonces ella le responde abrazándolo de vuelta. La tensión se evapora, la suavidad retorna. El periodista aprieta más fuerte para no dejarla ir. Ella le habla, la voz atenuada contra su pecho.
“No quiero olvidarlo”.
“Nadie te está pidiendo que lo hagas”.
“No quiero que lo olviden”.
“Superarlo no es olvidarlo”.
Sigue el silencio en el abrazo. Por un instante hay paz entre ambos, como antes, cuando aún el problema mayor en sus cabezas era mantener las raciones y las defensas altas en Terminal City. Ahora Logan ya no sabe cuál es la prioridad en la cabeza de su novia.
“¿Tú sabes quién ha hecho eso en el departamento de Alec?”.
La morena, como si la hubiesen picado con una espina, deshace el abrazo y lo mira con el ceño fruncido.
“¿Qué estás tratando de insinuar?”.
El periodista cuida sus palabras.
“Nada, sólo es una pregunta”.
“No, tú sabes que no es así. Estás tratando de decir algo”.
Logan respira profundo y se rinde.
“Max, estás actuando muy extraño estos últimos días”.
“¿Y?”.
“A veces el estrés puede jugar sucio con nuestros sentidos, nuestra memoria. Quizás… quizás sólo es que no puedes recordar…” duda un segundo “…lo que hiciste”.
Max lo contempla en silencio. Si la mirada fuese una de sus superfacultades, Logan está seguro que en ese momento estaría muerto.
“No estoy loca”, dice ella.
Da la media vuelta y se retira dando un portazo.
Se detiene al otro lado de la puerta, intentando bajar las revoluciones. ¡Ese canalla! ¿Quién se cree que es? Cuando vuelve a levantar la vista, medio Terminal City la observa asomándose desde los distintos cuartos del pasillo. Demonios. No necesita más atención de la que ya tiene. Enfila entonces hacia la salida del edificio. Joshua está en su taller, enseñando su arte a los pequeños. Ese es un buen lugar para refugiarse. Joshua siempre sabe qué decir y qué hacer.
Recorre la calle principal, remodelada y limpia gracias a los grupos de habilitación ciudadana organizados. Las luminarias ya funcionan y en ese momento en que la oscuridad de la próxima noche atrae la melancolía, se agradece.
Entra en el viejo edificio que Joshua ha transformado en su propio centro de actividades en la periferia del Terminal City civilizado. Aún no se ha instalado corriente eléctrica allí, la escala es un túnel oscuro de madera, recta hasta el segundo piso. Max parpadea al inicio de los primeros escalones adaptando sus pupilas a la nula cantidad de luz del lugar y comienza a subir. Cuando levanta la mirada, hay una figura en contraste con el umbral de la entrada del segundo piso. Antes que sus pupilas se adapten a la diferencia de luz, ha desaparecido. Max se lanza escaleras arriba.
Nadie.
Al final del corredor, una sombra se difumina en el recodo.
“¡Alec!”, llama sin pensar en lo que está haciendo.
Corre por el pasillo a uno y otro extremo, escucha pasos en el piso superior. Corre de nuevo escaleras arriba y alcanza a tener la sensación de algo, alguien, escondiéndose en el cuarto más próximo. El cuarto tiene salida al siguiente y luego a otro más y allí está Joshua con un par de alumnos, pinceles en mano, que la ven pasar como una exhalación para detenerse en el umbral de la habitación siguiente.
“Uhm… ¿Max?”.
Ella se vuelve, sin aliento.
“¿Lo viste?”.
Josh, perplejo. Mira hacia adelante y atrás.
“¿A quién?”.
“Alec”.
La expresión de Josh se ensombrece con la tristeza.
“Medium fella ya no está con nosotros, little fella”.
“Lo sé, pero…” mira hacia el siguiente cuarto. “¿No viste nada?”.
Joshua niega.
“¿Little fella… está bien?”.
Max abandona la idea del otro cuarto, se vuelve y se encuentra con seis ojos que la observan con preocupación y asombro.
“Sí, big fella. Estoy bien”.
Se sienta en un taburete en un rincón y espera a que la clase termine sin dejar de vigilar las sombras que se ciernen sobre el edificio. Luego cena con Joshua, pasta, y se duerme en el viejo sofá de la sala entre los vapores de los óleos y la insomne vigilancia de su amigo.
No imagina por qué, al despertar a la mañana siguiente, la sala está tan llena, demasiado.
Logan, Joshua (que mueve nerviosamente las manos, una clara señal de que se siente culpable), Mole, Dix, OC y la doctora Vásquez del Departamento de Salud de la ciudad parecen haber decidido formar parte del comité “fastidiemos a Max”.
La recomendación de que deje su cargo por un tiempo la toma por sorpresa y está a punto de repetir su cantinela de “estoy bien” cuando la doctora habla primero.
“¿Desde cuándo no duermes, Max?”.
“Tengo gen de tiburón, por si no lo recuerdas”, se defiende.
“Eso no te hace invencible”.
“Estoy bien”.
“Tres semanas”, la delata Logan. “Cuatro días”.
La doctora mueve desaprobadoramente la cabeza.
“Demasiado”, se da la vuelta y rebusca dentro de su maletín hasta dar con una ampolla y una hipodérmica.
“¿Qué? ¡De ninguna manera!”.
“Puedes elegir aquí o en la clínica, pero TIENES que descansar un poco”.
“¡No puedo! Debo estar presente en la reunión con el General Olson esta tarde para negociar…”.
“Órdenes médicas”.
“¡No!”.
Y se pone de pie, lista para emprender la salida.
“Boo, no podrás ayudar a nadie si no te cuidas tú primero”, interviene OC.
“¡Estoy bien!”.
OC la agarra del brazo y la jala hacia sí, sabiendo que ella no va a oponerle resistencia.
“No, no lo estás y lo sabes”, le dice bajito, de manera que sólo Max le escuche. “Por favor, Boo”. La morena intenta volver a protestar. “No te castigues a ti misma”.
OC habla en serio y le dedica la mirada firme de amiga preocupada que sabe ella no puede resistir. Max deja caer los hombros en señal de derrota.
“De acuerdo, ¿qué quieres hacer conmigo?”, le pregunta a Vásquez.
“Sólo darte un relajante potente para que tu cuerpo y mente puedan recuperar su energía”.
Max mira a Logan.
“Supongo que es más mi mente que mi cuerpo, ¿verdad?”, se arremanga y extiende el brazo. “Bien, señora. Dése el gusto”.
Joshua la acomoda en un camastro en la sala contigua, pero transcurrida una hora desde el pinchazo, la morena aún no presenta signos de apagar las luces.
“¿Bien?”, quiere saber Logan.
“No puedo darle algo más fuerte” responde la doctora. “Habrá que esperar”.
Vásquez se retira junto a Dix y Mole.
“No es necesario”, le dice Max, cuando Logan se ofrece a quedarse, y señala a OC. “Ella se quedará conmigo y Joshua vive aquí, así que…”.
Logan asiente con la boca prieta.
“Si me necesitas…”.
“Lo sé”.
“Que descanses”.
“Lo haré”. Piensa que no debería sentir tanto alivio como el que siente cuando ve marchar a su novio hacia la salida.
Max recuesta la cabeza sobre el regazo de su amiga. Han quedado solas mientras Joshua arregla unos asuntos en el piso de abajo. OC le acaricia el cabello sosegadamente intentando que el sueño llegue. Cuando sucede, las defensas comienzan a caer.
“Estaba tan acostumbrada a su presencia”. No le es difícil adivinar a OC de quien habla. “Nunca pensé…”
“¿Qué, boo? ¿Qué podría morir?” suspiro, se echa hacia atrás. “Todos nosotros lo haremos un día, incluyendo a los lindos muchachos fabricados en tubos”.
“Era irritante ¿no?”.
“Sí, Boo. Lo era”.
Silencio.
“Tan idiota”, murmura muy bajo pero OC la escucha de todas maneras. “Seguía mis planes locos sin quejarse”.
“Estaba agradecido de ti”.
“Debería haberlo escuchado más”.
OC suspira.
“Duerme, cariño”.
Silencio.
“Lo traté tan mal”.
“Él sabía que te preocupabas por él”.
“¿Lo sabía?”.
“Sí, Boo. Lo sabía”.
Cuando despierta en medio de la noche, OC se ha marchado. Mole le había advertido y el reptiloide es estricto en hacer respetar el límite de cuatro horas de permanencia en la ciudad para los ordinarios por su propio bien. Vivir entre desechos tóxicos está hecho sólo para los transgénicos.
Max parpadea intentando aclararse. Algo la ha despertado. Se revuelve en el camastro intentando acomodarse y encontrar el sueño otra vez cuando ve la razón por la que está despierta junto al marco de la puerta tan sólo un segundo antes de que emprenda la carrera de nuevo.
“¡Espera!”, grita y se lanza fuera de la cama, enredada entre las mantas que la hacen caer antes de que pueda librarse de ellas. “¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda!”. Corre tras la sombra que salta por una ventana y desaparece de su vista una vez más. Ella se asoma y consigue verla llegando a la azotea. Lucha contra el embotamiento de sus sentidos para alcanzar la cañería y subir por ella. En la azotea, tiene que girar en 360 grados para darse cuenta de la ruta que aquella figura ha tomado entre los tejados. No lo piensa dos veces. La persecución sólo termina en el último piso del esqueleto de un edificio en lo profundo del Terminal City sin dominar, allí donde los tóxicos han convertido a los animales en monstruos deformes y peligrosos. Con dificultad logra agarrarse del borde para no caer. La figura se mueve hacia el otro extremo del edificio en procura de una nueva ventana, dándole la espalda mientras corre. Va a perderla otra vez.
“¡Por favor, espera! ¡No puedo…! ¡No puedo…!”, mierda, no puede. Cae de rodillas en el suelo, jadeando como si no tuviese pulmones transgénicos. Malditas drogas. “¡Espera!” vuelve a gritar y cuando la figura gira a medias hacia ella y la claridad de la luna le da de lleno en el rostro, Max deja de respirar.
Alec.

Continuará…

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