Fic: “Lazarus rising” (6)

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Título: “Lazarus rising”
Autora: Winchester_Mcdowell
Categoría: Dark Angel.
Calificación: Todo espectador.

06.

I’m here

El tipo lo está disfrutando, propio de Alec. Max rueda los ojos mientras los del transgénico bailotean sobre las jóvenes que, como quinceañeras alborotadas, le flanquean el paso en su avance hacia el Centro de Mando por la calle principal de Terminal City. Una de ellas alarga la mano y le toca el brazo. Hay emoción en todas. Alec les sonríe. Típico. Max no sabe cómo puede seguir caminando sin tropezarse con su ego.
“¿Quiénes son?”, termina por preguntar, aún maravillado por el encuentro, cuando ya han dejado atrás al grupo.
“Tus viudas”
“¿Estoy… estoy casado?” inquiere con los ojos muy abiertos y voltea para darle un último vistazo a las féminas.
“Algo así” contesta la morena sin aminorar el paso.
“¿Con cuál de ellas?”
“Con todas”
Por un instante el rostro de Alec se llena de perplejidad, pero pronto la expresión se transforma en una mueca satisfecha.
“Soy popular”, concluye con agrado.
Max rueda los ojos.
“Sí, lo eres. ¿Puedes dejar de sonreír de esa manera? Pareces un bobo”
Lo amas o lo odias. Alec decía que se trataba de su encanto natural. Para Max sólo era el agregado mágico en su sopa genética de líder macho manipulador.
Se hace difícil imaginar que hasta hace unos cuantos minutos el transgénico apenas podía caminar decentemente por las calles de Terminal City a plena luz del día, perturbado por las miradas que sus conciudadanos le dedicaban con asombro. Max había temido que huyera de regreso a la seguridad del departamento o, peor aún, más allá de los límites de la ciudad. Sólo Joshua que se mantenía a espaldas de Alec le había dado la confianza de que eso no ocurriría.
El Puente de Mando está lleno cuando llegan al lugar. Al parecer, la totalidad de quienes tenían una función allí habían decidido cumplir sus deberes ese día. Incluso Dalton, con su simple tarea de mensajero se encuentra presente y es el primero en percatarse de la llegada del trío. Max juraría que ha dejado de respirar. Logan también está allí y la morena se pregunta por qué.
Se hace el silencio, incómodo, demasiado largo.
“Hola, compañeros. ¡Papá está de vuelta!”, resuena la voz de Alec casi en su oído, pero el Puente permanece mudo, transformado en un salón lleno de estatuas. “Te dije que no era una buena idea”, le susurra entonces. Max está a punto de creer que estaba en lo cierto.
La morena nota las miradas solapadas dirigidas a Mole en busca de dirección. Es claro que lo habían conversado de antemano. Alec tenía razón (otra vez), Logan debe haber abierto la boca. Le echa un vistazo rápido al transgénico pero Alec ha perdido su máscara de diversión y observa con confusión y preocupación apenas disimuladas al grupo que tienen al frente.
“¿Estás bien?”
Alec ni siquiera intenta devolverle la mirada, sus ojos aparentemente atentos a lo que sucede en la sala.
“Sip”, se desliza la respuesta desde su boca sin el menor esfuerzo. “Siempre”. Pero no es tan cierto. Alec recorre los rostros anómalos y los no tanto, seguro de conocerlos pero incapaz de darles nombre. Hay otro grupo ante él, imperceptible para Max y los otros, menos numeroso pero igualmente incógnito. Hay niños y jóvenes que lo miran con curiosidad, hay un bosque y el sol se cuela entre el ramaje y brilla por sobre sus cabezas. Involuntariamente mira hacia el cielo y se encuentra con el techo opaco y sólido del Centro de Mando. Alguien lo llama por su nombre desde el fondo de su cabeza. Una mano se posa sobre su hombro obligándolo a girar la cabeza para averiguar su procedencia. Joshua. El canino hace la pregunta en silencio y Alec le responde con un inseguro asentimiento de su cabeza que está lejos de ser la verdad porque las voces siguen allí aunque los niños se desvanecen entre los escritorios y las sillas y los aparatos que pueblan la habitación.
Tiene que cerrar los ojos un momento para evitar el vértigo que le provoca todo aquello. Cuando los abre de nuevo, Max se ha adelantado hacia el grupo y argumenta algo de lo que en un principio sólo es capaz de captar su vehemencia.
“¿Qué sucede con ustedes?”, está diciendo ella cuando por fin logra descifrar sus palabras. “¡Es Alec!”
La escena es… surrealista, por decir lo menos. ¿Está Max asumiendo su defensa? Eso es loco.
“No podemos estar seguros, Max”, surge la voz calma del único Ordinario allí presente.
“Tú te callas”, le reprende de inmediato la morena. “Este no es asunto tuyo”
Sí, surreal. Y altamente reconfortante dada la reciente animadversión que ha desarrollado hacia el Ordinario llamado Logan, novio de Max, paladín escondido de la justicia y héroe esporádico dedicado a salvar transgénicos debilitados por agujeros de bala. Frunce el ceño ante el pensamiento. Se pregunta por qué la mala vibra. El sujeto había sido su amigo ¿no? Recordaba haber sido defendido por él ante Max en alguna ocasión. Curiosa la manera en que la memoria elige los acontecimientos.
“Pero sí es asunto nuestro”, interviene Mole, aún quieto como una estatua pero sosteniendo su arma bajo el brazo, el dedo firme en el gatillo. “y él…”, señala con la barbilla hacia Alec. “…por lo que a mí concierne, está muerto. No existe ningún transgénico que haya regresado de dondequiera que nos vamos después de esta existencia”.
“Puede ser una trampa”, argumenta de nuevo el Ordinario y Alec puede ver el enojo subiendo hacia las mejillas de la morena.
“¡Tú. Cállate!”
“¡Vamos, Max!” insiste el otro, sin embargo. “¡Él no debería estar aquí!. ¡Lo vimos morir!”.
“No, tú lo viste. Sólo tú”.
“Max, lo sepultamos…”
De pronto, Alec siente que le falta oxígeno a sus pulmones y se obliga a retomar el control de su respiración antes de que alguien más se percate de lo que le ocurre. Pero no es tierra lo que hay sobre su cuerpo inmóvil, es agua, clara, transparente, invade el salón y congela sus manos. Mira hacia arriba. Alguien, desdibujado por la masa líquida, le espera del otro lado. Joshua lo topetea, sin querer, al adelantarse. El salón está seco otra vez.
“Alec huele a Alec”, dice el grandote con convicción.
Mole resopla, displicente.
“¿Eso es suficiente para ustedes dos?” Le echa un vistazo de arriba abajo a Alec y vuelve con Max. “Para mí no”.
La morena toma aire antes de contestar en un intento de mantener la calma.
“Mira, sé que hay muchos factores que aún no conocemos…”
Mole bufa.
“Eso es muy tranquilizador”.
Desde atrás, el cauto carraspeo de Luke hace que la atención de todos se dirija hacia él.
“Mole, quizás… quizás deberíamos dejar que él se explique”, sugiere.
“¿Explicar qué? ¿Cómo es que está vivo después que sus amigos y camaradas lo sepultaron bajo tres metros de polvo un mes atrás? ¿O por qué no tiene código de barras? ¿Por qué no se había dejado ver antes? Odio admitirlo pero estoy con el Ordinario esta vez”.
“No sé la opinión de mis estimados compañeros…”, interviene entonces Dix dejando de lado su habitual mutismo. “… sin embargo, para mí él luce como Alec, se comporta como Alec y Joshua está en lo correcto: es su aroma”. Un murmullo de aprobación llena la sala. Luke se vuelve hacia el motivo de la discordia y lo examina de arriba abajo, no con la fiereza de Mole ni la desconfianza de Logan, según puede notar Alec, sino casi con curiosidad. “Es… raro, lo sé, pero me inclino a creer en él”.
El cigarro de Mole se mueve sin control de un lado a otro en su boca.
“¡Vamos! ¡Échale un vistazo!”, reclama. “No sabe quienes somos. ¡Está casi temblando ante nosotros! ¿Y piensas que es Alec? Alec era un chico valiente. Esta… cosa ¿acaso tiene idea de dónde está parado?”
“Estoy aquí”, se siente en la necesidad de aclarar Alec. “Justo aquí. Quizás deberías preguntármelo directamente en mi cara.”
Mole tarda medio segundo en llegar hasta él. Alec observa la mirada iracunda del transhumano sobre su persona. Por el rabillo del ojo puede ver el arma aún presente y lista a actuar bajo el brazo del hombre reptil.
“¿Sabes mi nombre?”, le interroga éste.
En vez del nombre, Alec ve al anómalo colocando dinero en sus manos, escupiendo el sobrante de un puro hacia el suelo, palmoteándole la espalda.
“No”, contesta al fin, “pero sé que aún me debes cinco grandes por el cajón de habanos que te conseguí en el último cargamento”. Mole da un respingo casi imperceptible. “Y sé de aquella marca secreta en tu… bueno, tú sabes dónde.” El otro se le acerca aún más hasta compartir el aliento, pero Alec no se mueve de su lugar. En cambio, le dedica una sonrisa torcida. “¿Me ves temblar?” y de pronto, el arma ya no está bajo el brazo de Mole sino en las manos de Alec y luego, al segundo siguiente, en las de Max. Sólo entonces, el transgénico se desentiende del anómalo y enfrenta al resto del grupo. “Muy bien, es verdad, no sé por qué estoy aquí o cuáles son sus motes o cómo mierda es posible que esté vivo… pero lo estoy. Hay agujeros del tamaño de Alaska en mi memoria, de eso no hay duda. Quiero respuestas también y no tengo otro lugar, otra gente a quien acudir por ayuda”.
Nuevamente el salón se hunde en el silencio por algunos instantes, pero esta vez es diferente; Alec puede sentir la simpatía flotando en el ambiente.
“Puedes contar con nosotros”, dice Luke con entusiasmo, pero de inmediato decide que ha hablado demasiado aprisa y mira hacia el hombre reptil. “¿Mole?”
Imposible saber lo que cruza por la mente del anómalo mientras tarda en pronunciarse. Finalmente deja caer lo poco que resta de su cigarro al suelo.
“De acuerdo. Haremos exámenes médicos”, dice al fin. “Vamos a obtener esas respuestas”. El ambiente se distiende de inmediato. “Pero…” agrega y le apunta con el dedo. “… tendré mis ojos puestos en ti”.
Alec sonríe.
“Siempre supe que tenías algo conmigo”, le responde y le dedica un guiño.
Mole da media vuelta, se dirige a la puerta, pero se detiene para encarar a Max.
“Espero que tenga razón esta vez, su majestad”, le dice y abandona el salón.
Apenas cruza la puerta, el corro de transgénicos se acerca lentamente a Alec, con clara incertidumbre respecto a cómo actuar ante su presencia. Dalton se le pone al frente, sobándose nerviosamente las manos, sin atinar a cosa alguna. Alec le extiende los brazos y el muchacho, como si hubiese estado esperando esa señal, se deja caer en ellos. Le sigue el resto del grupo, en turnos, con toda clase de muestras de aprecio.
Logan no lo puede creer.
“¿Soy el único aquí que ve cuán erróneo es esto?” Y de pronto todos en la sala lo están mirando a él.
“Es uno de nosotros”, le responde Dix mientras el resto vuelve a ignorarlo en favor de Alec. “Hasta que se compruebe lo contrario”
“No pueden hablar en serio”
Dix se separa del grupo entonces y se dirige hacia el periodista con toda calma.
“Sin ofender, pero me temo que no estás capacitado para entender quienes somos y cómo sentimos”.
“De hecho, lo estoy. Los he acompañado y ayudado por largo tiempo”.
Dix mueve la cabeza con pesar.
“No es suficiente”
“Te equivocas”
“No, tú no naciste en un laboratorio, tuviste una familia. Ésta…” hace un gesto circular con la mano hacia el grupo alrededor de Alec. “… es nuestra familia. Él es uno de nosotros. No me preguntes cómo, pero lo sabemos”
Ahora es Logan quien niega con la cabeza, con amargura, mirando el piso a sus pies.
“¿Y si se equivocan?”, insiste.
“Bueno, entonces pagaremos el precio, ¿no crees?”
Logan levanta la mirada. Max sonríe, al lado de Joshua, su atención puesta en lo que sucede alrededor de Alec.
“Espero que no tengan que hacerlo”.

Continuará.

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