Fic: “Los Estados Unidos de Dean Winchester” (9)

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Título: “Los Estados Unidos de Dean Winchester”
Autor u Autora: Winchester_Mcdowell
Categoría: Supernatural.
Calificación: todo público.
Resumen:
Cuando Sam Winchester se larga a encontrar su tranquilidad, piensa que cuando lo haya logrado y vuelva, Dean y él podrán hablarse de nuevo y arreglar sus problemas. Eso es lo que Sam quiere, pero a veces ni siquiera el hermano que le ha dado todo es capaz de cumplirle todos sus deseos.

 

09.
maybe I have a brain damage.

Las líneas han sido trazadas con precisión en la muralla. Las reconoce. Protección.
“Esas son nuevas ¿verdad?”, señala distraídamente.
Bobby, atrás suyo, suspira.
“Qué grato escucharte, hijo. ¿Cómo estás?
Voltea y observa al hombre con confusión. Nota las oscuras bolsas que se dibujan bajo sus ojos delatando noches sin el adecuado descanso. Dean se pregunta el motivo. Se pasa una mano por el rostro y encuentra las señales de una barba incipiente en el mentón. Entonces entiende.
“¿Sucedió de nuevo?”, quiere saber.
Bobby asiente.
“Uh… tal vez… tal vez debería consultar un doctor. Quiero decir, quizás tengo daño cerebral o algo como eso”.
El otro guarda silencio unos segundos antes de contestar con un extraño y apenas perceptible quiebre en la voz.
“Me encargaré de eso”.
Dean agradece con un gesto de su cabeza y vuelve a mirar los símbolos en la muralla. Se pregunta quién los escribió.

-o-

“Esto se va a convertir en un nuevo hábito” declara Bobby, detenido junto a Sam frente al Impala, el sol amenazando con asomarse entre los cerros. El Winchester no puede estar más de acuerdo. Con las manos en la cintura como quien sopesa un trabajo difícil de realizar, termina por suspirar con resignación.
“Muy bien”, declara y sube las mangas de su camisa. “Hagámoslo”.
Alumbrados por una lámpara, hurguetean entre cantidades de amuletos, cuchillos y rifles que van acomodando a un costado del Impala en relativo orden, intentando discernir entre lo común y permanente, lo reciente y extraño.
Bobby saca una caja llena de envases de aerosoles de distinto tamaño cuyas válvulas han sido intervenidas. El viejo olfatea y luego agita una de ellas hasta que se convence que es inocua y acciona la válvula hacia el cielo. El asombro se pinta en su rostro.
“¡Vaya!” , exclama. “Dean hizo gas mostaza para leviatanes”
Sam está demasiado ocupado, en todo caso, con su propio descubrimiento.
“Bobby, mira”, en las manos sostiene una cimitarra extraña de mango plateado. “me parece que esto no estaba aquí antes”, le echa una última mirada y se la tiende al cazador. La atención del viejo se centra en el mango donde manchas negras oscurecen la plata entre los motivos ornamentales. No es necesario hacer un análisis químico para imaginarse su procedencia. Luego su curiosidad se mueve hacia la hoja ribeteada por un encaje de símbolos finamente labrados apenas perceptibles al ojo humano.
“Interesante”, dice concentrado en el examen del arma. “Necesitaré un poco de calma y un par de lentes nuevos para descifrar esto”.
Sam, por su parte, ahora alza, hasta colocarlo frente a sus ojos, un frasco de vidrio, lleno hasta la mitad de tierra roja, que ha extraído desde las profundidades del maletero.
“¿Qué demonios es esto?”
Bobby se acerca y observa con él.
“No lo sé, pero está muerto de seguro. ¿Qué pasa con el gusto de tu hermano por los objetos apestosos?”
Sam husmea un poco más.
“Hay otros”, dice colocando un par de frascos más sobre el techo del Impala. En uno de ellos asoma un trozo de dedo momificado entre la arena roja.
“Ponlo junto al ojo en el refrigerador del garage.”, indica el viejo. “No quiero esas cosas cerca de mis cervezas” y se mueve hacia los asientos del vehículo. “Hey, Sam”, llama antes que el Winchester siga sus órdenes y le señala hacia el asiento trasero donde ha sido arrojada una chaqueta de cuero negra, casi idéntica a la incinerada días atrás. “¿Eso es sangre?”.
Sam no había tenido tiempo de reparar en ello. Al encontrar a Dean, su único pensamiento había sido devolverlo sano y salvo a la cabaña, así es que no había tenido ningún miramiento con la prenda mientras acomodaba a su hermano, víctima de una nueva cefalea, en el asiento del copiloto. La chaqueta aparece ahora manchada con un algo oscuro en casi toda su extensión. Sam la coge y la examina de cerca. Bien podría ser sangre humana seca o…
“Sangre de Leviatán”
“¿Estás seguro?”. Sam acerca la prenda a la nariz de Bobby, éste se retira, asqueado. “Sí, tienes razón”.
“Steve se va a enfadar de nuevo”, rebusca en los bolsillos de la chaqueta y luego la arroja al fogón, ahora con cenizas frías, donde arderá más tarde. Se vuelve y mira la colección de objetos alrededor del vehículo. “El resto se ve normal, ¿no crees?”
“Hijo, Yo ya no sé lo que es normal”, reclama el viejo. “Creo que no voy a poder respirar nuevamente sin sentir esa peste. Vamos. Es suficiente por ahora. Mi estómago me dice que hemos olvidado el desayuno. Después, tomarás una ducha e irás a dormir”.
“Bobby…”
“Irás a dormir. Punto”.

Lo primero que les asalta los sentidos al abrir la puerta de la cabaña es el olor a un café bien hecho, luego, la sorpresa de una mesa perfectamente servida y abastecida. Dean se da la vuelta hacia ellos secándose las manos con un paño de cocina, cierta ansiedad presente en sus movimientos. Atrás suyo se aprecia una cocina limpia y, como nunca antes, organizada. ¿Y todo eso en el par de horas que les llevó escudriñar el Impala? Sam puede ver waffles ¡waffles! dispuestos en un plato, en otro huevos revueltos con tocino, una jarra con lo que parece ser leche y otra con jugo natural de naranjas, más el café que aguarda en la cafetera.
“Lo lamento, hice lo que pude con lo que encontré”, se excusa Dean y les hace una seña nerviosa con la mano para que tomen asiento mientras va por la cafetera.
Hay tazones para los líquidos y potes para cereal en cada uno de los puestos en la mesa, más una pequeña cesta rectangular (quién sabe dónde fue hallada) cubierta con un paño desde donde se desprende el aroma a pan tostado. Sam comienza a sentirse inquieto.
“Uh… Bobby”, le susurra al viejo sin quitar la vista de la escena. “¿Tú crees, ya sabes, que alguna de estas identidades podría, ya sabes,… ejem, cruzar el límite de género…?”
“Espero que no”, le responde el cazador de la misma manera.
“¿Ocurre algo malo?” pregunta Dean con la cafetera en la mano y mira a lo servido con sincera preocupación.
“No, hijo. Todo está perfecto”, lo tranquiliza Bobby y echa andar hacia la mesa. “Es sólo que nos gustaría saber tu nombre primero”.
Alivio en el rostro de Dean.
“Oh, sí. Lo olvidé. Gabriel, me llamo Gabriel”
Otro nombre para la libreta de Sam.
“Bien, Gabriel”, Bobby toma asiento. De inmediato tiene su taza llena de café. “¿Te gusta cocinar?”
“Es lo que hago para mantenerme, quiero decir, en la vida de civil”
“¿Y en la otra vida?” quiere saber Sam, mientras sigue el ejemplo del cazador, aguantando apenas de probar lo que tiene delante. Su plato es el único que ha sido servido con cereal y ahora Dean… Gabriel, le sirve un vaso de leche aromatizada con vainilla. “¿Dónde conseguiste todo esto?”
“Ayudo con las cacerías y…”, señala hacia el fondo de la cocina. “… en la despensa”, y toma asiento junto a ellos, muy derecho en su silla, la servilleta dispuesta sobre sus piernas bajo la mesa. “Tuve que tirar una pila de cosas porque habían expirado”.
“¿Qué clase de ayuda…?”
“Oh, mi Dios!”, exclama Bobby interrumpiendo a Sam, la jarra de café en la mano tras el primer sorbo.
“¿Qué?”, se alarma nuevamente Gabriel. “No está bueno?”
“¡Es maravilloso! ¿Qué le pusiste?”
“Lo siento”, y sonríe, aliviado. “Secretos del chef”
“Prueba, Sam”, invita Bobby. “Después podrás preguntar lo que desees”.
El viejo cazador parece haber caído en un hechizo, toda su atención puesta en el tazón entre sus manos. Sam mira hacia su plato de cereal. Tantea una primera cucharada y tiene que detenerse. Conoce ese sabor, podría evocar los lugares, los tiempos, las circunstancias en que estuvo antes en su boca. Es el cereal que Dean le preparaba cada mañana durante su niñez. Azúcar y jugo de naranja y el juego de quien-se-lo-come-todo-tiene-el-primer-turno-para-ver-Tv.
“¿Te… gusta?”
Gabriel le está mirando. Él ni siquiera se había dado cuenta que sostenía su cuchara a medio camino entre la boca y el plato, el primer trozo aún siendo degustado en su lengua.
“Sí”, le responde y recupera el movimiento para ir tras una segunda cucharada. “Me gusta”
Tras unos cuantos waffles, tostadas y sorbos de café y leche, los tres están en condiciones de enfrentar lo que sigue. Sam tiene que detener a Gabriel cuando éste intenta retirar los platos para limpiarlos.
“Necesitamos hablar”, dice y Gabriel vuelve a tomar asiento mansamente como quien está dispuesto a recibir una reprimenda. “Entonces, ¿eres cazador?”
“Bueno, más bien un investigador. Yo… no soy bueno con la acción, me pone nervioso” y añade rápidamente. “Pero lo soy, y mucho, con las indagaciones”
Bobby y Sam cruzan miradas, perplejos por la declaración, suficiente para volver a intranquilizar al chef que se tensa en su sitio.
“¿Qué sucede?”
“Dean es un espléndido cazador”, explica Bobby.
“Sí, sí”, rueda los ojos como si fuera tontamente obvio. “Todos nosotros lo admiramos, inclusive Steve – aunque nunca lo admitirá- Pero Dean no está disponible en este momento así que…” se encoge de hombros. “hacemos lo que podemos”. Da vueltas entre sus manos, nervioso, el tazón que tiene al frente.
“Dime, Gabriel:”, continúa Bobby. “Cuán realmente eficiente eres investigando?”
La cara de Gabriel se ilumina con orgullo mal disimulado.
“Como dije, soy muy bueno, señor”.
“Entonces, ¿podrías decirnos qué son las porquerías que hallamos en el maletero?”.
Pasmado, el chef mira en dirección a la ventana como si a esa distancia y posición le fuese posible ver el Impala.
“No estoy al tanto de eso, lo siento”, se disculpa una vez más.
“¿Qué es lo que sabes, entonces?”, interviene Sam.
Gabriel los observa a ambos en silencio un momento y luego se levanta en dirección al cuarto donde han instalado a Dean y compañía. Regresa cargando el bolso con las pertenencias del cazador y una vez que se instala nuevamente frente a la mesa, extrae una serie de mapas y documentos desde el fondo. Los despliega frente a los otros dos haciendo a un lado los platos.
“Esto.”, señala un par de páginas escritas a mano con notas en los costados. Parece la letra de Dean y según puede ver Sam, muchas de esas anotaciones han sido tachadas y corregidas varias veces. “Hemos detectado ciertos hábitos de los leviatanes que nos ha permitido seguirle el rastro y, en cierta medida en el último tiempo, anticipar sus ataques”. Despliega un mapa con puntos señalados en él. “Parece ser que necesitan cierto tipo de nutrientes, no lo sabemos con seguridad todavía”, señala la línea trazada entre los puntos. “Asaltan pequeñas ciudades, cerca de cursos fluviales, con gente saludable, pero pensamos que es una estrategia momentánea”, va por el laptop rápidamente y comienza a teclear. “Tienen un jefe, pero no lo hemos podido encontrar todavía. Lo protegen. Por lo que sabemos, podría muy bien ser el Presidente de los Estados Unidos en este momento y estar planeando cómo alimentar a los suyos. Mientras tanto, los levis comen lo que encuentran tratando de no atraer mucho la atención. Miren”, da vuelta la pantalla y les muestra una serie de ventanas abiertas con noticias de pequeños desastres en pueblitos: explosiones sin explicación con decenas de personas desaparecidas; incendios en bodegas; vehículos desaparecidos en accidentes fluviales…
Pero Sam aún está detenido en el mapa, observando marcas circulares hechas con bolígrafo rojo sobre lugares específicos y notas con la caligrafía de su hermano en los bordes, como si hubiese algo que no alcanzara a comprender.
“Tantos puntos…”
“Sí, tracé una trayectoria” y señala una línea continua dibujada con lápiz azul. “Son, de cierta forma, predecibles. Así que lo que necesitamos es adelantarnos, marcar un perímetro desde el último ataque para encontrar el siguiente objetivo de acuerdo a los parámetros…”.
“¿Por qué?”, le interrumpe Sam.
Gabriel lo contempla, perplejo.
“¿Disculpa?”
“¿Por qué deberíamos hacer eso? Me refiero a que, ¿no sería mejor tratar de identificar a su líder?”
“Porque necesitamos encontrar…” La expresión en el chef cambia a desconcierto como si se hubiese dado cuenta que ha hablado demasiado. “…ciertas… cosas”.
“¿Cómo las que tengo congelando en el refrigerador de mi garage?”, interviene Bobby. Gabriel los mira a uno y otro, claramente incómodo.
“Yo… no estoy autorizado para contestar a eso”.
“¿Quién entonces? ¿Frank? ¿Steve?”, presiona Sam.
“No… No… No lo sé. ¿Podemos dejar el tema?”
“Gabriel, esto es importante, por el bien de Dean”
“Proteger a Dean es tarea de Steve”
“A propósito de Steve, tengo otra pregunta: los testigos en el pueblo hablaron sobre ciertas palabras que nuestro amigo dijo a los leviatanes mientras los troceaba…”
“No fue Steve”
“¿Quién entonces?”
Se paraliza un momento, los ojos muy abiertos, y entonces comienza a recoger sus planos y notas repartidos en la mesa, lentamente.
“No lo sé”
“Por favor, Gabriel. ¿Quién sabe?”
Se detiene un momento, se muerde el labio.
“Yo no”
“Díme”
Cierra los ojos y respira profundo.
“No es conveniente hablar de él”
“¿De quién?”, presiona aún más Sam inclinándose hacia él. Gabriel tiene ahora los ojos fijos en la mesa.
“Sam, por favor”.
“¿Quién, Gabriel?”
Entonces el chef se queda completamente inmóvil. Sam y Bobby se miran, preocupados.
“¿Gabriel?”
La postura del muchacho se relaja.
“Gabriel no sabe nada”
“Frank”, reconoce Bobby intentando sonar coloquial. “¿Cómo estás, hijo?”
“Mejor, gracias”
“¿Cómo… cómo se encuentra Dean?”, quiere saber Sam.
“Bien también. Está dormido, descansando”
Mira los mapas en la mesa y sonríe.
“Gabriel está orgulloso de su trabajo”.
“Frank, Gabriel dijo…”
“Es mejor que retire esto”, dice poniéndose de pie y comenzando a recolectar los platos. “Pasará un tiempo antes de que decida volver”
“Frank…”, quiere insistir Sam, pero Bobby lo detiene con un toque sobre su brazo y una negación silenciosa. Sam se rinde con un suspiro de frustración.
“No es necesario que limpies”, le dice el viejo cazador a Frank. “Después de este atracón, lo más decente es que lo hagamos nosotros”.
“No hay problema”, replica Frank con toda tranquilidad. “Además, creo que tienen trabajo que hacer todavía”, señala los documentos en la mesa y se retira con los últimos restos del desayuno.
Sam mira el mapa con toda atención mientras comienza a escucharse el flujo del agua y el entrechocar de platos a unos metros de ellos en la cocina.
“¿Qué pasa?” quiere saber Bobby.
“Bobby, estos lugares…todo este trabajo… Dean no pudo hacerlo en tan poco tiempo”.
“¿Lo cual significa?”
Sam suspira.
“Creo… Pienso que todo esto… Steve… Frank… Gabriel… debe haber comenzado antes de su desaparición aquella semana. Quizás no largos periodos de tiempo, tal vez sólo horas, pero suficiente para hacer toda esta búsqueda, sacar conclusiones…”
“Pero ustedes dos viven el uno en el bolsillo del otro, ¿cómo podría ser eso posible?”
Sam mueve la cabeza, pesaroso.
“Tú lo dijiste antes: Dean hace tiempo que no está bien, y yo, con el asunto de, ya sabes, el muro y todo eso, pues… No me preocupé lo suficiente. Una cosa es segura: Dean sabe más acerca de los leviatanes de lo que él o nosotros pensamos”.
“¿Cómo?”
“No tengo idea”
En ese momento suena el teléfono de Bobby y éste le echa un vistazo al visor.
“Es la doctora”
“¿Qué doctora?”
“La doctora de Dean. Eso espero”, toma la llamada. “Aló”
“Aló, ¿sr. Singer? Soy la doctora Cora Morrison”
“Lo sé. ¿Cómo está? Estaba esperando su llamada”
“Sr. Singer, estuve reflexionando acerca de su requerimiento, pero la verdad es que tengo una agenda bastante ocupada en estos días”.
“Siento oír eso. Esperaba que usted pudiese hacerse cargo. Usted sabe, necesitamos cierta…  discreción”
“Entiendo, entiendo. Sin embargo, si me da un poco más de detalles acerca del problema de su amigo, creo que podría hallar entre mis colegas la persona que usted necesita.
“Bueno, básicamente, como le dije anteriormente, él no parece ser la misma persona últimamente. Pensamos que es… un caso de múltiples personalidades”
“Hum. Desorden de Identidad. ¿De cuántas estamos hablando?”
“Hasta donde sabemos, al menos tres o cuatro, quizás cinco”.
“…”
“Dra. Morrison?”
“¿En serio?”
“Bueno, tal vez más”
“…”
“¿Doctora?”
“¿Cómo llego hasta ustedes?”

Cap 10

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