¿escritor?

Estándar

A mí siempre me ha parecido que un escritor tiene una sensibilidad con un espectro mayor. No sé si este caballero que ha escrito libros y ha recibido muchos reconocimientos, en realidad cabe dentro de la categoría de escritor. No he leído nada de él (y por seguro que no leeré en el futuro), no conozco su estilo ni sus puntos de vista, pero me asombra su poca capacidad de empatía con aquellas personas que aman a los animales.

Perdón. ¿De quién estoy hablando? de Rafael Gumucio quien considera una vergüenza nacional que las personas piensen en salvar animales dentro de toda la tragedia de Valparaíso.

En su twitter este caballero dice: “Algunos hipster fueron a salvar gatitos y perros mientras Valparaíso ardía y miles de sus compatriotas luchaban por sus vidas #verguenzaajena”.

Para mayor detalle ver aquí.

No justifico las amenazas ni los insultos que le han dedicado tras su desafortunado comentario. Pero puedo comprender el por qué. Yo no sé qué había en la cabeza de Gumucio al escribirlo, pero resulta ser una tremenda falta de respeto para quienes dedican su tiempo y recursos (veterinarios, estudiantes, voluntarios en general) para una tarea que, a pesar de sus opiniones, es una tarea noble.

En primer lugar, no creo que este caballero haya estado ayudando a salvar los enseres de las personas evacuadas mientras la ciudad ardía, porque de otra manera se habría dado cuenta que jamás se priorizó la vida de los animales por sobre la de los seres humanos, a no ser que considere que el hecho de que los mismos dueños hayan preferido muchas veces salvar a sus mascotas antes que sus pertenencias caiga dentro de esa categoría. El rescate sólo se comenzó al día siguiente, cuando se inició la remoción de escombros. Es fácil opinar desde la comodidad del sillón, sin olor a humo impregnado en las ropas.

En segundo lugar, su comentario me dice que no tiene idea de la situación e idiosincracia de los porteños. La gente, por lo general, tiene más de una mascota en casa y en los sectores afectados, no sólo se trata de animales de compañía (para algunos adultos mayores, su única compañía) sino herramientas de trabajo y sustento: caballos, burros, pollos, incluso cabritería. Por lo tanto, con este tipo de relación afectiva y utilitaria tan estrecha, atender a sus animales, de alguna manera también es atender a los damnificados.

Salvar animales no es una moda para niños ricos (los porteños no son ricos y están prestando su ayuda y recursos), es simplemente la expresión de lo que hay dentro del corazón de cada persona. Unos pueden preocuparse de toda la creación. A otros simplemente, no les alcanza.

 

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