Fic: “Remember me? (4/?)

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Título: “Remember me?”
Autora: Winchester_Mcdowell
Categoría: Supernatural.
Calificación: todo público.

4
We’re hunters.

 

No debió ser tan confiado. Fue una estupidez conmoverse con la historia del hombre buscando a su hermano. ¡Maldición! ¡Él es un cazador! ¡Y no cualquiera sino el mejor cazador, aquel que cerró las puertas del infierno y abrió las del cielo! Y de paso, puso sobre sí mismo una maldición. Eso tiene que significar algo ¿no? Debería haber sospechado cuando Cas tuvo sus recelos. Mierda, debió saberlo.
“¿Quién demonios eres tú?”
El hombre que dice llamarse Sam parece más desconcertado que asustado de su actitud.
“Soy sólo un cazador”, le contesta desde el suelo.
“No lo pareces”.
“Podría decir lo mismo de ti”.
Dean lo observa un instante, algo dudoso sobre lo que corresponde hacer con el sujeto. ¿Debería esperar a Cas? Decide que no y lo obliga a rodar y permanecer cara al piso, una rodilla sobre su espalda, mientras lo ata. Sam no ofrece mucha resistencia y deja que lo ponga de pie, lo empuje hacia la cabaña y lo asegure contra una silla de fierro, la más firme del lugar, poniendo especial cuidado en que la piel de los brazos contacte el metal. Dean lo observa con minuciosidad, pero el hombre sólo hace un gesto de incomodidad cuando le aprieta los nudos alrededor de las muñecas.
“Me gustaría conservar las manos, si no te importa”, se queja.
“Silencio”, le ordena, pero de todas maneras afloja un mínimo las cuerdas. El hombre da un respingo cuando lo ve extraer el cuchillo de plata de su funda pero permanece estoico mientras la hoja le rebana, quizás un poco exageradamente, la piel del antebrazo. Dean se hace a un lado, siempre observando, y le arroja el agua bendita que lleva en su petaca, lo suficientemente fría como para provocar otro sobresalto. Aparte de eso, nada sucede. Sin embargo, aún no está convencido.
“Cristo”, dice y no hay reacción.
“No soy un…” el sujeto resopla como quien está perdiendo la paciencia que le resta. “¿Por qué la paranoia?”
Dean no se molesta en contestar. Se pregunta, en cambio, si el tipo es realmente una amenaza. Ha conocido demonios poderosos que son capaces de sortear todo tipo de pruebas. Este Sam pudiera muy bien ser uno de esos, intentando acercarse para encontrar la llave del infierno. No es como si les fuera posible hacerle daño en realidad, pero el desastre que dejan a su paso es tremendo. Y están aquellos que pretenden hacer brotar en él el poder de la Marca para su propios oscuros propósitos. Cas le proveyó el conjuro que lo controla, claro está, (todo un ratón de biblioteca su amigo) pero le advirtió que debían estar alertas pues si alguien llegase a encontrar la manera de anularlo, no habría quién pudiese detenerlo. A propósito de Cas…
Busca en el bolsillo de su chaqueta el radio comunicador portátil y camina alejándose un par de pasos del sujeto, para evitar ser escuchado.
“Cas, ¿me escuchas? cambio”, le responde sólo la estática. “¿Cas?”, un par de tap tap le indica lo que sucede. Dean rueda los ojos. “Tienes que apretar el botón cuando hablas, no cuando escuchas… ¿Cas?”
“… Sí, Dean, aquí estoy… cambio”
“¿Dónde?, cambio”
“tap… tap…”
“Cas, ¿dónde estás? ¡Maldición!”
“Voy en camino a la cabaña… Cambio”
“Apresúrate, hombre”.
A veces se pregunta cómo su amigo puede ser tan brillante como investigador y tan torpe en los asuntos más cotidianos. Su incapacidad social raya en lo absurdo, aunque a él le causa gracia, la suficiente para dejar pasar la mayor parte de sus desaguisados.
Cinco minutos más tarde, Cas entra por la puerta de la cabaña.
“Ya era hora”, le reprocha.
Cas le echa un vistazo fugaz al hombre atado en la silla, perplejo.
“¿Qué sucedió?”, quiere saber.
Dean apunta al cautivo.
“Tenías razón”, dice y va hacia un baúl tosco de madera desde donde saca dos cervezas una de las cuales le lanza a su amigo. “El hombre estaba fingiendo”. Abre la lata y toma un sorbo. “Debí haberte escuchado. Perdona, amigo”
Cuando vuelve a prestar atención, Cas contempla al sujeto con el ceño fruncido. Parece molesto ante su presencia. Curiosamente, el otro también se muestra incómodo e intenta dirigir su mirada a cualquier lugar menos hacia el recién llegado.
“¿A qué te refieres?”, pregunta su amigo sin apartar la atención del prisionero.
“Es un ninja”, le informa Dean. “Asesinó a Bongo”
Cas luce confundido.
“Bongo no puede ser asesinado, es un muñeco; y los ninja…”
“¡Como sea! Me mintió, tiene entrenamiento como comando. No me gusta que la gente me mienta”.
El otro bufa desde la silla.
“¿En serio?”
Y dirige su mirada a Cas como si lo acusara de algo que Dean no sabe explicarse.
“¿Qué estás sugiriendo?” (esto podría ser dicho tanto por Dean como por Cass, aunque pueda dedudicir quién lo dice en realidad)
El prisionero aprieta los labios con expresión arrepentida y evita darle la cara.
“Nada”
Dean lo observa con detención buscando algún detalle que desentrañe el misterio que parece acompañarlo.
“Deberíamos volver al comienzo”, arrastra una silla hasta posicionarla frente al sujeto y se sienta en ella a horcajadas, encarándolo. “¿Quién eres tú?”
“Te he dicho la verdad… en su mayor parte: Soy cazador y estoy buscando a mi hermano”
“Pues, no te creo. Intenta otra cosa”.
“Mi nombre es Sam, Sam Winchester”, y le echa nuevamente un vistazo fugaz, de reojo, a Cas. Dean sigue la mirada. Su amigo se remueve, inquieto.
“¿Qué te pasa con Cas?”
El sujeto duda un momento, toma aire y parece que va a hablar pero no sale palabra alguna de su boca. Vuelve a aspirar y esta vez lo logra.
“Él sabe quién soy yo”.
“¿Qué?”
“Él me conoce, te puede decir quién soy”.
Dean se vuelve nuevamente hacia su amigo.
“¿Cas?”
“No sé de qué está hablando”
El otro empuña las manos dentro de sus ligaduras.
“Mi nombre es SAM WINCHESTER” insiste dirigiéndose a Cas. “Y también sé quién eres tú”.
De súbito, el aire de la cabaña se torna denso. Dean mira a uno y a otro. Si tuviera que describir el momento diría que muy bien podría tratarse de un duelo.
“¿Cuál dijiste que era tu nombre?”, habla Cas finalmente.
“Sam. Sam Winchester”
Y por un instante parece haber reemplazado la rabia por la súplica.
“Creo que comienzo a recordar: es el hijo de John Winchester”, informa. Dean se encoge de hombros. No tiene idea. “Era cazador también”, completa Cas. “De los buenos”
“Así que, ¿dice la verdad acerca de la cacería?”
“Es probable”.
“Pero no luce como un cazador”
Sam resopla, hastiado.
“¿Me puedes decir por qué no?”
Dean hace un gesto vago con su mano indicando todo el ser del prisionero.
“Sólo… mira todo ese cabello. ¿Puedes ver algo realmente con él?” Sam quiere contestar pero Dean levanta una mano para hacerlo callar. No es hora de desviarse de lo importante. “¿Explícame por qué la mentira? ¿Para qué el teatro de la lección de tiro?”
“Únicamente quería conocerte un poco más, estar seguro de que eras quién decías ser”
“Porque me parezco a tu hermano”, concluye.
Sam asiente.
“Mi hermano se llama Dean también” y su expresión es tan sufriente que es difícil hacerse a la idea de que lo que dice no fuese la verdad. “Y es cazador. Como yo, … como tú”
“¿Sabes qué tan demente suena eso? ¿Te has escuchado? ¿De verdad piensas que yo podría ser tu hermano?”
“No lo sé. En nuestra línea de trabajo suceden cosas realmente extrañas. Es fácil considerar la posibilidad de que algo o alguien hubiese borrado tu memoria, por ejemplo”
De reojo, Dean puede apreciar que Castiel, por enésima vez se revuelve en su lugar.
“Quizás deberías contarme cómo sucedieron las cosas, la verdad esta vez”, decide, “con detalles para entender a qué te refieres”.
Sam asiente y se toma un par de segundos para ordenar las ideas.
“Hace cinco años, mi hermano fue atacado por… una poderosa criatura durante una caza. Había sangre en sus ojos y oídos y su boca porque una increíble energía hizo explosión en su interior. Lo llevé a un hospital, pero allí los doctores no me dieron esperanza alguna. Lo declararon en coma irreversible. Yo no acepté el diagnóstico. Me quedé con él días enteros esperando a que despertara en algún momento, estudiando la manera de hacerlo regresar, y entonces, mientras descansaba en la cama contigua a la suya, Dean… simplemente… desapareció. Nadie en el hospital pudo darme una explicación lógica. Ninguna cámara registró su salida, nadie le vió salir”.
“¿Y piensas que es un asunto sobrenatural?”
“Estoy seguro de eso”
“Pero me dijiste antes que él se había ido por propia voluntad ¿o era esa otra mentira?”
“No… sí… de alguna manera es verdad, tuvimos algunas diferencias bastante fuertes, hubo situaciones malentendidas entre ambos, así que no sería de extrañar que él no quisiese… que no deseara verme más. Resultó ser una buena explicación para realizar la investigación en todo caso. Pero yo sé y siempre supe”, y enfatiza el punto marcando con fuerza las palabras. “aún sin tener ninguna prueba concreta, que hubo algo más en su desaparición. Hace algunos días tuve la certeza de ello”.
“¿Sabes cómo suenas?”
“Sí, demente. Ya lo dijiste”
Décadas de cacería y años detrás de la barra siempre le han servido a Dean para juzgar a quien tiene por delante. Sin embargo, en esta ocasión nada de eso parece ayudarle a discernir la situación actual. Tampoco Cas a sus espaldas que permanece en extraño silencio. (Deberá tener una pequeña plática con él más tarde para que explique su actitud). Si tuviera que decidir en ese mismo instante y basado en su instinto, dejaría que Sam siguiese su camino. Pero, en tiempos como los presentes, no puede darse el lujo de arriesgarse.
“Investigabas la Marca de Caín. ¿Por qué?”
La pregunta parece tomar por sorpresa a Sam.
“¿Qué importa eso?”
“Contéstame”
“Es… Es sólo una leyenda. Es parte de lo que los cazadores hacemos: investigamos leyendas”
“Ésta no es de las populares”
“Escuché sobre ella mientras hacía mi búsqueda”
“¿De quién la escuchaste?”
Sam duda antes de responder.
“De un demonio”.
Dean lo observa un instante más. Todo encaja, suena lógico hasta cierto punto. Se levanta y se retira al rincón donde aguarda Cas.
“¿Qué piensas?”, quiere saber éste.
“O dice la verdad o es un psicótico. No sé qué alternativa es más inquietante”
“¿Qué deseas hacer con él?”
“No lo sé”, mira a Sam. “Parece sincero acerca de su hermano, realmente le preocupa”
“Si es que en verdad existe”
Dean mira a Cas y su rostro es una máscara de seriedad.
“Definitivamente, él no te gusta”.
“Deseo evitar que te dañe”
Dean ríe sin ganas, confundido.
“Combato demonios y monstruos cada día. ¿Cómo podría él dañarme?”
“¿No lo hizo ya al mentirte?”
Dean frunce el ceño.
“Eres muy extraño. Vamos, sigámosle la corriente para ver a dónde llegamos”
Va de nuevo hacia el prisionero y se toma unos segundos para resolver.
“Yo no soy tu hermano, sabes eso ¿verdad?”, le recuerda.
Sam aprieta la mandíbula, tensionado por alguna razón.
“Lo sé ahora”, dice y le mira los zapatos, el semblante oculto. Sin embargo, Dean adivina que lo que hay en él es rabia. Se asombra. A pesar de todo lo hablado, Sam aún se aferra con porfía a su teoría. Finalmente Dean saca su navaja del bolsillo, va hacia él y lo libera.
“Quizás podríamos ayudarte”, ofrece mientras el otro se frota las muñecas para reactivar la circulación. “¿Qué clase de pistas tienes?”
“Uhm… ¿pistas?”
“Dijiste que habías hallado pistas referentes a tu hermano que te condujeron hasta aquí”
“Sí”, presiona también Cas, acercándose. “Yo también escuché eso”
Sam se aclara la garganta, le dirige una mirada rencorosa a Cas.
“Bueno, mi teoría es que una criatura sobrenatural lo secuestró desde el hospital”
“¿Qué clase de criatura?”, quiere saber Dean.
“Un ángel”
Oh, vaya. Justo cuando pensaba que podía confiar en que el juicio del sujeto estaba sano.
“Un ángel”, repite.
“Ajá”
“Imposible. Todos están en el Cielo”
“¿Qué?”
“Abrí las puertas del Cielo para ellos y cerré las puertas del Infierno” y en cuanto lo dice, el recuerdo viene a él tan claro como el día; los ángeles recuperando sus alas, ascendiendo hacia el lugar que nunca les debió ser vedado; los demonios tragados por la fuerza desatada por la marca en su brazo hacia el infierno, las puertas selladas de una vez y para siempre.
“¿Hiciste… qué?”
Sam otra vez le echa un vistazo fugaz a Cas, cosa que a Dean está comenzando a mosquearle en serio.
“Es una larga historia. Lo importante es que los ángeles no rondan ya por la Tierra”.
“Nada les impide regresar”.
Dean niega con un movimiento de cabeza.
“Hicimos un trato a cambio de la apertura del Cielo: ellos allá, nosotros acá. Punto”.
“Estoy seguro de que al menos uno de ellos aún permanece aquí”, insiste Sam.
“Y yo pienso que tu criatura es un demonio. No logré atraparlos a todos y te aseguro que pueden ser muy molestos”.
Sam no parece satisfecho con la explicación.
“Estoy convencido de que fue un ángel”, porfía.
Dean toma una bocanada de aire, buscando no perder la paciencia.
“Como sea, digamos que tienes razón: ¿qué tiene que ver con tu presencia en el pueblo?
“El ángel que raptó a mi hermano ha sido visto aquí”.
“¿Quién dice?”
“Tengo mis fuentes”
Antes que nadie pueda agregar algo, el crepitar del receptor de radio olvidado sobre un mesón frena el interrogatorio.
“Big brother, ¿estás ahí? Cambio” se escucha una voz entremezclada con la estática.
Dean contesta.
“Aquí, Big Brother. Adelante, Stan. Cambio”
“Hemos hallado uno”, dicen desde el otro lado de la comunicación. “Necesitamos ayuda. Mucha. Cambio”
“¿Dónde estás? Cambio” Stan dicta las coordenadas que Dean anota en un pedazo de papel a la rápida. “De acuerdo. Vamos para allá de inmediato. Cambio y fuera”. Corta la comunicación y se vuelve hacia los otros ocupantes de la cabaña.
“Bueno…”, se dirige a Sam. “Tu hermano tendrá que esperar: tenemos trabajo que hacer”.

 

Continuará…

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