Textos mínimos: “Querido público”

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El poeta declama alzado sobre una silla aunque la música en el parlante de la radio continúa. Nadie le presta atención salvo la camarera que se detiene a escuchar a este hombre, culto pero borracho, que tiene tantas palabras bonitas en su boca. El bar sigue su ajetreo, sin embargo ella lo mira y atiende, absorta, sosteniendo el paño de secar vasos en la mano hasta que la voz perece por inmersión en el fondo de un vaso de tinto del bueno.

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