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Tu elusivo genio creativo.

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Así es el nombre de la conferencia dada por Elizabeth Gilbert, autora de “Come, Reza, Ama” y “La firma de todas las cosas” hace un par de años para TED (technology, entertainment and design) organización sin fines de lucro que busca difunir la cultura y las buenas ideas.  Lee el resto de esta entrada

Yo no quiero que seamos potencia mundial.

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Mi país es un pueblo chico donde el dolor de uno es el dolor de todos.

Ayer fue el terremoto, los 33 mineros atrapados. Hoy hemos perdido a 21 hermanos, compatriotas nuestros. Hasta el día de ayer, contra toda lógica, aún teníamos esperanzas de encontrar sobrevivientes. Pero creo que es tiempo de darle espacio a la razón y la aceptación.

Sólo me queda esperar en el Señor de que han sido acogidos en su Gloria y rogar por el consuelo para sus familias.

Uno de los textos bíblicos de la misa dominical de ayer decía: “El que ama al hermano ya cumplió la plenitud de la ley”.

En el vuelo de Juan Fernández iba Felipe Camiroaga a quien todos conocíamos y estimabamos a través de la televisión, y todo un equipo del canal estatal que viajaba a difundir y apoyar la tarea de reconstrucción en la isla Robinson Crusoe; Felipe Cubillos, un hombre que decidió darle un giro a su vida y asumir la tarea de reconstruir lo que el terremoto destruyó junto a miembros de la Fundación que creó con ese fin, personas que donaban su tiempo y profesión a esta tarea; dos miembros del Ministerio de Cultura que iban a ayudar con la reconstrucción de la biblioteca y asesorar a los habitantes de la isla para la postulación a proyectos estatales; miembros de la FACH siempre dispuestos a asumir el riesgo de este tipo de tareas.

Somos tan chiquititos que es fácil encontrar coincidencias personales. En mi caso, el hermano de mi jefe iba en el avión como personero de la FACH y una de las funcionarias del Ministerio de Cultura era hija de una ex colega de mi tía.

Creo que todos amanecimos hoy con los ojos ribeteados de rojo. Imposible no derramar un par de lágrimas.
Aún así, arriesgándose a volver a sufrir el dolor en el corazón que ahora nos ataca, no quiero que seamos potencia en el escenario mundial como muchos notables aspiran. Prefiero continuar siendo un pueblo chico donde el dolor de mi hermano, es mi dolor.

Un verdadero milagro.

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¡Cómo no darle Gloria a Dios!
Hace 18 días 33 mineros quedaron atrapados en la Mina San José en el norte de mi país. MIentras se les buscaba, ocurrieron nuevos derrumbes, los planos de la mina estaban equivocados, parecía que todo iba mal.
Ayer, domingo 22, se pudo llegar hasta el lugar donde se presumían que se encontraban con una sonda. Cuando recogieron la sonda, los rescatistas se encontraron con un mensaje escrito por los mineros. Decía: “Estamos bien en el refugio, los 33”. Habían, además, otras 33 cartas chiquitas para los familiares, todo dentro de una bolsa. Luego se bajó una cámara y se pudo apreciar que realmente se encontraban muy bien a pesar de todo. Tienen luz, agua y mucha fe. Gloria a Dios.

Mi país está terremoteado.

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Pensé que era el acabo de mundo.
Mientras alcanzaba el pasillo de mi casa y el movimiento se tornaba más y más violento sólo podía pensar “¿Qué es esto, Dios mío? ¿Qué es esto?” porque no acababa nunca. Fueron tres minutos. El suelo se movía como la superficie del agua cuando hierve. Pienso que sólo la experiencia nos permitió mantenernos en pie y lúcidos. “¿Esto es un terremoto?” me preguntaba mi cuñada. “Sí, le contesté yo, es un terremoto”.
Por la gracia de Dios, mi hermana y yo habíamos regresado a Viña del Mar hace día y medio desde Punta Arenas, al extremo sur de Chile, donde habíamos estado vacacionando. MI hermano, mi cuñada y mis dos sobrinos llegaron el mismo día, por lo tanto, estábamos todos juntos con mis papás cuando todo ocurrió.
Lo que siguió fue una noche en ascuas, tratando de obtener información respecto de lo ocurrido. No había teléfono, no había electricidad. Aquí la mayoría de la gente tiene cultura sísmica así es que no es raro que al momento de apagarse la luz, tuvieramos a lo menos cuatro linternas funcionando (yo cogí la mía por puro instinto cuando el movimiento me arrancó del sueño) y un par de radio a pilas a la mano. Los medios de comunicación en el país se vinieron abajo. En los primeros momentos sólo pudimos captar radios argentinas y gracias a ellas nos enteramos que lo peor había sido en el sur, Bío Bío. Y aunque en ese primer instante pude imaginarme lo que significaba (por lo sucedido allí en 1960 y por la intensidad del movimiento bajo nuestros pies) sólo pudimos constatar cuán terrible había sido dos días más tarde cuando se restableció la energía eléctrica y vimos las primeras imágenes en la televisión.
Soy curiosa y siempre le pregunté a mis mayores sobre lo ocurrido en el 60, el mayor terremoto registrado en el mundo, tratando de comprender la situación que se había vivido en esa época. Nunca pensé que me tocaría vivir algo tan similar. Mi país es largo y flaco y se compone de 14 regiones (dos de ellas añadidas hace pocos años) más la región metropolitana (ubicada entre la quinta y la sexta). El terremoto abarcó desde Copiapo, en la cuarta región, hasta algo más al sur de Concepción en la octava. Jamás un sismo de tanta intensidad había cubierto tanto territorio en mi país.

Ha sido terrible y mi corazón se conduele hasta llegar al dolor físico por ver el sufrimiento de mi gente en el sur. Pero también me consuela pensar que somos un país que se ha hecho siempre cargo de sus desgracias, campeón en la solidaridad y que el mundo entero nos ha hecho ver lo mucho que nos aprecian.
Igualmente le doy gracias a Dios porque para la magnitud del sismo, (8,8°, mucho mayor que el de Haití) podría haber consecuencias mucho peores. Hubo un edificio de 15 pisos en Concepción que se vino abajo con ciento y tantas personas adentro. Era para que todos hubieran muerto. Sin embargo, hasta ahora se han contabilizado 9 fallecidos y menos de 40 personas desaparecidas. En Santiago parte de una autopista se vino abajo con 9 autos encima y sólo hubo heridos leves. Creo que, a pesar de toda la tragedia, a pesar de toda la pena que tenemos, hemos tenido mucha bendición.